Amenazas externas del Imperio Bizantino. La expansión normanda y aragonesa.

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Contexto Bizantino durante los siglos X y XI
Después de la época de esplendor y expansión que vivió el Imperio con Basilio II (958–1025), la extinción de la dinastía macedónica produjo una lucha entre los grupos nobiliarios por entronizar una nueva dinastía, lo que agravó aún más la situación del Imperio generando un retroceso de las fronteras a partir de los años cuarenta del siglo XI, que a punto estuvo en apenas 30 años de suponer la propia desaparición del Imperio. Los turcos selyúcidas y los normandos se configuran como los grandes rivales de este periodo. En 1071, los bizantinos sufren dos decisivas derrotas; una frente a los turcos en Manzikert, y la otra frente a los normandos en el sitio de Bari, estas derrotas demostraron la ineficacia militar bizantina y la debilidad del Imperio en ambos flancos.

Para conseguir frenar a los normandos en la costa Adriática, Bizancio pacta una alianza con Venecia que tendrá un grave impacto en la futura economía del Imperio. La política de detrimento de la aristocracia militar en favor de la burocracia llevada acabó por Miguel VI (1056-1057), condujo a una conspiración por parte de los jefes militares que supuso el derrocamiento de la dinastía macedónica y la coronación como emperador del comandante en jefe del ejército bizantino, Isaac I (1057-1059), instaurándose así la dinastía Comneno en Bizancio. Esta nueva dinastía llevó al gobierno a varios soberanos que consiguieron mitigar el peligro externo y hacer sobrevivir al Imperio, pero se produjo un debilitamiento del poder imperial con la creciente feudalización que se generó con las cesiones territoriales de los Comneno a la aristocracia, surgiendo un nuevo modelo de Estado que trata de suplir la antigua organización themática que se hallaba ya en descomposición y muy debilitada por el acumulamiento del poder por parte de los strategos, los cuales en los años venideros encabezaran sucesivos levantamientos contra los Emperadores, llegando a derrocarlos en varios caso.

En torno a la década de 1170, Bizancio se adentra en una nueva etapa de dificultades nuevamente a causa de la presión normanda y turca, a la que se suma las ambiciones de los Cruzados y la extinción de la dinastía Comneno que genera luchas civiles. Esto desemboca en la toma de Constantinopla por la los Cruzados en el 1204, que da origen a la creación del Imperio Latino y produce ya una definitiva división entre los cristianos de occidente y los de oriente.

La amenaza normanda.
A inicios del siglo XI, aparecen en Italia los primeros mercenarios normandos, que gozaban de gran prestigio como guerreros, y son contratados por los príncipes lombardos, luchando contra los musulmanes en Sicilia y contra los bizantinos en el Sur de la Península Itálica. Entorno a 1038, llegan varios hermanos, miembros de la familia Hauteville, entre estos destaca Roberto Guiscardo que será el que ponga en más aprietos al Imperio. Estos nobles normandos pretenden, obtener feudos y hacerse con bienes propios, se hacen con dominios en torno a Melfi y Aversa, desde donde ejercían actividades de pillaje y saqueo, amenazando las provincias bizantinas y pontificias.

La amenaza normanda motiva un acercamiento político entre el emperador Constantino IX Monómaco y el Papa, el cual envía una embajada a Constantinopla. En este momento la situación entre ambas Iglesias es tensa puesto que las diferencias doctrinales y litúrgicas cobraron virulencia tras la imposición de la liturgia latina en las iglesias griegas situadas en los territorios bizantinos recién perdidos en el sur de Italia. Estos hechos son objeto de objeciones del patriarca Miguel Cerulario que a la llegada de la embajada entabla una fuerte discusión con el cardenal Humberto de Moyenmoutier, quien acaba excomulgando al patriarca quien hará lo mismo con los legados del Papa. Esto es lo que generó el Cisma de 1054 y la imposibilidad de que el Pontificado se aliara con Bizancio para luchar contra los normandos. Finalmente, al Papa no le queda otra que respaldar moralmente las conquistas de los normandos, y a cambio ven la posibilidad de recuperar la antigua influencia pontificia sobre el sur de Italia, de este modo, en 1059, el Papa Nicolás II reconocía al conde normando Roberto Guiscardo con el título de duque de Apulia y de Calabria a cambio de su fidelidad y un tributo anual. Tras esto, Roberto se dedica a ampliar sus posesiones y consigue conquistar los enclaves de Reggio (1060), Bari (1071), Amalfi (1073) y Salerno (1076), lo que acaba con la última posesión bizantina en Italia. Su fama fue tal que logró casar a una de sus hijas con el heredero del Imperio Bizantino, pero el destronamiento de Miguel VII frustró dicho proyecto.

Guiscardo prosiguió con sus conquistas con el afán de someter al Imperio Bizantino. Realiza una campaña en Illyria, donde vence a las tropas de Alejo I (1081-1118) y consigue sitiar Dyrraquio (1082), desde donde intenta establecer una vía de penetración hacia Constantinopla, a través del Épiro, Macedonia y Tesalia. La presencia normanda en ambos márgenes del adriático, amenazaba la libertad de navegación veneciana, por lo que estos aprovechan el temor y la debilidad bizantina para ofrecerles su flota contra los normandos, a cambio, Alejo I concederá privilegios y ventajas comerciales a los venecianos que tendrán importantes efectos negativos en el futuro.

Roberto Guiscardo muere en 1085, pero su hijo, Bohemundo de Tarento, continua presionando al Imperio desde el Epiro, pero finalmente, Alejo I conseguirá imponerse a Bohemundo con la ayuda de los venecianos en 1108, obligándole a firmar el tratado de Diabolis, por el cual Bohemundo se convertía en un vasallo de Alejo I.

Mientras todo esto ocurría, el hermano de Roberto Guiscardo, Roger I, consigue arrebatar toda Sicilia a los musulmanes. Será el heredero de este último, Roger II, quien conseguirá unificar Sicilia y el sur de Italia en 1127, tras la muerte del último descendiente de Roberto Guiscardo, siendo confirmado con el título de rey por el Papa Inocencio II en 1130.

A la muerte de Alejo, le sucede su hijo Juan II (1118-1143), quien se verá acosado por las numerosas amenazas externas que encarnaban los pueblos esteparios, serbios, turcos y normandos. Para hacer frente a los normandos, Juan tuvo que confirmar y acrecentar los privilegios comerciales de los venecianos al ser incapaz de costear una flota potente propia, además estableció relaciones con los emperadores alemanes Lotario y Conrado III. El heredero Manuel I (1143-1180) prosiguió esta política de acercamiento a occidente, sin embargo, la Segunda Cruzada vino a aumentar las diferencias entre los dos sectores de la cristiandad. Por otro lado, Roger II conquistó Corfú y saqueó las ciudades griegas de Corinto y Tebas, llevándose a los mejores obreros de talleres sederos tebanos a Palermo para trabajar ahí la seda, que aunque de menor calidad, suponía arrebatar el monopolio de la seda a Bizancio. Manuel I, finalmente, rechazó la agresión normanda e incluso intervino en Italia a la muerte de Roger II en 1154, al amparo de la alianza establecida con Conrado III en 1148. Los bizantinos desembarcaron en Ancona y penetraron rápidamente en las Marcas y en Apulia, lo que Venecia veía con más temor que la presencia normanda. Por otra parte, el nuevo emperador alemán, Federico Barbarroja, no veía con buenos ojos la presencia bizantina, por lo que el nuevo rey de Sicilia, Guillermo I, contó con el apoyo veneciano y alemán. Finalmente, todos estos factores conducen a la derrota bizantina en Brindisi con la que se llega a la firma de un tratado de paz en 1158, por el cual Manuel I reconocía como rey de Sicilia a Guillermo, así como sus derechos sobre el sur de Italia, poniendo fin a las aspiraciones bizantinas en la Península Italiana.

Tras la muerte de Manuel I, se produjo otro punto de inflexión en el imperio generado por el desencadenamiento de todas las tensiones internas. Para complicar más la situación, los normandos encabezados por Guillermo II de Sicilia penetraron en los Balcanes y llegaron a saquear la ciudad de Tesalónica en el 1185, y aunque tuvieron que retirarse de ella, otras posiciones quedaron en su poder. Además en 1184, el reino de Sicilia y el Sacro Imperio Germánico establecieron un acuerdo matrimonial entre la heredera de Guillermo II y Enrique VI, futuro heredero de Federico I. Esto provocará que Enrique VI reclame los derechos de su esposa y se haga rey de Sicilia en 1194, motivando sus aspiraciones antibizantinas, aunque lo cierto es que hasta el reinado de Carlos de Anjou (1266-1285), el reino de Sicilia no volverá a ser un incordio para el Imperio.

Contexto bizantino desde finales del siglo XII hasta finales del siglo XIII
La actuación política de Manuel I, generó a su muerte importantes transformaciones en el Imperio como serán la atomización del poder imperial y un fuerte rechazo por parte de los griegos a los latinos. El abandono y decadencia del sistema de themas desde el siglo XI hace que estos se vayan desintegrando paulatinamente y que la defensa de los territorios recaiga en la aristocracia militar de las diferentes regiones, los cuales cobran más poder y protagonismo. Además, la política proccidental de Manuel I, le había ganado muchos enemigos que complicaron la sucesión de su hijo, aún menor de edad, Alejo II, quien junto a su madre, la Emperatriz regente María de Poitiers, fueron apartados del trono por Andrónico I Comneno (1183-1185) apoyado por el partido antilatino. A la muerte de Andrónico I, llega una nueva dinastía, los Ángeles, que ocuparan el trono hasta la toma de Constantinopla en el 1204 por los cruzados, los cuales crearan del Imperio Latino. Paralelamente, el bizantino Teodoro I Láscaris (1206-1222) fundó el Imperio de Nicea, que resistió y plantó cara al Imperio Latino hasta que Miguel VIII Paleólogo (1260-1282) consiguió recuperar Constantinopla en 1261. Una vez reconquistada Constantinopla, Miguel VIII pretendió recuperar un papel hegemónico en la política exterior, pero la realidad es que el Imperio Bizantino estaba viviendo una larga y penosa agonía, su organización estatal estaba ya muy minada, y las energías gastadas en combatir las amenazas exteriores y mantener el prestigio debilitaron aún más al Imperio. Miguel pretende acercarse al Papa ofreciendo la unión de las dos Iglesias con el fin de evitar que el Pontificado, Carlos de Anjou y los venecianos se uniesen contra del Imperio, pero finalmente tras un frágil tratado, Miguel es excomulgado por el Papa Martin IV ante las presiones de Carlos de Anjou, quien ambicionaba las posesiones bizantinas.

Las aspiraciones aragonesas
El Mediterráneo durante los siglos XIII y XIV, es un verdadero eje de la actividad cultural, económica y política. Como tal, los países ribereños lucharan por hacerse con su control para aumentar su influencia política y económica, asegurándose el control de las rutas de Oriente que pasan en su mayoría por Constantinopla.

En este contexto se produce la expansión mediterránea de la Corona de Aragón en el siglo XIII en busca de la hegemonía política en el ámbito del mediterráneo occidental, respondiendo también a los intereses mercantiles de la burguesía, sobre todo catalana, y al apoyo de la nobleza feudal que se benefició de repartos territoriales. La expansión comenzó con el reinado de Jaime I con las conquistas de Mallorca (1229-1231) y Valencia ( 1232-1245), tras los acuerdos con Castilla en Almizra (1244) y con Francia en Corbeil (1259), se puso límites al Reino de Valencia y a la expansión aragonesa al norte de los Pirineos, respectivamente. Esto fomentó que la visión aragonesa se dirigiera hacia el Mediterráneo.

Pedro III (1240-1285), haría de Sicilia el eje de su política exterior, tras casarse con Constanza de Hohenstaufen, hija de Manfredo, rey de Sicilia. En 1266, Carlos de Anjou derrotaba a Manfredo Hohenstaufen y a Conradino, con lo que se hacía con el control de Sicilia con el apoyo del Papa. Este asumió la herencia política de la dinastía normanda y con ello la fuerte enemistad con el Imperio Bizantino. Por fortuna estalla en 1282 un levantamiento popular contra Carlos de Anjou conocido como las llamadas “Vísperas Sicilianas” que supone la desaparición de la política angevina momentáneamente, puesto que tras la muerte y derrotas de Manfredo y de su heredero, ante Carlos de Anjou, Pedro III reclama sus derechos sobre Sicilia. Aprovechando el levantamiento popular, Pedro lanzó una expedición que ocupó Túnez y Sicilia, convirtiéndose en rey de Sicilia en 1282 pese a la oposición del papa Martin IV, quien lo excomulgará y depondrá como rey de Aragón, ofreciendo la corona a Carlos de Anjou, quien pretenderá conquistar Aragón sin éxito.

A la muerte de Pedro III, le sucedió su hijo Alfonso III (1285-1291) como rey de Aragón. Su segundo hijo, el infante Jaime heredó el reinado de Sicilia y se convertiría años más tarde en Jaime II de Aragón tras la muerte de su hermano. Jaime II intentó retener el reinado de Sicilia, pero finalmente en los tratados de Anagni renunció a la isla, reconociendo los derechos de la Santa Sede y de la casa de Anjou sobre ella. También tuvo que renunciar a Mallorca y devolver a su homónimo el reino, que reconocía el vasallaje a la Corona de Aragón. A cambio, Jaime acaba casándose con la princesa Blanca, hija de Carlos II de Anjou, rey de Nápoles y consigue la investidura pontificia sobre la conquistas de Córcega y Cerdeña. Sin embargo, los sicilianos rechazaron de nuevo el control francés y proclamaron rey a Federico II de Sicilia, hijo de Pedro III de Aragón, quien se opondrá a entregar la isla y terminará repeliendo los ataques de su hermano Jaime y de los angevinos.

La presencia aragonesa en Bizancio
En el mismo año de las “Vísperas Sicilianas”, Miguel VIII muere y es sucedido por su hijo Andrónico II (1282-1328), quien a principios del siglo XIV, encomienda la defensa marítima del Imperio a los genoveses y recurre a la contratación de mercenarios para luchar contra la amenaza turca, siendo contratados los servicios de los almogávares que integraban la conocida “Compañía catalana”, fuerzas mercenarias procedentes del Reino de Aragón dirigidas por el líder mercenario Roger de Flor. Los almogávares acababan de participar en la defensa de Sicilia de lado de Federico II, y tras la firma del tratado de paz de Caltabellota en 1302, quedaron sin empleo, por lo que tras recibir la oferta bizantina, desvelan sus exigencias, que son concedidas y afirmadas por el emperador. Tras lo que Roger escribirá:

“Dios ha bendecido el éxito de nuestras armas: Carlos de Anjou y Federico de Aragón han hecho las paces. Pero los catalanes, lejos de buscar su patria un descanso inútil, están decididos a aumentar con nuevas victorias la gloria que durante tanto tiempo los ha coronado.[...] Si vuestra Majestad acepta el socorro que le ofrecemos contra los turcos, los catalanes y los aragoneses tendrán la doble satisfacción de empuñar las armas a favor de los Paleólogos, únicos amigos de la Casa de Aragón en tiempos difíciles, y de extender Vuestro Imperio destruyendo el injusto poder que los enemigos del mundo cristiano, con tanto orgullo y audacia quieren establecer”

Según las fuentes que consultemos, hay diversidad de visiones a cerca de la causa de lo acontecido; las crónicas del almogávar Ramón Muntaner, narra las hazañas de la Compañía a su paso por Bizancio de una forma épica y algo fantasiosa, lo que no quita la veracidad de los relatos, mientras que las fuentes griegas, en líneas generales tratan a los almogávares como crueles y avariciosos, esta avaricia es la que justifican para entender la traición bizantina. Entre las principales fuentes griegas tenemos las extraídas del séptimo libro de la obra “Historia Romana” de Nicéforo Gregorás, y las de otro escritor bizantino, testigo ocular de los hechos, Jorge Paquimeres, quien los tachaba de tiránicos pero famosos por lograr los mayores éxitos por su valentía y marcialidad, En su obra “Narraciones Históricas” recoge la actuación de la Compañía hasta 1308 de una forma algo más imparcial.

Lo cierto es que los almogávares, puestos al servicio del Imperio Bizantino, cosecharon numerosas victorias frente a los otomanos, que les hizo ganarse una gran fama como guerreros, pero su indisciplina y ambición de sus líderes, fue visto como un peligro por los bizantinos. Roger Flor llegó a conseguir un feudo en Asia Menor, se casó con una princesa bizantina e incluso fue nombrado megaduque y, posteriormente, césar del imperio como recompensa a sus victorias contra los turcos. Las relaciones con el Emperador, y sobre todo con su hijo, Miguel, se habían deteriorado mucho, y al final, contando con el apoyo de los alanos encabezados por Gircon1, acabaron traicionando y asesinando a Roger Flor, mientras los contingentes catalanes aguardaban su regreso a Gallípoli, donde ingenuos a la traición fueron atacados por sorpresa por los bizantinos.

Berenguer de Entenza se convierte en el nuevo líder de la Compañía y en asamblea deciden romper los lazos de vasallaje con el Emperador y disponerse para ejecutar su venganza. Entenza y el otro dirigente, Bernat Rocafort, deciden realizar un ataque sorpresa a Constantinopla por mar, mientras la otra mitad del ejército resiste el sitio en Gallípoli. La armada almogávar, realiza varios saqueos recolectando un gran botín, con el que ponen rumbo de vuelta a Gallípoli, pero son sorprendidos y atacados por los genoveses, quienes capturan a Entenza.

Ahora solo quedan Muntaner y Rocafort como dirigentes de la Compañía, con unos efectivos muy mermados en número. El 7 de junio de 1305, Rocafort sale de la ciudad para plantar batalla a los bizantinos y consiguiendo la llamada victoria de Aprós frente a los bizantinos. Tras esta épica victoria, mercenarios turcos, alanos e incluso griegos se unen al ejército mercenario, con lo que se divide el contingente para defender el territorio conseguido que se extiende por toda Tracia y el litoral del mar Mármara, ejerciendo saqueos contra aldeas bizantinas. Los diferentes capitanes de la Compañía se dividen y llevan a cabo su venganza particular contra el Imperio, saqueando y destruyendo todo a su paso. Finalmente para consumar su venganza, el grueso del ejército marcha hacia la frontera búlgara en busca del campamento Alano para capturar y dar muerte al jefe alano Gircón, vengando la muerte de Roger Flor.

A finales de 1306, Entenza es liberado por los genoveses y regresa a Gallipoli, en un momento en que la Compañía estaba rota entre sus capitanes por la lucha del liderazgo. Como resultado de estas disputas, el ejército se lo reparten entre tres capitanes sometidos a la dirección del Consejo de la Compañía. Los almogávares que ya no contaban con la protección de Jaime II, intentaron recuperar el vasallaje de Federico II de Sicilia que perdieron tras ponerse al servicio de Andrónico. Federico acepta con la perspectiva de aumentar su riqueza y territorios, estableciendo el pacto de Millazzo con los almogávares, enviando a Fernando, hijo de Jaime II de Mallorca, para dirigir en su nombre la Gran Compañía.

Los almogávares se dan cuenta que todos esos años de saqueo y matanzas en Tracia, han hecho que no queden campesinos que cultiven ni recojan los cultivos, por lo que deciden marchar a Salónica para sobrevivir. Es en este momento cuando se produce la muerte de Entenza, por otro lado Muntaner decide abandonar la compañía, junto con Fernando de Mallorca, quien también decide abandonar la compañía al no conseguir que el Consejo de la Compañía le acepte como representante del rey Federico. Rocafort se hace así líder de la Compañía, una Compañía que vuelve a carecer de señor.

A finales de 1307, Carlos de Valois busca convertirse en el efectivo emperador de Bizancio tras casarse con Caterina de Courtnay, heredera directa del título de emperador del Reino Latino de Bizancio. Para ello, pide el apoyo de los venecianos y ofrece ayuda económica y vasallaje a los almogávares para que les ayude a dicho objetivo, estos aceptan y hasta 1309 estarán establecidos en Casandria, viviendo del pillaje.

Rocafort, ambicioso, pretende convertirse en rey de Salónica y la asedia sin éxito, sus gestos y actuaciones, despiertan el descontento entre los propios almogávares que con la ayuda de Cepoy, embajador de Carlos de Valois, lo apresan y acabará muriendo hecho prisionero. Cepoy se convierte en el nuevo líder de la Compañía y manda marchar a las tierras fértiles de Tesalia, donde se hallaba Juan II, gobernador de Tesalia. Incapaz de repeler a los bandidos que acosan su pequeño reino, llega a un acuerdo con los almogávares para que limpien y protejan las fronteras del reino, cumplen su objetivo, pero estos ahora se dedican a saquear a placer. Pero ante la incapacidad de dominarlos y cumplir los objetivos impuestos por Carlos de Valois, Cepoy deserta y la Compañía se queda de nuevo sin líder y señor.

Tras la muerte sin descendencia del duque de Atenas, Guy de la Roche, su primo, Gualter de Brienne, es nombrado duque, enfrentándose a la ambición de otros personajes como Andrónico que codician su territorio. Gualter durante su juventud estuvo a cargo de la Corona de Aragón, por lo que conocía las costumbres y el carácter catalán, es por ello, que ante la necesidad de defenderse contrate a los almogávares. A inicios de la primavera de 1310, la hueste entra en Atenas y se acaban estableciendo en Tebas. Enseguida se ponen al servicio del duque repeliendo los ataques enemigos y recuperando varios castillos y ciudades.

Una vez alcanzada la paz, el duque se ve incapaz de mantener a un ejército tan costoso, a esto se suma que Andrónico establece un tratado con Venecia para que no comercie con los territorios donde se instalen los catalanes, por lo que Negroponte deja de comerciar con Atenas. En consecuencia, el duque ordena y amenaza a los almogávares para que abandonen su territorio, pese a no haber pagado las deudas, por lo que estos se retiran a Tesalia donde preparan la conquista de Atenas, mientras el duque pide ayuda a los distintos reinos latinos ante el temor de las represalias de los almogávares. En marzo de 1311 se produce la decisiva victoria almogávar de Cefis, que hace que los almogávares se hagan dueños del ducado de Atenas, poniendo los territorios bajo la tutela de Federico II de Sicilia y renovando los tratados de vasallaje.

Roger Desllaur, catalán y embajador de Gualter de Brienne se convierte en el nuevo líder de la Compañía, por ser buen conocedor de la realidad del Ducado. Dellaur tiene la misión de sustituir progresivamente la estructura política y social franca por una catalana. Por otro lado, se solicita a Federico II que designe a un duque para que les represente en las relaciones exteriores ante el Papado y las demás monarquías. Este envía a su hijo Manfredo, menor de edad, el cual morirá sin llegar a gobernar, después nombra a su hermano Guillermo, quien ostentara el título hasta 1338. Sin embargo, ninguno de estos duques pisará ni gobernará el ducado, puesto que enviarán a los vicarios generales para que gestionen sus territorios. Uno de ellos será Alfonso Fadrique, hijo ilegitimo de Federico II, quien gobernará en concepto de vicario general. En 1318, aprovechando la muerte de Juan II de Tesalia, ocupa todo sus territorios, formando un nuevo ducado, el de Neopatria. Tras esto, la Compañía tendrá que hacer frente a Venecia y al Papa, que ven con preocupación la propagación del comercio catalán por el Mediterráneo. Los almogávares pactaran con los turcos para expandir sus territorios, e inician ataques contra el territorio veneciano de Negroponte a la muerte de Bonifacio de Verona, cuya hija estaba casada con Alfonso Fadrique, y este, reclama el derecho de su mujer sobre la isla, la piratería y presión de almogávares y turcos hace que Venecia llegue a un acuerdo de paz con los almogávares. Los almogávares, finalmente romperán relaciones con los turcos, pero para entonces ya se habían ganado la enemistad de la cristiandad.

El 24 de junio de 1334 muere Federico II de Sicilia y le sucede Pedro II, tras esto se suceden una cadena de trágicas muertes que hace que los ducados catalanes cambien varias veces de duque, que dejarán el gobierno a los vicarios generales. En 1355 sube al trono Federico III de Sicilia, quien se despreocuparía totalmente del gobierno de los ducados, a los cuales pondrá en frente a numerosos vicarios generales. Esta despreocupación hace que Mateu Peralta, vicario general, se plantee desligarse de la Corona siciliana y pedir vasallaje a la Corona de Aragón. Se produce entonces un periodo de crisis interna caracterizada por las luchas entre los nobles. La muerte de Peralta en 1374, agrava la situación y debilidad almogávar, debilidad que es aprovechada por Neri Acciaiuoli, procedente de una familia de banqueros florentinos, quien a mediados de 1374 toma el castillo de Megara, controlando el paso de Atenas a Tebas. El 27 de julio de 1377, fallece Federico III sin descendencia masculina, pasando el trono y los ducados catalanes a su hija María, quien se casará con Martí el Joven, nieto de Pedro IV de Aragón, produciéndose la unión de Sicilia y la Corona de Aragón en 1390.

Pedro IV, puso mucho más interés y preocupación en los ducados catalanes, esfuerzos que fueron en vano puesto que en 1378, el ejército mercenario conocido como la Compañía Navarra, había sido contratado por la orden de hospitalarios de Morea, financiados por Neri Acciaiuoli para atacar los debilitados ducados catalanes. En mayo de 1379 cae Tebas y en 1380 los territorios catalanes quedan reducidos al castillo de Cetines, la Acrópolis y Neopatria. La pérdida de Tebas confirma al monarca la necesidad de integrar los ducados a la Corona Aragonesa. El 1 de septiembre de 1380 Pedro IV hace efectiva la unión de los ducados con la Corona de Aragón tras firmar los Capítulos de Atenas e intentará por todos los medios recuperar y mantener los debilitados Ducados, nombra vicario general al vizconde de Rocabertí, Felip Dalmau, para que negocie con Neri y evite que prosiga con su conquista. Este acepta pero continuará conspirando hasta que finalmente se desentiende del tratado y ataca Atenas consiguiendo el 15 de enero de 1387 ocupar la parte baja de la ciudad. Pedro IV muere el 5 de enero y le sucede su hijo Juan I quien intenta evitar que la ciudad caiga pero finalmente Atenas es conquistada el 2 de mayo de 1388. A mediados de 1390, Neri toma también Neopatria, dando así fin a la dominación catalana de los ducados. La última posesión catalana en Grecia será la de la pequeña isla de Egina que formará parte de la familia Caupena hasta que pasa a manos venecianas en 1451. Los pocos catalanes que se mantienen en la zona se dedican al comercio, aunque durante las primeras décadas del siglo XV se ganan la mala fama como piratas.

Conclusiones
La conclusión que sacamos ante los hechos mostrados es que el Imperio se ha convertido en un estado débil, amenazado por todas sus fronteras e incapaz, en la mayoría de los casos, de enfrentarse por sus propios medios a los peligros que codician su potencial comercial; un ejemplo lo tenemos en la ayuda pedida a los venecianos para luchar contra los imparables normandos, que supondrá una tremenda concesión de privilegios a los mercaderes venecianos que debilitará la capacidad recaudatoria de impuestos, lo que afectará a las arcas imperiales. El mal gobierno de los emperadores, junto con el desgaste económico y el proyecto de recuperación del sur de Italia por Miguel I, terminará por dejar indefenso al Imperio, lo que facilitará la conquista de Constantinopla de los cruzados, dejando herido de muerte al Imperio que pese a recuperar Constantinopla, ya se dirigirá hacia su fin en una lenta agonía.

Por otro lado, la aparición de los aragoneses en terreno bizantino no hará más que confirmarnos esta realidad. Andrónico II (1282-1328), confía la defensa de su imperio a los genoveses y en los mercenarios extranjeros, pronto se vio obligado a solicitar la ayuda de la Compañía Catalana dirigidos por Roger Flor, cuya intención será su establecerse y adquirir un feudo. Las exigencias propuestas por Roger Flor y concesiones a este por parte del emperador, demuestran la debilidad y vulnerabilidad del Imperio, que se desmigaja ante las amenazas externas y la debilidad del poder imperial frente a la aristocracia y chantajes de los extranjeros. Bizancio se convierte en un tablero de ajedrez y marioneta, donde las repúblicas italianas, aragoneses, turcos y sicilianos luchan por el control del comercio en el Mediterráneo, que pasaba por el Imperio Bizantino, pero que a estas alturas, ya haya severamente controlado por genoveses y venecianos ante las concesiones imperiales en su necesidad de hacer frente a las amenazas exteriores.

Bibliografía
- AUGUSTÍ, D. (2004): Los almogávares. La expansión mediterránea de la Corona de Aragón. Madrid, Sílex.

- CABRERA, E. (2012): Historia de Bizancio, Barcelona, Ariel,

- PALENZUELA, V.A. (coord.) (2012): Historia de España de la Edad Media, Barcelona, Ariel.

- MORFAKIDIS, M. (1979): Los catalanes en Grecia, en la obra de Niceforo Gregorás, Granada, Universidad de Granada.

- MORFAKIDIS, M. (1987): “La presencia catalana en Grecia: relaciones entre griegos y catalanes según las fuentes”. Erytheia: Revista de estudios bizantinos y neogriegos, Nº. 8, 2, págs. 217-231.

- WALTER, G. (1970): El ocaso de los imperios. La ruina de Bizancio, Barcelona, Ediciones Martínez Roca.

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