Arte Paleolítico y Levantino

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Los investigadores y especialistas Felipe Criado Boado y Rafael Penedo Romero nos sumergen en “Cazadores y salvajes: una contraposición entre el arte Paleolítico y el arte Postglaciar Levantino” para ver las características de cada elemento artístico y su peculiar forma de evolución y visión opuesta del mundo.

Cueva de Altamira, Cantabria, España. Arte Paleolítico.

Cueva de Altamira, Cantabria, España.
Arte Paleolítico.

Se parte de la idea de que todo arte prehistórico, salvo algunas excepciones, es ininteligible, y esto tiene necesariamente que ver con la desaparición del contexto donde se desarrollan estas obras atendiendo a cuestiones específicas como las narraciones, la mitología o el marco social donde se desenvuelve.

Tratan de hacer una descripción interna y externa de las representaciones con una evidente influencia contemporánea de la que son conscientes, de una forma amena y documentada.

Hay que tener en cuenta que hubo diferentes maneras de interpretar el arte prehistórico desarrollándose teorías especialmente en los siglos XX y XXI, pasando por argumentaciones rituales totémicas enmarcados en la magia cazadora en la primera mitad del siglo XX, el estructuralismo de los años 60-70, el chamanismo de los fosfenos provocados por el trance profundo o la documentación absoluta actual sin caer en un solo factor, lo que demuestra el distinto bagaje que ha ido evolucionando por parte de los especialistas a la hora de intentar explicar el arte de nuestros antepasados.

En este caso, los autores diferencian claramente un Arte Paleolítico (AP) que representa cosas distintas de las que caza y un Arte Postglacial Levantino (AL) que representa lo mismo que caza, algo que lleva consigo una serie de elementos estructurales que les lleva a mirar la vida de forma diferente.

Mientras que en el AP “se cuenta a sí mismo” el AL “cuenta la vida”. El primero hace referencias a la naturaleza, generalmente en el interior de las cuevas con más o menos profundidad, algo que parece casi religioso, restringido y protegido, mientras que el segundo está al aire libre, representando generalmente actividades que se realizan, metiendo al hombre en la naturaleza representando una narración, dando más importancia en la forma a la actividad que se muestra.

Al estar el AP en la oscuridad de los abrigos, solo se puede iluminar con luz artificial, de forma que hay que pararse a contemplar figura por figura, que suele estar estática, aprovechando eso sí, elementos de profundidad que ofrezca la roca, terminando con la pintura algo que emerge de la cueva que se representa con animales de forma desordenada aparentemente, sin apenas formas antropomorfas o dándoles poquísima importancia, relegadas en un segundo plano o fundidas con un componente de fondo animal. El AL por el contrario se observa en zonas luminosas de forma que se puede ver perfectamente el conjunto de la escena que por otro lado es dinámica, representando al hombre y animales relacionados con la cultura y la economía de provecho de piezas cazadas.

El AP, que es naturalista, representa un bestiario que no es necesariamente perteneciente a la utilización económica dando más importancia al paisaje que al hombre, por el contrario el AL le da más importancia a la escena cotidiana en forma esquemática.

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Cueva de los caballos de La Valltorta, Castellón, España. Arte Levantino.

Los especialistas marcan que en el AL hay una argumentación, una escena cerrada dinámica que impone el autor a un espectador quieto, que narra una historia o un acto concreto, mientras que el AP las figuras asemejan más a metáforas y significados que no son evidentes, parece que primero es la imagen y luego la interpretación, a pesar de emplear este una tridimensionalidad que parte del relieve del sitio donde se crea el arte que el segundo no tiene, formando un espacio plano, algo que el AP forma como parte del contexto donde es el espectador quien parece tener que moverse en la oscuridad alumbrada con fuego para observar las pinturas mientras que su “oponente” ofrece el movimiento ya de por sí, puntualizando de esta forma más diferencias entre dos sociedades distintas y dinámicas.

Felipe Criado Boado y Rafael Penedo señalan también una metodología de analizar el arte prehistórico a través, por un lado del concebir la relación y posición del hombre y su cultura en el paisaje y por otro lado descubrir los conceptos del tiempo y el espacio.

Así vuelven a enfatizar sobre la aparición del hombre en el AL, una ideología que introduce al hombre en la naturaleza, escenificando su cultura y sus labores.

Vemos por tanto que el AP reflexiona sobre la naturaleza en el espacio doméstico mientras que el AL representa las actividades humanas fuera del espacio de habitación pero inmersas en la naturaleza.

El tiempo en las representaciones del hombre es cerrado mientras que en esa mística prehistórica antigua es atemporal, pertenece a obras abiertas en el tiempo suspendidas en el espacio utilizado para siempre.

Finalizando su ensayo, los investigadores ponen el foco en las diferencias que establecen como dos sociedades, dos representaciones y dos tiempos, que se desemparejan principalmente en elementos distintos de supervivencia como el tradicional ejercicio de recolección y caza pero además, el AL lleva consigo esa agricultura de rozas, itinerante, nuevas formas de organizar la vida que tienen consigo un arte evolucionado o por lo menos distinto, poniendo la particularidad en distintos aspectos a diferencia de sus semejantes en el Paleolítico. El AP por el contrario parece que observa un mundo estático del cual solo es espectador, que se desarrolla fuera de él.

Este “enfrentamiento” de formas de mirar y representar lo que ven y sienten los hombres y mujeres del pasado lleva consigo la esencia de la humanidad de intentar absorber y ordenar lo que se desenvuelve a su alrededor, planteando una estructura mental para organizar un esquema de la realidad que se ha representado testimonialmente en forma de arte que no tiene nada que ver con el concepto de arte que manejamos en el siglo XXI sino que nos retrotrae a un mundo muy diferente y sorprendente, que tiene contextos específicos de relación social y enmarcaciones ceremoniales que no podemos comprender a ciencia cierta, solo los restos de estas comunidades nos siguen dando pistas de su forma de vivir y entender la naturaleza. Los restos arqueológicos y las espectaculares pinturas y grabados que nos han llegado a través del tiempo a la actualidad son la clave para entender cómo podrían sentir este mundo las sociedades prehistóricas, algo que sigue siendo objeto de estudio y debate, que además solo podremos llegar a imaginar de momento, con más o menos argumentos fundados, quedando el arte como una puerta a lo más profundo de nosotros mismos.

 

@hectorbraojos

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