Celtas: La cultura de la Tène

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La Segunda Edad del Hierro en la Europa Templada es conocida como la Cultura de la Tène. Este nombre procede de un yacimiento suizo ubicado a las orillas del lago Neuchâtel. Fue la cultura europea de mayor categoría durante la Segunda Edad del Hierro, que ocupaba en sus orígenes una inmensa banda territorial distribuida por Francia oriental, Alemania meridional, Austria, Chequia, Eslovaquia y Hungría. En el transcurso del siglo V a. C. la Cultura Lateniense se propagó por regiones limítrofes buena parte de Francia, Países Bajos y Alpes italianos. En el momento de mayor esplendor dejó huellas en otros territorios como la Península Ibérica.

La cultura Lateniense  se  divide en tres periodos:

  1. La Tène A o periodo clásico ( 500-400 a. C.)

Los orígenes de la Cultura Lateniense  se pueden rastrearen la primera mitad del siglo V a. C. en dos zonas muy concretas: la región francesa de la Champaña, situada a la cuenca del Sena, a la altura del Marne-Mosela y las regiones hermanas del Hunsruck-Eifel situadas en pleno cinturón de la cuenca media del Rhin. En los tiempos de la Primera Edad del Hierro esos territorios habían mantenido una órbita secundaria a modo de hinterland económico de los principados hallstáticos.  El antiguo núcleo estaba poblado por gentes autóctonas regidas por jefaturas de poca importancia y una economía autárquica, que mantenía relaciones con los principados hallstáticos,  que abastecían de materias primas y esclavos. Los pueblos de Champagne y Hünsruck-Eifel parecen responder a una sociedad igualitaria con poco interés en objetos de lujo en sus necrópolis.

También se prevé la un incremento de la desigualdad a partir de un enriquecimiento de los ajuares de las minorías dirigentes con la aparición de objetos suntuosos (carros de dos ruedas, espadas, Stamnoi…)

  1. La Tène B o periodo de expansión ( 400-150 a. C.)

Los relatos de Plinio retratan los años 400-300 a. C. con un periodo turbulento en el continente europeo, afectado por migraciones masivas de los pueblos celtas y una serie de conquistas militares. Estas crónicas no poseen un valor histórico pero coinciden al mostrar una época como un panorama de constante desorden: numerosas tribus celtas se pusieron en movimiento en dirección al oriente invadiendo  Panonia, Hungría, Eslovaquia y Transilvania.  Las descripciones enumeraban las tribus que penetraron en la península italiana, ocupando la zona al pie de los Alpes, invadiendo el valle del Po. La presión celta resultó abrumadora que en el 386 a. C. plantaron a sus huestes a las puertas de Roma y la redujeron a escombros. El ímpetu celta no se paralizó en el siglo III, avanzaron hacia el sur para saquear el santuario de Apolo en 261 a. C. Estas ofensivas se quedaron en simples correrías  de tribus celtas como los boios, escordiscos y tauriscos.

Plinio intentó explicar la historia al relacionar las migraciones con un aumento excesivo de la población, no ahorró en palabras para explicar las sesiones políticas entre las tribus, los conflictos internos y las duras condiciones de vida. De este modo se sucedieron las migraciones: cada migración o conquista desplazaba a los antiguos invasores que buscaba nuevos territorios cada vez más lejos de sus tierras de origen.

Los historiadores rechazan el plano de la hipótesis invasionista, las operaciones de conquista manu militari y las migraciones masivas pacíficas. Los datos arqueológicos de este periodo revelan un mundo rural inimaginable para la vida militar. No existen ni grandes poblados ni fortificaciones. Este patrón de poblamiento cuadra con un modo de vida pacífico, de reducida competitividad social y sin conflictividad política. Esta circunstancia manifestó una nueva confrontación entre los partidarios del celtismo y sus opositores.

  1. La Tène C o periodo de los oppidas (150-50 a. C.)

Durante los siglos II-I  a. C. se produjeron importantes cambios en muchas raíces de la Cultura Lateniense, en su marco político, organización social y estructura económica. Se produce una concentración de población en núcleos fortificados u Oppidas; evolución hacia formas de gobierno más complejas y el desarrollo de una inestabilidad política.

Muchos cambios vinieron motivados por el impacto de potencias mediterráneas, sobre todo por la agresiva Roma que en esta época ya dominaba el sur de Francia. Poco tenían que ver este mundo con la tradición de los siglos anteriores, la presencia romana resultó decisiva en las tribus galas.

Los datos históricos de los siglos II-I a. C. lo recuerdan como una etapa muy complicada para los celtas. En el sur se toparon con Roma; En el oriente tenía la confederación de tribus germánicas, oriundas de Jutlandia al frente y al litoral del mar del Norte, liderada por cimbrios y teutones, que tras un largo periplo militar acabaron arrastrando parte de Alemania, Chequia, Hungría, Países Bajos y de la Galia en 120 a. C.. La inestabilidad creada por los cimbrios y teutones se acabó gracias a la intervención de la República romana en el 101 a. C. Esa intervención fue un preludio de las campañas de Julio César en el 50 a. C. que acabaron con la conquista de los pueblos celtas.

La cuestión céltica.

Durante mucho tiempo los prehistoriadores no dudaron en asociar la Cultura de La Tène  con los pueblos celtas, esta palabra tiene su origen griego “keltoi” que denominaba a aquellos pueblos situados más allá de los límites de la civilización helénica, los conocimientos sobre los pueblos celtas proceden de las narraciones de escritores greco-latinos como Plinio o Heródoto.  Entre otras la conocida “La Guerra de las Galias”.

Los pueblos celtas fueron los representantes de una cultura ancestral de raíces protagonista de una historia, lograron superar una fortaleza inusual. De acuerdo con esta imagen los celtas fueron pueblos guerreros poderosos hasta el punto de ocupar parte del continente en época romana, el primero de los estudios celtas fue Déchelette  mantuvo la idea de correspondencia La Tène-celtas  hasta el punto de proponer las siguientes provincias geográficas:

La céltica continental, Dalia, Italia del norte, España septentrional, bohemia, Transilvania, Rusia septentrional, Alemania meridional, Austria y Hungría.

La céltica insular, Inglaterra, Escocia e Irlanda.

La céltica germánica, Alemania del Norte, Dinamarca y Suecia

Los prehistoriadores no han llegado a un acuerdo a la hora de concretar los orígenes y quienes fueron así como sus rasgos. Hay defensores del celtismo como Venceslas Kruta que mantiene la fe en la existencia del pueblo celta, pero otros como John Collis  niega la existencia de un pueblo celta, de una historia, religión, arte o etnia común, para él no fueron más que una variedad de culturas, comunidades, pueblos y etnias pero con matices, defendiendo que los celtas nunca existieron como pueblo.

Enterramientos.

Se mantuvo la tradición debe ir más en tumbas individuales planas aunque no se prescindió de la incineración y de las tumbas tumulares colectivas. Existían cementerios de tamaño muy reducido que ofrecían sepultura a unas pocas decenas de cuerpos, el ajuar de los hombres poseía una o dos fíbulas,  el de las mujeres presentaba una fíbula de bronce,  brazaletes como pulseras, tobilleras y anillos. Estos enterramientos demuestran una sociedad sencilla y humilde, sin preocupación por la acumulación de riqueza y bajo el modelo de una comunidad igualitaria.

Las tumbas de clases dirigentes eran minoritarias y destacan por los objetos más suntuosos, pero nunca son excesivamente espléndidas ni dio lugar a tumbas principescas: espadas, puñales y, a veces, petos, cascos y carros de dos ruedas. Prueban el carácter autárquico de las minorías aristocráticas.

Sociedad.

La imagen que tenemos de la primera sociedad Lateniense es parcial y limitada. La mayoría de la población se componía de agricultores y ganaderos; unidades familiares muy reducidas, autónomas y modo de vida autárquico. Los artesanos y comerciantes eran minoría, reunidos en poblados de cierta envergadura, por ejemplo Dürrnberg donde había una producción especializada de sal. Los análisis antropológicos has avalado duras condiciones de vida de los mineros pero no esclavitud ni servicio forzado. Los mineros de Dürrnberg se beneficiaban de la gratificación de su propio trabajo.

La mayor parte de la documentación sobre la sociedad Lateniense de los siglos V – III a.C. se refiere a las minorías dirigentes, a través del mundo funerario con dos rasgos principales, escasa presencia de objetos de lujo y ausencia de grandes diferencias. Responde al modelo sociológico del primus inter pares (primero entre iguales). Estaríamos ante líderes que obtenían el poder por sus capacidades personales y habilidades militares. Los líderes guerreros podrían haber tenido sus propias cohortes de guerreros a caballo que era un  objeto de prestigio social y símbolo de poder. Las cohortes se mantenían unidas mediante lazos de cohesión alrededor de fratrías, especie de hermandades  articuladas por la devoción personal hacia el caudillo o por vínculos de sangre. Este liderazgo resulta ideal en sociedades expansionistas con una organización sociopolítica de indudable éxito en el mundo de conquista militar.

La milicia Lateniense no formaba una casta cerrada e impermeable como pasaba en tiempos del Hallstat, sino un grupo abierto con gran movilidad social. Cualquiera podía tomar parte de ella y de sus botines y prestigio con posibilidades de ascenso social.

Este sistema político tenía dos graves contrapartidas: la competencia entre caudillos para alcanzar el poder era una fuente de tensiones continuas y el uso de la guerra como instrumento para ascender socialmente convirtió los saqueos y pillajes en necesidades endémicas para perpetuar el sistema político.

El periodo de los oppidas  revela la inestabilidad política de estas gentes incluso en un momento de crecimiento económico. Julio César nos da una idea de la inestabilidad que había en las Galias. La Segunda Edad del Hierro en la Galia representa un universo político de lo más heterogéneo donde algunos pueblos actuaban como pequeños estados y otros apenas como jefaturas tribales. Un mundo difícil de discernir a partir de la arqueología.

La agricultura y la ganadería.

La producción agropecuaria tuvo que hacer frente al incremento de la población. Las estrategias que adoptaron revelan la versatilidad y adaptabilidad de la economía Lateniense con la aparición de nuevos aperos de labranza que permitió acrecentar la producción de alimentos y mejorar la eficacia del laboreo. Esto se logró mediante el desarrollo de la metalurgia del hierro, que se convirtió en el metal más apreciado por su abundancia, por su extrema dureza y por su versatilidad. Aparecieron guadañas, hoces, cuchillos de poda, azadas y rejas de arado. Gracias a esta nueva tecnología se pudo roturar nuevas tierras, incrementando las parcelas productivas o iniciando la explotación de parcelas baldías.

Los nuevos aperos, mejores abonos y nuevas técnicas de drenaje permitieron abrir posibilidades agrícolas antes impensables.  El incremento de la producción se completó con la mejora de las técnicas de procesamiento de materias primas: con el molino giratorio, por ejemplo.

Se cultivaron diferentes especies de trigo y cebada, pero aumentó notablemente el centeno; leguminosas como las alubias, guisantes y lentejas; el lino para la artesanía textil; incremento de la vid y el olivo. La cabaña ganadera (vacuna, ovina y porcina) mantuvo un régimen autárquico para el abastecimiento familiar. Los sectores tradicionales como la recolección vegetal, caza y pesca, mantuvieron una notable importancia en el ámbito doméstico.

La artesanía cerámica.

Durante los primeros tiempos la mayor parte de la producción cerámica se hacía a mano, aunque el torno alfarero era conocido, era de uso minoritario. La cerámica común se limitaba a producciones sencillas, hechas a mano, de poca calidad, imitando artículos metálicos. El torno no tuvo importancia hasta La Tène C cuando comienzan a hacerse producciones masivas en los talleres de los oppidas. Eran producciones básicamente locales de modo que cada oppida manufacturaba su propia cerámica para el autoabastecimiento. La producción habitual tenía motivos decorativos geométricos pintados, a base de bandas de colores rojo y blanco; raros eran los zoomorfos.

La minería y la metalurgia.

Durante la Segunda Edad del Hierro se produjo la decidida incorporación de la metalurgia del hierro en Centroeuropa. Hacia el siglo V a.C. se usaba para modelar herramientas corrientes sobre todo de labranza. La habilidad de los herreros latenienses se refleja sobre todo en el armamento. Las espadas experimentaron varias modas, tanto generalizadas como autóctonas:

Durante los siglos V-III a.C. se realizaron espadas cortas pero posteriormente la evolución del estilo de lucha favoreció la manufactura de espadas pesadas y muy largas, con filos paralelos y espigo en la empuñadura. La artesanía del hierro brilló especialmente en las vainas que protegían las espadas, consistentes en láminas finas de hierro decoradas con grabados y adornos repujados que imitaban a veces el grano de cobre. Se consideran las obras maestras del arte Lateniense dando lugar al estilo de “las espadas”.

También se emplearon en otras armas como las: puntas de lanza (algunas similares al pilum romano),  Yelmos o cascos, Cuchillos de filo curvado, escudos, carros con un eje de hierro y dos grandes ruedas; adornos, brazaletes, anillos, pectorales, torques y fíbulas. El bronce queda relegado como metal para la manufactura de objetos de lujo: jarras y joyas como fíbulas y brazaletes. El oro se utiliza en adornos como torques y brazaletes.

Casi todas las tumbas de metalúrgicos se hallaban bien surtidas, lo que demuestra la alta valoración social de los profesionales del metal.  Los herreros abandonan la tutela clientelar de los linajes aristocráticos y alcanzan un nuevo status. Este hecho marcó la verdadera transición a la Edad del Hierro. Junto a esto se produce otro aspecto no menos importante; la democratización del nuevo metal, ya que se usó no solo para el armamento sino para artículos más cotidianos, sobre todo los agrícolas. La propagación del hierro provocó una auténtica revolución agropecuaria.

Durante el siglo IIa.C. la metalurgia del hierro conoce un segundo gran empuje por el incremento de la demanda de metal a cargo de Roma y por el aumento del consumo interno en los oppidas. Como consecuencia de este aumento, se diversificó el instrumental cotidiano, fabricándose todo tipo de herramientas para las más diversas labores, dando lugar a una auténtica revolución instrumental junto a una especialización y una cualificación técnica de las actividades tradicionales nunca antes conocida.

El comercio.

Durante las primeras etapas latenienses las redes comerciales se retraen y se limitan a un mercado local. Se impone la autarquía. A mediados del siglo II a.C. se recuperan las redes comerciales coincidiendo con la expansión romana más allá de los límites de la Península Itálica. Se amplía el comercio a larga distancia, sobre todo de manufacturas metálicas (hachas, anillas, copas…). Entre los más demandados por los romanos se hallaba el hierro, pieles, cueros y esclavos. En contrapartida los pueblos centroeuropeos obtenían bienes de lujo entro los que tuvo gran importancia el vino, cuyo consumo tuvo gran desarrollo en los oppidas.

La aparición de la moneda (siglos II – I a.C.) refleja el paso de una economía autárquica, de trueque, a una economía mercantilista. Las primeras monedas, sin embargo, sirvieron para acumular riqueza ya que no se usaban de manera habitual.Los avernos fueron los primeros en acuñar moneda ya queposeían el monopolio del tráfico del estaño antes de que éste llegara al área de influencia marsellesa.

Los artesanos latenienses dejaron una muestra perfecta de su sentir artístico en una amplia serie de objetos de prestigio cuyo elevado valor estético les ha convertido en una expresión esencial de la Cultura de La Tène. Su arte es una combinación de raíces autóctonas y modelos estilísticos orientales, siendo considerado como una de las expresiones artísticas orientalizantes más notables. El arte lateniense se centró en pequeños artículos de prestigio: joyas, carros, espejos, piezas de banquetes, armas como espadas, cascos, arneses. Era una arte para prestigiar la posición privilegiada del propietario. Revela el vínculo entre los artesanos y las minorías dirigentes, que configuró un régimen clientelar.

 

Periodo Estilo Rasgos principales a.C
La Tène A Flamígero Motivos en palmeta griega 480 – 350
Fantástico Motivos de inspiración escita 400 – 350
Autónomo o Waldalgesheim Motivos curvilíneos 350 – 250
La Tène B Plástico, de las Espadas o Relieves Motivos ampulosos barrocos 250 – 120
La Tène C Entremont Realista arcaizante 120 – 50

 

 

El arte lateniense decayó drásticamente a partir del año 150 a.C ya que el desarrollo de los oppidas impuso nuevas normas a la artesanía, que tendrá carácter industrial, persiguiendo la cantidad antes que la delicada manufactura de tiempos pasados. Los artesanos adquirieron una gran relevancia socioeconómica ya que la demanda ya no dependía solo de las élites dirigentes sino que fundamentalmente dependía de las redes de intercambio regionales.La artesanía pasaba a ser producto de trueque.

Religión e ideología.

Las interpretaciones en materia religiosa son comprometidas porque se acostumbra a utilizar interpretaciones sobre una pretendida religión celtica. Es costumbre hablar de ceremonias culturales siguiendo crónicas romanas. En algunos lugares parece haber existido la costumbre de ofrendas en las aguas. En ocasiones se han interpretado como lugares de culto ciertos lugares de planta circular o cuadrangular, con cella central rodeada de una galería, así como recintos cuadrangulares sobre una elevación de tierra rodeada de fosos. En las crónicas antiguas se relata el gusto de los celtas por exhibir los cráneos de sus enemigos a modos de trofeo.

La religión en tierras latenienses parece haber sido de tradición hallstática y hubo un panteón de tradición indoeuropea matizado con elementos posteriores de procedencia mediterránea. En el caldero de Rynkeby aparece la tríada: Esus, Teutates y Taranis. En el aderezo de Reimheim aparece Atenea celtizada. Más autóctonos son los cultos solares, las cabezas de toro y las inmolaciones de cérvidos.

 

Bibliografía.

RIPOLL, S. (Coord), FERNÁNDEZ VEGA, A., HERNANDO, A., MUÑOZ, F.J., QUESADA, J.M., MAILLO J.M. y JORDÁ, J.F. (2010): La Prehistoria y su metodología. Editorial Universitaria Ramón Areces, Madrid.

FERNÁNDEZ VEGA, A. (Coord), HERNANDO, A., MAILLO J.M.,  MUÑOZ, F.J., QUESADA, J.M. y RIPOLL, S. (2010): Prehistoria II. Las  sociedades metalúrgicas. Editorial Universitaria Ramón Areces, Madrid.

 BAHN, P (Edi. 2002).: Atlas de Arqueología mundial. Ediciones Libsa, Madrid.

 

 

Author: Pablo Caserío

Estudiante de Geografía e Historia en UNED.

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