Ceremonia de sepultura en la antigua Grecia

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La ceremonia de sepultura en la Antigua Grecia era muy importante; Todos y cada uno de los ritos debían realizarse correctamente. En caso de no hacerlo, el alma del difunto persiguiría a los familiares más cercanos por no haber “cruzado” al Hades correctamente.
En primer lugar debemos hablar de una serie de ritos predeposicionales. La prothesis sería el primero de los ritos; En él se exponía al difunto para que todos sus familiares, amigos y personas cercanas lo lloraran. El difunto era lavado por las mujeres más cercanas con agua salada. Después, se ungía con aceite. A continuación se le vestía con unos ropajes especiales denominados como kosmos. Se le cerraba la boca con un artilugio especial para ello, ya que en caso de no utilizarlo, el difunto presentaría la boca abierta, algo poco estético. También se le cerraban los ojos. El cadáver era expuesto en la vivienda del mismo, con los pies apuntando en dirección a la entrada, hacia la puerta principal. Las expresiones de dolor de las mujeres eran diveras, como tirarse del pelo o arañarse la cara, el objetivo era demostrar el dolor por la pérdida. Los gobernantes griegos procederían a limitar estas demostraciones de dolor más adelante, por ser excesivas. A su vez, en el exterior de la vivienda se exponían unas cerámicas funerarias conocidas como pinax. A las expresiones de dolor se las acompañaba con música, generalmente realizada con flautas.
Tras esta serie de ritos llegaría el traslado del difunto al cementerio. Esto lo conocemos como ekphora. Normalmente se hacía a hombros de los denominados necróphoros (estos eran los portadores). El traslado se realizaba acompañado con música, realizada con una flauta doble generalmente. En cuanto a la hora del traslado, en un principio era indiferente, pero no tardaron en establecer el traslado a la noche. No obstante, había excepciones que explicaremos más adelante.
Tras el traslado del cadáver llegaría la deposición del difunto y con ella, los ritos deposicionales: taphos. Normalmente el difundo era depositado en una pira funeraria. El tamaño de esta pira era directamente proporcional con el rango social del difunto. Si se trataba de un personaje público importante, como un miembro del consejo de Areópago, o un arconte, la pira sería de gran tamaño; Si se trataba de un ciudadano sin especial importancia en la vida pública más que su propia condición de ciudadano, la pira sería más modesta. Tras depositarlo en la pira, esta se quemaba. Cuando el fuego se iba reduciendo, las últimas llamas se apagaban con vino. Se recogían las cenizas y se depositaban en una urna funeraria, acompañado de su ajuar, que consistía en objetos personales del difunto y otros objetos más estandarizados propios del mundo funerario, como vasos de piedra o terracotas. En las primeras etapas de la Grecia Arcaica tenemos constancia de la colocación de dos monedas, una en cada ojo, para que el difunto pudiera pagar a Caronte, el barquero que llevaría su alma al Hades.
Tras depositar las cenizas del difunto, tendrían lugar una serie de ritos conocidos como postdeposicionales. En primer lugar se realizaba un banquete del que se excluía la participación de los vivos. Se trataba de un banquete enfocado únicamente a los difuntos. En el se realizaba una libación de agua. A continuación, el tercer y el noveno día se realizaban otros banquetes funerarios, en el que los vivos no participaban. A los treinta días, como acto simbólico, se barría la casa.
Posteriormente se realizaban visitas periódicas a las tumbas de los difuntos, señaladas con estelas. Estas estelas presentaban grabados con decoraciones diversas. Además, eran decoradas con coronas y flores. También se tiene constancia de la práctica de libaciones de vino, leche, agua, miel…
Estos ritos estarían enfocados a las defunciones más típicas. Sin embargo, tenemos constancia de defunciones especiales, denominadas así por la excepcionalidad de sus ritos, condicionados por las circunstancias de la muerte del difunto. Un ejemplo sería la defunción de niños o jóvenes no casados. A estos se los solía enterran en pithoi (recipientes cerámicos). Otro caso excepcional sería la muerte en combate; En este caso, se les solía enterrar en el mismo lugar donde habían fallecido después de ser cremados. En el caso de los muertos en combate, la prothesis duraba alrededor de tres días, y el traslado del difunto (ekphora), en caso de no ser enterrado en el mismo sitio donde falleció, se realizaba en carro. Si el difunto se trataba de un personaje ilustre, conocido como un héroe, se construía una capilla en su honor para que los ciudadanos pudieran ir a rendirle culto.
En cuanto a los ajuares fueron variando a lo largo del tiempo. Al principio, podíamos encontrar desde joyas hasta armas o estelas. También abundaban objetos del uso cotidiano, como lucernas, óbolos y vasos cerámicos. Luego tenemos constancia de objetos específicamente funerarios, como vasos de piedra o terracotas en actitud de duelo. El cambio más significativo llegaría en época clásica, pues desaparecieron las joyas y las armas en los ajuares funerarios. Se limitaron a ritos de cremación primaria en los que predominaban los vasos funerarios.

2 Comments

  1. Muy buena información. Estoy estudiando Grecia y Roma Clásica. Me aclaró el panorama de las ceremonias
    Gracias

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  2. Gran artículo, explica de manera muy clara y amena sobre los ritos funerarios y me ha ayudado mucho a encontrar algo de claridad al respecto, considerando que este tema está despertando mucho mi curiosidad. ¿Cuáles fueron tus fuentes?

    Mis respectos y reitero las felicitaciones.

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