Conflictividad social en el periodo de Entreguerras

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El fin de la Primera Guerra Mundial trajo consigo importantes cambios políticos, sociales y económicos. La guerra destruyó gran parte de Europa, generaciones enteras hallaron la muerte en la guerra, por no hablar de mutilados y los afectados psicológicamente. A los vencidos se les impuso un excesivo y asfixiante pago de las reparaciones de guerra que desencadenó una creciente inflación, la disminución del gasto público y el empobrecimiento de las clases más débiles.

La guerra produjo una militarización de la sociedad  que permitirá ver la violencia desde otro punto de vista y que se verá reflejada en el surgimiento de grupos de extrema derecha de carácter paramilitar, formados en gran medida por antiguos combatientes que añoran la guerra y desean la revancha. La guerra también propició la aparición de nuevos ricos, la radicalización obrera y el surgimiento de pactos sociales. El cambio más impensable fue el de la situación de la mujer, que durante los años de conflicto tomó un papel central en la sociedad, convirtiéndose en cabezas de familia y trabajadoras ante la ausencia de los hombres que se hallaban en el frente, pero con el fin de la guerra, la mujer volvió a la vida doméstica. Sin embargo,  pese a las medidas tomadas por los gobiernos para que todo volviese a la normalidad, en muchos aspectos nada volvería a ser igual, nadie sabía cuál era su sitio. El hedonismo estaba extendido entre la juventud y en la sociedad se había producido una cierta feminización, la vestimenta cambió, la falda no volvería a bajar de las rodillas, las mujeres ya no dependían de sus padres o esposos al convertirse en individuos jurídicos, en muchos países se estableció el sufragio femenino.

A la difícil situación económica de muchos países, se sumó el crack del 29. Muchos inversores estadounidenses tenían invertido su capital en Europa, en especial en Alemania, por lo que tras el crack retiraron su dinero agravando la situación alemana. La difícil situación económica durante el periodo entreguerras y el ejemplo de la Revolución Rusa, favoreció el surgimiento de movimientos revolucionarios.

En Italia, el Partido Socialista consiguió en sucesivas reuniones, durante 1918, que se aprobara el mantenimiento del poder adquisitivo pese a la inflación, también apoyaron la oleada de huelgas. Ese mismo año, el Partido Laborista Británico ratificó la llamada cláusula 4  que consistió en la nacionalización de gran parte de la industria británica. En abril de 1919 un grupo de trabajadores libres sindicales revolucionarios tomaron Múnich y proclamaron la Republica Soviética de Baviera, un mes antes se proclamó la República Soviética de Hungría. También se desencadenaron movimientos obreros que supusieron la quema de cosechas en el valle del Po, Andalucía y Portugal, protagonizadas por anarquistas y socialistas revolucionarios que exigían mejora de condiciones laborales y la reorganización del mundo rural. La revolución rural fue inesperada, ya que los gobiernos consideraron más previsibles y habituales las urbanas. Lo cierto era que las masas rurales eran vistas como gente irracional y bárbara, pero también se sublevaron las masas urbanas, los cuales pensaban que los costes de la guerra fueron repartidos de forma desigual siendo las clases bajas las más perjudicadas.

Todos estos movimientos obreros y revolucionaros, fueron duramente reprimidos por gobiernos y grupos de extrema derecha con un gran carácter nacionalista y militar, formados en gran medida por soldados desmovilizados. En Italia se fundó en 1919 los fasci italiani di combatimiento, un grupo paramilitar liderado por Benito Mussolini que ocuparon la calle colaborando con la policía en la lucha contra el sindicalismo, logrando una gran popularidad. Ante la inestable situación, el monarca Víctor Manuel III se vio obligado a nombrar a Mussolini como líder de gobierno tras marchar sobre roma en septiembre de 1922.

En Alemania, la República de Weimar, se vio obligada a formar batallones paramilitares improvisados denominados como Freikorps, este grupo paramilitar también estuvo formado por soldados desmovilizados y miembros de la extrema derecha. Se encargaron de reprimir los movimientos revolucionarios y acabaron con el movimiento marxista revolucionario de la Liga Espartaquista.

En España, Martínez Nido, capitán general de Cataluña, declara las provincias catalanas en Estado de guerra. Surgen entontes los Sindicatos Libre, muy vinculados a la patronal y de extrema derecha, los cuales se encargaron de reprimir y disparar a los sindicalistas de la CNT, lo que desencadena un conflicto armada en el que los anarquistas son represaliados. Mientras, en Andalucía la actuación de la Guardia Civil bastó para mantener a raya a los líderes jornaleros.

Este fenómeno, no fue exclusivo de Europa, también en países como Argentina durante el periodo entre guerras se produjeron movimientos de huelga y protestas obrera que fueron reprimidas por la Liga Patriota Argentina, una brigada parapolicial presente en la calle donde reprime las huelgas y adoctrinar a la población mediante valores conservadores por los que cosechara un cierto triunfo.

A partir de los años 20, la represión y derrota de los movimientos revolucionarios europeos se hacen cada vez más evidentes ante la incapacidad de los Bolcheviques de prestar ayuda ya que estaban inmersos en la Guerra Civil Rusa  que a punto estuvo de acabar con la Revolución, sin embargo, pese a la gran cantidad de enemigos, la falta de coordinación y de objetivos comunes produjo la victoria Bolchevique sobre los Aliados. La 3ª Internacional consiguió reunir a los socialistas revolucionarios que adoptaron el leninismo y pasaron a denominarse como comunistas. Por otro lado, los socialistas reformistas no aceptaron integrarse y se convirtieron en enemigos de anarquistas y comunistas. Lo cierto, es que gran cantidad de la clase obrera se unieron a los reformistas, temerosos de perder los escasos logros conseguidos desde 1870 (centros de reunión, coros socialistas, centros de deportes socialistas…). Además los burgueses, ante esta situación, se mostraron propicios  a limitadas concesiones a la clase obrera organizada. Se introdujeron el sufragio universal y la jornada de 8 horas.

Finalmente, para 1921 se produciría el definitivo fracaso de la Revolución en Europa ante la gran división producida entre la clase obrera y la represión ejercida por gobiernos y grupos paramilitares.

Bibliografía:

- Palmer, R. y Colton, J. “Historia Contemporánea“.

- Kitchen. M. “El periodo de entreguerras en Europa”.

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