El Congreso de Viena

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La finalidad del Congreso de Viena, 1814, fue redefinir Europa tras Napoleón. Consistía en determinar nuevas fronteras y acuerdos, recogidos en el “acta final”, elaborados por la conocida como “Cuádruple Alianza”, integrada por Rusia, Prusia, Austria e Inglaterra. Cuando se celebra el congreso, no había ningún movimiento de las nacionalidades que pusiera en tela de juicio a los Estados Históricos. Si que podríamos hablar de “células de resistencia”, generalmente antifrancesa, bastante determinantes en la derrota de Napoleón; Un ejemplo sería la “guerra de independencia” española, calificada como “espontánea, popular e interclasista”, cuya proyección será la guerra de guerrillas. Realmente podríamos hablar de cierta colaboración de la población civil, pero no de movimiento de las nacionalidades.

En este momento, el concepto cultural de nación de Herder, e incluso su secuela, aportada por Fichte, se agota en los círculos intelectuales, es decir, que no ha influido en la población. Al no existir este movimiento popular de las nacionalidades, el Congreso de Viena pudo trazar fronteras sin tenerlo en cuenta. De hecho, lo ignoró de plano. Con el posterior desarrollo y expansión del Romanticismo se pondrían en tela de juicio las diferentes fronteras.

La idea sobre la que actuó el congreso fue la restauración de la antigua situación de los Estados Históricos y su ámbito territorial. El equilibrio, la balanza de poderes, sería el factor a seguir. Se trató de conseguir que cada Estado tuviera la suficiente entidad como para mantener su seguridad, pero no tender hacia una posición hegemónica en el continente. La Historia ha demostrado que el equilibrio incita a la guerra. Protagonistas y defensores del equilibrio serían los ministros ingleses, Castlereagh, y después su sucesor, Canning, quienes buscaban el conocido como “espléndido aislamiento” inglés: No verse inmiscuidos en los asuntos del continente, pero para ello necesitaba paz en el mismo. Junto a esto, los ingleses impusieron otra medida, que consistió en hacer tabla rasa de las conquistas napoleónicas, es decir, que Francia debía volver a sus fronteras previas a 1792, al momento previo a la batalla de Valmy. Para ello, había que crear garantías territoriales que evitasen un nuevo intento francés de expansión. Este miedo a un nuevo ciclo revolucionario no estaba del todo mal fundamentado, pues Napoleón volvería y establecería el reino de los 100 días.

Otra idea importante era crear un mecanismo para tutelar o vigilar que los acuerdos contraídos no se vieran amenazados; Un sistema de congresos, a celebrar por los cuatro antiguos miembros de la Cuádruple Alianza, que atendiera a las posibles amenazas, con la posibilidad de una intervención armada mancomunada. Respecto a este punto, los ingleses aprobaban la idea de una intervención, pero enfocada únicamente a la solución del problema. El pacto de la Santa Alianza (Austria, Prusia y Rusia) aprobó la idea de una intervención armada y en política interior. Este último punto fue rechazado de raíz por Inglaterra.

La idea del canciller austriaco Metternich con respecto a Alemania fue crear una confederación de los diferentes estados germanos. Su funcionalidad inicial sería contener a Rusia y a Francia (el principal miedo era el expansionismo ruso). Se trataba de la unión de 36 Estados independientes. Los asuntos de la confederación se discutirían en una “dieta general” (reunión de embajadores)., presidida por Austria, con sede en Frankfurt. Defendían conjuntamente el territorio de la confederación, la integridad de cada estado alemán (en caso de ser atacado por un tercero) y a no declarase la guerra mutuamente, además de, en caso de guerra, no firmar la paz por separado. Por último, tendría un ejército propio. Prusia, con Humboldt, propuso ir más allá (unificaciones, codificaciones…) pero esta idea se abandonó en su origen. Se potenció a Prusia para contener a Rusia y Francia, para ello, el país explotó hábilmente el miedo a Rusia.

Se barajó la idea de reconstruir el reino de Polonia, algo que significaría un posible mayor poder ruso, razón por la que Inglaterra se opuso radicalmente. Si Polonia se convertía en satélite ruso, aumentaría su poder. Es por esto que se recurre al reparto de Polonia.

Una obsesión de Inglaterra era que ningún gran Estado controlase las costas del continente del canal de la Mancha. Por ello, en Viena unieron unos territorios separados: Bélgica y Holanda, bajo la soberanía del depuesto rey de Holanda, Orange-Hassau. Artificiosa unión que creó los Paises Bajos.

En Italia hicieron una serie de rectificaciones llevándola a su momento previo a Napoleón. Se restauran viejos ducados, se amplía el reino tapón de Piamonte, se le devuelven territorios a Austria…

Este nuevo orden se irá poco a poco desmoronando por los embites de los diferentes ciclos revolucionarios del siglo XVIII. Estos ciclos son movimientos liberales, en algunos casos se apreció el movimiento de las nacionalidades.

El primer golpe vendría con las revoluciones de 1820, con España como epicentro. De hecho, en 1821, Grecia adquiere su independencia con respecto al Imperio Otomano. En 1830 tendría lugar una revolución interna en Francia, que entroniza a Luis Felipe de Orleans, llegando al poder los liberales doctrinarios (conservadores). El Estado tapón de los Países Bajos se separará, dando nacimiento a Bélgica (siendo la materialización del concepto racionalista de nación: Voluntad de asociarse de individuos libres). Los legitimistas quisieron intervenir militarmente, pero los diferentes intereses personales terminaron por dejar atrás cualquier tipo de reacción de la Santa Alianza. El zar Nicolás I se apresuró a reunir sus tropas, pero el estallido de una revuelta en Polonia le obligó a retirarse de dicha iniciativa.

 

 

Bibliografía:

-       Paredes, J (Coord). “Historia Universal Contemporánea I”.

-       Cabot, J. “Congreso de Viena”.

-       Alija Garabito, A. “El Congreso de Viena y el Concierto europeo”.

-       Alija Garabito, A. “Del Imperio Napoleónico al Congreso de Viena”.

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