El Imperio Romano en Oriente

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Ya a finales del siglo III a.C. el mundo helenístico se transformará radicalmente, sobretodo en el ámbito político. Surgirán potencias emergentes en lugares como Asia Menor, como por ejemplo la ciudad de Pérgamo, de la dinastía Atálida. No obstante, el cambio más significativo llegará de la mano de un factor externo: La intervención romana en Oriente. En apenas un periodo de cincuenta años conseguirá someter buena parte del mundo helenístico. Conquistarán gran parte de los territorios que quedan al otro lado del limes. Todos estos nuevos territorios formaban parte del imperio Parto-Sasánida.
En cuanto a Roma, a nivel político, podríamos decir que desde el principio no encontramos una política imperialista únicamente, es decir, que no observamos intenciones claras por parte del Imperio de anexionarse territorios situados en Próximo Oriente. De hecho, esto se aprecia a lo largo de todas las intervenciones realizadas en esta región; La discontinuidad, las vacilaciones, la indecisión… serán las protagonistas de las diferentes campañas realizadas en Oriente. Las estrategias políticas fueron variando. Uno de los problemas fue que los senadores romanos nunca llegaron a comprender bien la realidad de estos territorios. Todas las intervenciones eran planificadas de tal forma que ignoraban por completo la realidad a la que se enfrentaban.
En primer lugar debemos tener en cuenta qué intereses tenía Roma en Oriente. El sector concreto de la sociedad que tenía intereses en esta región eran los nobilitas. Este grupo social era una oligarquía patricio-plebeya; Esto significaba que gran cantidad de familias senatoriales tenían intereses económicos en Oriente, lo que acabaría por impulsar las políticas enfocadas a la intervención militar. Es curioso que este sector de la sociedad tuviera tantos intereses económicos en esa región, ya que en el siglo II a.C. las leyes prohibían a los senadores crear sociedades y dedicarse a diferentes actividades mercantiles y comerciales, así como préstamos bancarios. Para conseguir hacerlo tienen testaferros senatoriales, es decir, clientes dentro de dichas familias. Otro factor influyente fue el filohelenismo que padecía la cultura romana. No era ningún secreto la afinidad romana por todo lo griego, desde la ideología hasta la arquitectura. Por consiguiente, no podemos comprender las intervenciones romanas en Oriente sin entender los intereses de los senadores.
En segundo lugar, debemos comprender que los conocidos como equites, es decir, artesanos, banqueros y diversos comerciantes tenían un fuerte interés en explotar económicamente estas regiones. Así pues, la principal razón por la cual los romanos intervienen Oriente es su interés puramente económico. También se ha especulado la posibilidad de que las ansias de poder y gloria impulsaron a la plebe y los diferentes soldados a querer ir a la guerra, así como el posible botín que podrían obtener.
Los primeros años del siglo I a.C. (Finales de la República Romana), prevalecen los deseos de los grandes generales. Esto se debe a la crisis que atravesaba la República y a la Reforma Militar de Mario en el año 100, por la cual se admite cualquier persona en el ejército romano, independientemente de su nivel económico.
En resumen, encontramos diferentes factores, como son los intereses económicos de los senadores, los intereses personales de aquellos que integraban el ejército y las pretensiones de explotación económica de los banqueros, artesanos y comerciantes. Las causas son múltiples y operan de diferente manera. En cuanto a las intervenciones romanas en Oriente, podemos establecer diferentes etapas:

- La primera fase comprendería desde el año 200 al 188 a.C. Durante estos años, el Imperio Romano pretendió el equilibrio en Asia. Un equilibrio que no permitiera que ninguno de los tres grandes reinos, Seléucida, Antigónida y Ptolemaico, se convirtiera en una gran superpotencia.
- La segunda fase comprendería desde el año 188 a.C. la paz de Apamea, hasta el 168 a.C. con el final de la Tercera Guerra Macedónica y la Batalla de Pidma. En este periodo el Imperio Romano planteaba la posibilidad de un equilibrio multiestatal, esto es, para reducir el poder de todos los reinos, su intención era subdividirlos en más pequeños reinos equilibrados que redujeran una potencial amenaza. El problema es que este plan terminará por generar el caos.
- La tercera fase comprende desde el año 168 a.C. hasta el final del Reino de Macedonia en el 146 a.C. En este periodo, poco a poco, Roma va dividiendo los diferentes Estados de Oriente.
- La cuarta fase finalmente sería a partir del año 146 a.C. Esta ya sí que la podemos conocer propiamente como la fase imperialista de Roma en Oriente. Muchos de los Antiguos Reinos y diferentes Estados serán transformadas en provincias, como territorios sometidos al Imperio. En cuanto a Macedonia es convertida en agger romanus (anexionada a Roma). En todas estas provincias impera el derecho romano, por lo que imponen su sistema a los viejos reinos. Todas ellas son controladas por un magistrado.

Sin embargo, antes del año 200 a.C. hay una intervención romana en Occidente. A partir del 229 a.C. y hasta el 219 a.C. tiene lugar la intervención romana en el Adriático. Esto fue debido a los intereses económicos que Roma tenía, y debía respaldar con su flota. Así, en el año 200 a.C. los romanos entrarán en guerra con la Macedonia Antigónida. En el 197 a.C. los romanos fueron capaces de derrotar a la falange macedonia en Cinoscéfalas. Un año después se firmó la Paz de Tempe, un tratado que supuso un importante recorte territorial (Macedonia ve reducido su territorio a tiempos de Filipo. Unido a la derrota y al recorte de fronteras, establecieron una importante deuda a los macedonios que impediría su recuperación. Unido a ello se redujo a su ejército, limitando su capacidad de intervenir en Oriente. De esta manera, el Imperio Romano, tras derrotar a Macedonia, fue limitando la capacidad de otros reinos de intervención en Oriente.
Una vez reducida Macedonia, los romanos se enfrentaron a los seléucidas. En el 192 a.C. comenzará el enfrentamiento entre Roma y el Reino Seléucida. En este año se enfrentarán contra Antíoco III, acabando con la victoria romana en el 189 a.C. en la batalla de Magnesia de Sipilo, firmándose la Paz de Apamea. Obviamente esta paz supuso el recorte territorial más la deuda del Reino Seléucida, al igual que ocurrió con la Macedonia Antigónida. Los seléucidas son recluidos al otro lado de los Montes Tauros. Es por ello que las guerras contra Roma terminan de la misma forma: recorte de fronteras, indemnización de guerra y alianza con Roma.
Mientras los romanos están centrados en Asia, los macedonios comienzan a dar signos de recuperación, pues recuperan de forma pacífica muchas posiciones en Grecia. Esto provoca una nueva intervención romana en lo que conocemos como la Tercera Guerra Macedónica. Esta finalizó en el 168 a.C. en la Batalla de Pidna, en la que el rey de Macedonia, Perseo, es apresado, llevado a Roma y finalmente ejecutado. Puesto que ya no queda ningún “reino de Macedonia” el territorio se declara autónomo y se divide en cuatro distritos, cada uno de los cuales goza de autogobierno. Tras esta batalla Roma deja de necesitar de sus aliados en Oriente. En el 167 a.C. Delos es declarado como puerto franco del Mediterráneo, lo que significó la ruina de Rodas y las relaciones con el reino de Pérgamo se apagan notablemente. Unos años después, ocurrirá un curioso acontecimiento: Se presentó un aventurero conocido como Andrisco, el cual decía ser hijo de Perseo. Con esto consiguió apoyos suficientes para generar una revuelta en Macedonia en el año 149 a.C. Esta revuelta llevó a la intervención romana, y con ella la Segunda Batalla de Pidna en el 148 a.C. Finalmente en el 146 a.C. crearon la provincia romana de Macedonia. Tras esto, sólo la Confederación Aquea era capaz de hacer frente o ser una amenaza para Roma. Es por ello que en el mismo año Roma le declara la guerra a la Confederación Aquea. La capital de dicha confederación, Corinto, es arrasada por los romanos en el 144 a.C. Con esto se creó la provincia romana de Acalla.
En Asia, la Paz de Apamea del 168 a.C. sumió la región en una serie de conflictos entre los diferentes subreinos formados. Este caos obligará a Roma a mediar constantemente en los diferentes conflictos. En cuanto a Pérgamo, su rey, Átalo III firma la legación testamentaria de su reino a los romanos, de esta forma, Pérgamo pasa a ser provincia romana en el 133 a.C.

 

En cuanto al reino Seléucida, fue reducido territorialmente a Siria por las incursiones partas. Por esto, el reino fue arrojado al otro lado del Éufrates. Por ello, sólo quedaba un reino capaz de plantar cara a los romanos, el reino del Ponto, de Mitridates VI. Esta rivalidad desembocará en las tres guerras mitridáticas, las cuales acabaron en el año 64 a.C. con la victoria definitiva de Pompeyo. En el año 63 a.C. Pompeyo reorganizó Oriente, creando la provincia romana de Siria, así mismo, buena parte de Anatolia quedó convertida en provincia romana. El resto de Anatolia quedó convertido en una serie de reinos clientes a Roma, como por ejemplo la Capadocia o Judea. A partir de este mismo año todo el oriente helenístico sufre una gran cantidad de guerras civiles. Por ejemplo, en la Batalla de Farsalia, el César obtiene la victoria definitiva en Tesalia, por la que Pompeyo se refugió en Alejandría. Tras la muerte de César, Marco Antonio y Cleopatra trataron de hacerse con el dominio de Oriente, cuyo núcleo será Egipto. El resultado fue la Batalla de Accio en el año 31 a.C. en el noroeste de Grecia y la entrada de Augusto en Alejandría en el año 30 a.C. con la conversión de Egipto en provincia fiscal, es decir, provincia cuyos ingresos van al tesoro privado del emperador. Todos los reinos de corte helenística sobrevivirán desde el año 30 a.C. hasta la llegada de Vespasiano.

 

BIBLIOGRAFÍA:
- GRIMAL, P. 1990. “La formación del Imperio Romano”.
- SÁNCHEZ LEÓN, M. L. 1998. “El Alto Imperio Romano”.

 

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