El Mesolítico en la Península Ibérica

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Con el final del Paleolítico se conoce un inicio del periodo boreal, que genera una gran cantidad de nuevas especies vegetales (generalmente de hoja caduca) en el sudeste europeo. De esta manera, conoceríamos el periodo boreal (6,800-5,500) y el periodo atlántico (5,500-3,000). Directamente relacionado con la subida de las temperaturas, el nivel del mar subiría casi prácticamente al nivel de costa actual, por el derretimiento del hielo.

En este periodo encontramos dos grupos diferentes. Por un lado tendríamos a los epipaleolíticos. Estos se caracterizarían por una continuidad de las costumbres paleolíticas, es decir, mismos sitios y regiones, actividades y técnicas de caza similares, utillaje lítico (con tendencia hacia la microlitización)… Realmente estos grupos son resultado del proceso de transición de estos grupos y de adaptación a las nuevas características climáticas y geográficas. Por otro lado encontraríamos a los mesolíticos, caracterizados por una nueva adaptación al medio. En estos grupos observamos una progresiva fijación en los lugares de residencia (cambio del nomadismo hacia el sedentarismo), un alto desarrollo social, con gran estabilidad grupal (mayor número de personas). En definitiva, son comunidades plenamente adaptadas, móviles, con una economía de amplio espectro y una mayor complejidad en la caza.

Siguen siendo mayoritariamente cazadores-recolectores y habitando en cuevas y abrigos. Observamos una cierta evolución regional, es decir, que cada grupo desarrolla sus propias características. Por ejemplo, los asturienses se especializaron en recursos costeros (cuyos recursos se acumulaban en basureros).

Hacia el 11,000-10,000 B.P. se produce el deshielo debido al aumento de las temperaturas y la paulatina retirada de la glaciación Würm. El mar ascendió unos 80 metros como consecuencia (Se perdió gran cantidad de territorio continental). El clima se templó y, como consecuencia, la vegetación cambió. Los grandes bosques de coníferas desaparecieron, y el territorio se ocupó de especies arbóreas propias de climas templados. Como consecuencia de ello las especies animales también cambiaron. Las especies de clima frío, como los mamuts o los bisontes emigraron hacia el norte (estas especies necesitan de grandes extensiones de terrenos, los bosques poblados dificultan su supervivencia), y ahora las especies predominantes serían los jabalíes, los cérvidos, cabras, zorros…

Acompañando a estos cambios encontramos un aumento considerable de la población, indicado por el hallazgo de más yacimientos, aunque el reparto poblacional sigue siendo muy irregular. El proceso de adaptación se caracteriza, entre otras cosas, por un proceso de microlitización, enfocado a la caza de especies de menor tamaño. Las enormes puntas solutrenses, de gran tamaño, pierden su sentido a la hora de cazar un animal de tamaño medio.

En algunos casos encontramos cabañas al aire libre. Éstas eran realizadas con ramajes. La pesca experimenta un gran aumento, cada vez el consumo de pescado se va generalizando. Es habitual, en los yacimientos, el hallazgo de arpones (pequeños y con dos dientes, a diferencia de los de gran tamaño propios del magdaleniense). Otra importante característica es la desaparición del arte rupestre, parietal y mueble. En su lugar encontramos los cantos rodados con pinturas (conocidos como cantos azilienses), que se ha determinado como la expresión simbólica de arte mueble.

Hacia el 9,500 tenemos los primeros indicios de adaptación en la cornisa cantábrica. Culturalmente se le conoce como grupo aziliense. Para estos primeros grupos, los lugares donde habitar siguen siendo las cuevas y los abrigos. Su sistema de vida sigue estando muy apegado a la caza, pero adaptándose a las nuevas especies, como ciervos, rebecos, cabras, corzos… También se han hallado restos de moluscos y pescado. El fósil director de esta etapa es el arpón aziliense, realizado con asta, con proporciones más anchas y cortas que el arpón magdaleniense.

Los epipaleolíticos fueron inhumadores, en fosas individuales. Los mesolíticos tenían un universo algo más jerarquizado y complejo. Normalmente muchos de ellos habitaban en cabañas al aire libre, donde , en zonas cercanas, encontramos pequeñas necrópolis. Se han encontrado ajuares de elementos marinos, en algunos casos se han hallado arpones. Muchos de ellos tenían leves incisiones, caracterizadas como arte mueble (algún posible antropomorfo, representaciones lineales…).

Los epipaleolíticos mantuvieron los asentamientos del Paleolítico Superior, en cambio los mesolíticos se movieron hacia otros enclaves, generalmente hacia el interior de la península.

Generalmente, cuando hablamos del mesolítico, debemos entenderlo como un periodo de transición, fruto del cambio climático. La especialización en la caza de especies nuevas, la pesca, el marisqueo, los asentamientos al aire libre, los procesos de movilización hacia el interior de la península… son fruto de este proceso de adaptación, causa de un calentamiento del clima.

 

 

Bibliografía:

-       Almagro Basch. “Prehistoria y arqueología de la Península Ibérica”.

-       Barandiarán. “Prehistoria de la Península Ibérica”.

-       Mithen. “El Mesolítico”.

-       Ortiz de Landaluze, A. (Coord.). “Mesolítico y Neolítico”.

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