El pasado de Adolfo Suárez

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Los Pactos de la Moncloa, su dignidad frente al golpe de Estado de Tejero el 23 de Febrero de 1981, la legalización del partido comunista, el padre de la democracia española… son logros que se le atribuyen a Adolfo Suárez tras su reciente fallecimiento, Pero antes de lanzarnos a elogiar su legado político, debemos entender quién fue esta persona y cuál fue su pasado desde un punto de vista objetivo.

Nació en Cebreros el 25 de Septiembre de 1932. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Salamanca. En 1955 consiguió su primer empleo en la Beneficiencia de Ávila. En este contexto conocería al entonces jefe provincial del Movimiento en Ávila Fernando Herrero Tejedor. Finalmente se doctoraría en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Esta relación sería la que llevaría a Suárez a desempeñar diversos cargos en el Régimen.

Durante el franquismo, Adolfo Suárez realizó una próspera carrera, entre 1958 y 1975, bajo la “tutela” de Fernando Herrero Tejedor (nombrado Secretario General del Movimiento por Franco el 4 de Marzo de 1975); Realizando cargos como Jefe de Gabinete Técnico del Vicesecretario General, Gobernador Civil de Segovia, procurador en las Cortes de Ávila, Director General de RTVE y finalmente Vicesecretario General del Movimiento. Es innegable que los méritos políticos de esta figura dentro del régimen le llevaron a desempeñar cargos de alta responsabilidad. Tras la muerte de Franco, Arias Navarro lo nombraría Secretario General del Movimiento. Durante este periodo, esa personalidad ensalzada, otorgada por los medios, pasaría desapercibida. En estos años se ejecutaría a los anarquistas Joaquín Delgado y Francisco Granados (el 13 de Agosto de 1963), así como al comunista Julián Grimau (el 20 de Abril de 1963), tres militantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) y dos etarras,  el 27 de Septiembre de 1974, así como al joven catalán Salvador Puig Antich (el 2 de Marzo de 1974). En el caso de los anarquistas y de Salvador se utilizó el “garrote vil”.

Unos de sus más estrechos colaboradores serían el General Gutiérrez Mellado (capitán del Servicio de información y Policía Militar durante la Posguerra) y Rodolfo Martín Villa (el cuál se encuentra bajo investigación por parte de la justicia argentina por su responsabilidad en la masacre del 3 de Marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz. Esta masacre se saldó con 5 muertos y más de 150 heridos de bala, causados por la carga realizada por la Policía Armada contra unos trabajadores, protagonistas de una huelga en defensa de sus condiciones de trabajo, que se encontraban encerrados en la iglesia de San Francisco de Asis, situada en el barrio obrero de Zaramaga). Los años de la Posguerra fueron caracterizados por su represión; Gutiérrez Mellado protagonizaría un papel esencial en la represión hacia los reductos comunistas, anarquistas y socialistas, que intentaban organizarse en la clandestinidad después de la victoria de Franco. Bajo la influencia de dicho general deberíamos incluir el asesinato de las 13 Rosas (se fusilaron a 13 mujeres pertenecientes a las Juventudes Socialistas Unificadas el 5 de Agosto de 1939). Deberíamos incluir el intento de asesinato del líder independentista Antonio Cubillo. Un dato cuanto menos, sospechoso, es la clasificación de todos aquellos archivos en los que se documenta toda la represión ejercida.

En 1977 el gobierno de Suárez aprobaría una ley de Amnistía que garantizaría la impunidad de los responsables de diversos crímenes, como el caso acontecido Bizkaia, con el asesinato a quemarropa por parte de la policía de Víctor Manuel Pérez Elexpe, quien repartía octavillas en Portugalete reclamando solidaridad con la huelga de los mineros encerrados en el Pozo de Esparza. El 10 de Febrero de 2012, el representante de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navanethem Pillay, pediría al Estado español que derogara dicha Ley de Amnistía (El gobierno de Mariano Rajoy ignoró la petición).

Fueron tiempos violentos y complicados. Durante el gobierno de Adolfo Suárez siguieron aconteciendo crímenes. Durante una manifestación en contra de la energía nuclear y antimilitarista, el 3 de Junio de 1979 en Tudela, un activista de 23 años resultaría asesinado con un disparo en la cabeza a manos del guardia civil José Martínez Salas. El Gobierno alegaría que se trataba de un accidente, tratado de imprudencia temeraria. El agente no ingresó en prisión (a pesar de haber sido condenado a 18 meses). En 1979, en una protesta contra la ley de Autonomía Universitaria, fueron asesinados por la policía los estudiantes Jose Luís Montañés Gil y Emilio Martínez Menéndez. Por otro lado la “guerra contra ETA “ en la época de Suárez estaba más que presente, pues el Batallón Vasco Español (compuesto por militares) se atribuiría el atentado en Angelu que mató a José Miguel Beñarán Ordeñana.

 

En Julio de 1976 el Rey encargó la formación del segundo gobierno a Adolfo Suárez, y en Junio de 1977 se celebraron elecciones generales, ganadas por la UCD (Unión de Centro Democrático), el partido creado por Suárez, que volvería a ganar en las siguientes elecciones del 3 de Marzo de 1979.

 

En un artículo del diario Público se dice que “con las armas del diálogo y el consenso, supo reunir a un grupo de políticos de su generación, desde antiguos falangistas hasta social demócratas, y desmantelar el régimen franquista”. Prácticamente el primer año de gobierno supuso la desaparición de las cortes franquistas, con la Ley impulsada por Suárez para la Reforma Política. Finalmente, decisivo sería el referéndum popular realizado a los españoles (con un 94,1% de individuos que respondieron “si”). En este mismo artículo se dice que el hecho de nombrar a Gutierrez Mellado como vicepresidente del Gobierno fue “clave” para controlar las altas esferas militares y “disipar el peligro golpista del Ejército”. Resulta irónico escuchar que se realizarían las primeras elecciones democráticas el 15 de Junio de 1977 (quizá enterrando en el pasado o ignorando las de la II República española), del mismo modo que resulta irónico escuchar que Suárez fue el primer presidente de la democracia española, ignorando a Manuel Azaña.

En innegable el mérito político de la Transición, y el proceso que inició llevando a España, de nuevo, hacia una democracia, dejando atrás el franquismo. La Transición creo que es más correcto calificarla como un proceso de actualización del régimen para homologarlo con las democracias europeas. Todas las víctimas del pasado quedarían en el olvido con este proceso.

Por otra parte, el Rey inició este proceso de forma más que prudente, pues juró fidelidad a los principios del movimiento y, además, respetó la ley orgánica de 1966 para el nombramiento de su primer jefe de Gobierno. En uno de sus primeros discursos ante las cortes dejó entrever su intención de “cambio” en el régimen político. En un primer momento optó por mantener a Arias Navarro al frente del Gobierno, cuyo remedio más persistente frente a los problemas sociales fue la represión, pero su desgaste llevarían al monarca a llamar a Adolfo Suárez a formar gobierno. No obstante, creo que debemos ser cautos a la hora de afirmar con rotundidad que el Rey y Suárez fueron los estandartes de la democracia. Lo cierto es que la supuesta “complicidad” entre estos dos personajes terminaría pronto. Suárez fue objeto de una campaña contra su persona que desgastó notablemente su figura política. La crisis generada por el malestar de las fuerzas armadas se volvió, cuanto menos, peligrosa, lo que llevó al Rey a “apoyar” la dimisión del presidente. Este malestar se vería materializado en el intento de Golpe de Estado, cuyo único resultado sería el refuerzo de la figura del monarca como “el salvador de la democracia”. Por otro lado, los niveles de desempleo desestabilizarían la paz social, llevando a un cuadro de insurgencia en Euskal Herria. El 23 de Marzo de 1981, un mes después del golpe de Tejero, se enviaron siete buques de la armada a patrullar al golfo de Bizkaia, llegando el ejército de Tierra a desplegarse en la frontera de Nafarroa. Parece, pues, que en la afamada Transición, los mecanismos de represión siguieron siendo similares al franquismo.

 El nombramiento de Suárez despertó un sentimiento de hostilidad por los sectores más reaccionarios, que subrayaban su inexperiencia y su nulidad política. Quizás el comentario más contrario al régimen franquista sería “El Estado debe ser neutral ante los partidos”. Este artículo no pretende criticar la labor de Suárez desmantelando el Régimen Franquista, pero si acentuar el hecho de que el “padre de la democracia española” llegó a ser Secretario General del Movimiento que acabó con la misma en 1939. Pertenecer a un Régimen que oprime colectivos que tras la muerte de Franco fueron legalizados. La Historia no pretende juzgar, pero si exponer los hechos, y el fallecimiento de una figura política importante en este país no justifica todo su pasado. Se trata de una figura de pensamiento político cambiante que se adapta a las circunstancias. Como afirma en un artículo de Antonio Avendaño en “andaluces.es”, si el franquismo hubiera pervivido, habría sido un gran ministro de Franco. La tarea del desmantelamiento del franquismo no nace de una iniciativa privada sino que, más bien, es traída por el contexto político y económico internacional.

Suárez se retiró con el título de Duque y Grande de España. Curiosamente, sus intentos de volver a la política fracasaron, y el desprestigio inicial fue, poco a poco, transformándose en mitificación, llegando a lo que estamos viviendo actualmente.

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