El posmodernismo, la ruptura de la historia

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En la década de los setenta del siglo XX podemos observar el nacimiento de una nueva corriente historiográfica, el posmodernismo, la cual va a romper con los modelos historiográficos anteriormente establecidos (Annales, Marxismo, Cliometría), produciéndose así un cambio de paradigma dentro de la historiografía.

Hasta los años setenta, el paradigma estructural y cuantitativista propugnado por la escuela de Annales era indiscutido. El nuevo paradigma va a hacer primar la comprensión sobre la explicación, lo particular sobre lo general, lo “micro” sobre lo “macro”.

El origen del posmodernismo lo podemos situar en Hispanoamérica, en el ámbito de la literatura, ámbito donde se va a iniciar la deflagración que de forma progresiva va a alcanzar otros campos, aparte de que en la literatura ya se observan algunas de las características de la razón posmoderna.

Como dice José Luis Rodríguez García en su Crítica de la razón posmoderna, la razón posmoderna se presenta como “un proceso reactivo que apela al subjetivismo y que supera el estricto campo literario-poético“. La razón posmoderna sería la traducción neoconservadora y antiilustrada frente a la que sería preciso esgrimir la fortaleza de una modernidad recuperada.

Hoy la Historia se encuentra en continuo contacto con las ciencias sociales, por lo que el oficio del historiador se encuentra sometido a grandes desafíos teóricos y metodológicos. Esto origina que hoy en día, ni en historia ni en ciencias sociales, sea tiempo de certezas inquebrantables ni de métodos seguros e infalibles.

Este contacto permanente con disciplinas de las ciencias sociales ha generado el “giro cultural”, sustentado teóricamente por la antropología. Aparece también el “giro lingüístico”, dándose paso a la consolidación de la “microhistoria”. Según Hans G. Gadamer, la Historia es “la recopilación de la obra del espíritu humano, escrita en lenguajes del pasado, cuyo texto hemos de entender”. En esta reflexión queda patente la necesidad de que el estudio histórico esté basado en los textos.

Podemos ver que esos procesos de acercamiento a la Antropología y a la crítica literaria no han sido regulares, ni afectan por igual a todas las especialidades que hoy existen dentro del campo genérico de la ciencia de la historia. En todas ellas y dentro de cada una, impera un variado pluralismo metodológico.

El posmodernismo lo podemos identificar con los planteamientos del paradigma tradicional-culturalista. La historia tradicional se caracteriza por poseer un estilo narrativo y análisis político, se trata de la historia “desde arriba”. Por el contrario la historia social se centra en estudiar al ser humano como parte de una colectividad, tendiéndose a la interdisciplinariedad.

Podemos entender el posmodernismo como una crítica hacia la ciencia histórica, puesto que considera la historia como un género literario, ya que ésta se debe basar en el estudio de los textos, aparte de que se empieza a considerar como una historia “subjetiva”, por lo que carece del elemento científico de universalidad.

La Historia en la posmodernidad muestra, sólo parcialmente, la experiencia humana del pasado, es susceptible de medida, una manifiesta tendencia a la  individualización no necesariamente opuesta, sino compatible con un enfoque  “globalizador”.

El posmodernismo ha dado origen a una historia desglosada, apareciendo “millones de historias”. Se superpone así la “microhistoria” a la “macrohistoria”, puesto que ahora es el individuo quien cuenta con la atención del historiador, y no la colectividad. Esta corriente la podemos ver reflejada en el auge creciente de la biografía.

Esto lo señala Geroge G. Iggers, quien dice que la historiografía está centrada, no ya en personalidades relevantes ni en las estructuras económicas y sociales, sino que se centra en la experiencia de personas concretas. Estas personas que han permanecido ocultas, salen ahora a la luz.

A pesar de este cambio historiográfico, y lo que ello ha conllevado (ruptura de la Historia como ciencia, influencias de las ciencias sociales, marginación del modernismo, etc.), es verdad que la actualidad del enfoque posmoderno representa una renovación historiográfica, puesto que una “apertura a nuevas ideas, provengan de donde provinieren, así como la capacidad de adaptarlas a los objetivos propios y encontrar la manera de verificar su validez, es el sello distintivo tanto del buen historiador como del buen teórico” (Geroge G. Iggers, La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales).

Como dice Antonio Morales Moya en Historia y postmodernidad, “habría que caracterizar la situación actual de la historia como de ampliación y de diversificación extrema, lo que da lugar a un panorama de extensión inmensa y de increíble riqueza de contenidos”.

Sin embargo Carlos Barros defiende que “el posmodernismo que predicó el «todo vale», enalteció la fragmentación, negó dogmáticamente la objetividad y la cientificidad de nuestra disciplina, propugnando como solución final la reincorporación de la historia al campo de la literatura”.

Esto hace que sea necesario un diálogo crítico y público entre las corrientes historiográficas que compiten entre sí, como el continuismo de los años setenta, el posmodernismo y el “regreso a Ranke”. Igual de necesario se hace una mayor coherencia entre lo que hacen y dicen los historiadores, evitando así los dobles discursos.

Podemos por tanto decir que la imaginación histórica posmoderna abarca tanto la conciencia de nuestras limitaciones históricas como la de nuestras posibilidades históricas, nuestra relación con el pasado, con la tradición, con la cultura en general y con nuestra cultura en particular.

Vamos a concluir con la reflexión que hace Josep Fontana: “Necesitamos repensar la historia para analizar mejor el presente y plantearnos un nuevo futuro, dado que las viejas previsiones en que habíamos depositado nuestras esperanzas se han venido abajo, porque estaban mal fundamentadas”.

Author: Juan Diego

Licenciado en Historia, autor del blog http://lahistoriaheredada.wordpress.com/, amante de la arqueología y mente inquieta.

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