Esclavos y condenados en el Antiguo Egipto

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Si hay un tema envuelto en demasiada ficción alrededor del Antiguo Egipto, es sin duda el de la esclavitud. Elevado por la ficción y los pseudohistoriadores hasta niveles absurdos, la visión de este aspecto de la sociedad egipcia se da más la mano con el mito, que con la realidad.

La esclavitud va unida al hombre y a todas las culturas del mundo antiguo. Así lo afirma por ejemplo Adolfo Domínguez en “Los antiguos esclavos” en Cuadernos de Historia.

Si hay un aspecto que podamos decir que caracteriza a todas las culturas del mundo antiguo éste es, sin duda, el de la esclavitud. La utilización del hombre por el hombre para que realice determinados trabajos a la fuerza es conocida prácticamente desde que empezamos a poseer testimonios escritos

De hecho, en los momentos más antiguos de la historia egipcia, la esclavitud supone un tema poco atestiguado. Así, las grandes pirámides de los monarcas de las Dinastías III y IV no se construyeron mediante ejércitos de esclavos, sino por los “fellahs” (agricultores arrendatarios). Además estos trabajos, eran una forma de cumplir sus deberes con el Estado. En un decreto de Micerino, en relación a los obreros que trabajaron en su pirámide, se comenta la siguiente:

Su Majestad no quiere que se tome ningún hombre a trabajo forzado, sino que todos trabajen a su satisfacción…

Desde los primeros tiempos, los prisioneros de guerra serían considerados como una especie de ciudadanos de segunda o tercera categoría, aunque de ello no hay constancia hasta el Imperio Medio. Pero aún así, algunos de estos esclavos conseguían alcanzar puestos de confianza, e incluso la libertad.

Los esclavos egipcios recibían anualmente productos de primera necesidad, como lino o ropa, además de manutención y alojamiento. En el antiguo Egipto, los esclavos adquirieron ciertos derechos legales, puesto que eran considerados personas. Dependían de sus dueños para subsistir, pero no para su estatus legal, lo que les permitía intervenir en ciertas actividades, como testificar en un tribunal.

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Existen testimonios que atestiguan que un esclavo podía llegar a poseer alguna propiedad, o incluso explotar un negocio. Por otra parte, sus amos podían castigarles, pero nunca disponer de sus vidas, al menos teóricamente, ya que sólo podían ser condenados a muerte por los sacerdotes; todo esto era consecuencia  de la concepción del Maat y el respeto de esta idea hacia la vida humana. En varias inscripciones funerarias, podemos ver por ejemplo la concepción del esclavo en capítulo 125 del Libro de los Muertos:

No cometí iniquidad contra los hombres. No maltraté a las gentes… No comencé el día recibiendo una comisión por parte de las gentes que debían trabajar para mí y mi nombre no llegó a las funciones de un capataz de esclavos… No empobrecí a un pobre en sus bienes… No perjudiqué a un esclavo ante su amo

No obstante, la condición de esclavo, sobre todos los encargados de las tareas más duras, no dejaba de ser triste, mientras que los ocupados en la casa real, o en el servicio doméstico de particulares ricos, llevaban una existencia más agradable. Cabe también destacar, que los esclavos en Egipto gozaron, por norma general, de una situación social y humana considerablemente mejor que en la mayor parte de las culturas de la antigüedad

El final del Imperio Antiguo se caracterizó por el surgimiento de extensos dominios territoriales, propiedad de templos o de poderosos, que englobaban a una serie de campesinos y obreros, vinculados a la tierra y casi sin posibilidades de liberarse de este lazo. Aunque es cierto que estos elementos eran jurídicamente libres, en la práctica se hallaban en una situación de semilibertad o servidumbre, situación que perduraría durante toda la historia antigua egipcia, y en especial en las últimas Dinastías.

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En el Imperio Nuevo se dio la esclavitud a mucha mayor escala, al producirse guerras en el extranjero y movimientos de pueblos, con la consiguiente abundancia de prisioneros de guerra y refugiados en el valle del Nilo.

Aparte del botín de guerra o donaciones reales, los esclavos podían adquirirse mediante compra a los tratantes que recorrían las ciudades, aldeas y mercados con su “mercancía”. Para salir de una situación de miseria, o para saldar alguna deuda, existía también la autoventa. Otra forma de ser esclavo, era por nacimiento, cuando la madre era esclava, aunque el padre fuese libre, y obviamente cuando ambos eran esclavos. También podían alquilarse por determinados periodos de tiempo y para trabajos específicos.

A los esclavos se les permitía arrendar y cultivar un terreno en las mismas condiciones que un oficial del ejército, un sacerdote o un funcionario. Sólo bastaba, según parece, la declaración del amo ante testigos, para hacer del esclavo “un hombre libre en las tierras del faraón”.

No obstante, los súbditos más desventurados del faraón, aparte de los esclavos destinados a las tareas más duras, eran los delincuentes, entre ellos oficiales o funcionarios hallados culpables de graves crímenes y corrupciones; se les desterraba a los lugares fronterizos más solitarios, o peor aún, enviados al Sinaí o a Nubia para realizar trabajos forzados, a menudo después de haberles cortado la nariz. Del trato que recibían estos desgraciados, existen variadas descripciones, la mayoría de ellas estremecedoras.

Como hemos podido ver, si bien la situación de los esclavos no era idílica, no llega al nivel desvirtuado que desde siempre se nos ha mostrado. Teniendo en cuenta su estado jurídico, no estaban en las condiciones de sus homólogos del resto de civilizaciones antiguas. De la misma forma, tampoco estaban a muy distinto nivel de los ciudadanos egipcios de estrato social bajo Y es que según Cyril Aldred en Los Egipcios:

La demarcación entre el esclavo y el ciudadano no era muy rígida. El esclavo personal de un egipcio de alta categoría sería mucho más importante que los campesinos indígenas.

Author: Juan Diego

Licenciado en Historia, autor del blog http://lahistoriaheredada.wordpress.com/, amante de la arqueología y mente inquieta.

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