Estructura, sociedad y política del Imperio alemán (1871-1900).

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Tras la unificación de Alemania se estableció una constitución que establecía una estructura federal. El nuevo Imperio Alemán estaba formado por los reinos de Württemberg, Baviera, Prusia y Sajonia, once ducados, siete principados, Alsacia, Lorena y tres ciudades libres (Bremen, Hamburgo y Lübeck). Dentro de este heterogéneo sistema, Prusia destacaba debido a su mayor extensión y población (puesto que era mayor que el resto del Imperio unido).

Esta nueva estructura política consistía en una alianza de los diferentes príncipes, bajo la protección de las armas prusianas y el beneplácito plebiscitario (formado por el sentimiento nacionalista de la burguesía liberal).

Como todo sistema federal, existía una Constitución del Imperio que establecía las competencias propias del mismo, competencias que establecían los límites de las diferentes constituciones regionales. Dentro de estas competencias encontramos las funciones de defensa (el ejército imperial se sustentaba sobre un servicio militar obligatorio de tres años más cuatro de reserva), la política exterior, aduanas, acuñación de moneda, las finanzas a nivel central, ferrocarriles… Sin embargo, encontramos algunas excepciones; por ejemplo, tres de los reinos anteriormente mencionados a excepción de Prusia conservaron un ejército propio, así como un cuerpo diplomático independiente del Imperio.

A la cabeza de esta nueva estructura perfectamente jerarquizada encontramos al kaiser (este título pertenecía al rey de Prusia, ya que la unificación se completó con la entrega voluntaria de la soberanía de los diferentes príncipes a Guillermo I en la Sala de los Espejos de Versalles el 18 de Enero de 1871). Éste, a su vez, elegía de forma unilateral a un canciller, sobre el cual delegaba el poder civil.

Por otro lado, nos encontramos con la existencia de un parlamento compuesto por dos cámaras: En primer lugar, la Cámara Alta, conocida como Bundestrat, y, en segundo lugar, la Cámara Baja, conocida como Reichtag. La primera estaba compuesta por 58 miembros (elegidos todos ellos por sus respectivos estados anualmente), de los cuales 17 pertenecían a Prusia. Su función más notoria era mostrar su acuerdo con las leyes propuestas antes de su llegada a la cámara baja. Actuaban como un filtro, ya que todos los temas importantes que afectaran al Imperio en política exterior debían ser consultados con el bundestrat. El reichtag, por otra parte, lo componían 382 miembros, elegidos cada tres años por sufragio universal masculino (mayores de 25 años). Está cámara, se supone, representaba a la totalidad del Imperio Alemán. Al igual que la ekklesía1 de la antigua Atenas, aprobaba la aplicación de leyes pero no podía proponerlas. A pesar de su poder de decisión no ejercía ningún control sobre el canciller o el kaiser; de hecho, podía ser disuelta por el emperador siempre y cuando obtuviera el apoyo de la cámara alta.

La constitución del nuevo imperio alemán otorgaba una situación de privilegio al estado prusiano, por una sencilla razón: todas las grandes decisiones debían ser aprobadas por la cámara alta (en la cual Prusia contaba con 17 representantes), y bastaba con 14 votos para poder vetar una nueva propuesta.

Como es de esperar, en este nuevo sistema federal, cada uno de los diferentes estados que componían el imperio mantuvo su forma de gobierno. Gran parte de los estados crearon un sistema bicameral, formado por la Cámara de los señores, Herrenhaus, y la Cámara de los comunes, Landtage. La primera la componían personas con un alto estatus social (grandes contribuyentes, nobleza…) y la segunda, se supone, representaba al resto de la población; pero contaba con una gran peculiaridad: en lugar de mantener un sistema electoral basado en el voto uniforme, se seguía un sistema de clases. En Prusia, por ejemplo, la población se dividía en tres grupos; Esta división se basaba en la cantidad de impuestos que aportaba cada individuo. El resultado era un parlamento elitista, debido a que los hombres más adinerados (que suponían la minoría) contaban con la misma representación en el parlamento que el resto de la población.

Nos encontramos pues, ante un sistema político muy bien jerarquizado, y basado en un gran respeto hacia las clases poderosas. Ciertamente, no se trataba de un sistema absolutista, pero tampoco de un sistema plenamente liberal, sino más bien de una estructura política representativa pero aristocrática. De hecho, el único órgano que podríamos definir como más democrático, el reichtag, consistió en un elemento de contrapeso para controlar con el voto rural del campesinado la burguesía liberal urbana.

La dirección general del imperio estuvoen manos del canciller nombrado por Guillermo I, Otto von Bismarck (1815-1898). A pesar de tratarse de un sistema teóricamente parlamentario, en la práctica se comportó como una dictadura, o como define el historiador Carlos Dardé, como una “dictadura plebiscitaria de tipo bonapartista(Dardé 1994:403), ya que Bismarck mantuvo un control férreo sobre la política y la dirección del imperio.

Desde un principio, su política se caracterizó por su pragmatismo. El canciller fue consciente de que no podía ignorar la herencia aportada por las revoluciones del 48, por lo que optó por su instrumentalización. No es casual que un estadista como Bismarck, procedente de alto estatus social, estableciera un sistema parlamentario y, teóricamente, democrático, tras la unificación. Su política fue dirigida a mantener un sistema social tradicional otorgando ciertos cambios de corte liberal; es decir, para mantener vigente el control de las élites, se vio obligado a realizar cambios que apaciguaran el espíritu liberal-revolucionario avivado por la Revolución Francesa y las posteriores revoluciones de 1848.

La sociedad alemana se vio modificada. Los junker, o terratenientes, seguían teniendo un poder considerable, a pesar de los ordenamientos constitucionales que modificaban los antiguos fundamentos económicos (economía basada en la explotación de enormes parcelas agrarias pertenecientes a unos pocos). La burguesía, que supuso el soporte económico del Imperio, dio la legitimación plebiscitaria a la nueva nación alemana. Este sector social podemos dividirlo en tres principales grupos: por un lado, la vieja burguesía administrativa, por otro, la burguesía propietaria industrial y, finalmente, la pequeña burguesía, cuyo núcleo lo formaría el artesanado. El proletariado generado por las fábricas constituiría la mayor parte de la sociedad (a este grupo, con el desarrollo industrial y de la maquinaria, se le uniría gran parte de la pequeña burguesía). Los movimientos antisocialistas, chovinistas y socialdemócratas se verán nutridos en el siglo XX de este colectivo menos favorecido. Por otro lado, existían pequeños colectivos y minorías de polacos, franceses, daneses, ingleses… que no estaban plenamente adaptadas.

Las ciudades industriales capitalistas comenzaron a crear una sociedad de clases bien jerarquizada y polarizada. El contraste de los barrios obreros con las zonas residenciales dejaban de manifiesto diferencias insalvables. Todas estas diferencias no tardarían en cristalizarse en los programas de los partidos políticos. El sistema de clases generado por la liberalización del capital y la actividad económica comenzó a organizarse tanto en sindicatos, como organizaciones y partidos que responderían a la defensa de unos intereses concretos de colectivos específicos.

Con respecto a los diferentes partidos políticos de la época, debemos mencionar que la mayoría, o los que contaban con mayor representación, eran originariamente prusianos y que, a la luz de los acontecimientos, se convirtieron en partidos nacionales. Los más destacados eran el partido liberal, el partido conservador, el partido del Centro y el socialdemócrata. Podríamos establecer una nueva subdivisión dentro de los partidos liberal y conservador; Los liberales se dividían en el partido liberal nacional y en el liberal progresista, y los conservadores en el conservador y el conservador libre. Esta escisión surgió por discrepancias con respecto a las políticas llevadas a cabo por Bismarck. Los liberales nacionales se mostraron acordes a las políticas del canciller, en cambio, los liberales progresistas se mantuvieron en la oposición (podríamos decir que el ala izquierda del partido liberal se escindió de aquellos acordes con las políticas vigentes). Estos partidos los sustentaban las clases medias urbanas generalmente. Con respecto al partido conservador, estaba formado por los grandes terratenientes prusianos del este del Elba; Nunca estuvieron de acuerdo con las políticas de unificación del canciller y, por lo tanto, de la entrada de Prusia dentro del Imperio. El partido conservador libre fue más favorable a las políticas del régimen. Los votos que lo sustentaban procedían de las clases medias/altas urbanas de corte comercial e industrial. El partido socialdemócrata surgió en 1875 de la fusión de dos partidos obreros: El Partido Socialdemócrata de los Trabajadores (fundado por August Bebel y Wilhelm Liebknecht) y la Asociación Alemana de Trabajadores (fundada por Ferdinand Lassalle). Este nuevo partido adoptaría la tesis marxista como programa oficial a partir de 1891, en el Congreso de Erfurt. Por último, el partido del centro fue creado por católicos con el objetivo de defender determinados intereses. Como es de suponer, su presencia era mayor en aquellos estados que contaban con una confesión religiosa más extendida.

Cuadro. Representación en el Reichtag de los diferentes partidos en diferentes de 1871 a 1898.

  Liberal Nacional Liberal Progresista Conservador Conservador libre Social-demócrata Centro

1871

150

47

54

38

2

58

1877

128

52

40

38

12

93

1881

47

115

50

28

12

100

1884

51

74

78

28

24

99

1890

42

76

73

20

35

106

1898

46

41

56

23

56

102

En este cuadro podemos observar los diferentes resultados electorales (en número de diputados) obtenidos por los partidos en algunos años seleccionados, desde 1871 hasta 1898. En él apreciamos, entre otras cosas, el espectacular aumento de la representación electoral de los socialdemócratas, así como el mantenimiento del poder de partidos como los conservadores o el centro.

La fuerza del partido de Centro supuso un problema para Bismarck, ya que avivó un problema que enfrentaba la Iglesia con el Estado. Este conflicto se inició con la negación de un determinado sector católico alemán de aceptar la infalibilidad del Papa, creada en el Concilio Vaticano I, en 1870. Desde un principio, la Iglesia pretendió el control de, entre otros, la educación, pero se encontraron ante la negativa del canciller a destituir de su puesto a numerosos docentes por petición de la Iglesia. Ante ello, el representante alemán en el Vaticano fue retirado y se procedió, entre otras cosas, a la expulsión de los jesuitas (ya que esta orden se caracterizaba por su fidelidad hacia el pontificado). A este conflicto se le acuñó un término, kulturkampf2. Desde entonces, la política alemana se dirigió a establecer una división entre la Iglesia y el Estado. El partido de centro siempre supuso una amenaza, ya que su condición católica podía llevarlo a apoyar alianzas con otras potencias similares, como Austria o Francia (hasta entonces, principales enemigos del Imperio). A finales de los años setenta nos encontramos con un panorama complicado; Por un lado, todos los obispos alemanes estaban exiliados o prisioneros, y por otro, el partido de centro duplicó practicamente sus escaños. Es por ello que Bismarck decidió afrontar esta situación con algo más de diplomacia aprovechando el nombramiento del Papa León XIII (en sustitución de Pío IX). Progresivamente, fueron desapareciendo todas las restricciones creadas por el imperio dirigidas hacia la Iglesia Católica.

Aplacado el conflicto con la Iglesia y ,por ende, con el partido de centro, llegaron nuevos conflictos con otro partido, el socialdemócrata. Como observamos en el cuadro, este partido experimentó un crecimiento extraordinario, algo que el canciller quiso restringir mediante una política de represión. En 1878 este partido fue acusado de dos atentados dirigidos a acabar con la vida del emperador Guillermo I. Ante ello, se aprobó una nueva ley que declaró ilegal a dicho partido.

En cuanto a la política exterior alemana, esta estuvo destinada a preservar el Imperio. Las ideas de Bismarck apoyaban la tesis de que el resto de potencias europeas (excepto Francia) colaboraran con el Imperio. A su vez, pretendió evitar la formación de coaliciones enemigas (cauchemar des colitions) asumiendo el papel de “honrado mediador” en Europa. Sería en el Congreso de Berlín, en 1878 cuando la situación europea quedó asentada. La unificación de Europa Central supuso un elemento incómodo para el resto de potencias, puesto que amenazaba el equilibrio. Un ejemplo de este temor fueron las palabras del jefe de la oposición inglesa, Benjamin Disraeli (1804-1881) en las que comparaba la unificación alemana con la Revolución Francesa, en su calidad de suceso peligroso para el futuro europeo. Es por ello que Bismarck debió mostrar al mundo que el nacionalismo alemán se encontraba controlado y canalizado, y que no suponía ninguna amenaza para la estabilidad de las demás potencias. Su trabajo consistió en convencer que la unificación reforzaba Europa y que no la amenazaba. Para apaciguar el sentimiento de irredentismo alemán en Europa del este (que generaba cierto clima de inestabilidad), firmaría una alianza con el emperador del Imperio Austro-Húngaro que demostró que la batalla de Sadowa no era objeto de rencor, y que los dos estados germánicos podían aliarse sin que todo el sistema europeo se desajustase.

Pese a que la burguesía industrial y los nacionalistas llamaban al expansionismo, Alemania ofreció una hábil autolimitación política que calmó los ánimos de las otras potencias con respecto a la unificación. Las grandes empresas alemanas pedían nuevas colonias que beneficiaran sus intereses, pero esto se vio aplacado por una política de mesura que evitaría una nuevo conflicto. Los nacionalistas clamaban por alcanzar, mediante el prestigio naval, la consideración de potencia mundial.

Las alianzas entre Alemania y Austria vinieron a significar una forma de apaciguar la tensión europea, o, en palabras de Bismarck: “un complicadísimo juego a cinco bandas con el objetivo de que una espada mantuviera a raya a la otra”. A esta alianza se uniría posteriormente Italia, Serbia y Rumanía. Por otro lado, se llegaría a un acuerdo con Rusia a través del Tratado de Reaseguro3, que ofrecería cierta estabilidad a Alemania en caso de acontecer un conflicto contra Francia4. Los movimientos en la política exterior estuvieron impulsados por el miedo a una alianza entre los países periféricos de Europa contra el centro.

Finalmente, debemos hacer mención a la política económica llevada a cabo en los primeros años del II Reich. A partir de 1879 se aprobó un arancel dirigido a defender los cereales, el hierro y el acero alemán, frente a las importaciones extranjeras. El librecambismo sufrió un duro revés en beneficio de las políticas económicas proteccionistas. La puesta en marcha de estas medidas se debió, entre otras cosas, a la presión ejercida por los grandes terratenientes, ya que sus productos apenas podían competir con la industria estadounidense o rusa. A su vez, Bismarck, acorde con su idea de la “pequeña Alemania” apostaba por la autosuficiencia productiva y la independencia económica. Este nuevo rumbo de la política económica le supuso un nuevo cambio en el apoyo político: mientras que ante la kulturkampf se apoyó en los liberales, ante la economía proteccionista se apoyó en los conservadores. Tras estos realinamientos políticos, se crearía una coalición conocida como Sammlung (coalición) entre el partido de centro, los representantes de la alta industria y los grandes terratenientes dirigida para detener el avance o la amenaza del liberalismo democrático.

Por otro lado, 1880 se inició el desarrollo de una Seguridad Social dependiente del Estado que tenía como objetivo convertir a los socialistas en rentistas conservadores. Esta idea resultó ser un fracaso, a pesar de que serviría de ejemplo a algunos países europeos, por la derogación de la ley contra los socialistas de 1890.

La decidida llegada del nuevo emperador tras la muerte de Guillermo I, Guillermo II, supuso la destitución del canciller. La negativa del emperador a la propuesta de Bismarck de endurecer las medidas contra los socialdemócratas tras las elecciones de 1890 y su apoyo al dominio austríaco en los Balcanes (algo que podría suponer el enfrentamiento con Rusia) terminó por engendrar un conflicto que acabaría con la figura política de Bismarck.

La política económica experimentó una ligera variación, ya que se establecieron diversos tratados comerciales con diferentes países que relativizaban el proteccionismo. La consecuencia más inmediata de ello fue la creación de la Liga Agraria5 en 1893, formada por los terratenientes ante la merma de sus beneficios por la disminución de las medidas arancelarias.

Hasta 1900 se sucedieron dos cancilleres, Caprivi (hasta 1894) y Hohenlohe. En estos últimos años del siglo XIX el militarismo ocupó la política del imperio ya que se aprobaría un ambicioso plan de aumento de tropas y construcción naval, enfocado a hacer del imperio una nueva potencia mundial. El ejército se convirtió en el orgullo de la nación gracias a las guerras de unificación. Además, era el garante de la monarquía y del Estado, tanto para las amenazas internas que mostraron su desacuerdo con el sistema establecido, como los socialdemócratas, como para las amenazas exteriores. Es por ello que adquirió gran importancia y fue objeto central de la política interior. Pertenecer al ejército era síntoma de reputación y prestigio social. El servicio militar era visto como parte de la educación de un ciudadano alemán; como una oportunidad de demostrar los valores nacionalistas. En la vida civil, el “haber servido” durante las guerras de unificación era motivo de verdadero orgullo. El militarismo afectó tanto al nacionalismo como a la política. Es bajo este contexto cuando se entraría en la etapa guillermina (Wilhelminismus).

1Institución ateniense formada por todos los ciudadanos (quórum de 6000 asistentes), similar al parlamento, en la cual se tomaban las decisiones políticas más influyentes.

2Literalmente significa “lucha o combate cultural”. Este término fue acuñado por Rudolf Virchow para definir el enfrentamiento entre Bismarck (con el apoyo de los liberales anticlericales) y la Iglesia católica.

3Es tratado firmado en 1887 proponía neutralidad por parte de Alemania en caso de surgir un enfrentamiento entre Rusia y Austria (con vista a la pronosticada guerra por el control de los Balcanes). A cambio, Rusia se mantendría al margen si surgía un conflicto entre Francia y Alemania.

4El nacionalismo francés se nutrió de un espíritu revanchista que supuso una amenaza para Alemania, puesto que en el caso de firmar una alianza con Rusia u otros países de la periferia europea Alemania se vería envuelta en una guerra con varios frentes. La pérdida de Alsacia y Lorena unida a las humillantes derrotas de Metz y Sedán avivaron el nacionalismo antiprusiano en Francia, algo que ningún gobierno francés pudo eludir ni ignorar.

5Organización creada por las fuerzas aristocráticas terratenientes más reaccionarias. La “Bund der Landwirte” se formó para defender sus intereses económicos. Llegó a ejerecer una importante influencia en la política del Imperio.

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