Independencia de las Trece Colonias

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-Causas y primeros levantamientos:

Tras el ascenso al trono inglés de Jorge III en el año 1760, los administradores del Imperio Británico veían como algo imprescindible reforzar el sistema imperial para hacer frente a los costes producidos por la Guerra de los Siete años y los cambios territoriales que trajeron consigo los acuerdos de paz. Estas medidas no serían aceptadas por los colonos americanos ya que no habían sido propuestas ni aprobadas en las asambleas coloniales.

El ministro británico George Grenville presentó al Parlamento unas medidas que afectarían a las colonias inglesas en América con la intención de que el sistema imperial fuese menos costoso para Inglaterra. Estas medidas fueron aprobadas en la real pragmática del 7 de octubre de 1763, y establecían que las nuevas colonias de Canadá y Florida Oriental serían gobernadas por asambleas representativas de la Corona similares a las de las Trece Colonias y los territorios al oeste de los Apalaches serían administrados por dos agentes nombrados por la Corona. Así, las colonias se sintieron molestas al ver limitadas sus posibilidades de expansión. Además se estableció también una ley fiscal que gravaba una serie de productos importados por las colonias con el objetivo de incrementar los ingresos procedentes de las mismas.

Grenville quería cobrar estos impuestos, ya que el impuesto sobre la melaza de 1763 no se aplicaba. Para asegurarse de que eran cobrados estableció la Ley del Azúcar, mediante la cual se elaboraban estrictos registros de las salidas y las entradas de los buques mercantes en todos los puertos coloniales, incrementando el número de oficiales de aduanas y endureciendo el procedimiento y las penas de los juicios contra el comercio ilegal pretendiendo así terminar con el contrabando. Otra ley que se aprobó fue la llamada Ley del Timbre, que gravaba todas las transacciones oficiales. Estos impuestos fueron implantados mediante un procedimiento que no había sido realizado hasta la fecha, y es que los implantó el Parlamento inglés, cuando las leyes debían ser implantadas directamente por el monarca o discutidas y aprobadas por las asambleas coloniales.

Estas leyes no fueron del agrado de los colonos y las asambleas coloniales de Virginia, Nueva York, Connecticut, Rhode Island y Massachusetts organizaron protestas formales. Se convocó un Congreso extraordinario en Nueva York en octubre de 1765 (el Congreso de la Ley del Timbre), en el cual treinta y siete delegados de nueve de las colonias inglesas negaron al Parlamento británico la capacidad para imponer impuestos a las colonias. Este Congreso planteó la posibilidad de organizar boicots a los productos ingleses. Además se produjeron estallidos de actos violentos, como el del 14 de agosto de 1765, en el que una multitud asaltó la casa de Andrew Oliver, recaudador del impuesto del Timbre en Massachusetts. Este tipo de actos se extendieron por todas las colonias, por lo que el Parlamento británico suspendió la Ley del Timbre en marzo de 1766, pero a cambio aprobó una ley mediante la cual afirmaba su derecho a imponer tributos a las colonias.

En 1767 se produjo un cambio de gobierno. El nuevo presidente, Charles Townshend, aprobó gravámenes que afectaban al té, a la pintura, al papel y al cristal. De nuevo las colonias se opusieron a los nuevos impuestos y al procedimiento mediante el cual habían sido implantados. Los revolucionarios organizaron boicots contra los productos ingleses. Se formaron organizaciones como “Las ligas del té” que consiguieron apartar del consumo americano el té, el lino, la seda o el azúcar. Así, según las estadísticas, las importaciones inglesas se redujeron en dos tercios. Proliferaron en las colonias panfletos y escritos levantando una nueva oleada de protestas que involucró a más norteamericanos que las anteriores.

De todas las colonias, la más radical fue la de Massachusetts, cuya asamblea aprobó una circular (redactada por el líder revolucionario Samuel Adams) dirigida al resto de las asambleas denunciando las Leyes de Townshend como inconstitucionales. Sin embargo, el gobernador de la colonia condenó el documento y disolvió la legislatura de la colonia. Las asambleas de New Hampshire, Nueva Jersey y Connecticut apoyaron a Massachusetts. Virginia hizo más que apoyar a dicha colonia, emitió un documento proponiendo una “unión fraternal” entre las Trece Colonias y proponiendo una acción común en contra de las medidas inglesas. En Boston los revolucionarios pidieron a los colonos que se armaran, a lo que el ejército británico pidió refuerzos. Los enfrentamientos entre los habitantes de la ciudad de Boston y las tropas inglesas eran habituales. En marzo de 1770 se produjo el hecho conocido como la Masacre de Boston donde un grupo de soldados disparó contra una manifestación de colonos que les estaban insultando en el puerto. Cinco colonos murieron y seis resultaron gravemente heridos.

En 1770 el Parlamento británico decidió suspender los nuevos impuestos excepto los que gravaban el té, ya que solo se habían recaudado 21.000 libras y las pérdidas ocasionadas por los boicots a los productos ingleses superaban las 70.000. Además el Parlamento confirmó su derecho a cobrar tasas sin la intervención de las asambleas coloniales. En 1773 concedió el monopolio del comercio del té a la Compañía de las Indias Orientales, lo que ocasionó nuevas revueltas en las Trece Colonias.

Los comerciantes americanos, al ser privados de comerciar con el té, se aliaron con los Hijo e Hijas de la Libertad, que en estos momentos mantenían una postura claramente independentista. Así, los comerciantes aliados con los revolucionarios protagonizaron numerosos motines y revueltas, siendo el más conocido el llamado “Reunión del Té de Boston”, en el que un grupo de cincuenta hombres liderados por Samuel Adams y disfrazados de indios mohawks abordaron las embarcaciones de la Compañía de las Indias Orientales y arrojaron al mar cerca de 45 toneladas de té. Tras estas acciones el rey Jorge III y sus ministros aprobaron una serie de medidas conocidas por los americanos como las “Actas Intolerables”. Por ellas quedaba cerrado el tráfico en el puerto de Boston hasta que sus ciudadanos pagasen el valor del té arrojado al mar y las autoridades británicas controlarían directamente las instituciones políticas de la colonia de Massachusetts. De nuevo surgieron panfletos y duros artículos en la prensa colonial que mostraban su apoyo a los bostonianos.

Tras la reunión de la asamblea de Virginia en la Taberna de Raleigh se hizo un llamamiento para reunir un congreso para discutir “los intereses comunes de América”. Todas las colonias, salvo Georgia que solo tenía 24 años y estaba todavía muy próxima a la metrópoli, eligieron representantes que integraron el Primer Congreso Continental celebrado en Filadelfia el 5 de septiembre de 1774. Estaba formado por 51 delegados, entre los que se encontraban George Washington, John Adams, Samuel Adams, John Jay, Patrick Henry y John Dickinson. Promulgaron una declaración de los derechos de las colonias y de los ataques recibidos al reforzarse el sistema imperial. Se decidió organizar un boicot a Gran Bretaña: las Trece Colonias ni importarían, ni exportarían, ni consumirían productos procedentes del Imperio británico. También se creó una Asociación Continental para difundir y aplicar estas medidas. Esta asociación actuó con dureza contra los comerciantes que violaban el boicot acusándolos de leales a los ingleses y confiscando todo el contrabando. El Parlamento británico respondió declarando a las Trece Colonias en estado de rebelión.

-Segundo Congreso Continental y Declaración de Independencia:

En Massachusetts los miembros del comité organizaron revueltas y ataques contra los intereses de Gran Bretaña, por lo que algunos de sus miembros se vieron obligados a huir de Boston. En Lexington, donde se encontraban refugiados John Hancock y Samuel Adams se produjo el 18 de abril de 1775 el primer enfrentamiento armado entre los colonos y el ejército británico. Las tropas británicas se dirigieron a Concord, donde se enfrentaron duramente con las milicias coloniales.

Este estallido de enfrentamientos hizo necesaria la reunión de un nuevo congreso. El 10 de mayo de 1775 se reunió en Filadelfia el Segundo Congreso Continental. A esta reunión se incorporaron, entre otros, Benjamin Franklin y Thomas Jefferson. Se decidió, en primer lugar, enviar una misión de paz a Londres, ya que los colonos no contaban con un ejército regular y estaban temerosos de enfrentarse al ejército de Su Majestad Británica, pero el rey Jorge III se negó a recibir la petición de paz aduciendo que las colonias estaban en estado de rebeldía. Ante esta negativa, el Congreso Continental decidió elegir al virginiano George Washington como comandante en jefe del nuevo ejército colonial. Además de dirigir la guerra, el Congreso debía discutir y modelar una organización institucional nueva.

Thomas Paine, antiguo corsetero ingles, publicó en 1776 su panfleto titulado “Sentido Común“, en el que criticaba el sistema imperial y llamaba a la independencia de las colonias. En todas las colonias se crearon gobiernos revolucionarios denominados congresos provinciales. En 1776 El Congreso de Carolina del Sur aprobó una Constitución que rechazaba todo lazo de unión con Gran Bretaña. Carolina del Norte y Rhode Island ordenaron a sus representantes en el Congreso Continental que apoyaran la independencia. Poco después, el Congreso de Massachusetts exigió al Congreso Continental una declaración formal de independencia.

Benjamin Franklin, John Adams, Roger Sherman, Robert Livingston y Thomas Jefferson fueron elegidos por el Congreso Continental como miembros del comité que debía preparar la Declaración de Independencia. El encargado de preparar un borrador fue Thomas Jefferson, quien tardó dos semanas en redactarlo. Este texto era muy claro y preciso, pero aun así se alteró más de una cuarta parte. Este texto tenía numerosas influencias, pero las más notables eran las de John Locke y las de George Mason. La Declaración de Independencia contenía las causas que habían llevado a las antiguas colonias a su proceso de independencia y también reflejaba los ideales de la Ilustración. Jefferson recalcaba en el texto que había sido el rey de Gran Bretaña quien había violado el pacto con sus gobernados al pretender imponer “una tiranía absoluta sobre estos Estados”, por lo que Jorge III era “indigno de ser gobernante de un pueblo libre“. Las colonias se proclamaban de este modo “Estados libres e independientes que se consideran libres de toda unión con Gran Bretaña”. El texto de Thomas Jefferson fue debatido durante cuatro días en el Congreso Continental y fue finalmente promulgado el 4 de julio de 1776 con doce votos a favor y la abstención de la delegación de Nueva York, que no habían sido autorizados a votar a favor de la independencia, aunque serían autorizados por el Congreso Provincial de Nueva York cuando pasó una semana.

  El texto de la Declaración de Independencia puede dividirse en seis partes:

  1. Introducción: se afirma que la gente tiene la habilidad de asumir la independencia política según la Ley Natural. Aun así, admite que el motivo de independencia tiene que ser razonable.
  2. Preámbulo: justifica una revolución cuando un gobierno hace daño a los derechos naturales. Se reconoce el derecho a la vida, a la libertad y a la felicidad; es el primer documento en el que se reconocen los derechos humanos más fundamentales.
  3. Acusaciones: una lista de todos los actos cometidos por el Gobierno británico y su monarca, Jorge III, utilizada como principal motivo para la independencia de las colonias.
  4. Denuncia: asegura que las condiciones de la revolución son justas, ya que los habitantes de las colonias han sido ignorados por la metrópoli.
  5. Conclusión: los signatarios se reafirman en su argumento de que existen condiciones en las cuales el pueblo puede y debe cambiar su gobierno. Así, es necesario que las colonias anuncien su separación y disuelvan sus lazos con la Corona británica.
  6. Firmantes: las firmas de los cincuenta y seis firmantes de la Declaración de Independencia, siendo la primera la de John Hancock como presidente del Congreso Continental.

Los ahora estados debían elaborar un nuevo marco político que ordenase las relaciones políticas, sociales y económicas de la nueva nación. Además debían ganar la guerra de Independencia al ejército británico.

Todos los estados, salvo Rhode Island y Connecticut, que continuaron con sus liberales cartas coloniales, decidieron redactar y promulgar constituciones escritas. Estas fueron elaboradas por asambleas constituyentes o por los congresos provinciales que habían sustituido a las autoridades británicas. Los derechos debían quedar plasmados en estas, por lo que, siguiendo el modelo de la de Virginia redactada por Thomas Jefferson, todas se abrían con una Declaración de Derechos. Además todas tenían un sistema de separación de poderes y un mecanismo de equilibrios y controles entre ellos para así evitar el abuso de poder o las violación de los derechos. Así, en todas las nuevas constituciones, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial recaían siempre en cuerpos distintos. En la mayoría de los estados se debilitó mucho el poder ejecutivo reforzando el legislativo intentando evitar que el poder recayera en una sola persona. El gobernador era elegido por las legislaturas todos los años en todos los estados menos en tres, que garantizaban un tiempo mayor de gobierno. Su poder era limitado. Salvo en Massachusetts no tenía derecho de veto y podía ser destituido por razones políticas. El poder legislativo recaía en dos cámaras (salvo en Pensilvania y Georgia): una cámara de representantes y un senado.

Los Trece Estados fueron independientes unos de otros y solo tenían en común, en cuanto a la organización política se refiere, el Segundo Congreso Continental. Este tenía escasos poderes y dificultades para organizar y dirigir la guerra y para establecer alianzas diplomáticas. Los congresistas eran conscientes de ello y decidieron nombrar un comité presidido por el abogado de Filadelfia John Dickinson para estudiar la posibilidad de crear un marco político común. Este optó por un modelo político confederal, ya que consideraba que era la mejor forma de garantizar los derechos enumerados en la Declaración de Independencia.

Los artículos de la Confederación reconocían que en los Estados Confederados de América la soberanía recaía en cada uno de los mismos y eran estos los que, a través de sus instituciones, satisfacían las demandas de los ciudadanos. En el Congreso de la Confederación solo se trataban los problemas que afectaban a todos los estados y por eso cada uno, sin importar el número de habitantes que tuviera, tenía la misma representación: un voto. Este congreso tenía escasos poderes: dirigir la guerra, concertar tratados de paz, intercambiar delegaciones diplomáticas con otras naciones, regular los asuntos indígenas, resolver las disputas entre los distintos estados, acuñar moneda y dirigir un servicio postal confederal. No tenía capacidad ni para fijar impuestos y recaudarlos ni para regular las competencias comerciales.

El proyecto propuesto por John Dickinson fue aprobado por el Congreso Continental en 1777 pero necesitaba además la ratificación de los estados miembros. Todos estaban de acuerdo en constituirse como una confederación de estados soberanos, pero no lo estaban a la hora de fijar los límites de cada uno de los estados. Siete de los trece estados reclamaban territorios en el oeste. Hizo falta que transcurrieran tres años para que los trece estados llegasen a un acuerdo sobre sus fronteras. Tras duras negociaciones, los siete estados inconformes aceptaron renunciar a sus derechos sobre los territorios del oeste y cedérselos a la Confederación. Estos territorios serían administrados por el Congreso de la Confederación hasta llegar a un acuerdo definitivo sobre su futuro.

 -Guerra y acuerdo de paz:

Como se ha señalado anteriormente, el Segundo Congreso Continental nombró a George Washington comandante en jefe del ejército americano. Este tenía que llevar a cabo una difícil empresa: debía transformar a las milicias coloniales en un auténtico ejército, dominar la resistencia interna y contribuir a convencer a las potencias borbónicas para que intervinieran en la guerra.

Durante la época colonial los colonos se organizaban en milicias para apoyar al ejército británico. Cuando el Segundo Congreso Continental decidió transformar a las milicias en un ejército regular la situación era desoladora para los independentistas, ya que no disponían de material bélico ni experiencia militar para mantener a las tropas disciplinadas. Al estallar la guerra, en los alrededores de Boston las milicias de Vermont y de Massachusetts, los Green Mountain Boys, se apoderaron de la fortaleza de Ticonderoga, obteniendo así pólvora y cañones. Este fue el armamento inicial del ejército colonial. Aun así la indisciplina de la tropa seguía vigente. Los distintos grupos milicianos ni siquiera compartían el mismo uniforme.

Tras la batalla de Bunker Hill, la cual provocó un gran número de bajas entre el ejército colonial, Washington consideró que era necesario reorganizar el ejército de mar y de tierra. Así, en 1775 , el Congreso Continental organizó una armada transformando buques mercantes. También se creó un cuerpo de infantes de Marina.

Al estallar el conflicto, las colonias de Nueva Escocia, Terranova y Québec, los plantadores de las Indias Occidentales, y más de una cuarta parte de la población de las Trece Colonias atlánticas permanecieron fieles a la Corona británica. Fueron denominados realistas, tories o Amigos del Rey. Los esclavos del sur y más de 19.000 colonos se unieron al ejército británico. Tras la derrota británica muchos se vieron obligados a exiliarse: los esclavos formaron parte de una nueva nación, Sierra Leona; y los tories se marcharon a Nueva Escocia, Québec, Florida, Inglaterra y a las Indias Occidentales. Se exiliaron 30 de cada 1.000 habitantes. Los que apoyaron al Congreso Continental fueron llamados Patriotas, whigs o yankees. De ellos, unos 18.000 formaron parte del ejército.

Muchos europeos se involucraron en la guerra. El francés marqués de Lafayette, el prusiano Von Steuben, los polacos Pulaski y Kosciusko. Estos contribuyeron con su experiencia a la mejora del ejército americano. Los americanos, desde un primer momento, buscaron el apoyo de Francia y España, que salieron perjudicados frente a Inglaterra tras la Paz de París de 1763. El Congreso Continental entró pronto en contacto con las cortes de París y de Madrid. En un primer momento ambos estados apoyaron indirectamente a las colonias, ya que querían asegurarse que realmente estaban decididas a romper con la metrópoli.

El inicio de la guerra fue desolador para los colonos. Los ingleses habían reforzado su ejército con más de 30.000 hombres y trasladaron el centro de la contienda de Massachusetts a Nueva York. George Washington, tras ser derrotado por sir William Howe en Long Island, tuvo que trasladarse a Manhattan, a Nueva Jersey y más tarde a Pensilvania. Los ingleses prepararon una ofensiva que creían definitiva: el general John Burgoyne descendería desde Montreal por el río Hudson; el general St. Leger se dirigiría desde el lago Ontario hacia el Hudson; y el general Howe ascendería también por el río desde Nueva York hasta la zona norte. La finalidad era capturar la ciudad de Albany. La estrategia inglesa fracasó: las tropas de Leger tuvieron que retroceder hacia Canadá por la resistencia del ejército norteamericano; Howe decidió cambiar la ruta y los americanos le resistieron en Brandywine y en Germantown imposibilitando a los ingleses dirigirse hacia Albany; el general Burgoyne logró llegar a Saratoga, pero fue derrotado por el general americano Horatio Gates el 17 de octubre de 1777.

Al conocer la victoria de Saratoga, Francia firmó un tratado con Estados Unidos en 1778 en el que se comprometía a no dejar las armas hasta que la independencia de Estados Unidos esté asegurada por algún tratado. Era la primera vez que una nación reconocía la soberanía de unas colonias al firmar acuerdos bilaterales. La primera flota francesa llegó a Estados Unidos en julio. España tardó más en intervenir en la guerra. En 1779 España se decidió a intervenir junto a Francia en la guerra contra Gran Bretaña firmando la secreta Convención de Aranjuez, mediante el cual España recuperaría sus antiguas posesiones que en este momento estaban en manos inglesas, pero no firmó ningún tratado con las Trece Colonias, ya que ello significaría reconocer su soberanía y la posibilidad de que unas colonias se transformasen en estados soberanos. En 1780 también Holanda declaró la guerra a Gran Bretaña.

Al general inglés Howe le sucedió en 1778 Henry Clinton, quien comenzó a hostigar a los estados sureños y conquistó las ciudades de Savannah, Atlanta y Charleston. Pero a partir de 1781 los americanos comenzaron a ganar batallas a los ingleses en el sur. El general británico Cornwallis fue atacado por un contingente de 7.000 americanos liderados por Washington y franceses liderados por el general Rochambau. Además, desde las Indias Occidentales la flota francesa, bajo el almirantazgo de De Grasse, tocó tierra impidiendo que la Armada Británica pudiese ayuda a Cornwallis, quien se rindió el 19 de octubre de 1781.

En agosto y septiembre de 1779 el general español Bernardo Gálvez y su ejército cruzaron el Missisipi y derrotaron a los británicos en los fuertes de Manchac, Baton Rouge y Natchez; también conquistó dos puertos de la Florida Occidental, Mobila y Penzacola. En enero de 1780, con apoyos procedentes de La Habana, dirigió las fuerzas navales y terrestres sobre el fuerte de Charlotte, logrando su rendición el 12 de marzo de 1780. Después, en 1781, conquistó la ciudad de Penzacola.

Desde 1781 los norteamericanos querían concluir con la guerra, ya que estaban convencidos de que se habían hecho con la victoria, pero España quería continuar ya que aun no había recuperado todo lo acordado con Francia. Así, en 1782, Benjamin Franklin, John Adams y John Jay iniciaron conversaciones secretas con Gran Bretaña firmando en septiembre del mismo año los acuerdos preliminares de paz. Gran Bretaña reconocía y garantizaba la independencia de Estados Unidos y se fijaban las fronteras de la nueva nación. Gran Bretaña se garantizó derechos ilimitados de pesca en las costas de Terranova y del Golfo de San Lorenzo y la libre navegación por el Missisipi para ambas naciones, aunque tanto Louisiana como Florida eran territorios españoles. Además se restaurarían las confiscaciones de los bienes de los realistas y las tropas británicas abandonarían el suelo de Estados Unidos.

Con estos acuerdos preliminares salían beneficiados tanto Gran Bretaña como Estados Unidos. Gran Bretaña estaba de este modo debilitando a las potencias borbónicas ya que las fronteras señaladas a la nueva nación estaban situados en suelo que no le pertenecía y se había atribuido derechos de navegación que le beneficiaban enormemente.

El 30 de junio de 1783 Francia y España firmaron los tratados de paz con Gran Bretaña. En la paz de París Gran Bretaña reconocía la independencia de Estados Unidos; Francia recuperaba Tobago, Santa Lucía y Senegal; y España recuperaba Menorca y Florida, aunque no logró recuperar Gibraltar como había acordado con Francia.

-Bibliografía:

  • ALLISON, R.J. (2011) The American Revolution. Nueva York, OxfordUniversity Press.
  • CASTERÁS ARCHIDONA, R. (1990) La Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. Barcelona, Ariel.
  • DE LA GUARDIA HERRERO, C. (2012) Historia de Estados Unidos. Madrid, Sílex.
  • MC CULLOUGH, D. (2006) 1776. Barcelona, Norma.
  • PAREDES, J.(2009) Historia Universal Contemporánea I. Barcelona, Ariel.
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