La Armada en el XVIII: motor de la ciencia ilustrada en España

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La Ilustración española tiene su máximo pico a mediados del siglo XVIII, reconociendo como buen ejemplo de monarca ilustrado a Carlos III. Se ve aquí la aplicación de una serie de cambios en los ámbitos políticos, sociales, y científico-culturales. Todos ellos nacen de los contactos humanos entre los estados del momento, y a la propia inercia de los gobernantes que buscan un medio de modernización.

Veamos aquí de donde surge el aspecto científico, dejando de lado el desarrollo que lleva a la aplicación de los paradigmas ilustrados en sociopolítica. Para esto debemos analizar los orígenes de este momento cultural en el mar, puesto que la Ilustración en España irá ligada del desarrollo de su Armada, la cual se postula como motor obvio por sus características, las cuales permiten los viajes y contactos, y la enseñanza y divulgación científica a través de sus instituciones.

Partiendo desde este punto hemos de analizar qué hechos e instituciones de la Armada llevan a que se pueda formar esa élite cultural que luego cederá el testigo al mundo civil a mediados de siglo, ante lo cual reflexionando podemos ver que si algo había quedado patente en los años del conflicto sucesorio era la antigüedad de las estructuras militares españolas (tanto físicas como de pensamiento) y la carencia de medios tanto para la Armada como para el Ejército.

Con esta situación, organizó Patiño, ministro de Felipe V, las nuevas medidas a implementar, e instalándose en Cádiz, como centro naval de mayor importancia, por ser puerto de partida y de unión entre el Atlántico y el Mediterráneo, comenzó a implementar cambios, que se impregnaban ya de un carácter ilustrado, a pesar de que este movimiento no estaba ampliamente desarrollado en España, pero que había conseguido llegar a las élites de pensamiento españolas.

Todo ello deja patente otra carencia en la Armada (y el Ejército), tal como supone la carencia de una oficialidad culta, capaz de resolver situaciones o desarrollarse más allá de la guerra, puesto que el mando de las antiguas unidades de los Habsburgo españoles había recaído mayoritariamente en una nobleza preparada por y para la guerra, o en los escalafones medios, por personas cuya vida siempre fue ligada a la milicia siendo en el mejor de los casos bachilleres, pero inmersos en una sociedad de base religiosa y no preocupada en exceso por los conocimientos.

Esto no era concebible en la nueva sociedad borbónica, y mucho menos en las mentes de estos nuevos ministros que configuraban las élites del momento, como Patiño, el cual propuso un nuevo modelo de enseñanza donde se prepararan oficiales y marinos expertos tanto en el mar, como en la guerra, como en las ciencias. Esta es la base teórica de la creación de la Real Compañía de Guardias Marinas en 1717, y lo que es más importante, de la primera Escuela-Academia Naval de la historia de España, la cual se ubicaría en Cádiz.

El proyecto consistía en una formación a medio camino entre la instrucción de la oficialidad inglesa, basada en la formación puramente práctica a bordo de navíos en servicio activo, y la formación de la Armada francesa, que era exactamente lo opuesto, con una formación puramente teórica. La importancia de la Real Compañía de Guardias Marinas en cuanto al desarrollo ilustrado español, es que muestra el reflejo de los primeros latigazos de este paradigma en España, al combinar en el plan de estudios la formación militar y marítima, con las ciencias: aritmética, álgebra, geometría, trigonometría, cosmografía, náutica, arquitectura militar, ingeniería naval, música, danza, etc., configurando así una oficialidad culturalmente formada. Esto se regulará en la práctica mediante el texto constitutivo de la Compañía de Guardias Marinas, la Instrucción y ordenanzas para la Compañía de Guardias Marinas, mandadas observar en 15 de abril de 1718.

portada

Portada de una de las obras de Jorge Juan, claro ejemplo de la labor científica de un marino español del XVIII

Se refleja así en el plan de estudios la importancia de la formación y la adquisición de conocimientos científicos que la Ilustración promueve, buscando así al hombre culto y capaz, versado en múltiples disciplinas científicas, y alejado de la formación puramente práctica y poco intelectual de los siglos anteriores, donde el marino se encargaba de navegar y guerrear, sin mayores preocupaciones e intereses. Esto dará lugar a la aparición en un corto espacio de tiempo de una nueva oficialidad que se complementará con los cambios técnicos para crear una Armada potente y moderna, a la vez que se desarrollan personalidades científicas, volcadas por el estudio y su divulgación.

Además, la Academia de Guardias Marinas, como institución de enseñanza, puesto que físicamente tardó algunos años en tener emplazamientos específicos, supone una de las primeras plataformas de divulgación científica y de desarrollo ilustrado en la España del XVIII, y como veremos en las décadas siguientes, nutrirá las filas de la Ilustración española con algún nombre relevante tanto para el desarrollo científico-técnico de la Armada como para la ciencia del momento en España.

También alberga un punto en contra esta nueva institución, y es que se mantendrán los requisitos de nobleza para el ingreso en el mismo, por lo que se muestra aquí que los paradigmas ilustrados se ceñían a una élite, haciendo inviable la propagación de los mismos entre estamentos inferiores. Hay que tener en cuenta que también se admitían personas de origen aventurero, entendiéndose estas por marinos expertos o hijos de oficiales en servicio o retirados, pero supusieron un número muy pequeño de los ingresos que registró la Real Compañía a lo largo del siglo.

A parte de la formación de los Guardias Marinas, tendremos que avanzar unas décadas para poder tratar la creación de otra gran institución de la Armada española ligada al estudio científico: el Real Instituto y Observatorio de la Armada, fundado en la década de los cincuenta. Ubicado en San Fernando, Cádiz, se encargará del estudio y observación astronómica y cartográfica, introduciendo los nuevos conocimientos que venían del extranjero, como las nuevas teorías de La Place (1749-1827). También dispondrá de un generoso número de expertos relojeros y científicos que se encargaran tanto de la enseñanza como de la mejora de los conocimientos, instrumentos e instalaciones. En cualquier caso no solo destaca su labor educativa, sino también la importante labor de recopilación de datos de las expediciones y estudios llevados a cabo a lo largo del siglo, creando con el paso del tiempo una amplia biblioteca con volúmenes y estudios de todas partes de Europa, así como una amplia colección cartográfica constantemente renovada. Sentará también las bases que orientarán la construcción del Real Observatorio de Madrid.

Esta formación regulada desde las primeras décadas del siglo XVIII en España dará lugar a la aparición de una plataforma científica muy potente en el seno de la Armada española, dando lugar a nombres como Jorge Juan, Antonio De Ulloa, José de Mendoza, Vicente Tofiño, Alessandro Malaspina, etc.

La facilidad de viajar y tomar contacto con otros países con una Ilustración y unos paradigmas científicos más desarrollados, permitirán un contínuo desarrollo cognitivo de estos oficiales de la Armada del XVIII, los cuales dejarán patentes sus conocimientos en una amplia bibliografía que legarán a la Compañía de Guardias Marinas y a las instituciones que ellos fomentarán.

Sin lugar a dudas, estas personalidades movieron la ciencia ilustrada en España, que a mediados del XVIII y sobre todo con la figura de Carlos III, comenzará a desarrollar sus propias instituciones de estudio y divulgación que encajarán en esos paradigmas ilustrados llegados de Europa y que en muchas ocasiones tendrán como precursores a estos marinos ilustres.

Por lo tanto y en conjunto del desarrollo político, podemos tratar a la Armada como motor de la ciencia moderna en España, dentro de ese marco que supone la Ilustración.

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Bibliografía:

GARCÍA HURTADO, M. R, La Armada española en el siglo XVIII. Ciencia, hombres y barcos, Madrid, Sílex, 2012

MARTÍNEZ RUIZ, E. y CORRALES PI DE PAZZIS, M. (eds.), Ilustración, ciencia y técnica en el siglo XVIII español, Valencia, Universidad de Valencia, 2008

FERNANDEZ DURO, C.; Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón. Tomos VI, VII y VIII, Madrid, Museo Naval, 1973

GONZALEZ GONZALEZ, F.J., El Real observatorio de la Armada, Madrid, Ministerio de Defensa, 2005

Author: Francisco Cabezos

Estudiante de Historia por la Universidad de Salamanca, cofundador de la plataforma de publicación "Mundo Histórico" (mhistorico.com) y redactor del equipo de historia de QAH.com (queaprendemoshoy.com). Futuro historiador colonial y naval.

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