La evolución del nacionalismo a mediados del siglo XIX: del ciclo revolucionario de 1848 a la unificación alemana

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Los ciclos revolucionarios de 1830 y 1848 significaron el afloramiento de las ideas liberales y nacionalistas de Europa. El sistema impuesto por el Congreso de Viena restauracionista no contaba con el apoyo de las masas, las cuales padecían un proceso de politización importante a manos del liberalismo. En las sedes alemanas se generaron disturbios influenciados por los acontecimientos de París del 24 de Febrero de 18481. La falta de libertad de expresión y de reunión, la ilegalización de algunos partidos políticos, los Decretos de Karlsbad… crisparon el ambiente hasta el punto de que en los parlamentos se reclamaba la creación de milicias revolucionarias formadas por ciudadanos, destinadas a derrotar el viejo orden.

Una de las reclamaciones más sonoras era la creación de un Parlamento Nacional alemán. Estas reclamaciones, conocidas como “reclamaciones de Marzo” (Schulze, 2001:122) fueron seguidas por algunos gobernadores liberales, que, influenciados por este nuevo éxtasis revolucionario, iniciaron el cambio. Un ejemplo de ello sería la presentación del nuevo ministerio del gobierno bávaro, conocido como el “ministerio de la aurora” (con los colores negro, rojo y oro, los colores revolucionarios). En Viena, los movimientos demócratas obligaron al canciller Metternich a huir a Inglaterra (mientras que la Corte se refugió en Innsbruck, ciudad situada al oeste de Austria, capital del estado de Tirol). A su vez, en los diferentes estados alemanes surgieron revueltas locales y levantamientos de orientación nacionalista. Austria, aquella que lideraba la Confederación Germánica, quedó relegada a los movimientos nacionalistas, por lo que el sistema propuesto por Metternich fracasó. Pese a que cada uno de los levantamientos tuviera orientaciones ligeramente distintas a nivel político y reivindicativo, todos se guiaban por el rechazo profundo al Estado autoritario y burocrático. Dos de los puntos fundamentales del nuevo nacionalismo alemán eran la reivindicación de una Constitución y la creación de un parlamento alemán nacional.

En muchos de los pequeños estados alemanes se establecieron gobiernos revolucionarios y parlamentarios (los liberales obtuvieron la mayoría del apoyo popular). No obstante, el concepto “revolucionario” puede llevar a equívocos, ya que en la mayoría de los estados se estableció una política reformista moderada en colaboración con los viejos poderes, puesto que mantuvieron a los monarcas. La tendencia a crear un Estado unificado alemán comienza a tomar más fuerza. Un grupo de 51 liberales (procedentes del sur de Alemania) convocó una reunión en Marzo de 1848 en Frankfurt (en la Iglesia de San Pablo) de todos los diputados de los diferentes estados alemanes (casi 600 convocados). Se convocó una Asamblea constituyente con el objetivo de elaborar una Constitución. Alemania debía de ser un Estado unificado y parlamentario. Hasta la llegada de ese momento se nombraría un gobierno provisional (establecido el 28 de Junio de 1848) bajo el mandato de Juan de Habsburgo-Lorena (1782-1859), procedente de Austria, responsable ante la Asamblea constituyente de su gestión. El problema residía en que los gobiernos de Austria y Prusia no reconocían al archiduque como jefe supremo. Tanto la Asamblea constituyente como el nuevo Regente tuvieron que capitular ante la anulación de los dos grandes reinos. No obstante, en esta asamblea se trataron cuestiones ideológicas y políticas importantes como dónde debía residir la soberanía, si se quería un estado federal o centralista, si abarcaría sólo a aquellos de habla germana y no otros pueblos… Los términos culturales de la nación aportados por Herder comenzaron a influir en las cuestiones políticas. A la hora de trazar fronteras se tuvieron en cuenta las teorías lingüísticos y culturales como una razón de peso. Los límites de la Confederación Germánica no coincidían con los límites de la lengua. Sin embargo, los integrantes de la asamblea no quisieron modificar las fronteras de la confederación, ya que no estaban dispuestos ni a ceder territorios ni a invadirlos. De esta forma surgirían las dos propuestas unificadoras: la “Gran Alemania”, una unión de todos los estados alemanes (con Austria incluida) bajo el reinado de la dinastía Habsburgo, y la “Pequeña Alemania”, que buscaba la unión de los estados germanos, pero excluyendo a Austria, bajo la Casa de los Hohenzollern.

Federico Guillermo IV (1795-1861) de Prusia pretendió reconducir el proceso hasta colocarse como el líder de la unificación. No obstante, la sublevación de Berlín del 18 de Marzo de 1848 obligó al rey a hacer concesiones, como el compromiso de crear una Asamblea Nacional con el objetivo de elaborar una nueva Constitución.

En este contexto estallaría la crisis de los ducados daneses de Schleswig y Holstein. Cuando estos proclamaron su independencia de Dinamarca y formaron un gobierno provisional pidieron ayuda a la Asamblea Nacional. El problema era que esta asamblea no tenía capacidad suficiente como para afrontar esta situación. Este hecho preocupaba profundamente a la opinión pública alemana, sobre todo por sus connotaciones nacionalistas. Esta incapacidad obligó a recurrir al ejército prusiano que se adentraría en la península de Jutlandia sin éxito debido a las protestas europeas. Inglaterra no tardó en oponerse y envió buques al mar del Norte; los rusos, por otro lado, colocaron tropas en la frontera con Prusia; Francia envió embajadores a los distintos gobiernos de los estados alemanes exponiendo sus quejas. La idea de que el nacionalismo alemán se extendiera no era tolerable para los demás estados europeos. En el ducado de Holstein la mayoría de los ciudadanos eran alemanes, mientras que en Schleswig había mezcolanza entre daneses y alemanes (la presión social proalemana se dejo notar considerablemente tras los intentos de anexión del monarca danés). Estos territorios estaban bajo la jurisdicción del rey de Dinamarca, pero no eran patrimonio suyo (de hecho, se sentaban junto a todos los demás estados alemanes que formaban la Confederación Germánica). Kiel tenía un importante valor estratégico, ya que suponía el acceso al mar Báltico. La intervención de Prusia fue debido a dos factores fundamentalmente: en primer lugar, es innegable el valor geoestratégico de estos ducados y, en segundo lugar, el crecimiento del nacionalismo y el confrontamiento entre las dos propuestas (una Alemania liderada por la Casa Habsburgo, es decir, Austria, o una liderada por la Casa Hohenzollern, es decir, Prusia) impulsó al rey prusiano a intervenir por temor a una previa intervención austríaca que alimentara la idea nacionalista de la “Gran Alemania”. Así pues, la Asamblea de Frankfurt otorgó dos posibles ideas de unificación que llevaban al enfrentamiento directo entre Prusia y Austria.

El partido que defendió la idea de la “Pequeña Alemania” tuvo mayor peso debido a que en materia económica sus reivindicaciones eran reales. En 1834, el ministro de Finanzas Friedrich von Motz (1775-1830) fundó la Unión Aduanera Alemana (Deutsche Zollverein). En 1847, 28 de los 39 estados alemanes pertenecían a ella. Esta unión reforzaría regularmente los beneficios económicos de los estados miembros, lo que reforzaba la idea de una alianza económica alemana bajo el liderazgo de Prusia (ya que la Confederación liderada por Austria de Metternich no hacía más que obstaculizar cualquier tipo de reforma). A su vez, en 1835 se inauguró la primera línea alemana de ferrocarril, cuyo trayecto iba de Nuremberg a Fürth, es decir, aproximadamente unos seis kilómetros (muy influenciada por el teórico economista Friedrich List [1789-1846]). Hacia 1848, la Unión Aduanera, ya contaba Alemania con más de cinco mil kilómetros de red ferroviaria. En definitiva, la creación de esta asociación gozó de un considerable crecimiento económico que no hacía más que reforzar los lazos entre los estados alemanes, haciendo posible la idea de una prosperidad dentro de un estado común.

Otro dato a tener en cuenta para entender este desarrollo económico fue la mano de obra barata. La situación pésima en la que se encontraba gran parte de la población hizo que las fábricas pudieran contratar a salarios mínimos. Además, la explosión demográfica en las zonas rurales generó fuertes migraciones hacia las zonas urbanas.El pauperismo del que hablábamos anteriormente transformó el plano económico, convirtió gran parte de la sociedad en proletarios con un sueldo muy bajo, algo que otorgaba a las industrias una plusvalía tan grande que se tradujo en beneficios macroeconómicos. A la pobreza generalizada le siguió una industrialización necesitada de mano de obra barata, que terminó por crear un desarrollo económico importante.

Prusia abordó reformas como la liberalización del capital y del trabajo que trajeron mano de obra a las ciudades. Las metrópolis entraron en un periodo de crecimiento gracias a la industrialización y la constante llegada de mano de obra barata. El aparato burocrático y administrativo se expandió a zonas hasta entonces peor comunicadas. En pocas décadas se pasó del viejo sistema estamental al periodo industrial. De esta manera, el desarrollo en el plano económico benefició la idea de la “Pequeña Alemania” bajo la Unión Aduanera Alemana. El nacionalismo se vio muy reforzado con el apoyo de los datos económicos y el relativo “bienestar social”.

Las diferentes capas sociales experimentaron un cambio de conciencia: lo que era estar a merced de decisiones anónimas, es decir, sometidos a poderes distantes e incuestionables, perdía su sentido. El replanteamiento del viejo sistema europeo llevó al individuo a considerar nuevas posibilidades. Reivindicaciones de libertad económica o política, de autodeterminación, de unidad… hasta el momento impensables cobraban cada vez más fuerza en detrimento de un viejo sistema que ya no se sostenía.

Este replanteamiento del viejo sistema no sólo vino a manos del liberalismo. Otra fuerza importante y reciente, nacida de la propia industrialización comenzó a hacerse notar en el plano político y social: el socialismo. Los viejos poderes tenían que hacer frente a una atomización ideológica y a un “despertar político” de la conciencia nacional. El nacionalismo como tal era un sentimiento que, en sus inicios, fue adherido al liberalismo, pero su evolución lo convirtió en una simple forma de sentir tus ideas, de creer en una nueva política independientemente de la ideología concreta. Surgieron en defensa del Antiguo Régimen nuevas “ideologías de masas” adaptadas a los tiempos que corrían que proponían un frente de reacción contra el creciente liberalismo prusiano y protestante. A estas masas se unieron tanto las clases tradicionales como los sectores católicos de Renania, Sileria y algunas partes del sur de Alemania. El desarrollo de este caos ideológico y disperso desembocará en la creación de los grandes partidos políticos existentes durante el II Reich.

A todo auge económico le sigue una recesión. En torno a la década de 1850 ésta se hizo notar en Alemania lo que desembocó en movimientos políticos e ideológicos que cristalizaron en las primeras asociaciones de trabajadores y darían lugar al movimiento socialdemócrata alemán. Así pues, en 1863 se creó la Unión General de Trabajadores Alemanes y la Confederación de Uniones de Trabajadores Alemanes. La primera fue fundada por Ferdinand Lasalle2 (1825-1864), mientras que la segunda, de la que nacería el Partido Socialdemócrata seis años después, fue creada por August Bebel3 (1840-1913) y Wilhelm Liebknecht4 (1826-1900).

La enfermedad mental de Federico Guillermo IV de Prusia obligó al monarca a abdicar en su hermano, Guillermo I, cuya política algo menos opresiva levantó la censura, llegando a nombrar un nuevo gabinete de gobierno liberal. Sin embargo, sus propuestas de corte algo más autoritario lo enemistó rápidamente con ese sector. Una propuesta concreta que apostaba por alargar el servicio militar y reforzar el ejército prusiano a la par que se reducían las tropas territoriales (Landwehr5) levantó la crispación entre los liberales.

No obstante, estas diferencias no se verían en aumento por un acontecimiento externo que levantó de nuevo el entusiasmo nacionalista y patriótico: En Francia, Napoleón III, había fundado un nuevo imperio e intervino en Italia para reforzar su influencia perdida. Se firmó en 1859 un nuevo tratado de alianza con el Reino de Piamonte que supuso una amenaza para la posición de Austria. Este nuevo panorama avivó la llama del patriotismo antifrancés. La propaganda, la prensa y la sociedad comenzaron a reivindicar un nuevo estado alemán que contara con una fuerte potencia militar bajo el mando de Prusia. La idea de la “Gran Alemania” cada vez perdía más fuerza, sus últimos coletazos se materializaron en la Unión Alemana para la Reforma, fundada en 1862, pero apenas tuvieron influencia en el ámbito político, pues el entusiasmo patriótico y la vuelta del espíritu de las guerras de liberación acabaron con cualquier idea pactista. Las milicias que participaron en estas guerras ahora estaban organizadas y eran mucho más eficientes. En 1859 se fundó la Sociedad Alemana6 (Deutsche Nationalverein) en Coburgo, que demostró la fuerza con la que se presentaba la idea de la “Pequeña Alemania”.

Sólo existía un problema que dificultaba el proceso de unificación: como vimos anteriormente, el gobierno prusiano de Guillermo I estaba enfrentado con los liberales del parlamento debido a esas medidas tan impopulares destinadas a reducir el único contrapeso de la burguesía, los Landwehr. El 24 de Septiembre de 1862, el monarca nombró a su embajador en París, Otto von Bismarck (1815-1898), primer ministro. El embajador convenció, supuestamente, al monarca de que le nombrara canciller en el castillo de Bebelsberg, garantizando la estabilidad nacional y la corona apartando la amenaza liberal. Bismarck representaba valores conservadores, algo que seguía sin favorecer el conflicto interno del parlamento prusiano. Sin embargo, este estadista y la política que llevó a cabo fueron decisivas para la unificación de Alemania. Probablemente sus pretensiones no fueron más allá de la estabilidad nacional y de extender el poder de Prusia por Europa, sin estar influenciado por un éxtasis nacionalista que le hiciera vislumbrar como máxima expresión de la germanidad la unidad de Alemania, pero desde luego fue hábil a la hora de encauzar la amalgama de ideologías políticas florecientes en una sociedad inestable. Lo que sí tenía claro era que la unificación debía hacerse al margen de Austria.

La anexión de Schleswig por parte de Dinamarca encendió la mecha. El movimiento nacionalista danés ejerció una importante influencia a la hora de dicha anexión. De esta forma, el rey de Dinamarca declaró que se debía integrar en mayor medida el ducado e implantar el mismo derecho de sucesión vigente en el reino, lo que levantó el desacuerdo de los proalemanes, que lo consideraban contrario al derecho histórico, y pidieron ayuda a los estados germanos.

La oposición nacionalista liberal otorgó a Bismarck la distracción adecuada para actuar en el momento preciso. En un primer momento reconoció los derechos de la casa danesa sobre este ducado para contentar las opiniones francesa, inglesa y rusa. Mientras tanto, planeó la invasión armada sobre ambos ducados. Para el movimiento nacionalista alemán era completamente inaceptable reconocer la jurisdicción del rey danés sobre Schleswig y Holstein, del mismo modo que no aceptaban cumplir las prerrogativas del tratado firmado en Viena. Tras la intervención armada en ambos ducados se repartieron entre Austria y Prusia bajo condominio. Sería entonces cuando quedarían clara la forma por la cual se llegaría a la unificación. La política de Bismarck era tremendamente efectiva, algo que a pesar de la oposición manifiesta de los liberales, era innegable, y por ello en un discurso dado en 1862 en el Parlamento prusiano dejó clara la forma de unificar Alemania:

“Las grandes cuestiones de la época no las deciden ni los discursos ni los acuerdos por mayoría: este fue el error que cometimos tanto en 1848 como en 1849; las deciden el hierro y la sangre”.

Esta crítica al parlamentarismo de la Asamblea de Frankfurt y a todas las posiciones pactistas daban a entender que la unificación se llevaría a cabo mediante la guerra. El patriotismo alemán y los inicios del sentimiento nacionalista se encontraron en el odio a la ocupación francesa. La pasión y la unidad que generaron el odio común a un “enemigo de todos los alemanes” darían la estabilidad y el acuerdo necesario para unificar todos los estados germanos. El éxtasis nacionalista avivado mediante la guerra llevaría a dejar a un lado las diferencias para la unidad alemana. No obstante, estas palabras generaron pánico entre los liberales. La acción prusiana había llevado al aumento del territorio alemán y a la expulsión de Dinamarca de la Confederación sin necesidad de pactos ni acuerdos, algo que los liberales, por mucho que protestaran, no habían podido lograr.

La razón por la cual se pudo actuar de esta manera con el Tratado de Viena vigente fue que Europa estaba algo convulsionada por la Guerra de Crimea7 de 1853. Esta guerra provocó cierta inestabilidad en el continente que fue aprovechada por Bismarck para actuar.

El siguiente paso fue el definitivo triunfo de la “Pequeña Alemania” expulsando a Austria de toda pretensión a liderar el movimiento nacional unificador. Esta rivalidad estaba latente desde 17408 y ahora tendría lugar el desenlace. No era ninguna sorpresa que la guerra entre ambas potencias era inminente, tanto por la tensión acumulada como por la disputa por liderar la unificación apuntaban al conflicto. La situación europea otorgó un marco de acción que, sumado a la política llevada a cabo por Bismarck, haría el conflicto inminente. La alianza de la recién unificada Italia con Prusia significó un ataque directo a los intereses austriacos9, llevando al parlamento vienés a movilizar el ejército el 21 de Marzo de 1866. La batalla tuvo lugar en Königgrätz (Sadowa) con victoria de Prusia, bajo las órdenes del jefe del Estado Mayor Helmuth von Moltke (1800-1891). Esta batalla fue una de las más sangrientas del siglo XIX ya que se estima que murieron en torno a 45,000 soldados. Tras ella, Austria solicitó el armisticio, firmándose los Tratados de Praga, por los cuales Schleswig, Holstein, Hannover y Hesse pasaron al control prusiano.

Las consecuencias internas de esta victoria fueron considerables. El partido progresista (Deutsche Fortschrittspartei) se vio dividido por las políticas de Bismarck, puesto que no contó con el permiso previo del Parlamento para sus actuaciones. Los triunfos cosechados llevaron a partes de los diputados a aprobar su gestión, independientemente de sus irregularidades. Los liberales escindidos crearon un nuevo partido: el partido liberal-nacional (Nationalliberale Partei), cuya base social era la alta burguesía industrial (será uno de los partidos más votados tras la fundación del II Reich). Este nuevo grupo apoyará la gestión de Bismarck durante prácticamente todo su mandato, desde la Confederación del Norte de Alemania hasta el II Reich. La derrota austriaca transformó las posibilidades del ministro, puesto que la guerra de gabinete se transformó en una guerra nacional con posibilidades de unificar los estados alemanes; por ello consiguió el apoyo de los liberales (aquellos que en sus inicios defendieron la “unificación desde abajo” vislumbraron la posibilidad de la “unificación desde arriba”). La “sangre y el hierro” se convirtió en el medio por el cual lograr la unificación tan ansiada por todos los sectores nacionalistas. Bismarck se vio en la tesitura de poder terminar con aquellos liberales que tanto se opusieron a su gestión, pero en contra de todo pronóstico, decidió llegar a un entendimiento con ellos para reforzar su “pseudodicadura plebiscitaria”. La alianza significaba el respeto al Parlamento prusiano, lo que se traducía en un reforzamiento político importante. Así, el estadista prusiano pasó a transformarse en el símbolo del nacionalismo alemán. Este giro político no benefició a todas las partes, pues los sectores más tradicionales sintieron “morir en el momento del triunfo” (Abellán, 1997:73). Los junker10 pronosticaban que su patrimonio y sus privilegios se verían amenazados por el triunfo del liberalismo. La alianza de los liberales con Bismarck, o el encuentro entre sus intereses y su manifestación a favor del nacionalismo alemán enfrentaron la idea de la unificación con los sectores más tradicionales. Sin embargo, la política futura y las decisiones tomadas por el ministro aclararían que no estaba a favor de un sistema plenamente liberal, sino que manifestó políticamente su respeto a estas clases.

La victoria de Prusia fue un paso decisivo para la unificación alemana. En el caso de haber resultado victoriosa Austria, habría significado la expulsión de Prusia de la Confederación Germánica, puesto que antes de la guerra declaró nulo el compromiso federal con dicha confederación. Lo curioso de este hecho fue que las tropas del sur de Alemania, aliadas con Austria, lucharon con brazaletes con los colores del uniforme de los voluntarios de Lützow (negro, rojo y oro) mientras que el ejército prusiano presentó los colores negro y blanco. Los colores que representaban el movimiento nacionalista frente a la ocupación francesa pasaron a defender los pequeños estados de la hegemonía prusiana.

La Confederación Germánica pasó a la historia, ahora sólo se mantuvo la Confederación de Alemania del Norte11 (Nordeutscher Bund), formada por 22 estados. Los estados del sur se mantuvieron “unidos” al resto mediante vínculos y alianzas militares.

El segundo impulso para la unificación lo ofreció el imperio de Napoleón III. Las políticas llevadas a cabo por este nuevo imperio no obtuvieron apenas resultados. El contexto fortuito que ofreció la situación española ofrecería el momento que Bismarck estaba esperando. La falta en España de un heredero al trono llevó a algunos miembros de la Corte a ofrecer la corona a un integrante de la Casa Hohenzollern, algo completamente impensable para Francia, puesto que se vería rodeada por dos reinos hostiles que suponían una amenaza para su supervivencia. El resto de las potencias europeas se mantuvo al margen del asunto. La rivalidad entre Alemania y Francia se vio claramente reflejada en los sentimientos nacionalistas de la sociedad. Pese a que Guillermo I estuvo dispuesto a ceder a las pretensiones francesas y reconocer a un candidato no alemán, la sociedad francesa se encontraba en tal estado de agitación que lo vieron insuficiente. Napoleón III envió a un embajador a Bad Ems, Vincent Benedetti (1817-1900), con intención de exigirle al rey prusiano que renegase de cualquier oportunidad similar en un futuro, es decir, excluir a la casa Hohenzollern de cualquier candidatura a un trono exterior. Este ataque fue rechazado por Guillermo I sin contemplaciones. Finalmente, el 19 de Julio de 1870 Napoleón III declaró la guerra a Prusia, ya que no pudo soportar, por la presión nacionalista, una derrota diplomática comenzada por él. Esto se tradujo en una guerra franco alemana por una razón: el sistema de alianzas militares de los estados del sur de Alemania tenían con la Confederación de Alemania del Norte generó un bloque unitario alemán. Las órdenes de Moltke llevaron a una nueva victoria prusiana tras varias batallas como Gravelotte, Mars-la-Tour, Metz o Sedán. El movimiento nacionalista francés se avivó de forma considerable, del mismo modo que la ocupación francesa generó el alemán. Los levantamientos populares de la población francesa significaron duros golpes para el ejército alemán, hasta el punto de llegar a amenazar la victoria prusiana. Finalmente, el 28 de Enero de 1871 se firmó el armisticio, con la posterior paz12, firmada el 10 de Mayo del mismo año.

Así pues, tras estos acontecimientos, los estados alemanes se unificaron. La presión propagandística nacionalista de los estados del sur de Alemania los obligaron a unirse a la Confederación de Alemania del Norte. De esta forma queda de manifiesto la importancia que tuvo el movimiento nacionalista a la hora de la unificación. Tanto burgueses, como artesanos, como campesinos ejercieron tal presión que obligó a los gobiernos a actuar según unas determinadas directrices. En 1871 se proclamó emperador a Guillermo I en la sala de los Espejos en Versalles. Este imperio contaba con una doble legitimación: por un lado, la otorgada por los príncipes de los diferentes estados al ceder su soberanía, y por otro lado, la parlamentaria y plebiscitaria. De esta forma Alemania fue capaz durante el II Reich de mantener la unión entre lo tradicional y lo liberal, de lo civil con lo principesco.

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1Los conflictos crecientes en París desembocaron en el derrocamiento de la “monarquía de Julio” (Luis Felipe I, el cual debía su trono a la revolución de 1830). Fue entonces cuanto se instauró la II República Francesa con Luis Napoleón como presidente, primero, y emperador, posteriormente (con la proclamación de II Imperio Francés en 1852).

2Abogado de origen judío, fue miembro desde 1845 de la Liga de los Justos (primera organización marxista, creada por el propio Karl Marx) y encarcelado por su participación en la revolución de 1848. Fue favorable al dominio de la producción nacional por parte del estado. Llegó a defender a Bismarck en su propuesta de unificación en su obra La guerra italiana y la misión de Prusia (1859).

3Fue diputado en la asamblea de la confederación del norte. En 1869 participará en la fundación del partido socialdemócrata alemán y miembro del parlamento (reichtag). Durante el II Reich siempre se opuso a la política imperialista de Bismarck.

4Filósofo y teólogo, participó junto a August Bebel en la fundación del partido socialdemócrata alemán y fue, como consecuencia, miembro del parlamento. Fue editor de un semanario denominado “Semanario Democrático” (Demokratisches Wochenblatt).

5Literalmente significa “defensa de la patria”.Estas tropas eran pequeñas milicias nacionales que tras las guerras de liberación significaban el contrapeso burgués al ejército regular.

6Esta organización se fundó bajo la unión de los liberales y los demócratas moderados. Se disolvería en 1867. Apostaba por la creación de un nuevo estado alemán unido bajo el liderazgo de Prusia, de hecho, en algunos de sus manifiestos se aprecia que estaban dispuestos a tolerar una dictadura temporal prusiana si era necesario para dicha unificación. El ala democrática más izquierdista pretendió crear un nuevo partido denominado Partido Nacional Progresista (Nationalen Fortschrittspartei), pero fracasaron. Los miembros más destacados de esta organización eran Rudolf von Bennigsen (1824-1902), Hermann Schulze-Delitzsch (1808-1883), August Ludwig von Rochau (1810-1873)y Feodor Streit (1820-1904). La mayor parte de sus socios residían en el norte de Alemania, en el sur contaba con pocos seguidores, como los estados de Hesse-Dramstadt o Baden.

7Este conflicto enfrentó a Rusia con la alianza formada por Inglaterra, Francia, el Imperio Otomano y el reino de Piamonte desde el año 1853 al año 1856. Rusia, garante de los derechos de los cristianos ortodoxos en el Imperio Otomano, y Francia, garante de los derechos de los católicos, se vieron enfrentadas. Las peticiones de ambos colectivos fueron un problema en el momento que el Sultán se inclinó a favor de una de ellas, las católicas. Los intentos por parte de Rusia de modificar un tratado por el cual estarían capacitados a intervenir en caso de considerar que se estaban violando los derechos de los ortodoxos llamó la atención de Francia, que no tardó en enviar un embajador que instó al Sultán a rechazar dicho acuerdo. El siguiente movimiento ruso fue enviar tropas a Moldavia y Valaquia. Gesto que iniciaría el conflicto bélico.

Sin embargo, las motivaciones reales fueron geoestratégicas (significaba el paso hacia el mar Mediterráneo para Rusia) y, por lo tanto, económicas.

8Las Guerras de Silesia se iniciaron en 1740 por la Guerra de Sucesión Austriaca y finalizaría con la Guerra de los Siete Años. En ella se enfrentaron las dinastías de Hohenzollern (Prusia) y Habsburgo (Austria) por el dominio de la región de Silesia. Prusia obtuvo la victoria y se anexionó este territorio por medio del Tratado de Hubertusburg.

9Esta alianza tuvo lugar en el contexto de la unificación italiana. El Reino de Piamonte codiciaba ciertas regiones que se encontraban bajo dominio autriaco, como Venecia o el Tirol. La alianza con Prusia le otorgó a Italia la posibilidad, en caso de vencer a Austria, de recuperar esos territorios. Por su parte, Prusia, con vistas a la guerra que se avecinaba contra Austria, consiguió mediante la alianza abrirle un frente nuevo a los austriacos. Finalmente, tras la derrota de los austriacos, Italia incorporó a su dominio sólo Venecia.

10Se denomina así a la nobleza terrateniente del siglo XIX de la vieja Prusia y del Este de Alemania. Surgieron de la baja nobleza medieval, en la cual sólo heredaba el primogénito, mientras que los demás eran enviados al ejército o la iglesia (en caso de ser mujer, se buscaba un marido adecuado que ciudara de ella), algo que permitió juntarse con territorios muy extensos a unos pocos individuos. El propio Otto von Bismarck pertenecía a la élite junker.

11La unificación comenzó tras la derrota de Austria en la batalla de Sadowa. Los primeros estados unificados fueron los del norte de Alemania. Prusia invitó a diecinueve estados del norte a formar una nueva confederación debido a que la vieja Confederación Germánica ya estaba prácticamente acabada. Los estados de Sajonia-Meiningen y Reuss rechazaron la invitación. En Agosto de 1866, lo restantes diecisiete estados crearon la Confederación de Alemania del Norte. La naturaleza de esta alianza era militar, tanto defensiva como ofensiva; a su vez, se dieron un Parlamento común, elegido por sufragio universal masculino, y una Constitución; además acordaron poner las tropas bajo dominio del rey de Prusia.

12El Tratado de Frankfurt ratificó el Tratado de Versalles firmado el 26 de Febrero de 1871. En él se reconfiguró la frontera entre Francia y Alemania con la pérdida de las regiones de Alsacia y Lorena para Francia (así como una parte de los Vosgos). Además se trataron otras cuestiones como el reconocimiento de Guillermo I como emperador de Alemania, el pago de una indemnización por parte de Francia (cinco mil millones de francos), la retirada de las tropas alemanas de ciertas zonas…

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