La expulsión de los jesuitas

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En la crisis de 1766 se expulsó a los jesuitas del reino de España. La búsqueda de culpables por los motines acontecidos en los meses de Marzo y Abril se saldó con la expulsión de este colectivo.

En cuanto a las causas que generaron dichos motines son motivo de discusión. La “versión oficial” fueron las conclusiones del fiscal Campomanes, que venía a afirmar que los motines fueron una maniobra de los jesuitas para abordar el proceso reformista del momento. La tesis de Eguía Ruiz pretende liberar de culpa a este colectivo. No obstante, hay quien pone el protagonismo en el motín en sí, que provocó una reacción en cadena. Autores como Navarro Latorre defienden que los motines fueron espontáneos y populares; y autores como Rodríguez Casado defienden exactamente lo contrario, que se trataba de un plan concertado. Otros como Rafael Olaechea o Teófanes Egido proponen que fue la actitud antigubernamental de la oposición (ciertos sectores de la aristocracia y el clero). Un historiador alemán, Von Pastor, afirma que en el motín de Esquilache sólo tomo parte el pueblo llano, alejándose así de cualquier tipo de “teoría de la conspiración”.

Sin embargo, al margen de las causas debatidas sobre el motín de Esquilache, podemos establecer un contexto específico. Debemos tener en cuenta la extrema pobreza que sufría el pueblo español, que aunque no se manifestaba igual en todas las provincias, fue un factor importante. Las tierras pertenecían en su mayoría al rey, grandes señores y el clero secular. Además, existían ciertos impuestos sobre el consumo, conocidos como alcabalas.

A comienzos de Julio ya se decía que no se podía dudar que la revuelta del bajo pueblo había sido preparada por “personas de alguna distinción”. Tenemos escritos en los que ya se menciona cierta relación entre los jesuitas y el marqués de Ensenada, otorgando  connotaciones políticas a los religiosos. Se llega a decir lo siguiente en la correspondencia entre Ossun y Choiseul:

“Carlos III me ha hecho saber, a este respecto, las investigaciones más exactas y seguidas.Pero, hasta el presente, no han tenido todo el éxito deseable. No obstante, he comprendido que había algunos indicios que naturalmente deberán conducir al conocimiento de los culpables” [...] Es cierto, señor, que el marqués de la Ensenada no está entre ellos. Es todo lo que de positivo he podido descubrir hasta el presente sobre lo que le concierne. Pero no descuidaré nada para poder daros las aclaraciones que el rey desea de esta respuesta [...] Su casa (la de Ensenada) siempre estaba llena de sacerdotes, frailes y jesuitas [...] El confesor del rey le mira como el mayor amigo de los jesuitas”.

“Habría sido muy deseable que el rey de España hubiera querido entrar en su capital [...] Habría encontrado un pueblo sumiso, si bien no se puede decir lo mismo de los sacerdotes, y sobretodo, de los frailes”. Llama la atención que la culpabilidad no tardó en asociarse a este sector religioso, y además se asoció con el marqués de la Ensenada. No se los nombra directamente, pero alertan de un sector de la Iglesia que son sumisos al monarca. De hecho, la amistad entre Ensenada y los jesuitas terminaría convirtiéndolo en una víctima más de la expulsión.

 

Pasemos a analizar quiénes eran los jesuitas y qué defendían: La Compañía de Jesús estuvo marcada por una constante oposición a su labor, especialmente en los países católicos. Esto se debía a su fidelidad al Pontificado y su apoyo a las reformas eclesiásticas. No tardaron, por tanto, en ganarse la enemistad de los gobernantes y amplios sectores del clero. Por otro lado, en Portugal fueron expulsados en 1750 por el marqués de Pombal y en Francia en 1764 se suprimió la compañía, algo que serviría de ejemplo y contexto para la monarquía española. Su fidelidad al Vaticano sería la causa por la cual sufrieron un claro acoso internacional. Los jesuitas obstaculizaban con frecuencia reformas llevas a cabo por los gobernantes. Además, ideológicamente eran contrarios al absolutismo. También se les acusaba de ejercer un papel hegemónico en la educación de las clases privilegiadas y defender el laxismo moral en sus colegios y universidades. Sin embargo contaban con el apoyo de ciertos estamentos privilegiados (nobleza) y sectores populares.

El fiscal del consejo de Castilla, Campomanes recibió la orden de elaborar un dictamen sobre las causas del motín de Esquilache en el que se culparía a los jesuitas de instigarlo. Carlos III, por lo tanto, ordenó la elaboración de una pesquisa secreta y descubrir quiénes fueron los culpables. El 8 de Junio se creó un consejo extraordinario para dicho fin, presidido por el conde de Aranda. No es de extrañar que los miembros de este consejo se caracterizaban por su poca simpatía a la Compañía de Jesús. Las conclusiones de la pesquisa fueron recogidas en el dictamen fiscal, elaborado y firmado por Campomanes el 31 de Diciembre de 1766. En el documento se expresaba la conveniencia de la expulsión de España de la Compañía de Jesús. Como consecuencia de ello, Carlos III firmaría en el Palacio del Prado el “Real Decreto de execución”, el 27 de Febrero de 1767 diciendo:

“He venido en mandar se extrañen de todos mis dominios de España, Indias, Islas Filipinas y demás adyacentes a los religiosos de la Compañía, así Sacerdotes como Coadjuntores que hayan hecho la primera profesión y a los novicios que quisieren seguirlos”. Además apunta: “Se les tratará en la execución con la mayor decencia, atención, humanidad y asistencia”.

En el Real Decreto no se nombran las causas de la expulsión, en palabras del rey, lo único que se dice es: “estimulado de gravísimas causas, relativas a la obligación de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia a mis pueblos”. Básicamente se les responsabiliza del motín de Esquilache.

Volviendo a las causas expuestas por los acusadores en España se argumentaba lo siguinte sobre los jesuitas:

- Se trataba de una organización despótica, incompatible con la monarquía española

- Servía a la curia romana. Defendían la autoridad del Papa sobre el poder real, y esto amenaza directamente el absolutismo.

- Eran una compañía rica y poderosa, especialmente en América y Filipinas. Suscitó ciertas envidias.

- Sus teorías morales y teológicas se oponían al sistema establecido y lo ponían en riesgo.

- Tenían relaciones con potencias extranjeras, especialmente con Inglaterra. Además buscaban atraer nuevas voluntades hacia sus fines (le otorgan tintes masónicos).

- Se dice que era una organización astuta y disciplinada que “arrastraba” individuos a cumplir los intereses de la Compañía.

- Por último, su expulsión de Francia y Portugal era una prueba de la amenaza que suponían.

 

Aunque los jesuitas eran conscientes del acoso que sufrían, no lo eran de su inminente expulsión hasta el momento de la aplicación del decreto. Parece ser que no hubo filtraciones de la pesquisa ni s tuvo ninguna noticia previa. Posteriormente, la Pragmática Sanción firmada el 2 de Abril de 1767 incidía en la determinación real de la expulsión de los jesuitas manifestando la confianza que tenía el rey en el resto de órdenes religiosas, declarando la ocupacion de sus temporalidades que incluían bienes, efectos y rentas, concediéndoles una pensión vitalicia y prohibiéndoles de por vida su vuelta al reino. Lo cierto es que a su expulsión les acompañó un gran silencio.

Un estudio realizado por Magnus Mörner nos expone las “causas reales” de dicha expulsión, entre las que encontramos:

- El impacto producido por las expulsiones de Francia y Portugal.

- Odium theologicum que provocaron ciertas doctrinas de teólogos jesuitas, sobretodo el probabilismo (consiste, muy simplificado, en que es justificado realizar una acción que vaya en contra del consenso social o lo comunmente aceptado si sus resultados posteriores son buenos). Además también discrepaban de la tolerancia que manifestaban los misioneros jesuitas en Oriente hacia los ritos malabáricos y chinos.

- La prosperidad económica de la Compañía de Jesús, tanto en Europa como en territorios ultramarinos, los enfrentó con los intereses del clero y la nobleza.

- Unos levantamientos indígenas producidos en las colonias americanas que se piensa pudieron ser instigados por los jesuitas, que incluso se llegó a cuestionar su supuesta intención de formar un estado propio jesuita en Sudamérica. Estos rumores desgastaron notablemente la imagen de los jesuitas, haciendo especial mella en España.

- Su fidelidad al Papa y consideración de la imposición de la autoridad del mismo sobre el monarca. Simplemente tienen una ideología que amenaza directamente la autoridad real, queriendo someterla a la autoridad papal. Esto se traducía en el plano económico también, pues por ejemplo la cesión de diezmos que el Papa hacía al rey en América no estaban bien vistas por los eclesiásticos, y la buena posición económica de los jesuitas les llevó a oponerse con más energía.

 

En conclusión, Magnus Mörner opina que su expulsión fue una maniobra de la corona para fortalecerse y extender su control sobre la Iglesia ultramarina y vigilar y controlar mejor la sociedad hispanoamericana, además de fortalecer su posición en la península.

 

BIBLIOGRAFÍA:

- BURGOA, J. J. “La expulsión de los jesuitas, el año 1767 desde el arsenal de Ferrol”.

- FERRER BENIMELI, J. A. “De la expulsión de los jesuitas a la extinción de la Compañía de Jesús”.

- MÖRNER, M. “Los motivos de la expulsión de los jesuitas del Imperio Español”.

 

 

 

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