La Guerra del Peloponeso

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La tensión entre Esparta y Atenas no hizo más que aumentar durante la segunda mitad del siglo V a.C. Terminaría por materializarse en guerra en el 431 a.C. La causa real fue el temor, por parte de Esparta, a la expansión ateniense.

Si nos paramos a analizar las causas más directas del estallido de la guerra según las fuentes podemos determinar tres:

  • En primer lugar, la guerra entre Córcira y Corinto. Corinto intervino en un conflicto interno dentro de Epidamno (colonia de Corinto), enviando una guarnición que apoyara a los demócratas. Sin embargo, los oligarcas de Epidamno pidieron ayuda a Córcira, la cual terminaría por enfrentarse directamente con Corinto. Sería esta última la polis que resultaría vencedora.
  • En segundo lugar, deberíamos hablar de lo que se conoce como la “Defección de Potidea”. Potidea era una cudad Calcídica, y pertenecía a la Liga de Delos, fundada por Atenas tras las Guerras Médicas. Lo cierto es que se encontraba dentro de la metrópoli de Corinto. Esta polis periódicamente enviaba los conocidos como epidemiurgos que “vigilaban” Potidea. Este sistema se mantuvo hasta que Atenas pidió que no los recibieran. A pesar de pertenecer a la confederación de Delos, Potidea fue una región apoyada por la Liga del Peloponeso. Ante esta situación, Potidea anunció su retirada de la confederación ateniense en el 432 a.C. y acogió al cuerpo expedicionario de Corinto y Esparta (enviado por un posible conflicto con Atenas). La respuesta de Atenas fue concisa, envió otro contingente a Potidea. Finalmente atacaría Potidea sin llegar a tomar la ciudad.
  • Finalmente, Atenas ya consideraba que la guerra contra Esparta era inminente. Su siguiente paso fue que Mégara se integrara en su Liga. Si lo conseguía, Esparta quedaría aislada, es decir, que el valor estratégico de Mégara era que sería un estado-tapón en caso de integrarse en la Lida de Delos. Para conseguir presionarla, lo que Atenas hizo fue bloquearla económicamente; De esta forma, no pudo comerciar con ningún miembro de la Liga ateniense. Ante esta situación, Mégara solicitó ayuda a la Liga del Peloponeso.
  • Fue entonces cuando Esparta se planteó ir a la guerra contra Atenas. El diarca espartano, Arquidamo, en un inicio se mostró prudente. Fue un éforo quien incitó a la guerra, algo que la mentalidad espartana no podía rechazar. Arquidamo, finalmente tuvo que decidirse por ir a la guerra.

El primer encuentro militar entre las dos Ligas sería en Platea. Para asegurar la frontera, Atenas decidió atacar Platea. A pesar que los residentes de Platea huyeron en un principio, finalmente consiguieron reponerse y vencer la batalla.

La idea que esbozaron los espartanos sobre cómo llevar la guerra era la siguiente: Arquidamo pretendió desde un principio invadir el Ática, quemar todos los campos de cultivo y forzar que la guerra se decidiera en una única batalla; Es lo que conocemos como “guerra arquidámica”. Por otro lado, Pericles en Atenas pretendió una guerra diferente: Al ser consciente de la superioridad naval ateniense, pretendió una guerra de desgaste. Atenas se atrincheraría, ya que tenía asegurada la ruta del trigo, fortalecida con su flota, y a su vez, una muralla tanto en Atenas como en Pireo y su puerto. Esta situación aseguraba el abastecimiento y podían permitirse dicha guerra de desgaste. La idea, pues, sería realizar periódicas incursiones navales en territorio peloponesio. Esto no sería, ni mucho menos, decisivo, pero sí que desmoralizaría al enemigo. Lo cierto es que este atrincheramiento terminaría por provocar la peste, en la que el propio Pericles fallecería.

El siguiente paso de Atenas sería buscar la alianza con Sicilia. La fuerza naval ateniense era de las más importantes de toda Grecia; Si conseguía la alianza con Sicilia, su flota sería prácticamente invencible. Lo cierto es que Sicilia se negó a esta alianza.

Por otro lado, otro acontecimiento a destacar sería el de Lesbos. Esta isla, perteneciente a la Liga de Delos, aportaba una gran cantidad de trirremes, por lo que era considerablemente importante para Atenas. Su revuelta fue un duro golpe. Atenas acudió inmediatamente a restablecer el sistema anterior. La verdad es que los propios habitantes de Lesbos les abrieron las puertas a los atenienses y fue relativamente fácil sofocar la revuelta. Sin embargo, un sector de los magistrados atenienses quería dar un castigo ejemplar, por lo que dieron órdenes de ejecutar a prácticamente todos los habitantes de Lesbos. Esta orden fue mandada en barco, no obstante, el arrepentimiento posterior de los magistrados llegaría in extremis, según las fuentes, evitando la matanza. Lesbos en un principio pidió ayuda a Esparta, pero esta fue lenta y permitió que Atenas interviniera en el conflicto.

La fuerza naval espartana quedaría en evidencia tras los sucesivos desastres en las batallas navales contra Formión, estratego ateniense. En el 429 a.C. los espartanos mandaron un contingente de trirremes al golfo de Corinto, los cuales se enfrentaron a Formión dando lugar a una estrepitosa derrota. Los planes de invasión de Esparta se desvanecieron. No obstante, derrotar a esta flota naval ateniense se convirtió en el primer objetivo espartano, por lo que no tardaron en mandar otro contingente, esta vez más numeroso. Este segundo intento también fracasó. Durante la batalla, los espartanos persiguieron a un trirreme ateniense, el cual aprovechó la presencia de un buque mercante para dar la vuelta, utilizando el buque como “muro”, y conseguir embestir a algunos de los trirremes espartanos. Finalmente consiguió ganar tiempo hasta la llegada de más aliados atenienses y vencieron a los espartanos. Este desastre fue suficiente para que los espartanos comprendieran su inferioridad naval con respecto a los atenienses. De hecho, el general espartano responsable de esto se suicidó. Sería entonces cuando tendría lugar el ascenso al trono del diarca Agis, quien no cesaría en buscar el ansiado enfrentamiento decisivo, por tierra, contra Atenas.

En el 425 a.C. tendría lugar el que conocemos como “Asunto de Pilos”. Atenas pretendió, de nuevo, la alianza con Sicilia. Durante el camino, pararon en la isla de Pilos, en territorio peloponesio. Lo cierto es que su toma supuso un duro golpe para los espartanos, hasta tal punto que el rey Agis decidió abandonar el Ática para volver su territorio y terminar con esta situación. Para Esparta era un duro golpe considerar que Atenas había tomado una isla en territorio peloponesio. En un principio, un contingente naval espartano consiguió llevar unos pocos hoplitas a la isla. Mientras tanto, Demóstenes, por parte de Atenas, sería el encargado de defender la isla de los ataques espartanos. Este pequeño contingente hoplítico espartano estaba prácticamente aislado. Hasta el punto que el abastecerles era un verdadero problema, incluso se incitaba a los ilotas a que fueran a nado y les llevaran víveres bajo recompensa. La desesperación espartana quedó reflejada en el general Brásidas, quien optaría por empotrar su trirreme contra la empalizada ateniense para intentar acabar con la toma. Salió muy mal parado, pero sobrevivió. Se pretendió la paz, pero el orgullo espartano la dificultó considerablemente. Esta situación llegaría a un punto muerto. En Atenas, se responsabilizó a Cleón del fracaso de las negociaciones con los espartanos, y este, a su vez, culpó a los estrategos, y cayendo en su propia retórica, fue retado a solucionar él el problema, por lo que tuvo que marchar a Pilos. Su misión sería acabar con los hoplitas asentados. Cleón pidió ayuda a Demóstenes, y consiguieron acabar con los hoplitas (400) de una forma peculiar: Los hoplitas se atrincheraron para no poder ser atacados por la espalda, hasta que los atenienses escalaron el acantilado y los consiguieron coger por la espalda. Sobrevivieron 292 hoplitas, los cuales pidieron a Esparta qué debían hacer, y les contestaron que se lo dejaban a ellos. Por lo que se rindieron. Esta rendición fue un duro golpe para la moral espartana, acostumbrados a actos más épicos por parte de sus generales (Leónidas, por ejemplo, o Brásidas). Con esta victoria ateniense, Atenas consiguió Pilos. El desarrollo de los acontecimientos llevó a diez años de numerosas escaramuzas entre la Liga Délica y la Liga del Peloponeso. Atenas tomaría Cítera, otra isla peloponesia; Atenas también atacó Mégara de nuevo, acto contestado por Esparta mandando a Brásidas; Esparta tomaría Anfípolis… Estos diez años de escaramuzas terminarían con la conocida como Paz de Nicias.

Argos era un estado independiente en el Peloponeso, enemigo acérrimo de Esparta, por lo que en este conflicto era proateniense. Se creó una alianza entre Atenas, Argos, Mantinea y Arcadia que pretendieron tomar la ciudad de Tegea. Esparta, a su vez, aliados con un pequeño contingente de la propia ciudad de Tegea, se enfrentaría a esta alianza en la batalla de Mantinea. El resultado de la batalla fue la victoria espartana. Como consecuencia, muchos aliados volvieron a la Liga del Peloponeso, ya que recuperó el control sobre esta región. El resultado de la batalla de Mantinea sería la Paz de Nicias.

La guerra quedaría muy marcada tras lo ocurrido en Sicilia. En esta isla, un aliado de Atenas, Segesta, entró en conflictos con Seliunte. Atenas mandó una expedición bajo el mando de Alcibiades, en un principio; Pero que lo quisieran enjuiciar por delitos religiosos hizo que huyera a Esparta. Sería este curioso acontecimiento el que llevaría al nombramiento de Nicias como líder de la expedición. Cuando los atenienses llegaron a Sicilia varias ciudades de la zona se unieron a la causa. Lo cierto es que en un principio decidieron posponer el ataque. Durante este “tiempo muerto” Seliunte optó por pedir ayuda a Esparta, ante el inminente ataque que recibiría por parte de Atenas. La respuesta de Esparta fue rápida: Mandaron al general Gilipo, quien se encargaría de liderar la resistencia peloponesia de Seliunte. Este general reunió un ejército formado por diferentes contingentes de Sicilia. El primer enfrentamiento entre Gilipo y Nicias se decantó por parte del primero. Esta situación impulsó a Nicias a pedir refuerzos a Atenas para intentar proseguir el conflicto. Atenas respondió a la solicitud mandando a Demóstenes, quien había protagonizado el asunto de Pilos. Gilipo volvería a vencer el enfrentamiento contra Demóstenes y Nicias, hecho que llevó a la decisión de abandonar Sicilia. Sin embargo, según nos relatan las fuentes, la noche que decidieron marcharse hubo un eclipse lunar, algo que interpretaron como un mal augurio, por lo que decidieron quedarse. Irónicamente, fue esta la decisión que terminaría con los últimos contingentes atenienses. La grave derrota ateniense fue determinante a la hora de decidir el vencedor de la Guerra del Peloponeso.

Tras este importante acontecimiento, el ejército peloponesio decidió invadir el Ática, bajo el mando del diarca Agis. Los espartanos establecieron una guarnición en Decelia que hostigaría periódicamente la ciudad de Atenas. En estos momentos Atenas estaba débil, y esta situación fue aprovechada por Esparta. De hecho, muchos miembros de la Liga Délica intentaron separarse de ella (no debemos olvidar que el comportamiento de Atenas con la Liga Délica era prácticamente imperialista, exigiendo numerosos tributos y contingentes militares, algo que agotaba moral y económicamente a cualquier polis). El siguiente movimiento por parte de Esparta determinaría el curso de la guerra; los peloponesios decidieron pedir ayuda económica a Persia, para que financiara una flota naval poderosa que permitiera la derrota definitiva de Atenas. Atenas era una polis prácticamente acabada, pero lo cierto es que mientras mantuviera su flota militar, sería una amenaza, pues por mar no tenían rival. Por otro lado, Atenas estaba completamente dividida políticamente. Los oligárquicos habían tomado el poder (un grupo conocido como el de los 400). Intentaron la paz, pero no fructificó, ya que la propia flota se negó a aceptar las directrices de la polis.

Por el lado de Persia, sería Ciro el joven quien apoyaría a los espartanos. Las pretensiones de poder dentro del estado persa de Ciro lo llevarían a ayudar y tener gran afinidad con los espartanos. La buena relación que tendrá con Lisandro, general espartano, decantaría la guerra del lado de los peloponesios. Los persas financiaron la flota espartana, es decir, que su apoyo fue prácticamente económico. La primera batalla naval la ganaría Atenas, es la conocida como batalla de Arginusas. El ejército espartano fue dirigido por un delegado de Lisandro, Calicrátidas. Sin embargo, la batalla naval final la ganarían los espartanos, esta vez al mando de Lisandro. La batalla de Egospótamos significó la derrota definitiva de Atenas en la Guerra del Peloponeso, dando lugar a un periodo de hegemonía espartana. En el continente, Atenas cayó bajo dominio espartano, los cuales procedieron a derribar todas las murallas levantadas en Atenas y el Pireo. Para conseguir que esta polis mantuviera la fidelidad a los lacedemonios establecieron la conocida como oligarquía de los treinta tiranos.

BIBLIOGRAFÍA:

-       Reboreda Morillo, S. “La grecia clásica”.

-       Herodoto. “Historia”.

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