La incorporación de Portugal

Comparte historia...Tweet about this on TwitterShare on Facebook

Entre 1519 Y 1544, Carlos V mantuvo una disputa con Francisco I de Francia por la hegemonía europea, la legitimidad sobre el ducado de Borgoña  y el titulo Imperial que concedía ciertos derechos sobre Italia. La recuperación del ducado de Borgoña para los Habsburgo y la exclusión de Francia de la política italiana, requería el inicio de conflictos y la conquista del título Imperial.

Una vez elegido Carlos V como Emperador (1519); los franceses, rodeados por las posesiones de los Habsburgo, intentaron abrirse camino hacia el Mediterráneo mediante la conquista de parte del territorio italiano. Francisco  en 1521 conquista el ducado de Milán, un feudo del Imperio perdido por  su padre Luis XII en 1512. De esta manera se inician una serie de conflictos, treguas y tratados entre Francia y el Imperio hasta 1544, teniendo como escenario principal el norte de Italia.

La corona de Portugal gozaba ya de buenas relaciones con los Reyes Católicos. El Emperador Carlos V estaba casado con Isabel de Portugal; la hermana de Carlos, Catalina, estaba casada con Juan III de Portugal. Estos enlaces se hicieron en busca de una mayor seguridad política.

Carlos inmerso en su proyecto de aislar a Francia,  continúa la política matrimonial con Portugal, casa a sus hijos con príncipes portugueses. María de Portugal casa con Felipe II, pero dos años después fallece tras da a luz al príncipe Carlos. Por otra parte, el infante Juan Manuel  casa con la hermana de Felipe,  Juana de Castilla, y muere dos años después. De esta última unión nacerá un hijo póstumo, Sebastián I, conocido con el apodo de “el Deseado” y que reinará tras la muerte de su abuelo Juan III y regencia de su abuela y de su tío.

La situación económica portuguesa era preocupante, se debía gran cantidad de dinero y las rutas comerciales del Índico ya no reportaban tantos beneficios, en contra posición, el atlántico empezó a adquirir mayor peso económico. Las disputas y diferencias entre los dos regentes, los cuales pidieron ayuda a Felipe II, favoreció que el rey de España se convirtiera en árbitro y gozará del derecho a intervenir.

Sebastián I cumple los 14 años y asume el poder, tiene un comportamiento inestable. Pese a la difícil situación económica y el proyecto de dominación del Norte de África, esbozado años antes para imponer la ruta Atlántica sobre la Indica, Sebastián tiene un proyecto suicida y poco realista: la cruzada contra el Estado de Fez.  Sebastián pide ayuda a Felipe para su proyecto, pero Felipe desconfió bastante de sus posibilidades de victoria. Finalmente Sebastián será derrotado y asesinado en la batalla de Alcazarquivir el 4 de agosto de 1578.

La aniquilación del ejército portugués tuvo como consecuencias una grave crisis en Portugal de hombres y dinero. Además, la mayoría de los nobles estaban muertos, cautivos o desparecidos. El cardenal Henrique, tío abuelo del rey, sucede a Sebastián como Enrique I de Portugal, pero su condición de eclesiástico  dicta la ausencia de descendencia alguna, además su mala salud y longevidad hacían que no se esperase la continuación de la dinastía Avís por mucho más tiempo. Felipe II, que contaba con la fuerza y  el derecho hereditario a la corona portuguesa al ser hijo de Isabel de Portugal, rápidamente envió una delegación a Lisboa y uso distintas artimañas para asegurarse el trono portugués. Pero  Felipe tenía dos rivales: Don Antonio, prior de Crato y Catalina duquesa de Braganza.

Enrique I reunió a las Cortes en Almeirim el 11 de enero de 1580 para aconsejarse y poder elegir a algún sucesor. Finalmente, falleció antes de poder elegir a algún candidato. En este momento, Felipe manda a Cristóbal de Moura, un portugués de confianza del rey, a negociar con la oligarquía urbana y con la nobleza, consiguiendo grandes ventajas políticas y una victoria casi hecha. La disputa entre la duquesa de Braganza y el prior de Crato, favoreció la situación de Felipe que consiguió que los duques de Braganza retiraran sus pretensiones al trono.

En junio de 1580, el prior se proclamo rey. Sus posibilidades de imponerse a Felipe eran pocas y sus recursos personales escasos. El 13 de junio de 1580, casi una semana antes de que don Antonio se proclamara rey, el ejercito de Felipe, dirigido por Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba, inició su marcha. Las ciudades del camino real de Badajoz a Lisboa cayeron rápidamente. El prior dirige un ejército para intentar inmovilizar a las tropas españolas en el puente de Alcántara donde será derrotado el 25 de agosto. Tras esto, el ejército de Don Antonio se dispersa y el prior huye hacia Oporto esperando crear un centro de resistencia, pero es disuadido por las tropas de Sancho de Ávila, un veterano de las guerras de Flandes. Finalmente, Don Antonio no puedo crear ninguna zona de resistencia ni en el Viejo ni en el Nuevo Mundo (Brasil).

Sin embargo, la resistencia a la entronización de Felipe continuó en las Azores, donde los partidarios de Don Antonio consiguieron dominar varias islas gracias a la ayuda francesa. España intentó conquistar la isla de Terceira en 1581, pero fracasó. En 1582, una flota española comandada por Álvaro de Bazán, entablo batalla en las costas portuguesas con una escuadra francesa a la que derroto entre el  en la llamada batalla de Vila-Franca do Campo, esta batalla supuso un punto de inflexión en la posterior toma de todas las islas a favor de España el 24 de julio de 1583, esto supuso la eliminación de toda oposición hacia Felipe como rey portugués.

La masa popular y las capas bajas del clero secular rechazaban el dominio español, pero carecían de una figura dirigente y hubiera sido necesario arma al país con la financiación de una nobleza, rescatada en parte por España tras el desastre de Marruecos, y de unos comerciantes, interesados en el comercio colonial que buscaban apoyo en España.

Gracias a las victorias de sus ejércitos y división entre sus enemigos, Felipe II se impuso como candidato a la corona portuguesa y el 12 de abril de 1581 fue presentado a la nación portuguesa en las Cortes de Tomar. Aquí Felipe jura respetar las costumbres, leyes y estatutos, además de no despreocuparse de Portugal y nombrar a portugueses para los cargos de beneficio y honor. También prometió que los impuestos se destinaran en favor portugués y no castellano y ciertas concesiones comerciales y defensa naval que se verá frustrada a partir de 1630 con el espectacular crecimiento de la marina holandesa.

Los portugueses dejaron constancia que en ausencia del rey, deseaban ser gobernados por un príncipe de sangre real, pensando en el infante Diego, pero cuando Felipe abandonó Lisboa en 1583, nombro a su sobrino el cardenal archiduque Alberto de Austria.

El inicio de las hostilidades contra los ingleses en 1585 y la guerra contra los rebeldes holandeses, obligó a destinar tropas en ciudades estratégicas portuguesas. Los gastos generados de la protección de la costa y mantenimiento de la flota para defender las rutas mercantes de piratas,  supuso la imposición de un impuesto especial decretado por el Archiduque en 1591. En 1593, el archiduque fue retirado de su cargo y Portugal fue regido por una comisión de notables portugueses. De este modo, la aristocracia gobernante, fiel a Felipe, se veía recompensada y Portugal gozaba de un gobierno de portugueses. En 1599 se puso fin al experimento y Cristóbal Moura, marqués de Castel Rodrigo y antiguo paje fiel a Felipe, volvía a su Portugal natal en calidad de virrey.

Felipe hizo lo posible para respetar las costumbres y derechos de sus súbditos portugueses, pese a esto, Portugal posteriormente no saldría muy beneficiada de esta unión que la supuso entrar en conflicto con Inglaterra y Holanda, lo que afecto enormemente a sus intereses comerciales. Pese al esfuerzo de los Habsburgo, las posesiones portuguesas de Oriente y el Atlántico fueron  constantemente saqueadas. A partir de 1630, medidas impopulares como la aplicación de ciertos impuestos y prohibiciones de contrabando en el rio de la Plata, supusieron medidas impopulares que permitieron a la casa Braganza encabezar desde la clandestinidad una oposición al dominio español, con ayuda de nuevo de los franceses, particularmente del cardenal Richelleu.

Los aparentes beneficios de la unión de reinos, se tradujo en un mayor endeudamiento de la corona española que tenía ahora que defender un Imperio mas basto, por otro lado, los portugueses finalmente no saldrían tampoco beneficiados de esta unión, ya que la guerra con Holanda e Inglaterra provocará continuos saqueos de colonias y ataques a rutas marítimas por parte de piratas que la Armada apenas conseguirá impedir.

 

Bibliografía

·Lovett, A.W: La España de los primeros Habsburgo.

·Lynch, J. Los Austrias.

 

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>