La influencia del pensamiento de Rousseau en el siglo XVIII

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Índice:

1. Introducción

2. El pensamiento de Rousseau

2.1.  El progreso

2.2.  El origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres

2.3.  El contrato social

2.4.  La educación

2.5.  La religión de Rousseau

3. Conclusión

4. Bibliografía

 

 

 

1. Introducción

Las ideas de Rousseau criticaron el sistema cortesano y propiciaron la caída del Antiguo Régimen.En sus discursos presentados ante la Academia de Dijon afirmaba que el progreso de las ciencias y las artes no había contribuido a la mejora de la moral, sino al contrario, pues el hombre moderno (el cortesano) vivía fuera de sí y basaba su vida más en la opinión que en su propia naturaleza, escondido tras una máscara, tras un corsé civilizatorio que ahogaba en él aquella libertad originaria para la que parecía haber nacido.

Rousseau exaltaba la individualidad, la profundidad, la vitalidad, la virtud, la fe y la educación basadas en la experiencia de la cultura nacional y en el espíritu del pueblo, valores opuestos —y ya nítidamente prerrománticos— a una cultura de Corte clasicista de alcance internacional basada en el término medio, la gracia y la prudencia. De ahí que para Rousseau, el verdadero hombre fuera el hombre natural, una vez despojado de los adornos de la cultura. A partir de este punto, el pensamiento de Rousseau estuvo dominado por una antítesis fundamental entre la naturaleza original del hombre y la corrupción de la sociedad moderna. De ahí que para conocer el camino que llevó al hombre natural hasta el hombre civil sea preciso estudiar la historia, donde se comprueba que la sociedad política nació —conforme a su tesis— con la institución de la propiedad privada y el posterior desarrollo de un cuerpo legislativo destinado a la defensa de las desigualdades y privilegios adquiridos.

Había que investigar, por tanto, cuál era la mejor forma de organización política, tarea a la que se entregó en El contrato social, donde pretendía encontrar una forma de asociación que defendiese y protegiese la persona y los bienes de sus asociados. Por esta vía, se abrían las puertas de la soberanía nacional —basada en la unión de las voluntades individuales de los ciudadanos— que no tardaría en remplazar al monarca como sujeto político en numerosas naciones europeas tras la Revolución Francesa y las sucesivas revoluciones liberales que jalonaron el siglo xix.[1]

2. El pensamiento de Rousseau

2.1. El progreso

Rousseau, según Kant, habría iniciado una nueva época de pensamiento desconocida hasta entonces, pues, a pesar de no haberse presentado nunca como un investigador empírico, creó el concepto de “hombre natural”, no como un concepto ético o religioso, sino como un concepto físico e histórico.

En 1749, cuando Rousseau fue invitado por la Academia de Dijon para hablar acerca de Si el progreso de las ciencias y las artes ha contribuido a corromper o mejorar las costumbres, atacó a la Ilustración, pues defendió que el progreso de las artes y las ciencias no sólo no mejora la moral, sino que la corrompe, pues invierte los valores naturales en la sociedad y provoca la sustitución de la realidad por la apariencia.

El pesimismo de Rousseau es casi absoluto, pues califica el progreso de irreversible, “no podemos volver a los bosques con las bestias” dijo, por lo que es necesario encontrar una salida o salidas que puedan sostener la individualidad fuera del estado de naturaleza o describir una sociedad que evite lo que se atribuye a la civilización[2].

Según dice, el hombre moderno no le importa lo que es, sino lo que parece ser, encubriendo de esta manera su naturaleza original y alienándose de su propio ser, viviendo fuera de sí y basando su vida en la opinión de los demás, más que en la propia naturaleza. Las artes y las ciencias necesitan una atmósfera de lujo y de ocio, y por tanto surgen de vicios del alma. Y es que en la sociedad dominada por las artes y las ciencias, reina la desigualdad.

Rousseau también comenta que el lenguaje ha dejado de ser un medio válido de comunicación, pues ha quedado carente de sentido, y que, según su punto de vista, todo depende radicalmente de la política, pues “ningún pueblo será jamás otra cosa que lo que su gobierno quiera ser”. De este modo, Rousseau defiende que mientras que el gobierno y las leyes persiguen la seguridad y el bienestar, las letras y las ciencias maquillan y hacen amar la verdadera esclavitud sobre la que se sustentan los denominados pueblos civilizados[3].

Su crítica va referida al modelo político en el que vivía, que no era otro que el sistema de corte, basado en una faz de apariencias que ocultaba una falta de moralidad. De esta forma Rousseau unía el problema político y el moral.

Para Rousseau el hombre natural sería el verdadero hombre una vez despojado de los adornos de la cultura, sirviendo de norma ideal para juzgar las organizaciones de la vida humana, a sabiendas de que la sociedad era un hecho irreversible. Por tanto, lo que pretendía era hallar una organización política y social que potenciase la naturaleza humana, pero no como la imagen antropológica comúnmente aceptada por la Ilustración que correspondía con la del cortesano del siglo XVIII, objetivo de su crítica.

Rousseau descalifica el modelo cortesano, atrapado en un determinado estilo y preocupado tan sólo por la opinión pública y por agradar. Es decir, Rousseau critica los hombres que dan más importancia al “parecer” que al “ser”. Así mismo, enfrenta la virtud con la cultura. El hombre natural seguramente fue muy ignorante, pero no por ello tuvo que ser menos virtuoso. La corrupción vendría más tarde, sin embargo, en los “tiempos antiguos y la rusticidad de los antiguos pueblos”, como escribe en su Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres y otros escritos, “se percibe en muchos de ellos una muy gran virtud, sobretodo una severidad de costumbres que es una marca infalible de su pureza, buena fe, hospitalidad, justicia y –lo que es más importante- un gran horror por el libertinaje, madre fecunda de todos los vicios.”

Respecto a la ciencia, dice que ha degenerado, pues ha olvidado su verdadero propósito, la búsqueda de la verdad. El hombre ha olvidado su verdadero ser, se ha enajenado y alienado de sí mismo, y se ha convertido en esclavo sin pertenecer a ninguna sociedad esclavista, pues el hombre se adapta a la uniformidad social en la que vive.

Esta alienación hace que el hombre no disfrute de la felicidad y viva en constante ansiedad producto de su conflicto interno, que le hace recordar el pasado y ansíe el futuro, olvidando su auténtica dimensión temporal, el presente; el aquí y ahora, donde reside la única felicidad posible.

El pensamiento de Rousseau está dominado por una antítesis fundamental: entre la naturaleza original del hombre y la corrupción de la sociedad moderna[4]. Rousseau rechazaba la idea Kantiana de que el hombre estaba dirigido hacia un fin llevados a través de la razón; el fin de la vida política. Creía posible la existencia del hombre sin organización política, pero veía necesario estudiar la historia para saber el camino que había llevado al hombre natural hacia el hombre civil, para encontrar el momento en el que el derecho sustituyó la violencia y la naturaleza se sometió a la ley, que no es sino el sometimiento a la esclavitud, por parte del fuerte hacia el débil.

El hombre en estado de naturaleza es puramente instintivo, carente de atributos morales o intelectuales. Pero cuando surgió la dependencia del hombre con respecto a otros, pronto tuvo consecuencias psicológicas, pues apareció la desigualdad y con ella la conflictividad, y esto modificó su comportamiento mental y emocional al tomar conciencia de sí mismo y de los demás.[5]

2.2. El origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres

El momento clave en el cual la servidumbre sustituyó a la libertad se produjo cuando por primera vez en la Historia surgió la propiedad privada, y con ella la desigualdad que condujo al hombre a la ansiedad por conseguir bienes y a la inseguridad de no perderlos. Esta idea Rousseau supo reflejarla perfectamente en la contundente frase que dice: “el primero que, habiendo cercado un terreno, se le ocurrió decir: esto es mío, y encontró gentes lo bastantes simples para creerlo, ése fue el verdadero fundador de la sociedad civil”[6]. Por tanto, de esta frase también podemos deducir que la ley, la justicia, consiste en mantener los privilegios de quienes ocupan los puestos de poder.

En el estado natural, la existencia de los hombres se desarrollaría de manera aislada, por lo que la dominación del fuerte sobre el débil no se podría producir. ¿Por qué entonces los hombres decidieron juntarse? Rousseau afirma que para superar las dificultades mediante la asociación, y de esta forma, progresivamente, se produjo el aumento de las redes sociales y el avance del lenguaje.

El desarrollo del grupo social aceleró el crecimiento de la conciencia de sí y con ello el deseo de ser aceptados por el grupo, para lo que buscamos adquirir las cualidades y la apariencia aceptadas por los demás. Empezamos a ver a través de los ojos de los demás y ello nos lleva a negar o encubrir nuestros deseos reales[7].

Por tanto, el hombre social depende de lo externo, de lo que está fuera de sí, y así forma la moralidad, que es la capacidad de verse a través de los ojos de los demás, de la opinión ajena. Pero para Rousseau el hombre, tras establecer lazos con otros hombres, desarrollar el habla y la conciencia de obligación y de moralidad, aún no habría creado el estado. Él llama a esta etapa el “estado comuna”, en la cual empezaría a practicar la venganza y ha crear una contradicción dentro de sí mismo entre la piedad natural y el amor a sí mismo, donde la segunda siempre acabaría por vencer.

A pesar de todo, la sociedad política no sería producto del amor de sí, sino que habría sido creada a raíz de la creación artificial de la propiedad privada. Esta situación artificial explica la desigualdad y da pie a una guerra entre los que tienen y no tienen. De esta forma el hombre olvida sus auténticos deseos, que son para Rousseau lo real, y se preocupa en vivir para los demás, comparándose y dependiendo del resto, en lugar de reflexionar sobre sus auténticos deseos.

Rousseau no se limitó a criticar la organización política en la que vivía, sino que investigó acerca de cual sería la mejor en relación con la naturaleza del hombre. Así en 1762 escribió El contrato social, y en el mismo año, su obra Emilio, en la cual hablaba sobre la educación.

2.3. El contrato social

En esta obra Rousseau abordó el problema de cómo encontrar una forma de sociedad en la que la ley proteja a las personas y bienes de cada uno de los asociados, sin que, por el mero hecho de formar parte de dicha unidad colectiva, los individuos que la forman dejen de obedecerse a sí mismos y puedan seguir siendo tan libres como antes.

Rousseau era consciente de que para reformar la sociedad con el objetivo de encontrar la felicidad para toda la humanidad, todo dependía sustancialmente de la política, y se debían asegurar los “derechos de la humanidad”.

Rousseau creía que tan sólo Platón había visto dicho problema antes que él, y rompía con los teóricos de los siglos XVII y XVIII que defendían la teoría aristotélica según la cual el hombre sería un ser social por naturaleza. Para Rousseau el hombre en estado natural sólo tendría un único instinto: el de conservar su existencia[8].

Para Rousseau el individuo al entrar en sociedad pierde su “independencia natural” y cae en la esclavitud cuando ciertos individuos son llamados soberanos sobre el resto. Por tanto cree que la solución para solventar dicho problema debe hallarse en la ley, la cual proteja el “vínculo social” entre sujetos libres y activos, y no sea impuesta por el exterior, sino que sea constituida por cada uno de los individuos que forman la sociedad. De esta forma, nadie se pone en manos de otro, y cada individuo se entrega por completo a la comunidad en la que libremente ha elegido ser partícipe, conservando sus derechos y propiedades.

Ha este pacto Rousseau lo denomina contrato social, el cual impide que se produzca la causa del conflicto entre el individuo y el Estado, pues el individuo se ha comprometido ha aceptar la ley. El contrato social forma una persona artificial (Estado) que tiene una voluntad como una persona natural; lo que parece necesario o deseable a tal persona es deseado por ella y lo que es deseable por todo es la ley[9].

La aparición del contrato social es producto del temor a perder la propiedad. La sociedad civil se establece para mantener la paz, y para ello es necesario crear una moral capaz de definir los deberes del hombre, pues es necesario sustituir la ya extinta natural pasión de la piedad.

La sociedad civil exige una moral porque el carácter natural del hombre se ha corrompido. Esta moral es artificial, la debe crear el hombre. El hombre, libre por naturaleza, necesita un gobierno para organizar y regular la vida en común con los que se ha comprometido, sin embargo, al entrar en sociedad se corrompe al despertarse en él ciertas pasiones. El derecho natural ya no sirve para guiar dichas pasiones, por lo que necesitan un gobierno, pero a su vez impiden establecer un gobierno justo, pues producen progresivamente la desigualdad, y crean una ley, la cual, a pesar de favorecer a los ricos, debe ser cumplida.

Por tanto, los ricos dan una apariencia de legitimidad a su dominio, y la desigualdad se vuelve legal, contradiciendo por tanto el derecho natural. Rousseau explica esto diciendo que el hombre es un animal egoísta e independiente, que al entrar en sociedad exige una devoción al bien común. Esta contradicción hace que la sociedad civil no pueda, por tanto, fundamentarse en el derecho natural.

La naturaleza del hombre tan sólo se guía por el propio interés, y la libertad es el meollo de sus ser. Por tanto, el Estado genera un conflicto en cada uno de los individuos que forman la sociedad política al convertir su voluntad en ley, que es el producto de la voluntad general. Es decir la ley transforma la voluntad individual, la generaliza.

Rousseau considera que ha descubierto el auténtico principio de la moral: la libertad del hombre. La libertad convencional de la sociedad civil satisface el básico derecho natural del hombre: la libertad. Mientras que la sociedad está organizada de tal modo que las leyes puedan hacerse impersonalmente, nadie podrá hacer una reclamación contra ella con base en el derecho natural[10].

El hombre natural para Rousseau no sería violento como defendía Hobbes. Junto al amor de sí, que no hay que confundirlo con el amor propio del hombre social, habría que sumarle la “piedad natural”, que sería una suerte de moralidad primitiva basada en la repugnancia innata de ver sufrir a los semejantes.

La diferencia entre el hombre natural y el hombre civilizado sería que el primero actuaría tan sólo guiado por sus instintos, mientras que el segundo según unos principios, una moral que haga posible la vida en una sociedad justa. Por consiguiente, la sociedad coacciona al individuo para que ejerza su voluntad de la manera debida mediante la educación y el castigo, pero para Rousseau, la dignidad realmente humana surge en la elección consciente de la voluntad general sobre la voluntad personal[11].

Por lo tanto, el contrato social es el acuerdo de formar una sociedad civil y establece el instrumento de autoridad: el soberano, que es la única fuente de legitimidad y procede del pueblo. La soberanía es alienable; la voluntad general requiere consultas constantes; cada individuo debe votar por sí mismo[12].

Un pueblo, no es meramente un grupo de individuos que han hecho un contrato, incluso un contrato social; se trata de un grupo que ha realizado un contrato de un tipo especial que no sólo ha cambiado sus naturalezas y personalidades individuales, sino que ha creado, a partir de sus identidades naturales aisladas, una entidad colectiva –el soberano- capaz de englobar como de legislar sobre sus voluntades individuales[13].

La cuestión de la libertad es esencial: intercambiamos libertad natural por derecho o libertades morales o civiles. La libertad natural del hombre es la libertad de seguir el impulso físico, mientras que la libertad civil del individuo consiste en actuar de acuerdo a la voluntad general. En ese sentido, insiste Rousseau, el movimiento que se da en el interior de la sociedad es algo más que un contrato, se trata de una trascendencia positiva de nuestras identidades previas, que sólo nos aporta el dominio de sí mismo, porque “el impulso del apetito, solamente, es esclavitud, mientras que la obediencia de la ley prescrita a uno mismo es libertad”[14]. Por ello dice “todo quien se niegue a obedecer la voluntad general será obligado a hacerlo por el cuerpo entero de la sociedad, lo cual no significa otra cosa sino que se le obligará a ser libre”.

Para Rousseau, quien creía ciegamente en el individualismo, el gobierno es un mal necesario porque los hombres necesitan una dirección en el ejercicio de su libertad. Pero cuanto menos gobierno haya mucho mejor; la muerte de un gobierno ocurre cuando las voluntades particulares sustituyen a la voluntad general[15].

La voluntad general es algo cuyo sentido es preciso que la lleve todo ciudadano en su interior. Como dador y participante en la voluntad general de la sociedad, el individuo prescribe reglas que, a su vez como sujeto privado, tiene que obedecer. En ese sentido, pues, como sujeto obedece a sí mismo como soberano[16].

Pero el gobierno mismo puede suponer una amenaza ya que la relación entre soberano y ciudadano se hace más tenue cuanto mayor es el Estado. En su lugar, la “moral y las maneras” de las voluntades particulares de los ciudadanos se hacen más fuertes. Esto exigía un gobierno más poderoso para que se limitara e indicaba otra razón por la que laos grandes Estados tenían menos libertad. Si a lo largo de este incremento del poder del gobierno ha de sostenerse la libertad, el soberano también tiene que ser capaz de ejercer un poder aún mayor para limitar el gobierno[17].

2.4. La educación del individuo

En la obra titulada Émile, como apunta el propio Rousseau “su verdadero estudio es el de la condición humana” , no se trata de un manual de educación. Es un auténtico tratado “tratado filosófico sobre la bondad natural del hombre”. Por tanto, Rousseau con ella trata de educar al individuo en su independencia moral[18]. En la obra, Émile sería un individuo capaz de resistir a las presiones tendentes a interiorizar los valores de la sociedad corrupta que le rodea. De esta forma, la educación vendría del interior; de nuestra propia naturaleza; y del exterior, de los objetos y las personas que nos rodean.

El hombre natural tiene amor por sí, lo cual es bueno y no debemos confundir con amor propio, el cual surge a raíz del contacto con la sociedad y que equivaldría al orgullo, que lleva a enfrentarse con sus semejantes.

La moralidad surgiría no sólo de simples ideas impuestas desde fuera, sino también de principios que tienen su origen en la propia naturaleza humana. Los valores morales implican la cooperación de elementos no morales como la razón o el entorno, por tanto la moral tiene sus raíces en la sensibilidad, para lo cual nos tenemos que remontar a la característica fundamental del hombre, su amor de sí.

Rousseau diferencia dos tipo de sensibilidad. La sensibilidad física atiende a satisfacciones físicas y reacciona ante los objetos, mientras que la sensibilidad moral consiste en satisfacer necesidades emocionales por medio de una atracción o rechazo hacia la gente[19].

El hombre primitivo tan sólo acudiría hacia otros seres para saciar sus instintos o bien impulsado por la compasión natural. Progresivamente dejó de ser un ser autosuficiente debido a su insatisfacción y al querer desarrollarse, y comienza a proyectarse hacia otra gente, adquiriendo una nueva actitud, tanto hacia los demás como hacia sí mismo, lo que provoca que haga ejercicio de su voluntad para combatir sus inmediatos a favor de algún principio más elevado, lo que se manifiesta como virtud.

Por tanto, la bondad del hombre de naturaleza tiene que ser completada por la voluntad y es a través del ejercicio de la voluntad como el individuo se convierte en un ser completamente moral[20].

En el libro IV de Émile, Rousseau explica que la primera sociabilidad del hombre natural fue producto de ciertas pasiones atrayentes: es en el murmullo de las pasiones donde el hombre nace “verdaderamente a la vida”[21]. Así toda la educación de Emilio se basará en potenciar las “pasiones atrayentes y dulces” e impedir las pasiones crueles: es decir a dirigir esta sociabilidad que puede ser positiva o negativa.

El hombre natural tan sólo usaba su libertad para obedecer y dar rienda suelta a sus instintos. El hombre civilizado, en cambio a través de la razón, usa su libertad para gobernar sus pasiones y crear de esta forma la moralidad.

Podemos deducir pues, que la moral es necesaria para vivir en sociedad, pero la sociabilidad también es fundamento de la moral. La moralidad por tanto es el ejercicio mismo de su libertad en el Estado social[22].

2.5. La religión de Rousseau

Rousseau creía que si el individuo solo puede encontrar la verdadera libertad a través de la aceptación de principios grabados en lo más profundo del corazón humano por la conciencia y la razón, es porque el significado de su existencia depende de las leyes eternas de la naturaleza y del orden creado por Dios[23].

Rousseau quería fundar la religión tanto en la razón como en el sentimiento, pues a su modo de ver las cosas, el hombre encuentra el origen de sus creencias religiosas en su propio ser. Habla de la religión como de una especie de “voz divina”, de una “voz interior” de la que proviene toda fe. Quería fundar una religión “de libertad”, por ello rechazaba la palabra escrita y la Tradición de la Iglesia, así como toda dependencia externa, pues creía en una relación directa entre el hombre y Dios: si la humanidad siempre hubiera escuchado cómo Dios habla en el corazón de las personas, solo habría una única religión en la tierra[24].

Según Rousseau, las sensaciones de placer o dolor, que agitan al hombre, lo determinan desde el exterior, se siente abandonado y consignado a ser. Pero es una esfera en que esta pasividad fenece, y solo a partir de entonces encontramos el verdadero yo, que es el portador del sentimiento religioso. En este punto traspasa la barrera de la psicología sensorial. El yo no es un dato de los sentidos ni puede ser interpretado como un simple producto de los sentidos[25].

Mi voluntad es independiente de mis sentidos –escribe Rousseau- yo consiento o yo resisto, yo sucumbo o yo salgo vencedor […] Yo tengo siempre el poder de querer, no la fuerza de ejecutar. Cuando yo me entrego a las tentaciones, yo actúo según los impulsos de los objetos externos. Cuando yo me reprocho esta debilidad, yo no escucho más que mi voluntad. Yo soy esclavo de mis vicios y libre por mis remordimientos.

3. Conclusión

El pensamiento de Rousseau, junto con el de Voltaire y el de otros filósofos del siglo XVIII, criticaron el sistema cortesano y propiciaron la caída del Antiguo Régimen. Su preocupación radicaba en la corrupción de la naturaleza humana, pues el hombre había dejado atrás su interés por conocer su verdadero ser, atrayendo su atención hacia la opinión ajena.

No sólo se contentó con criticar el progreso, el sistema de corte, las artes y las ciencias modernas, pues intentó hallar una forma de gobierno que no se limitará a proteger las propiedades de los ricos, fomentando de esa forma la desigualdad, sino que protegiera los derechos de todos los seres individuales, es decir, de la Humanidad, así como sus propiedades.

Estos pensamientos influyeron decisivamente para que la idea de un soberano democrático, se fuera planteando entre los intelectuales, sobretodo en una burguesía que ya no se contentaba con sus riquezas y propiedades, sino que tenía fuertes ansias de poder, los cuales se erigirán como aspirantes a ser los intermediarios para ejecutar las leyes establecidas por el soberano y convertirse en la aristocracia (los mejores para el gobierno) y dejar atrás el Antiguo Régimen.

Sin embargo, para que el contrato social de Rousseau se pudiera llevar a cabo, creía necesario indagar en lo más profundo del ser humano, comprendiendo que dentro de él albergan emociones e instintos tanto positivos como negativos para la convivencia en sociedad.

Precisamente, por ello, la educación era fundamental para la convivencia, es decir, para que la sociedad civil se diera acorde a la razón y la justicia. El individuo tendría que ser educado con el objetivo de fomentar una serie de instintos o pasiones positivas para la vida en sociedad, e impedir las pasiones crueles y negativas.

Rousseau creía necesaria la moralidad, pero una moralidad aceptada libremente y comprendida individualmente, no impuesta, por ello consideraba el gobierno un mal necesario, “porque los hombres necesitan una dirección en el ejercicio de su libertad”, para hallar la dignidad realmente humana, que surge en la elección consciente y libre de la voluntad general sobre la voluntad personal.

4. Bibliografía              

- CASSIER, E. 2007 Rousseau, Kant, Goethe, Fondo de Cultura Económica. Madrid.

- DUCHET, M. 1975 Antropología e historia del Siglo de las Luces. Siglo XXI. Madrid

- GRIMSLEY, R. 1977 La filosofía de Rousseau. Alianza Editorial. Madrid.

- HAMPSHER-MONK. L. 1996 Historia del pensamiento político moderno. Ariel Ciencias Modernas. Barcelona.

- MARTÍNEZ MILLÁN, J y DE CARLOS MORALES, C.J. 2011 Religión, política y tolerancia en la Europa Moderna. Ediciones Polifemo. Madrid.

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