La mujer celta en el mundo militar de su tiempo

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En primer lugar, debemos tener en cuenta el problema al que nos enfrentamos a la hora de analizar el papel de la mujer en el mundo militar celta. Se han de tener en cuenta varias cuestiones a la hora de realizar y exponer un estudio de género sobre esta cultura que se expandió por gran parte de Europa.

Hay que señalar que los estudios de género relacionados con las culturas y civilizaciones anteriores al mundo romano son muy escasos.

El primero de estos es el hecho de que los pueblos celtas fueron solapados en muchos casos por la presencia romana. A pesar de que muchos fueran conquistados a través de pactos, y de la aceptación en muchos casos de la cultura de los pueblos vencidos, lo cierto es que “la historia la cuentan los vencidos” como reza el tópico. Muchos datos culturales sobre los celtas están tergiversados por los cronistas romanos, o simplemente han sido absorbidos y olvidados por la cultura romana resultante de los territorios conquistados.

Por otro lado, existe un error generalizado al estudiar cualquier aspecto social relacionado con la cultura celta. La cultura celta, o civilización como cita en ocasiones la historiografía tradicional, ha sido tratada como si de un pueblo único y homogéneo se tratase, siendo en realidad una  gran multitud de pueblos con una misma raíz cultural pero con rasgos identificativos distintos entre ellos. Con las diferentes expansiones célticas, aquellas tribus celtas se entremezclan con los grupos indígenas de las tierras en las que se asientan.

Un claro ejemplo de esta amalgama se puede observar en ciertos pueblos celtibéricos, donde nos encontramos tipologías cerámicas con trazas decorativas al estilo ibérico, pero cuyo mensaje y mito expuesto en las piezas es puramente céltico.

Este factor multicultural de los pueblos célticos condiciona que cada tribu disponga una sociedad con una serie de valores concretos en cada caso, pero también teniendo en común una organización social semejante de raíz. Ello nos llevaría a un estudio concreto de la situación de la mujer en cada caso tribal, pero teniendo en cuenta las similitudes resultantes de pertenecer a un sustrato cultural común.

Sin embargo, otro de los problemas es la escasez de notas crónicas o hallazgos que relacionen a la mujer celta con el mundo militar. En la mayoría de las necrópolis guerreras de la Europa de los oppida celtas prácticamente solo se hallan hombres en las sepulturas. Por otro lado, las representaciones artísticas célticas relacionan ampliamente al varón con el mundo bélico, lo que nos lleva a pensar que el ejercicio de la guerra estaría ampliamente relacionado con el varón.

No obstante, esta relación del varón con la guerra no quiere decir que las leyes de aquellas tribus prohibieran a la mujer el desempeño de la actividad militar. La idea de una diferenciación marcada y tajante de los roles de género en labores y profesiones es más propio del mundo clásico que de la Europa de las tribus célticas.

La sociedad céltica era mucho más móvil en cuanto a sus roles dependiendo del género. Sus ejemplos fueron señalados por los autores clásicos y han sido corroborados en muchos casos por la arqueología. Cabe destacar el modelo agrícola matriarcal del norte penínsular[1], la presencia en la batalla de las mujeres galas citada por Julio Cesar, o mismísima reina Boadicea (30 d.C.-64 d.C.) de la tribu de los icenos, que protagonizó una gran revuelta contra Roma. Son muestras de cómo podemos hallar ejemplos de mujeres que asumían roles que en el mundo clásico estaban únicamente reservados al varón.

La mujer guerrera celta. Simbología en su tiempo

El hecho de que una mujer atacara en batalla no solamente era un símbolo de la diferencia con el mundo clásico, simbolizaba que la mujer había alcanzado la profesión “más varonil” que se entendía en la sociedad desde el punto de vista del invasor romano. Por ello, es probable que este factor no fuera omitido por los cronistas romanos por el hecho de que para ellos eran simplemente un símbolo más de la “incivilización” de los pueblos que se resistían a su poder.

-Rasgos generales del papel de la mujer en el mundo celta

Como se ha dicho, en general, el desempeño de la actividad guerrera en el mundo celta estaba desempeñado en gran medida por el varón. De hecho, entre los siglos V y II a. C.[2], muchas ciudades-estado mediterráneas contrataban a grupos de celtas como experimentados mercenarios entres sus filas.

El mundo cultural celta está íntimamente ligado al mundo de la guerra en muchos sentidos, este hecho desarrollaba una particular visión y forma de afrontar la muerte. Si bien se sabe que la mayoría de los guerreros eran varones, por otro lado se sabe que la cultura relacionada con lo bélico se manifestaba en todos los sectores de la sociedad.

En tiempos de guerra, en particular cuando se invadía el terreno propio, es citado por los romanos el arrojo que tenían las mujeres celtas en la batalla[3]. Por otro lado, cuando el enemigo asediaba una ciudad y la población corría el riesgo de ser esclavizada o martirizada, se prefería el suicidio a una vida atormentada. Se sabe por testimonios como Numancia o al estudiar los rasgos culturales Gálatas que era el hombre el encargado de asesinar a su mujer para luego darse muerte él mismo. No obstante, es probable que fuera la mujer la encargada de dar muerte a los hijos en determinadas ocasiones, como cita Estrabón en los pueblos del Norte:

“Las madres mataban a los hijos en tiempo de la guerra cantábrica para que no cayesen en manos de sus enemigos”

Por otro lado, los celtas divinizaron en forma femenina a muchos dioses relacionados con la guerra o la muerte y la destrucción, como la diosa irlandesa Morrigan, Arcona, diosa gala  de la caza, o la diosa ámbito celtibérico y lusitano Ataegina[4], relacionado con el ciclo vital y el inframundo.

 

-Las tribus galas, ejemplo de papel bélico activo.

A la hora de hallar un grupo militar destacado dentro de los pueblos celtas, debemos resaltar el caso especial de ciertas tribus galas de la Galia Transalpina. A pesar de cierta escasez en el registro arqueológico de las necrópolis, así como en las representaciones simbólicas galas, las fuentes grecolatinas dan buena cuenta de ello.

Entre ellas debemos destacar lo señalado en La Guerra de las Galias:

“…Una hembra celta iracunda es una fuerza peligrosa a la que hay que temer, ya que no es raro que luchen a la par de sus hombres, y a veces mejor que ellos…”

Por otro lado, Tácito (56 d.C.-117 d. C.) describe a las mujeres celtas como “desgreñadas mujeres de negro ropaje, cual furias blandiendo antorchas”. Plutarco en su obra sobre las virtudes femeninas, cuenta una anécdota sobre una mujer celta llamada Kinimara que contaba a su marido como un hombre le había atacado y violado mientras portaba en una mano la cabeza del agresor.

Incluso, Amiano, aunque posterior a la conquista de la Galia, se valió de la descripción de otros para narrar las características de la mujer gala en la batalla, descripción que ha mitificado en parte la imagen de esta:

“Una patrulla entera de extranjeros -dice- no podría resistir el ataque de un sólo galo, si este se hiciera acompañar y ayudar por su esposa. Estas mujeres son, generalmente, fortísimas, tienen los ojos azules, y cuando se encolerizan hacen rechinar los dientes, y moviendo los fuertes y blancos brazos comienzan a propinar formidables puñetazos, acompañados de terribles patadas”

-La Celtiberia

Incluso en el norte peninsular, donde había una cierta participación de la mujer en tareas que en el mundo clásico eran vistas como “viriles”, la guerra era desempeñada  en la mayoría de los casos por hombres. Aún así, se sabe que en determinados aspectos la mujer participaba activamente en la guerra, o en tareas defensivas, e incluso, arengando a los hombres[5].

Durante el ataque de Aníbal a la ciudad de Salmatis, las mujeres acabaron tanto ofreciendo las armas a los hombres como atacando codo con codo con ellos al enemigo cartaginés[6]. Se dan otros casos de participación activa en la Lusitania o en la lucha de los otros pueblos. Los autores destacan la destreza y la aceptación de la muerte por las que se caracterizaban las mujeres que combatían codo con codo con los hombres. Incluso, se tiene constancia de enterramientos guerreros femeninos en territorio celtibérico, como es el caso de  un enterramiento arévaco en la necrópolis de Sigüenza (Guadalajara)[7], aunque de momento parece algo anecdótico.

Este testimonio es un punto importante, ya que es la arqueología la que verifica la información de las fuentes clásicas sobre la actividad guerrera femenina, e incluso, arroja nuevos datos y despeja dudas.

En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que en algunos casos encontramos ajuares guerreros en mujeres que no han ejercido la actividad bélica. Este hecho se puede deber a ofrendas que se realizan a esas mujeres, ya que en algunos casos el cadáver no muestra signos de haber participado en batalla. Además, desde el periodo Hallstático, las armas han supuesto un valor simbólico clave en la sociedad céltica (Quesada, 2012).

Sin embargo, la dificultad del análisis de los restos funerarios dificulta el estudio. En ocasiones, no solo es complicado encontrar marcas propias de la actividad bélica, sino que también lo es hallar el propio género del individuo.

Un caso a destacar es el que narra Salustio sobre lo ocurrido entre la sociedad de la Celtiberia:

En un momento en que los ancianos aconsejan la paz, las mujeres, separándose de los maridos, y como una forma de presión sobre ellos, tomaron las armas, diciendo a los hombres que pues quedaban privados de su patria, mujeres y libertad, que se encargasen de parir ellos. Amamantar y demás funciones mujeriles. Al parecer, ante tal actitud de las mujeres, los jóvenes despreciaron los acuerdos de los mayores

En este punto observamos como el sector femenino es totalmente consciente de los roles que desempeñan cada uno dentro de la sociedad. Como medida de presión, muestra una inversión de los roles, haciéndoles ver que si toman la decisión del consejo no serán dignos de disponer su sitio en la sociedad, al observarlo las mujeres, hacen ver que están dispuestas a defender su tierra dada la inhabilitación de los hombres para ello. La medida de presión funcionó.

De hecho, las encargadas de narrar las hazañas de personajes destacados y animar a los hombres en la Celtiberia era el sector femenino.

A pesar de que la irrupción de la mujer en el mundo militar se pueda deber en algunos casos a la falta de población guerrera joven, en las zonas de la meseta y el norte peninsular su participación es la más activa de la península. Algunos autores[8] han relacionado este hecho con las actividades desempeñadas en estas zonas por las mujeres, tanto diplomáticas como en el trabajo físico, que según Estrabón, las dotaba de una gran fuerza. El cronista de tiempos de Augusto afirma que las mujeres cántabras que van a dar a luz trabajan en el campo de labor, y cuando rompen aguas se acercan a un arrollo para tal cometido, limpian al neonato y vuelven a su actividad agraria. Este punto, citado anteriormente, señala la importancia de las mujeres fuera del ámbito domestico.

Cabe señalar por último, que las represiones ejercidas a las mujeres que presentaban batalla eran aún mayores que las ejercidas a los hombres, estamos hablando de la violación. Prácticamente solo existe una cita, una anécdota de un soldado de una cohorte al mando de Sertorio, que tras la toma de la ciudad de Laura (76 d. C.), una mujer le sacó los ojos al intentar forzarla. El mismo Sertorio condenó a muerte a toda la cohorte, lo que puede darnos indicios de la ocultación de la práctica de la violación por parte de los mandos romanos, ya que como se ve, no estaba aceptada en el mundo romano.

-El caso de Boadicea. Conclusión

Boudica (latinizado de Boadicea), fue una aristócrata militar britana, natural de la tribu de los icenos que protagonizó una revuelta contra la ocupación romana de Britania. De hecho, llego a destruir varias ciudades y a mantener durante algún tiempo en jaque al poder militar romano, a través de la alianza de tribus que había creado. La rebelión finalizó en el año 61 d. C. tras la derrota frente a las legiones de Suetonio en la Batalla de Watling Street o de Paulerspury. Algunos autores afirman que Boadicea se suicido con veneno o por el contrario cayó en la batalla.

Boadicea era esposa de Prasutagus, rey de los Icenos que tras la ocupación de Britania por los romanos en el 43, firmó un tratado de colaboración con la potencia ocupante. Sin embargo, puso como condición de ese tratado la división de la soberanía de su reino a su muerte, ofreciéndolo por un lado al Emperador (Nerón por entonces) y a sus dos hijas. Se trataba de un pacto común en época romana llevado por los pueblos ocupados para conservar cierta independencia. Como las leyes romanas no permitían el acceso de las mujeres al poder, el trato fue desechado a la muerte de Prasutagus.

Roma tomó como suyo todo el territorio iceno, así como todos sus bienes (Prasutagus se endeudó) tratando a sus pobladores como esclavos. Las hijas de Boudica fueron violadas mientras Boudica observaba la ofensa y era flagelada.

Con tal ofensa, Roma buscaba la total sumisión de los icceni, pero lo que produjo fue avivar una incipiente rebelión contra la potencia ocupante.

Los icenos se aliaron con los trinovantes y marcharon derrotaron en repetidas ocasiones a las fuerzas legionarias. Arrasó la ciudad de Camulodunum (Colchester), donde existía un templo dedicado al Emperador Claudio (símbolo de la ocupación romana), lo que hizo que la ciudad se convirtiera en un foco de resentimiento. Se asesinó a hombres, mujeres niños y ancianos. También fue arrasada Verulanium y la misma Londinium (actual Londres).

La historia de Boadicea es un ejemplo del concepto que tenían los celtas sobre libertad (relacionada con su independencia) y la muerte. Es algo que como hemos visto a lo largo del trabajo se repite constantemente entre los pueblos de raíz celta. No obstante, lo más resaltable es como una mujer puede acceder y liderar una rebelión sin ser cuestionada. Ello podría ser una muestra de la fuerza y el carisma que tuvo que demostrar Boadica a la hora no solo de hacerse respetar como dirigente entre los de su tribu, sino también de unir a otra tribu en su mismo cometido. En palabras de Dion Casio:

“poseía una inteligencia más grande que la que generalmente tienen las mujeres”, que era alta, de voz áspera y mirada feroz, cabello pelirrojo hasta la cadera, túnica de muchos colores y un manto grueso ajustado con un broche. Siempre usaba un grueso collar de oro, posiblemente un torque, aditamento que entre los pueblos celtas siempre significaba nobleza.”

Simbólicamente, los nombres que nos han llegado de los caudillos rebeldes celtas no son sus nombres originales, sino especie de sobre nombres que resaltan su legitimidad en el poder o sus triunfos. Viriato, que significa el portador de las viriae (torques o brazaletes que llevaban los reyezuelos celtas), Vercingétorix (vencedor) y por supuesto Boadicea (victoria).

En conclusión, las actividades bélicas en el mundo celta estaban desempeñadas principalmente por hombres. Sin embargo, ello no responde al mismo caso que el mundo Grecolatino, ya que la base cultural es diferente. El desempeño de la actividad militar era la acción más viril en el mundo clásico (algo que en parte ha llegado a nuestros días), la mujer estaba supeditada al hombre, ya que este era el individuo perfecto, según ciertos filósofos.

No obstante, en el mundo celta tanto hombres como mujeres ejercen una serie de actividades en función de su género, pero no estrictamente inalterables. Estamos ante una diferencia de roles en función del género que se desarrolla de forma horizontal, y no una diferenciación jerárquica vertical intocable como era el caso romano.

Así, se observa como la mujer celta estaba muy influenciada por la cultura militar y aguerrida de su pueblo, y aunque no desempeñara en todos los casos una labor activa con las armas, si debió de tener voz y una función concreta en la mayoría de los enfrentamientos bélicos. Por ello, es muy seguro que si se investigara correctamente se encuentren ejemplos de labores militares femeninas en prácticamente todas las tribus celticas.

 

Bibliografía

-Almagro-Gorbea, MartinLos celtas, Hispania y Europa”. Universidad Complutense de Madrid. (1993)

 

- Cerdeño Serrano, Mª Luisa La necrópolis céltica de Sigüenza (Guadalajara) En Wad-al-Hayara: Revista de estudios de Guadalajara.  Nº. 6, 1979 , págs. 49-76.

 

-Julio César, Cayo, “La Guerra de las Galias” Traducción de Vicente López Soto. Editorial Juventud. Barcelona. (1987)

 

-López Ruiz, Clara., Parra Camacho, Javier (Coord,), “La Arqueología funeraria desde una perspectiva de género” II Jornadas Internacionales de Arqueología y Género en la UAM. Universidad Autónoma de Madrid (2012).

 

-Moralejo, J, “El armamento y la táctica militar de los galos”. Universidad del País Vasco. Vitoria. (2011)

 

-Peralta Labrador, E. “Los cántabros antes de Roma”. Real Academia de la Historia en colaboración con el Instituto de Estudios Prerromanos y de la Antigüedad de Cantabria. Madrid. (2003)

 

- Torres Martinez, Jesús F. (Kechu), “La economía de los celtas de la Hispania atlántica” Volumen I. Editorial Toxosoutos. A Coruña (2003).

 

-VV.AA. “La mujer en el mundo antiguo”. Actas de las V Jornadas de Investigación Interdisciplinaria. Universidad Autónoma de Madrid. (1986).

 

-López Ruiz, Clara., Parra Camacho, Javier (Coord,), “La Arqueología funeraria desde una perspectiva de género” II Jornadas Internacionales de Arqueología y Género en la UAM. Universidad Autónoma de Madrid (2012).

 


[1] Torres Martinez, Jesús F. (Kechu), “La economía de los celtas de la Hispania atlántica” Volumen I. Editorial Toxosoutos. A Coruña (2003). Pp: 234-238.

 

[2] Almagro-Gorbea, MartinLos celtas, Hispania y Europa”. Universidad Complutense de Madrid. (1993)

 

[3] Julio César, Cayo, “La Guerra de las Galias” Traducción de Vicente López Soto. Editorial Juventud. Barcelona. (1987)

 

[4] También Ataecina, Adegina, Atecina,… según la zona.

[5] Este último factor pone de manifiesto la fuerte presencia de la mujer en el poder, dentro de las sociedades matriarcales antes mencionadas.

[6] Martínez López, C. “Las mujeres de la Península Ibérica durante la conquista cartaginesa y romana” En: VV.AA. “La mujer en el mundo antiguo”. Actas de las V Jornadas de Investigación Interdisciplinaria. Universidad Autónoma de Madrid. (1986)

[7] Cerdeño Serrano, Mª Luisa “La necrópolis céltica de Sigüenza (Guadalajara)” En Wad-al-Hayara: Revista de estudios de Guadalajara.  Nº. 6, 1979 , págs. 49-76.

[8] Martínez López, C. “Las mujeres de la Península Ibérica durante la conquista cartaginesa y romana” En: VV.AA. “La mujer en el mundo antiguo”. Actas de las V Jornadas de Investigación Interdisciplinaria. Universidad Autónoma de Madrid. (1986)

 

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