La olvidada Edad del Bronce en la Meseta. Cogotas I.

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RESUMEN:

Cogotas I es la cultura del Bronce Final en la Meseta española por excelencia. Su grado de expansión se extiende más allá de este ámbito geográfico,  mostrándose a través de su característica cerámica, sus famosos depósitos en su mundo simbólico, o la cada vez más conocida red de intercambios son algunos de los aspectos, más conocidos o menos, que representan a esta particular cultura.

PALABRAS CLAVE: cerámica, depósito, cogotas, industria, funerario.

 

  1. INTRODUCCIÓN.

Cogotas I es uno de los yacimientos de la Edad del Bronce más importantes dentro del panorama peninsular, así como un destacado horizonte cultural a nivel europeo.

Se asocia a esta cultura una amplia expansión por todo el territorio ibérico. Podemos hallar asentamientos  y restos materiales propios de esta cultura por toda la Meseta, zonas del interior de Levante o de la alta Andalucía, ofreciéndonos un mapa de expansión cultural único en una cultura del interior peninsular de la época.

Tradicionalmente, se ha asociado a Cogotas I por sus exclusivos tipos cerámicos,  hallados en las zonas anteriormente citadas. Se le asoció entonces, allí donde aparecían esos tipos cerámicos, un vasto territorio, que con el tiempo, ha llegado desde Navarra hasta la Alta Andalucía, y desde Salamanca hasta el Valle del Ebro, e incluso Levante. Es ahora, con las nuevas tecnologías cuando se debe acentuar más el estudio sobre el territorio de expansión de Cogotas I (Blanco González, A., 2012).

Cogotas I se le llamó a un nivel que se encontró en el yacimiento de Las Cogotas en  Cardeñosa, Ávila. Con el tiempo, comenzaron a aparecer ese tipo de cerámicas por toda la Meseta norte, y se comenzó a llamar a todo este gran espectro cultural como Horizonte Cogotas I. También se constató otro nivel de Cogotas, ya de la segunda Edad del Hierro, llamado Cogotas II, aunque este no nos ocupa en este trabajo.

Por otro lado, en los yacimientos relacionados con el Horizonte Cogotas I se ha constatado una cultura anterior, con rasgos más arcaicos que los de Cogotas I, llamada Protocogotas. El conjunto de ambas culturas nos da un periodo muy extenso a lo largo del tiempo. Protocogotas comenzaría alrededor del siglo XVIII a. C. , pero no es hasta los siglo XV o XIV a. C cuando comienza su proceso de expansión por los territorios anteriormente citados. Por otro lado, es entre los siglos XII y X a.C. cuando nos encontramos con el periodo de mayor plenitud de esta cultura, correspondiendo con un mundo cultural más elaborado, simbolizado también por una mayor conexión e intercambios con otras culturas peninsulares (véase el apartado referido al comercio).

  1. RASGOS DE ORGANIZACIÓN SOCIAL.

Cogotas I ha sido una cultura de gran interés para los investigadores del siglo pasado. Una de las causas principales es el abandono y la no ocupación posterior de los asentamientos, lo que ha permitido que conservaran mucho mejor sus características que otros de culturas coetáneas en el tiempo y materiales constructivos (Fig.1).

No obstante, en cuanto a los restos del entramado urbano tampoco podemos esperar mucho. De la misma manera que otras culturas anteriores y coetáneas, el urbanismo está basado principalmente en agrupaciones de cabañas fabricadas con materiales perecederos (Blasco, 2012) (Fig. 2). En la mayoría de los asentamientos estudiados a lo largo del siglo XX, las únicas estructuras asociadas a un urbanismo han sido unas fosas junto a las cabañas de funciones variadas.

En cuanto a la hora de elegir un emplazamiento para fijar el asentamiento, nos encontramos con una clara preferencia por las terrazas bajas de ríos secundarios,  particularmente en los tramos medios y finales, concretamente en muchos casos, en la confluencia de dos cursos de agua. Las zonas de asentamiento muestran una búsqueda por zonas que favorezcan el desarrollo agrícola sin grandes esfuerzos, incluyendo aquí la no necesidad de construir una infraestructura hidráulica.

Así, desde este asentamiento, dispondrían en primer lugar, de unas tierras muy aptas para el cultivo. Sin embargo, ampliando el radio de acción de su economía, cerca de estos cursos de agua dispondrían también de bosques donde obtener una gran cantidad de recursos relacionados con la recolección o la actividad cinegética.

Se ha encontrado una gran densidad de yacimientos a lo largo de la orilla del río, muy cercanos entre sí. No se sabe con exactitud la razón de tal densidad, pero se ha observado un abandono y reocupación de diferentes enclaves, sin saber aún si estaríamos ante un abandono cíclico del poblado.

Por otro lado están los asentamientos en lugares altos. Estos centros con una clara superioridad jerárquica y defensiva que sus coetáneos de las terrazas fluviales, pudieron haberse situado como centro de control de las pequeñas aldeas que estuvieran cerca de este tipo de asentamientos. No obstante, dada la escasa información que tenemos sobre las características sociales de aquellos grupos, aún no se puede establecer una clara relación entre aquellos asentamientos.

          3. RASGOS DE LA ECONOMÍA.

-Una cultura ganadera

Como han ido corroborando los hallazgos en los yacimientos, Cogotas I centraba su economía principalmente en la ganadería. Al estudiar la variación de los yacimientos, algunos autores han señalado que el inicio y el fin de las vías de trashumancia del mundo tradicional coinciden con yacimientos cogotenses coetáneos. No obstante, esta teoría no explica los asentamientos de esta cultura en el Valle del Ebro, donde los pastos no son precisamente los mejores.

Por otro lado, la misma teoría sobre la existencia de una tradición trashumante en la prehistoria resulta ilógica. La trashumancia es un factor propio de la economía de un Estado con una fuerte implantación territorial, donde muchos municipios relacionados con esta práctica (como se dio en la Edad Media) depositaban gran parte de su actividad económica en estas actividades. La dinámica económica de los pueblos que vivieron de la trashumancia no coincide con la de un poblado del Bronce de Cogotas I. Como se ha observado en numerosos yacimientos, el sector ganadero, por mucho que fuera el predominante en esta cultura, tenía un fuerte sentido de autoabastecimiento, no tan comercial como lo eran los rebaños trashumantes. Además, la abundancia de asentamientos en humedales, el almacén de forraje o como mucho, o la difusión de la trasterminancia en cortos recorridos, son recursos suficientes para suplantar los grandes movimientos para buscar pastos.

-Producción cerámica.

Por otro lado, dentro de la industria de Cogotas I, debemos destacar principalmente a su característica producción cerámica. Se trata además, de la herencia material más característica y representativa del mundo cogotense (de todas sus épocas).

Por un lado, tenemos la cerámica de uso diario y de almacenaje. Se trata de los restos más abundantes, no obstante, sus tipologías son muy comunes a lo largo de toda la prehistoria y sus culturas. Es la cerámica más cuidada y decorada la que marca la seña de identidad de esta cultura (al igual que otras culturas prehistóricas). La decoración y los tipos dependen en gran medida de tradiciones extendidas en ciertas regiones y su influencia en otras, así como las diferentes épocas que estudiemos. Así, en el periodo de Protocogotas, en la cuenca del Duero predomina la decoración en líneas en zigzag, con incisiones de marca de espina de pescado como en el Castro de las Cogeces, o la impronta de serie de espiguillas en los yacimientos madrileños (Blasco, 2012).

En general, en las primeras etapas tenemos una decoración repetitiva, resaltando labio y carena para acentuar la forma del recipiente. Encontramos las líneas de las carenas muy acusadas en el tercio superior de la pieza con bases convexas. Con el tiempo, irá barroquizandose la decoración junto con galbos más redondeados y bases planas más pequeñas. Por supuesto, la denominada decoración de boquique (llamada así por el yacimiento donde se encontró este tipo de cerámica) es característica de esta cultura. Se le denomina también “punto y raya”, es conseguido a través de la incisión de una especie de peine (o cualquier otro elemento seriado), incidiendo y después arrastrando. Este tipo de técnica es conocida en la península desde el Neolítico (Fig. 3).

En algunos casos, también tenemos cesiones culturales en los tipos cerámicos, como por ejemplo de la cultura de los Campos de Urnas, encontrándonos decoración con pigmentos o incluso motivos como la doble hacha.

La zona de extracción de material y producción cerámica sería seguramente local, al exterior de los poblados y muy posiblemente, junto a los cursos de agua, para favorecer los procesos de extracción y moldeado de manera más fácil.

-La metalurgia

La metalurgia es uno de los aspectos más significativos de la etapa de plenitud de Cogotas I. Se ha asociado a Cogotas I una industria metalúrgica escasa en cantidades en comparación con la existente en el calcolítico y el bronce antiguo.

No obstante, recientes investigaciones (Fernández, Herrán, 2012) han mostrado un claro desarrollo de la actividad metalúrgica y los tipos. De hecho, la producción de estos tipos metálicos coincide la expansión de los tipos cerámicos más elaborados de la cultura.

Se podría dividir la metalurgia del bronce final en tres etapas, denominadas con el nombre del yacimiento donde se hallaron las piezas relacionadas con el periodo. La primera denominada fase Valdevimbre o Bronce Final I, la fase Huerta de Arriba, correspondiente con el Bronce Final II-IIIa, y por último fase Soto de Medinilla  correspondiente con el Bronce Final IIIb (Delibes et alii, 2007b:332) (Fig. 4).

También hay que señalar que no estamos ante un verdadero y sustancial aislamiento. Destaca particularmente los hallazgos de armas broncíneas  relacionados con El Argar (Delibes et alii, 1999). Resulta curioso que sea escasísimo el material procedente del Bronce Atlántico, pero en cambio, abunden elementos de él en algunas tipologías o abunden también tradiciones propias de la cultura atlántica como son los depósitos de bronce.

-El comercio y los intercambios culturales

En cuanto al comercio, en primer lugar, debemos prestar atención en primer lugar al factor que supone la concepción del territorio que tenían aquellas gentes. Este factor resulta vital para entender la dinámica y las zonas donde se daban más acusados los contactos de intercambio. Así, podemos encontrar junto a materiales cogotenses, en los yacimientos, se han encontrado piezas pertenecientes al bronce atlántico. De hecho, según estudios recientes, tras calibrar las fechas de la Cuenca del Duero, la cultura de Cogotas I es contemporánea a las fases atlánticas de Tauton (1600-1280 cal B.C.), Penar (1350-1080 AC) y comienzos de Willburton (1220-960 cal. B.C.). (Abarquero y Delibes, 2009a: 209). Un ejemplo es el hallazgo del molde múltiple de Piedrahita (Mucientes, Valladolid), que contiene en una de sus caras el vaciado de una punta tubular, tipo atlántico inequívoco, y que se rodea de un repertorio cerámico claramente adscrito a Cogotas I. (Delibes y Herrán, 2007: 240).

Otro de los grandes contactos del mundo de Cogotas I es el que tuvo con el Mediterráneo (Fig. 5). En la importante obra de Perlines y Blasco, se muestra una serie de mapas donde se observa que los puntos de dispersión de los objetos de Cogotas coinciden con los hallazgos de materiales de culturas exteriores. Entre los hallazgos, destacan dos pequeños fragmentos micénicos hallados en El Llanete de los Moros, encontrados en un nivel estratigráfico de Cogotas I (con sus correspondientes materiales asociados). Incluso, se han encontrado abundante material perteneciente a la cultura de Hallstatt (El torque áureo mencionado anteriormente del tipo Tara-Bodonal en Castrogeriz, Burgos), relacionados con posibles copias de otros relacionados con esa cultura, pero sin lugar a dudas, llegados desde el otro lado de los Pirineos. Estos hallazgos nos ofrecen un mapa muy característico sobre los tres puntos culturales con los que tuvieron contacto Cogotas I, predominantemente en la denominada Zona de Contacto.

 

Uno de los factores más interesantes dentro del comercio, es la participación de la vajilla cerámica dentro de los intercambios. En los últimos años se ha señalado la posibilidad de que estos objetos se dieran a conocer gracias a las relaciones exogámicas extramatrimoniales (Abarquero, 2012). La exogamia buscaría evitar los desequilibrios de edad entre los individuos de diferente sexo del poblado. Se han hallado numerosos objetos pertenecientes a personajes de cierto prestigio pertenecientes a zonas de culturas muy lejanas. Ejemplos son los suntuosos ajuares de las tumbas de El Carpio y la Alíseda (Ruiz-Gálvez, 1992), los torques de tipo Tara-Bodonal de Castrogeriz (Delibes et al., 1992) o los alfileres de bronce de Fresno de Ribera (Delibes, 1999).

-Industria lítica.

La producción de industria lítica esta en claro declive. Ha de tenerse en cuenta la progresión de la utilización de los metales en el marco económico de aquella época. Encontramos, en los casos más habituales, trabajos de lascado, con percusiones tanto multidireccionales y paralelas.

Se suele obtener el material de las terrazas de los ríos cercanas al asentamiento. (Blasco, 2012). Incluso, se ha admitido la posibilidad de utilizar en algunos casos útiles abandonados de otras épocas (incluso paleolíticos) (Carrión et al., 2005-2007). Se trata de una industria en claro declive, cuya principal fin es utilizar las piezas resultantes para herramientas como la hoz.

Por otro lado tenemos la piedra pulimentada. Se siguen creando hachas pulimentadas y azuelas, continuando la estela del calcolítico, pero será el molino barquiforme el protagonista de este tipo de trabajo. Nos encontramos con grandes y abundantes piezas que pueden llegar incluso a los 50 kg. Se utiliza mayoritariamente granito, aunque también se pueden ver otros materiales. No obstante, todas tienen en común un origen muy alejado del asentamiento donde se encontraron.

-Industria ósea

La industria ósea, al igual que la lítica, está en claro retroceso. No obstante, es uno de los temas más desconocidos de esta cultura, en parte por la escasez en la presencia del ámbito doméstico y por la utilización de material de reutilización, apoyando el retroceso de este tipo de trabajo citado al principio (Blasco, 2012).

  1. MUNDO FUNERARIO.

En su mayoría, se ha asociado el mundo funerario inhumaciones cerca del entorno doméstico. Se han constatado una querencia por los enterramientos individuales, dobles y triples, muy subrayados por la bibliografía desde hace más de veinte años (Blasco, 1993; Esparza, 1989). Un reciente estudio sobre las costumbres funerarias en los yacimientos de Cogotas I en la Meseta norte (Esparza Arroyo et al, 2012) han registrado los siguientes datos:

a)      Inhumaciones individuales.

Forman el 71% de las sepulturas. En el 65% de las mismas el cadáver está en posición primaria, frente al 35% que corresponde a la secundaria, a consecuencia de hechos accidentales o predispuestos por la comunidad. Prácticamente hay el mismo porcentaje de hombres que de mujeres, con un pequeño predominio de las mujeres. Si existe una relativa mayor diferencia en cuanto al número de sepulturas de adultos y pre-adultos, dándose un 60% de sepulturas de adultos, frente a un 40% de las de adolescentes.

b)      Inhumaciones dobles.

El 18% corresponde a las sepulturas dobles. El problema es que en muchos casos se tiene la duda de si ambos cuerpos están relacionados con el mismo ritual. En otras ocasiones, se puede dar el caso de que la segunda sepultura se haya realizado en un momento posterior al de la otra. En el yacimiento de Pico Castro, la datación radio carbónica de dos individuos documentados en el mismo hoyo S39 hace suponer que su muerte se produjo en momentos diferentes (Esparza et al, 2012).

c)      Inhumaciones triples o “múltiples”.

El 10% restante lo forman las sepulturas formadas por tres cuerpos. Se piensa que en la mayoría de los casos son tumbas primarias en las que se han depositado simplemente los tres cuerpos en un mismo gesto deposicional. Es posible que en algún caso se diera una tumba doble para luego depositar una individual, del mismo modo que ocurre con el caso antes expuesto de las tumbas dobles. No obstante, todos los individuos de las denominadas tumbas triples están relacionados en un estrecho margen de tiempo. Las dudas surgen ahora sobre el porqué de estos enterramientos múltiples y su contexto ritual.

-La vida en los poblados a través de la muerte.

Otro punto interesante es, gracias a los restos de los cuerpos, el analizar las condiciones de vida que tuvieron aquellas gentes. Se trata de una tarea complicada, ya que muchos restos han tenido importantes problemas de conservación, con lo que resulta complicado muchas veces el registrar posibles lesiones o deformidades en los restos óseos.

En primer lugar, se pueden constatar lesiones debidas principalmente a la dieta del individuo. Ello se observa en los cálculos dentales de varios individuos, así como en las lesiones cariosas que algunos de estos padecieron (Fig. 6). El sarro parece estar presente en muchos sujetos, no obstante, las caries no lo son tanto, constatándose en 19 individuos estudiados 5 pacientes con lesión cariosa. El punto más curioso es la predisposición evidenciada en los individuos femeninos a este tipo de lesión.

Por otro lado, también se dieron casos de pérdidas de piezas dentales ante mortem por causas en su mayoría desconocidas por la falta de indicios, aunque se han constatado en su mayoría en personas de avanzada edad. Gracias a análisis de la hipoplasia dental, se han constatado, algunos, aunque escasos dentro de lo que cabe, episodios de gran estrés. Estos se dan en los primeros años de vida, entre los 3 y 4 años, relacionando en su mayoría los episodios de estrés con periodos de carestía de alimentos.

Otro punto curioso, es la escasa muestra de lesiones traumáticas en los individuos hallados, hecho que da más preguntas que respuestas al nutrido debate que tenemos en cuanto a Cogotas I.

  1. MUNDO SIMBÓLICO.

Uno de los puntos más destacados dentro del apartado simbólico y ritual en el mundo de Cogotas es el de sus enigmáticos depósitos. Se trata en su mayoría de objetos de uso cotidiano, sin ningún tipo de singularidad, pero dejados a propósito, conservados en su posición originaria e incluso, creados para ser depositados allí.

Uno de los ejemplos más representativos dentro del mundo simbólico cogotense, posiblemente el más importante, es el de los depósitos de fauna. No obstante, resultan bastante escasos en los yacimientos, correspondiendo únicamente un 2% de los hoyos excavados a depósitos faunísticos. En su mayoría, los depósitos presentan una estratigrafía a base de tierra cenicienta y muestras de ramaje carbonizado. Este hecho ha sugerido la propuesta de una posible quema de ramaje de manera ceremonial. Es también un aspecto curioso la deposición de los cuerpos de los animales, situados en la mitad del hoyo (Liesau, 2012).

-Los depósitos de fauna

No obstante, las variables entre los ejemplos de depósitos faunísticos son muy numerosas. Tenemos un contexto deposicional muy nutrido. Se han documentado junto a los restos de fauna piezas cerámicas de uso variado, piezas de molino, etc.…, es decir, incluyendo casi todos los elementos que forman la casa cogotense y su economía.

Muchas veces, se han hallado, en ved de cuerpos de animales enteros,  partes concretas del cuerpo como cuartos traseros o delanteros. Por otro lado, se ha señalado la relación que pudieron tener estos restos con las deposiciones de cerámica que se colocaban junto a estas. Se ha señalado, junto con la utilización de estos objetos para libaciones, la posibilidad de que todo el conjunto haya formado parte de un banquete ritual. La explicación de este uso de la cerámica ya ha sido señalada desde hace años por varios autores (Palomino et al, 1999; Abarquero, 2005). También se ha especulado la posibilidad de que estas piezas de carne estuvieran curadas, como se ha constatado en otros yacimientos como en Cabezo Redondo (Hernández, 2012), hecho que apoyaría a un más la teoría sobre la importancia de los banquetes en esta cultura.

Por otro lado, destacan particularmente las deposiciones de perros, realizadas en cualquier parte del poblado, pero íntimamente relacionadas con el ámbito doméstico y con el propio hombre, como demuestran la deposición de perros junto a los difuntos en las tumbas (Esparza et al, 2012).

Entre las muchas propuestas acerca de sus significados, destaca la de si cabría la posibilidad de estar ante ofrendas a dioses, una pregunta sin duda acertada dada la escasez de figuras o representaciones gráficas que se pudieran asociar a algún tipo de culto. Lo único que se sabe con certeza es la íntima relación que tienen estos depósitos con el mundo doméstico, además de la gran importancia de los animales domesticados como símbolo de su cultura.

-Los depósitos de bronce

Como se ha dicho en el apartado referido a la metalurgia, destacan los depósitos de metales. Con una clara similitud con los del Bronce atlántico, nos encontramos ante una serie de objetos. Algunos autores afirman, como Delibes o Fernández Manzano (2007:11-35.), que se tratan de ofrendas a dioses de la naturaleza. La relación de los depósitos con la religión cogotense no está probado, como indicó Corina Liesau (2012), no obstante, se han asociado este tipo de depósitos con figuras heroicos o como símbolo distintivo de la elite (Delibes et alii, 2001).

  1. CONCLUSIÓN.

Como podemos observar, Cogotas I es un fenómeno clave para entender las culturas de la Edad del Bronce en el interior peninsular. El estudio del interior peninsular en la Edad del Bronce estuvo eclipsado durante largo tiempo por culturas mediterráneas como la de El Argar, mucho más sugerente por su cultura material y contactos comerciales para los investigadores de hace unas décadas. No obstante, obras como la manejada en este libro nos dan una idea de la importancia de la investigación en el interior peninsular y meseteño, ya que, como se puede observar, es ahora cuando se comienza a señalar la importancia que se merece a esta cultura dentro del panorama historiográfico.

Por otro lado, a pesar de conocer que en Cogotas I tuvieron una rica red de intercambio cultural con otras culturas europeas, que tenían un patrón de asentamiento organizado y bien definido, o “saber” que tienen un complejo mundo simbólico, se nos sigue presentando muchas incógnitas. Así, estos importantes descubrimientos y teorías, ofrecen muchas veces más preguntas que respuestas.

Por ello, no solamente se deben continuar las investigaciones con el hilo seguido en la actualidad, así como continuar con nuevas excavaciones para que se sigan extrayendo datos. También se deberían de analizar las investigaciones de antiguas excavaciones de yacimientos. El fin sería revisionar ciertos aspectos que podrían haber quedado desfasados a la luz de descubrimientos más recientes, pues quizá, algunas viejas excavaciones podrían dar respuestas a estos nuevos planteamientos.

 

  1. BIBLIOGRAFÍA

-Abarquero, F. J. (2012) “Cogotas I, más allá del territorio nuclear” en: Fernández Manzano, J.; Rodríguez Marcos, J.A. 2012: “Cogotas I. Una cultura de la Edad del Bronce en la Península Ibérica”. Universidad de Valladolid. Valladolid: 85-103.

-Blanco González, A., (2012) “Excisión, boquique y SIG. Hacia un enfoque territorial de Cogotas I” en: Fernández Manzano, J.; Rodríguez Marcos, J.A. 2012: “Cogotas I. Una cultura de la Edad del Bronce en la Península Ibérica”. Universidad de Valladolid. Valladolid: 29-36.

-Blasco, C (1993) “El Bronce Final”, Historia universal 7. Prehistoria, Síntesis. Madrid: 129-132.

-Blasco Bosqued, C., (2012) “Cogotas I en la Meseta española” en: Fernández Manzano, J.; Rodríguez Marcos, J.A. 2012: “Cogotas I. Una cultura de la Edad del Bronce en la Península Ibérica”. Universidad de Valladolid. Valladolid: 187-216.

-Esparza. A., Velasco, J., Delibes, G. (2012) “HUM 2005-00139: Planteamiento y primeros resultados de un proyecto” en: Fernández Manzano, J.; Rodríguez Marcos, J.A. 2012: “Cogotas I. Una cultura de la Edad del Bronce en la Península Ibérica”. Universidad de Valladolid. Valladolid: 268-314.

-Hernández, M, (2012) “El yacimiento cogotense de Cabezo Redondo (Alicante)” en: Fernández Manzano, J.; Rodríguez Marcos, J.A. 2012: “Cogotas I. Una cultura de la Edad del Bronce en la Península Ibérica”. Universidad de Valladolid. Valladolid: 120-124.

-Liesau, C., (2012) “Depósitos con ofrendas de animales en yacimientos de Cogotas I” en: Fernández Manzano, J.; Rodríguez Marcos, J.A. 2012: “Cogotas I. Una cultura de la Edad del Bronce en la Península Ibérica”. Universidad de Valladolid. Valladolid: 240-249.

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1 Comment

  1. Gracias por publicar un artículo tan interesante. Es una pena que no se hayan dedicado más esfuerzos en intentar descifrar el II milenio en la Meseta, paradojicamente parece que se pasa del megalitismo al bronce final a traves del campaniforme como por arte de magia. La cosa no tendría importancia si fuese un rincón definitivamente aislado e intranscendente.Es posible que Cogotas I desapareciera en la prehistoria antes de tener nada que ver con Cogotas II, un sustrato paradojicamente indoeuropeo no céltico, pero no lo creo. Personalmente me inclino por adelantar la entrada de pueblos indoeuropeos en la peninsula al bronce antiguo, fruto de intercambios comerciales atlanticos, y no como se considera actualmente con los campos de urnas, en este Sentido el Horizonte Procogotas y Cogotas se revelarían como dos piedras Roseta de la prehistoria ibérica.

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