La política exterior del franquismo: desde la posguerra hasta el fin del aislamiento (1939-1953)

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1. Introducción.

El estudio de la política exterior de los gobiernos ofrece una visión real sobre las intenciones del mismo, tanto a nivel internacional como a nivel nacional. En este trabajo se pretende estudiar la política exterior del franquismo desde 1939 hasta 1953 y dar, así, una explicación sobre cuáles fueron las intenciones reales de dicho régimen. Cuando vemos hacia dónde se enfocan los intentos diplomáticos en el ámbito internacional por parte de Franco vemos una serie de características que permiten establecer cuáles fueron las intenciones reales del régimen. Hablamos de un régimen que sólo pretendió su supervivencia y buscó un hueco en el sistema internacional, siempre relacionándose con aquellas naciones que garantizarían su legitimidad.

La política exterior debe ser un referente dentro del estudio de la historia. Los giros de la política exterior española retratan una única intención, la supervivencia. La hipocresía ideológica en la que se vio sumido el gobierno franquista tras la Segunda Guerra Mundial, con la búsqueda del apoyo del bando aliado, ofrece una clara visión de cuáles eran las intenciones reales del régimen.

Al mismo tiempo, el contexto internacional y su situación compleja desde 1939 hasta 1953 llevó de condenar la situación política de España a considerarla un aliado sustancial dentro del nuevo contexto de la Guerra Fría.

Para entender mejor las relaciones internacionales entre España y los demás países analizaremos primero el contexto sociopolítico y económico terminando por relatar los hechos acontecidos durante ese periodo de tiempo. Al mismo tiempo, hay una serie de características principales de la política exterior del franquismo que ofrecen unas herramientas útiles para la comprensión de la misma y de sus intenciones reales.

2. Contexto social, político y económico de principios del siglo XX

Para hablar de la política exterior realizada durante el franquismo debemos tener en cuenta una serie de premisas, unas características generales del contexto, que nos ayudarán a interpretar mejor este supuesto.

En primer lugar hay que tener en cuenta la posición geoestratégica del territorio español, hablamos de un territorio que se encuentra entre el continente europeo y el continente africano, además de tratarse de una península entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. Esta situación no es baladí, porque genera un país con dinámicas de relaciones tanto con los países europeos, como los países africanos, así como las regiones mediterráneas y atlánticas.

En segundo lugar, otro elemento a tener en cuenta es la pluralidad sociocultural española, es decir, la confluencia de diferentes corrientes culturales y religiosas que ha sufrido el país a lo largo de su historia, debido, entre otras cosas, a que se trata de un territorio de encuentro entre distintas civilizaciones (cristianas, judías, musulmanas…). Es quizás, esta, una de las razones por las que nos encontramos una dinámica histórica centralista que pretende homogeneizar un territorio con culturas tan diversas.

A principios del siglo XX nos encontramos con una realidad política española tremendamente inestable, con cambios frecuentes de gobierno, levantamientos populares, pronunciamientos militares… La pérdida de las colonias tras la guerra con los Estados Unidos en 1898 supuso un duro golpe para la confianza de la sociedad en el estado. La inestabilidad y la desconfianza dieron de sí un clima complejo que se manifestaría con un creciente deterioro de la legitimidad política.

Nos encontramos ante un contexto económico basado en el sector primario (agricultura, pesca y minería principalmente), con una industria poco desarrollada (ferrocarril y textil) y una realidad social maniquea, muy dividida, entre el sector rural y el urbano. Al mismo tiempo, la dependencia económica de España de otros países europeos como pueden ser Francia o Inglaterra agravaban la situación económica heredada del siglo XIX1.

La Gran Guerra fue bastante lucrativa, no obstante, para la sociedad española gracias a su neutralidad. A pesar de ello, la sociedad se dividió entre aquellos que apoyaban a Alemania y aquellos más afines a los aliados, algo que, unido a la humillación sentida por la pérdida de las colonias (Filipinas, Puerto Rico y Cuba), nos llevaría a hablar de una cierta “militarización” de la opinión pública nacida de este contexto, algo que propició el intento por parte del gobierno para mantener el control sobre su protectorado en Marruecos. El desastre de Annual sería la gota que colmaría el vaso de la inestabilidad política y social española, dando paso a la dictadura de Primo de Rivera (legitimada por el creciente poder que adquirió el ejército durante las “campañas de África”.

Durante los años veinte hablamos de un contexto europeo fluctuante, efervescente, donde países como Alemania o Italia entrarían en regímenes totalitarios, algo que influenciaría a España y a los primeros pasos de la política exterior franquista. Las relaciones entre Mussolini y Primo de Rivera , por ejemplo, acercarían posturas entre España y estos nuevos regímenes.

De este modo, la llegada del franquismo a España debemos introducirla en un contexto de inestabilidad política, social y económica notable, tanto interna como externa que, a diferencia de otros regímenes comparables europeos, se implantó mediante una guerra civil, algo que le daría una legitimidad clave2 para entender la política exterior llevada a cabo. Al mismo tiempo, al tratarse de un régimen impuesto, los esfuerzos políticos durante el franquismo estarán encaminados a reforzar la propia legitimidad del dictador, algo que le obligará a buscar apoyos sociales, tanto externos como internos, y algo que, por tanto, marcará profundamente las relaciones internacionales. Hablamos de una política exterior supeditada a la legitimación del régimen.

3. Características generales de la política exterior franquista

Como decíamos anteriormente, nos encontramos ante un régimen impuesto tras una guerra civil, por lo que entendemos que gran parte de la población no aceptaba, no se sentía representada por dicho régimen. Es por ello que la política, tanto interior como exterior, del franquismo estará enfocada a legitimar el nuevo sistema. A pesar de la presencia de un ministro de exteriores, hablamos de una política profundamente personalista. Todas las decisiones en política, tanto interior como exterior, respondían al criterio de Franco, por lo que no andaban determinadas por interés colectivo, sino personal. El aparato burocrático en el cual se articulaba el régimen tenía una naturaleza asesora, no decisiva, de tal forma que la última palabra recaía sobre el dictador.

Llama la atención el aislamiento político en el que se vio sumergido el país. Pocas veces observamos iniciativas en cuanto a proyectos políticos internacionales se refiere, es decir, que la política exterior franquista estuvo enfocada a responder iniciativas exteriores. Hablamos de una política exterior pasiva, de respuesta, pero no inexistente. Existe una corriente historiográfica que habla de “ausencia de política exterior”, pero autores como Viñas señalan que no es así, que nos encontramos ante una política exterior medida, cauta, enfocada a la supervivencia del régimen (prueba de ello es la no intervención de potencias extranjeras en la deslegitimación de la dictadura)3.

La población siempre vio como un espectador todos los movimientos estratégicos y diplomáticos en la política exterior; nunca tuvo ni voz ni voto. No existía ningún filtro ni organismo pseudoparlamentario en el que se debatieran los “intereses de la nación” (las cortes franquistas aprobaban con unanimidad toda decisión tomada por el general Franco, con una obediencia y sumisión destacables). Todos los movimientos se realizaban bajo la iniciativa de Franco, acentuando ese fuerte carácter personalista de la política exterior franquista. De hecho, la información de la que disponía la población estaba muy manipulada por la censura que recaía en los medios de comunicación. Toda acción exterior era decorada y alienada de tal forma que la población no podía más que observar sus consecuencias.

Hablamos de una política que fue práctica y cauta; respondía a unos pocos principios, objetivos básicos no excesivamente ambiciosos. Por un lado pretendía mantener a España en el bloque occidental, en el bloque capitalista de la Guerra Fría, alejándose y criticando el comunismo y el no alineamiento. Por otro lado tuvo relaciones con grandes potencias internacionales, como Estados Unidos, enfocadas a mantener la seguridad nacional y evitar cualquier deslegitimación del régimen.

Durante las casi cuatro décadas de franquismo, el régimen tuvo que afrontar muchos cambios en el sistema internacional. La política exterior franquista, como decíamos anteriormente, fue de carácter pasivo, es decir, que ante todos los cambios profundos que se produjeron en el sistema internacional el régimen tuvo que responder en base a la búsqueda de su legitimación. Es por ello que para entender la política exterior debemos entender el contexto internacional y, por ello, podemos establecer diferentes periodos cronológicos.

4. Final de la guerra civil, proceso crítico de legitimación del régimen (1939-1945)

Durante la guerra civil, el general Franco contó con el apoyo de regímenes totalitarios como los de Alemania, Italia o Portugal. Este apoyo fundamentaría el primer eje de relación internacional sobre el que se sustentará el franquismo. Hablamos de un apoyo fundamental, que fue decisivo para la victoria de la guerra. La firma de tratados como los de amistad y no agresión hispano-portugués e hispano-alemán, unido a la firma del pacto Antikomintern (con Italia, Japón y Alemania) son ejemplos más que notables del rumbo de la política exterior franquista. No obstante, este eje de apoyo se vio alterado, por lo menos desde el punto de vista “oficial”, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial tras la invasión de Polonia. El miedo que producía la posibilidad de una nueva guerra de grandes dimensiones para la legitimación del bando ganador impulsó al gobierno franquista a declarar la “estricta neutralidad”. Pero ¿a qué tipo de neutralidad nos referimos? No nos referimos, ni mucho menos, a una neutralidad como la de la Gran Guerra; en este caso, los pactos económicos y las relaciones diplomáticas con los países del eje continuaron; nos referimos, más bien, a una posición de no beligerancia, por el mero hecho de que España era un país completamente debilitado y destruido por la guerra civil. El hecho de que Alemania iniciara la contienda sin tener en cuenta a sus aliados españoles e italianos nos relata dos realidades: en primer lugar, la convicción alemana de que podían asumir los costes de la guerra, sin necesidad de apoyos exteriores y, en segundo lugar, el poco aporte que podría realizar España desde el punto de vista bélico para desequilibrar la balanza a favor del eje. De este modo, la “estricta neutralidad” fue una forma del gobierno franquista de pretender legitimarse ante la sociedad internacional, es decir, evitar verse cuestionada y, por tanto, inmiscuida en un conflicto armado de dimensión internacional.

Ninguno de los bandos enfrentados de la guerra pretendieron el apoyo de España.

Historiadores como Viñas o Tusell coinciden en que la realidad económica española de los años cuarenta era realmente grave. La penuria como efecto de la guerra significaba que el apoyo español sería demasiado ínfimo como para influir en el resultado de la guerra. La dependencia económica española de otros países (como Estados Unidos) dificultaban aún más la pretensión de apoyo al eje, ya que Inglaterra podía proceder al bloqueo económico del Atlántico, estrangulando aún más la economía española. Es por ello que la mejor posición posible era la de supuesta neutralidad (a pesar del apoyo diplomático e ideológico), ya que evitaba enfrentamientos con otros países, tanto aliados como neutrales.

Cierto es que el franquismo estaba endeudado con países como Italia o Alemania, deuda que se saldaría durante la guerra con el abastecimiento de algunas de las materias primas. A pesar de ello, los alemanes siempre fueron conscientes de la situación precaria de la economía española y de su incapacidad para realizar un esfuerzo bélico significativo. Debemos eludir el mito de que Franco no quiso intervenir en la guerra por la situación paupérrima de sus ciudadanos, la no intervención escondía dos razones principales: evitar un conflicto abierto con países del bando aliado que podían estrangular aún más su economía y, así, deslegitimar el régimen; y la incapacidad de realizar un esfuerzo bélico notable. Historiadores económicos como Fernando Eguidazu afirman que fue la situación económica del país y no la prudencia del dictador la que libró a España de la guerra.

Los triunfos del eje durante la guerra, la ocupación de Francia por parte de Alemania, la entrada de Italia en la guerra, la ocupación de otros países como Bélgica, Noruega, Polonia… propiciaron un cambio en la posición “oficial” del régimen. Mediante un decreto, el 12 de junio de 1940 el régimen de España cambió su posición de “estricta neutralidad” a “no beligerancia”4. Esta posición de apoyo hacia los países del eje pero sin intervención militar directa se mantuvo hasta 1942, donde se volvió a la posición inicial. Este cambio fue bastante significativo, pues manifestaba el apoyo moral del régimen franquista hacia las potencias del eje y su colaboración en todo tipo de formas exceptuando la militar. La cartera de asuntos exteriores recaía en un ministro afín a las políticas nacional-socialistas, Serrano Súñer, que siempre mostró sus pretensiones de apoyo y su ambición para la participación en la contienda. La invasión de la ciudad de Tánger por las tropas españolas fue un claro ejemplo del apoyo indirecto a las potencias del eje, pues perjudicaba intereses de países como Gran Bretaña.

El acercamiento entre Hitler y Franco quedó de manifiesto en la entrevista en Hendaya, donde ambos se reunieron. En esta reunión se debatió la posibilidad de la entrada de España en la guerra. Franco aceptaba esa posibilidad a cambio de materias primas, alimentos para abastecer al pueblo, del material bélico necesario y la cesión de territorios en el norte de África. Al mismo tiempo, se tocaron otros temas como el llamado “plan Félix”, que pretendía la invasión de Gibraltar para cerrar el tránsito entre el Mediterráneo y el Atlántico. A pesar de la negativa de Hitler a muchas de las exigencias españolas, como la cesión de los territorios al norte de África (por entrar en conflicto con los protectorados franceses), se llegaría a la firma de un protocolo por el cual España declararía la guerra a Gran Bretaña y entraría en las potencias del eje; no obstante, no se especificaba cuándo debía llegar ese momento. El resultado fue una cierto intrusismo por parte de la Gestapo y el gobierno alemán en los asuntos españoles, así como la cesión de ciertos recursos y edificios importantes para que actuaran libremente. Esta presión se vería aliviada con el cambio de rumbo de los objetivos alemanes. La preocupación que suponía la Unión Soviética y su invasión dejó de lado iniciativas como la Hendaya, dando nuevo protagonismo a la zona de los Balcanes.

La invasión de la Unión Soviética por parte de los nazis despertó el sentimiento anticomunista del régimen franquista. Se facilitó desde el gobierno que una serie de “voluntarios”, conocidos como la “división azul”, fueran trasladados al frente para luchar a favor del nacional-socialismo. Agustín Muñoz Grandes fue el encargado de dirigir esta división formada por casi 20,000 individuos (también contaba con una unidad de fuerza aérea denominada “escuadrilla azul” comandada por Ángel Salas Larrazábal). El decir que se trataba de un grupo de voluntarios estaba claramente enfocado a poder justificar ante las potencias aliadas su posición de no beligerancia; no obstante, a los ojos de las mismas España había roto dicha posición.

Las derrotas en el norte de África, la entrada en la guerra de los Estados Unidos tras el bombardeo de Pearl Harbor, la detención del avance nacional-socialista en terreno soviético etc fueron síntomas del cambio del balance de la guerra. Franco inició un lento cambio de rumbo de las relaciones diplomáticas al ver que las potencias del eje corrían el riesgo de ser derrotadas. A este cambio de rumbo se le sumó la oposición de sectores del ejército a las políticas intervencionistas (con personalidades tan llamativas como Queipo de Llano o Aranda). Se estableció en 1942 una Junta Militar Antiintervencionista, con apoyo financiero del Reino Unido, que apostaban por el fin del apoyo a los regímenes fascistas. Otro punto a tener en cuenta serían las relaciones económicas con latinoamérica, las cuales rompieron trato con las potencias del eje y amenazaban el comercio español. En resumen, la posibilidad de que las potencias aliadas ganaran la guerra, unido a una serie de intereses económicos e internos, provocó que la posición de no beligerancia se recondujera a la inicial “estricta neutralidad” con vistas a la pervivencia del régimen tras una victoria aliada. Fruto de esta nueva dirección que tomó la política internacional franquista fue la destitución del germanófilo Serranó Súñer y el nombramiento de un personaje más afín a las potencias aliadas como Jordana (tras un atentado falangista). Resulta llamativa también la promulgación de la Ley de las Cortes Españolas el 18 de julio de 1942 como intento de “democratizar” el país a ojos extranjeros.

A partir de este momento, a pesar de que no se rompieron relaciones de manera inmediata con Italia y Alemania, vemos como la política exterior franquista se fue acercando progresivamente hacia las potencias aliadas. El abandono del gobernador militar de la ciudad de Tánger, la retención de submarinos y barcos del eje en los puertos españoles por parte de las autoridades militares, la apertura de consulados estadounidenses en Ceuta o Tánger… fueron manifestaciones del nuevo acercamiento hacia una posición de verdadera neutralidad. Sin embargo, a pesar de este progresivo acercamiento hacia la neutralidad el discurso franquista seguía apoyando a la potencias del eje; de hecho se mantuvo el abastecimiento de materias primas y alimentos a Alemania.

Franco no se limitó sólo a apoyar a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Es significativo para la política exterior española de los años cuarenta el conocido como “bloque ibérico” por el cual Franco y Salazar llegaron a un acuerdo de mutua ayuda en caso de necesitarla. Se trataba de un pacto independiente de las dinámicas globales, un pacto que pretendía proteger, de algún modo, la situación de pseudoneutralidad de ambos países.

En 1943 llegamos a uno de los hechos más significativos de la política exterior franquista (probablemente influenciada por este cambio de rumbo de la guerra que alejaba la victoria cada vez más del eje) de la posguerra. Franco, bajo la pretensión de liderar un nuevo bloque de países, pretendió que todas las potencias neutrales (Argentina, Finlandia, Portugal, Suiza…) formaran un nuevo bloque con el objetivo de mediar entre los dos grandes contendientes de la Segunda Guerra Mundial y lograr un tratado de paz. El transcurso de la guerra se decantaba cada vez más a favor del bando aliado; esto significaba una amenaza para el régimen de Franco, pues su cercanía con las potencias del eje podrían derivar en una intervención militar aliada en España que restableciera la república. No es de extrañar que la postura oficial de régimen cambiara, pues, como decíamos, se trata de una política exterior que pretende la supervivencia e institucionalización del régimen.

A raíz de estos cambios observamos numerosas reuniones entre Franco, Jordana y los embajadores británicos y norteamericanos, donde se exigió la retirada de la división azul, el fin de la propaganda anticomunista, la suspensión del apoyo a Alemania… exigencias que fueron admitidas por el régimen franquista de forma paulatina, comenzando por la retirada de la división azul.

A partir de este momento veremos como la política exterior se centrará en tratos con Gran Bretaña y Estados Unidos para encontrar una posición decente en el nuevo orden internacional. El suministro a las tropas alemanas de materiales como el wolframio se redujo considerablemente, no obstante, el gobierno de los Estados Unidos presionó al gobierno español (cortando el comercio del petróleo) con el objetivo de que cortara de raíz toda colaboración con Alemania. Gran Bretaña, sin embargo, mantuvo una relación algo más fluida con el régimen de Franco.

Tras el fallecimiento de Jordana, se nombró a un nuevo ministro de asuntos exteriores, Lequerica. Estos relevos no terminaron aquí, cambios como el del embajador británico, Hoare, en España, o el embajador norteamericano Hayes también tuvieron lugar en el mismo contexto. Las relaciones entre el régimen y estos países se enfriaron, razón que impulsó al dictador a enviar una carta a Churchill el 18 de octubre de 1944 donde se pedía colaboración. El gobierno británico aceptó el régimen de Franco bajo la idea de que acabaría cayendo y “democratizando” el sistema de gobierno; sin embargo, el presidente norteamericano Roosevelt declaró que no habría sitio en las Naciones Unidas para un gobierno fundamentado en los principios fascistas.

Franco inició una batería de concesiones en política exterior para mejorar las relaciones diplomáticas con los aliados en general y con los Estados Unidos en particular. La ruptura de relaciones con Alemania y Japón, la concesión de rutas comerciales aéreas, la entrega de Pierre Laval (alto funcionario del gobierno de Vichy) etc fueron algunas de ellas; sin embargo, no lograron grandes resultados. Al mismo tiempo inició una serie de reformas destinadas a mejorar la imagen de España hacia el exterior. Quizás la más destacable fue el conocido como “fuero de los españoles” simulando una especie de carta de derechos fundamentales, promulgado el 13 de julio de 1945.

De nada sirvieron todas estas medidas; la llegada de Harry Truman a la presidencia de los Estados Unidos, el triunfo en las elecciones británicas del laborista Clement Attlee y el giro a la izquierda de los parlamentos franceses e italianos pronosticaban un aislamiento del régimen importante, ya que todos ellos criticaron abiertamente los sistemas dictatoriales. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta los éxitos diplomáticos que consiguieron los republicanos en el exilio. La idea de la restauración de la república iba ganando cada vez más fuerza gracias a los gobiernos francés, soviético y mexicano.

La situación en la que se ve España tras el final de la Segunda Guerra Mundial está muy bien retratada en la cláusula X del comunicado final de la Conferencia de Potsdam; donde se dice que todos los países que se mantuvieron neutrales durante la guerra podrán adscribirse a las Naciones Unidas siempre y cuando declaren que “no apoyarán la candidatura del actual gobierno español, que establecido con la ayuda de las potencias del Eje, no posee, en razón de sus orígenes, de su carácter y de su estrecha asociación con los países agresores, las cualidades necesarias para justificar su admisión en las Naciones Unidas5.

Tras este momento hablaríamos de un periodo de aislamiento internacional hasta la entrada en la Guerra Fría.

5. El periodo de aislamiento de régimen franquista.

Como decíamos, el apoyo de Franco a las potencias del eje supuso, tras la victoria aliada, el aislamiento en el que se vería sumido el país. A pesar de que Franco fue capaz de ver el cambio de rumbo que tomó la guerra e inició una serie de concesiones a los países aliados, las represalias económicas y diplomáticas repercutieron en la sociedad española.

La primera medida que se tomó tras la Conferencia de Potsdam fue la destitución de Lequerica por Martín Artajo en la cartera de exteriores, a quien dio amplio margen de maniobra.

El régimen franquista vendió a la sociedad española esta situación acusando a los judíos y los comunistas de conspirar contra “la patria”, algo que queda muy bien retratado en sus discursos (especialmente uno que dio un mes después de la Conferencia de Potsdam).

Los propios integrantes de la conferencia no fueron capaces de llegar a un acuerdo sobre cómo se debía proceder con España; Stalin propuso sanciones inmediatas, mientras que el primer ministro británico opinaba que esa postura reforzaría la dictadura. El presidente americano, por su parte, en un principio apostó por la postura soviética, pero su distanciamiento internacional fue acercando la postura inicial a la postura británica. En cualquier caso, lo cierto es que el aislamiento de facto no tuvo un consenso internacional.

Ante esta situación, sería lógico pensar que el régimen debería de haber caído; no obstante, la situación de división interna del país, la dificultad de crear un frente de oposición común, complicó la posibilidad de que, con apoyo exterior, se derrocara la dictadura. Socialistas, comunistas, anarquistas, monárquicos (el rey Juan Carlos emitió un comunicado por el cual no renunciaba a la jefatura del estado español), republicanos6… no consiguieron establecer un frente de oposición claro que amenazara los cimientos franquistas. Las potencias extranjeras apoyaban, en todo caso, a aquellos grupos mas afines a sus intereses, por lo que, a pesar de dicho apoyo, nunca lograría tener la influencia necesaria.

Cuando hablamos de aislamiento, no nos referimos a un aislamiento hermético. En este periodo de discusión internacional entre las distintas potencias las relaciones comerciales con España nunca se cortaron del todo. Es por ello que el mérito del nuevo ministro de exteriores fue aprovechar las diferencias entre los países aliados para, poco a poco, incorporar a España en el nuevo orden internacional. La conformación progresiva de los nuevos bloques que protagonizarían la Guerra Fría dejaron a un lado los viejos motivos de disputa y España se transformó en un nuevo socio a tener en cuenta. No es de extrañar que el anticomunismo franquista fuera visto con mejores ojos con el inicio de la nueva guerra.

En un principio, la cuestión española se transformó en un punto de discusión en las Naciones Unidas. Consistía en debatir las medidas de sanción a las que debía someterse la dictadura; de hecho, se aprobaron dos resoluciones7 de sanciones contra el régimen franquista. Estas sanciones aislaban por completo a España. Muy ilustrativo es el marco de embajadas presentes en Madrid, pues sólo encontramos a la República Dominicana, al Vaticano, a Portugal y a Argentina.

Al mismo tiempo, el flujo de guerrilleros (maquis) entre la frontera franco-española provocó el cierre de la misma por parte de Francia, aumentando aún más el aislamiento.

El único país que mantuvo relaciones diplomáticas activas con España fue Argentina. El general Perón apoyó una serie de tratos en los que se contemplaba, por ejemplo, la concesión de un crédito de 350,000,000 de pesos. La visita de la mujer del general a España selló toda relación entre Argentina y el régimen

Las consecuencias del aislamiento repercutieron en el pueblo, en la sociedad. Las grandes élites comerciales no vieron sus negocios dañados por la sencilla razón de que se mantuvo la política autárquica de la guerra. Las penurias y la falta de recursos se apreciaban en las cartas de racionamiento. Este malestar general fue aprovechado por el régimen para estimular el odio de la población hacia unos culpables imaginarios, hacia todo aquel que amenazara el gobierno.

El apoyo inicial de Argentina y el posterior de otros países como Estados Unidos, que mantuvieron cierta actividad en el comercio, hizo sobrevivir la situación económica hasta el punto de mantener a flote la dictadura.

A partir de 1947 el panorama comenzó a cambiar de tal forma que supondría el fin del aislamiento de la dictadura (prueba de ello fue la incapacidad de renovar la medida tomada por las Naciones Unidas en 1946 que condenaba el franquismo al no alcanzar los dos tercios necesarios). Una serie de acontecimientos se sucedieron en el contexto nacional e internacional que llevarían a un cambio en las relaciones internacionales de España y en la cohesión de la dictadura:

En primer lugar, es en este año cuando se inicia la conocida como Doctrina Truman, y se da paso a la Guerra Fría. Tras interpretar al comunismo como la verdadera amenaza internacional, los Estados Unidos dejaron de ver a España como una dictadura intolerable para verla como un socio estratégico útil contra el comunismo. El presidente Truman restableció las relaciones comerciales con España (lo que precipitó que Francia reabriera la frontera).

Hechos como el bloqueo de Berlín, la toma del poder por parte de los comunistas en Checoslovaquia o el apoyo a los comunistas chinos disiparon toda duda sobre la necesidad de implantar una democracia en España, algo que legitimó aun más el régimen de Franco. A medida que se recrudecía el conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, España era vista con mejores ojos por el bloque occidental.

En el ámbito nacional, para estabilizar la situación interna, tuvo lugar aprobación de la Ley de Sucesión para la Jefatura del Estado. Tras esta ley aprobada el 31 de marzo de 1947 se calificaba a España como reino y se abría un espacio de debate sobre la sucesión de Franco. Tras la reunión entre Juan Carlos y Franco, que tuvo lugar en 1948, se garantizaba la llegada a la jefatura del estado de Juan Carlos de Borbón. Con este movimiento se terminó con la oposición monárquica al franquismo liderada por Gil Robles.

Tras este cambio en las relaciones internacionales, se sucedieron una serie de visitas a España por parte de personalidades norteamericanas. La posición que proporcionaba España en el plano geoestratégico mejoró las relaciones con los Estados Unidos. Hillenkoetter, jefe de la CIA, Chan Gurney, presidente del comité de las Fuerzas Armadas, así como otros importantes militares como Woolridge o Boatner fueron algunas de las visitas recibidas en España. De haber tenido un presidente más afín a la política pragmática y militarista del Pentágono, las relaciones con España hubieran sido más fluidas. Algunas de estas reservas en las relaciones con Estados Unidos quedan retratadas con el Plan Marshall, del cual España no pudo beneficiarse.

En el año 1949 se creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), como alianza militar del bloque occidental contra el bloque soviético. Dentro de esta organización entraron todos los países afines al bloque capitalista, entre los que se encontraba Portugal. El hecho de que Portugal entrara en la OTAN ponía en riesgo la alianza del “bloque ibérico” y ponía de manifiesto la posibilidad de que Franco perdiera un importante aliado, por lo que no es de extrañar el viaje realizado por Franco al país vecino en el mismo año. En esta reunión se trataron temas diversos relacionados con la política internacional que llevarían ambos países. Franco quería asegurarse de que no supondría una amenaza para el régimen la entrada de su país vecino en la OTAN.

Es significativo el proceso de normalización económica entre Estados Unidos y España a lo largo de los años cincuenta. El crédito fluía para España gracias a iniciativas de bancos norteamericanos como el City Bank o el Export-Import Bank. Todo esto se inició gracias a que en las Naciones Unidas se revocó la medida aprobada en 1946. A partir de entonces se inició el conocido como regreso de los embajadores donde volvieron a España embajadores como el de Estados Unidos, Stanton Griffis, el británico, John Balfour o el francés, Bernard Harion.

Al mismo tiempo, para concluir con el aislamiento, España volvió a organismo internacionales como la OACI, la UNESCO o la FAO.

Así pues, la Guerra Fría significó el fin del aislamiento de España. Estados Unidos permitió, como potencia líder dentro del bloque occidental, que se fueran reabriendo las relaciones con España debido principalmente a su utilidad geoestratégica.

6. Conclusión.

El contexto internacional condicionó profundamente la política llevada a cabo por el régimen franquista. La posición adoptada por España durante la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría trajo consigo una serie de consecuencias políticas, sociales y económicas que sólo son explicadas en un contexto mas globalizado.

El régimen optó por una política exterior de supervivencia. El hecho de que su implantación fuera mediante una guerra civil le daba una cuestionable legitimidad. Toda la política exterior del franquismo estuvo condicionada a la permanencia del régimen y a evitar una intervención exterior. El cambio que supuso en el plano internacional el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética significó la supervivencia del régimen durante casi tres décadas más.

A pesar de la timidez con la que Franco apoyó a las potencias del eje, su régimen estuvo al borde del declive; un declive interrumpido por un acontecimiento internacional nuevo que, unido a la posición geoestratégica de la península, supuso la pervivencia del régimen.

Cuando observamos detenidamente la política exterior del franquismo nos damos cuenta de que es una política pragmática y personalista, con un único objetivo, que es la supervivencia del franquismo. La sociedad fue, en todo momento, un sujeto ignorado por la alta política. Todas las consecuencias del contexto internacional, del bloqueo económico que vivió España, recaían sobre el pueblo, mientras que todos los intentos de la política exterior pretendían el mantenimiento de un régimen dictatorial, es decir, del mantenimiento de las élites dirigentes.

Si entendemos la política exterior como referente a la hora de comprender las intenciones reales de un gobierno, veremos que la única intención palpable del franquismo fue su supervivencia, y nunca la mejora de la sociedad. Todos sus esfuerzos se centraron en encontrar una legitimación internacional e integrarse dentro del sistema internacional prevaleciendo sus fundamentos fascistas.

7. Bibliografía

- Estudio sobre la política exterior franquista: José Mario ARMERO. La política exterior de Franco. Editorial Planeta. 1978.

- Para una visión completa, con análisis historiográfico, de las relaciones internacionales en general y del caso español en particular: Rafael CALDUCH CERVERA. Dinámica de la sociedad internacional. Universidad Complutense de Madrid.

- Estudio del franquismo a nivel nacional e internacional, análisis de conjunto de ambas dinámicas para la explicación de los hechos: Manuel ESPADAS BURGOS. Franquismo y política exterior. Editorial Rialp. 1987.

- Roberto MESA. Democracia y política exterior en España. Eudema Universidad. 1988.

- Para analizar los documentos oficiales en la política internacional durante el siglo XX: Roberto MESA. La Sociedad Internacional Contemporánea. Documentos Básicos. Editorial Taurus. 1982. Madrid.

- Para un estudio sobre la posición diplomática e internacional de España durante la Segunda Guerra Mundial: Víctor MORALES LEZCANO. Historia de la no beligerancia española durante la Segunda Guerra Mundial. Editorial Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas. 1980. Las Palmas.

- Para un análisis de la actuación del gobierno de la república en el exilio: Javier RUBIO. Los reconocimientos diplomáticos del gobierno de la república española en el exilio. Revista de política internacional. 1977.

- Para entender la realidad socioeconómica de España a lo largo de la historia en general: Antonio Rueda Ramón TAMAMES. Estructura económica de España. Alianza Editorial. 2008.

- Estudio completo del periodo de la dictadura de Francisco Franco: Javier TUSSELL GÓMEZ. La dictadura de Franco. Alianza Editorial. 1996.

- Ángel VIÑAS. La política exterior española en el franquismo. Comunicación presentada al Tercer Coloquio sobre Política Exterior organizado por la Escuela Francesa en Roma. 1982.

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1 Antonio Rueda Ramón TAMAMES. Estructura económica de España. Alianza Editorial. 2008.

2 Roberto MESA. Democracia y política exterior en España. Eudema Universidad. 1988. Pág. 18.

3 Ángel VIÑAS. La política exterior española en el franquismo. Comunicación presentada al Tercer Coloquio sobre Política Exterior organizado por la Escuela Francesa en Roma. 1982. Pág 2.

4 Para más información sobre este punto: Víctor MORALES LEZCANO. Historia de la no beligerancia española durante la Segunda Guerra Mundial. Editorial Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas. 1980.

5 Roberto MESA. La Sociedad Internacional Contemporánea. Documentos Básicos. Editorial Taurus. 1982. Pág. 77.

6 Los republicanos en el exilio lograron muchos avances en sus relaciones diplomáticas, especialmente contando con el apoyo de otras potencias para restablecer la república derrocando el régimen franquista: Javier RUBIO. Los reconocimientos diplomáticos del gobierno de la república española en el exilio. Revista de política internacional. 1977. págs 77-81.

7La primera medida, a propuesta de Panamá en febrero 1946, condenaba el franquismo y se pedía a los países integrantes de las Naciones Unidas que se mantuvieran fieles a dicha condena. La Unión Soviética llegó a proponer que, si suponía una amenaza para la paz internacional, se interviniera militarmente bajo el amparo del Consejo de Seguridad. Estas medidas de sanción fueron especificadas 10 meses después, descartando la propuesta soviética, limitándose a la exclusión de España de cualquier organización internacional y con la ruptura total de las relaciones diplomáticas de los países miembros.

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