La Revolución de Asturias. Octubre 1934

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El 4 de octubre de 1934 Lerroux formó un nuevo gobierno entrando a formar parte de él tres ministros de la Confederación Española de Derechas Autónomas, uno de ellos el máximo dirigente de dicha organización: Gil Robles. Dicha entidad a estas alturas de la República todavía no declaraba su republicanismo por lo que la oposición con el PSOE a la cabeza comenzó a sentirse inquieta. Los grupos republicanos comenzaron a hacer notas públicas de protestas puesto que la República era entregada a los enemigos de la misma.
Los sucesos que acontecían Europa aquellos momentos (Alemania nazi, Dollfus en Austria) hicieron del PSOE sentirse preso de una crisis de extremismos. Los primeros desfiles de Falange española y las concentraciones de los cachorros militarizados de Gil Robles inspiraron incendiarios discursos en Largo Caballero donde de repente hacía incipientes invitaciones a la unidad del proletariado y a la toma de poder por ellos. Todo esto tuvo resonancias en los núcleos confederales especialmente en la zona asturiana. Y es que los otros tres grandes movimientos insurreccionales llevados a cabo por la CNT apenas habían tenido repercusión en Asturias. El hecho de en Asturias se sitúe un importante foco socialista y que los anarcosindicalistas siempre fueron allí minoritarios comparado con los ugetistas, fueron factores claves para que el PSOE fuera en instigador de la revuelta. Tampoco hay que olvidar la tradición aliancista de los anarcosindicalistas asturianos: en el II Congreso de la CNT en 1919 se pronunciaron insistentemente por la fusión de las grandes centrales sindicales del país. Además, los escritos del teórico anarcosindicalista Valeriano Orobón Fernández apoyarán durante estos años la teoría aliancionista. Manifestaba que el peligro fascista en España planteaba seriamente el problema de unificar al proletariado revolucionario para una acción de alcance más amplio y radical que el meramente defensivo.
El 23 de junio de 1934 se celebró en Madrid un pleno de regionales para discutir el problema de una alianza obrera. La regional catalana se mostró antialiancista por dos motivos: Primero, la inexistencia de influencia socialista en Cataluña; Segundo: resquemor de las represiones llevadas a cabo por el gobierno de ERC. Mientras la regional asturiana presentó un pacto unilateral firmado con la UGT ante la recriminación de las demás regionales. Dicho pacto mantenía: “UGT y CNT convienen entre sí en reconocer que frente a la situación económico-política del régimen burgués en España se impone la acción mancomunada de todos los sectores obreros con el exclusivo objeto de promover y llevar a cabo la revolución social” .
El movimiento revolucionario de octubre de 1934 es francamente conocido por su desarrollo en Asturias pero en menor medida se dio también en Cataluña aunque en distintas circunstancias.
En Cataluña, el origen del movimiento lo encontramos en el conflicto que durante todo 1934 mantuvo la Generalitat presidida por Companys (tras la muerte ese mismo año de Maciá) con el gobierno central a propósito de la ley de Contratos de Cultivos (esta ley favorecía la posición de los arrendatarios y de las comarcas vitícolas). Los propietarios, apoyados por la Lliga Regionalista, boicotearon la ley, impugnando la competencia del Parlamento catalán para aprobarla. El golpe revolucionario en Cataluña se inició la madrugada del 5 de octubre con una huelga dirigida por la Alianza Obrera (formado por el BOC, los Sindicatos de Oposición, la escasa UGT y un sindicato independiente de viticultores) la cual no tuvo seguimiento. Mientras Companys proclamaba el Estat Catalá dentro de la república federal española. La rebelión fue sofocada por el general Batet deteniéndose a toda la cúpula de la Generalitat (Companys y Tarradellas entre otros) y el gobierno central suspendió el estatuto catalán. La dirección faísta no solamente se mantuvo al margen de todo el conflicto desarrollado en Cataluña, sino que además dio consignas de no apoyarlo a través de la emisora de Radio Barcelona.
En cuanto al verdadero protagonista del movimiento, en Asturias la insurrección fue poderosa y no más bien para devolver el gobierno a la izquierda sino para realizar la revolución social. Fue dirigida por los socialistas mayoritariamente y se unieron a ella anarquistas y una minoría comunista. En Asturias dominaba el Sindicato Minero Asturiano y estaba adscrito a la UGT agrupando a la mitad de los 26000 mineros de la región. El comité Regional de la CNT (cubría toda Asturias, León y Palencia) tenía en Gijón su sede y contaba en el momento de la insurrección con 13000 afiliados (6000 de ellos del sindicato minero).
Bajo la Alianza Obrera y con la consigna UHO (Unión Hermanos Proletarios) el movimiento comenzó la madrugada del 5 de octubre. Se inicia en las cuencas mineras. Allí se usará dinamita como elemento contundente contra la Guardia Civil. Dominados la mayoría de los pueblos y ciudades (control de Gijón y Avilés) empezaba el asalto a Oviedo. Mientras, comenzaban a desembarcar en los puertos asturianos unidades, dirigidas por el general Franco, hasta ese momento desplegadas en el norte de África. Este hecho provocó que los revolucionarios tuviesen que dividir sus fuerzas para hacer frente al peligro militar. La presión ante los militares es contenida en el sur y en el este.
El comité revolucionario fijó la toma de Oviedo a la acción de las columnas mineras. Pero estas no pudieron emprender esa tarea hasta dejar dominados los pueblos de los valles. Para sorprender a la guarnición de la capital Oviedo tuvo que ser tomada desde la periferia y calle por calle. Se tomó la fábrica de armas de La Vega y la de cañones de Trubia. En la Comarca de la Felguera, de larga tradición anarquista, se llegó a poner en práctica una industria de guerra que blindó camiones para la toma de Oviedo y llegó a fabricar 30000 balas de fusil y ametralladora por día.
Como consecuencia de la caída de Gijón el día 8 y del avance de las fuerzas gubernamentales (el gobierno se vio obligado a enviar más tropas), el día 11 se ordenó la retirada general por parte del Comité Revolucionario. La orden encontró una viva resistencia en los combatientes. La aviación gubernamental iniciará grandes bombardeos y en intervalos lanzará octavillas sobre los revolucionarios bajo el pretexto de la rendición al gobierno de España. La revolución continuará persistiendo hasta el día 18 cuando el Comité Revolucionario provincial pone fin al movimiento a través de un manifiesto.
Durante el breve periodo revolucionario, los conceptos clásicos de socialismo y anarquismo ofrecieron diversa naturaleza de acuerdo con las zonas de mayor o menor influencia socialista o anarcosindicalista. El comunismo libertario llegó a coexistir en diversos lugares con municipalidades en que prevalecían las formas del socialismo de Estado. En La Felguera se llegó a abolir por completo la propiedad privada y el dinero y los trabajadores de la CNT se apoderaron de los medios de producción decretando el comunismo libertario.
El problema de que no triunfase la revolución se debió a la parcialización insurreccional. La falla del movimiento del 6 de octubre fue la falta de nuevo de un plan serio de coordinación nacional. Esto es, al movimiento le faltó perspectiva global de la realidad española y se resintió de la carencia de elementos de combate. Pero una cosa pareció estar clara tanto en los círculos comunistas como socialistas como libertarios: frente al avance del fascismo la única solución era la revolución social. El dilema no era fascismo o democracia, sino fascismo o revolución. El proletariado no tiene que utilizar sus fuerzas para mantener el status quo capitalista sino prepararse para derrumbarlo. En definitiva, el pacto de Alianza firmado entre la CNT y la UGT no deja lugar a dudas sobre su transcendencia revolucionaria.
En cuanto a la represión, pese a las seguridades de clemencia se revistieron auténticos caracteres de verdadero salvajismo. Al asesinato en masa de trabajadores desarmados degollados por los legionarios hay que añadir la violación de muchachas, el robo, el saqueo y el incendio. Centenares de mineros asesinados fueron a parar a los pozos y escombreras de las minas. El periodista Luis de Sirval fue asesinado por un oficial del Tercio por atreverse a denunciar estos horrores. Mientras en las Cortes Azaña expuso un discurso donde declinaba todo compromiso con el alzamiento de octubre. El gobierno entraría en crisis por la concesión de indultos por parte de Lerroux a los condenados a muerte y el bloque CEDA-Partido Radical se iría desintegrando por la coincidencia de una serie de factores. Por otro lado continuaba el retraimiento de capitales y el despido masivo de obreros. A finales de 1935 había cerca de 700.000 obreros parados en el país y en las cárceles 30000 presos políticos y sociales.

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