Los ángeles antiguos.

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Lamassus de Khorsabad

Lamassus de Khorsabad

El término ángel deriva de una traducción griega del original hebreo mal´ankh, que  antiguamente significaba “cara oculta de Dios”, pero más tarde paso a significar “mensajero”. Esta derivación puede brindar una clave de por qué experimentamos cierta incertidumbre cuando intentamos describir la naturaleza de un ángel, puesto que “mensajero” implica más una función o estatutos, en el seno de la jerarquía cósmica, que una presencia.

La importancia básica de los ángeles no radica en quienes o que son, sino más bien en lo que hacen. Su naturaleza  inherente apenas puede separarse de su relación con el Creador, Dios o el Origen Absoluto.

La idea de una especie angélica es el resultado híbrido del múltiple entrecruzamiento de seres sobrenaturales sumerios, babilonios y persas. Esta interacción originó la apariencia corpórea de los mensajeros alados de dios que conocemos en la actualidad. Hacia el siglo I de nuestra Era esta creación esencialmente judía fue adoptada, por la nueva religión, y seis siglos más tarde, por los musulmanes. Desde entonces, esa forma angélica básica no ha experimentado modificaciones fundamentales.

El primer precedente histórico de lo que hoy conocemos como ángeles fueron los Ka-ri-bu monstruosos guardianes de templos y palacios en Sumer y Babilonia. Sin duda los hebreos se familiarizaron con estas fabulosas bestias aladas que se encontraban en  las entradas de los lugares sagrados.  El significado de la función de estos seres nos la desvela la traducción del pictograma arcaico Ka-ri-bu. En dicho pictograma, Ka es una cabeza que grita, y ri es una forma alada, que también sugiere protección, mientras que bu es una lanza o espada afilada. Así, el retrato en su conjunto es el de un guardián alado y armado[1]. Esta será la imagen de los ángeles bíblicos reformulada por los judíos helenizados.

 

Los ángeles bíblicos son descritos en sus misiones terrestres como bellos adolescentes capaces de excitar los deseos de los sodomitas que insisten a Lot para que se los entregue. Virilidad y juventud: tal es la imagen que se dio. Se los representa imberbes y rubios.

Precisemos que en este momento no existen los ángeles femeninos, que posiblemente aparecieron en el Renacimiento asociando las largas túnicas medievales con las vestimentas femeninas del s. XV (otros autores afirman que fue la idealización de la belleza y el amor romántico, lo que evocó a los  ángeles femeninos). Los ángeles infantiles tampoco pertenecen al período histórico del Antiguo Testamento sino a época romana, cuando las almas de los muertos eran representadas con forma de niños. Recordemos también al lector que ni los testimonios de Jacob, Daniel, la Virgen María, San Pedro, Tobías, u otros hacen mención alguna de alas; es más, en el sueño de Jacob los ángeles precisaban una escalera para subir y bajar del cielo. La idea de ángeles planeando o volando sólo está probada en el Judaísmo tardío (I Cron. 21). Sólo en el siglo IV vemos por primera vez un ángel alado, y aun a título de símbolo del evangelio está San Mateo.

Otra característica del ángel primitivo es precisamente, su luminosidad. Es por ella que serán conocidos entre los hebreos como Elohim ” Los seres resplandecientes”, numerosos son los testimonios bíblicos o apócrifos que así lo ilustran. Pero este rasgo es también un préstamo de la cultura religiosa sumeria, cuyos dioses estaban envueltos en un halo de luz, el me. lam, señal de su divinidad e inmortalidad.

Según los hebreos, el universo es una jerarquía. Los cristianos adoptaron este modelo judío del cosmos, en el cual Dios es, a la vez, el centro del cosmos y el punto más elevado de la jerarquía. Los seres irradian hacia afuera desde Su Presencia, estando algunos más cercanos al centro, en tanto que otros se alejan más y más del origen divino de la luz y el amor.

Es un marco dinámico y continuamente cambiante. Los ángeles están dispuestos en tres niveles descendientes. Cada nivel tiene tres filas o a órdenes. La Tríada más elevada la forman los Serafines, Querubines y Tronos, que se hallan en comunión directa con la unidad divina y reciben la iluminación de Dios, sin intercesión. La tríada contigua que órbita en torno a Dios la componen las Dominaciones, Virtudes y Potestades, que reciben la iluminación divina a partir de la Tríada primera y luego las transmiten hacia la tríada inferior: los Principados, arcángeles ángeles. Luego, estos nos transmiten la iluminación a los mortales. Los órdenes  internos de  la tríada  fundamental , donde el Amor (los Serafines) y el conocimiento (Los Querubines) emiten unas vibraciones sutiles con el batir de sus alas y el sonido de sus voces; aun así, siguen siendo esencialmente inmateriales  e insustanciales. No obstante la región subsiguiente de los ángeles inferiores o Ofanines es una región donde forma y sustancia empiezan a materializarse. La divinidad central, que es el pensamiento puro, a medida que se proyecta hacia el exterior se convierte en luz, la cual, a su vez, se transforma en calor, que se condensa en materia.

La morada de los Elohim se encontraba en los siete cielos y siete tierras del universo judío. Cada uno de ellos era imaginado como un paisaje terrenal, pero cada cual tenía sus características y funciones establecidas, aunque ni los mismos rabinos de la antigüedad se pusieran de acuerdo en ellas; como ejemplo nos sirve las diferentes descripciones del tercer cielo o Sagun  Residencia de Azrael, el ángel islámico de la muerte, con lo cual coincide con Enoch, quien sitúa el infierno dentro de sus confines septentrionales. Otros eruditos también colocan el Gehena (Infierno hebreo) al norte del Edén donde oscuros fuegos volcánicos arden, contaminando el aire con pesadas emanaciones de azufre, y un río de llamas corre a través de una tierra desértica, yerma. Aquí los malvados son castigados y torturados por los Ángeles.

Resulta comprensible que la iglesia cristiana fuese recelosa en sus dogmas con semejante descripción del cielo. Pero no lo fue así con las descripciones de las tierras celestiales paradisíacas, famosas porque en ellas las abejas divinas almacenan la miel del maná.

Resulta difícil para algunos de nosotros, hombres del s. XX, pensar en los ángeles como seres violentos sin embargo así podían serlo los ángeles judíos: duros castigadores como la figura del Querubín y Serafín Uriel, como jefe del Gehena y ángel del Arrepentimiento.

Después del periodo del exilio babilónico de Israel (597-538 a.C.), el pensamiento judío con respecto a los ángeles fue considerablemente alterado y enriquecido. Basándose en el arte mesopotámico, los artistas y escritores comenzaron a dotar de alas incluso a los serafines antropomórficos, y se desarrolló un interés por las prendas de los ángeles, sus nombres y sus categorías. Además de la influencia mesopotámica, la tradición dualista persa añadió otra dimensión a la angeología hebrea postulando ángeles hostiles y destructivos que se rebelaban contra Dios. La secta judía Qumran, o de los Esenios, por ejemplo, veía el mundo como un campo de batalla, la escena de un combate entre el espíritu de la Verdad y el espíritu del Mal, este último, un poder demoníaco opuesto a Dios llamado Belial.

Arcángel Uriel. St John’s Church. Boreham

Arcángel Uriel. St John’s Church. Boreham

Author: Abel Marco Freixa

Soy una persona afortunada porque pude estudiar lo que más me gustaba, historia. Siempre me atrajo en desmedida nuestro pasado más antiguo y comprender nuestro legado histórico. Nunca supe que podia hacer con esos conocimientos que desde los 14 años atesoro, hasta que casi por casualidad empecé a dedicarme a la difusión cultural, compartir mi pasión me resulta tan fascinante como perfeccionar mis conocimientos, así puedo dar rienda suelta a mi empatía y a mi forma natural de ser resuelta, activa, introvertida y creativa.

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