Los nacionalismos en el Estado Español

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A finales del siglo XIX y principios del XX surgirán en España nacionalismos regionales. El nacionalismo de nacionalidades, como lo denomina el profesor Juan Pablo Fusi, fue una reacción étnica y cultural de los pueblos que habían tenido en el pasado una existencia política independiente. La lengua y la etnicidad serían dos de los pilares que impulsarían estos nacionalismos a la política. El aumento de los niveles de educación, las mejoras económicas e industriales de cada región, el reconocimiento de derechos y libertades políticas.. serían muchos de los factores que facilitarían estos movimientos. La Memoria Histórica supondrá el fundamento ideológico pasa la asimilación de esa conciencia de identidad (En muchos casos falsearán la verdad histórica).

Los pequeños movimientos nacionalistas surgidos en España a finales del siglo XIX terminarían por forzar cambios en la vida política. La estructura territorial del Estado cambiaría; primero en la Mancomunidad de Cataluña en 1914 (un sistema semiautonómico), después, con la II República, se reconoció el derecho de estas regiones a la autonomía, llegando a la concesión de la misma a Cataluña en 1932 y al País Vasco en 1936.

A principios del siglo XX, España era un país en declive que había perdido sus potencias de ultramar, con regiones muy heterogéneas en cuanto a su nivel económico y preeminentemente rural. Además, el nacionalismo español como elemento de cohesión social era muy débil, sólo reflejado en la constitución y textos legales. Entonces, el ámbito de vida eran la región, el pueblo.

A diferencia de los nacionalismos europeos, la idea de la nación ultrajada en ningún caso se manifestó en España. La derrota contra Estados Unidos en 1898 que supuso la pérdida de colonias como Cuba, Filipinas y Puerto Rico no generó ninguna reacción nacionalista. De hecho, la intervención militar en Marruecos fue utilizada como herramienta para realzar el patriotismo; pero las consecuencias fueron contrarias a lo esperado. En primer lugar, una de ellas sería la Semana Trágica de Barcelona (revuelta provocada por el envío de tropas reservistas a la guerra), y en segundo lugar, el desastre de Annual (1921-1922).

Según Fusi, los nacionalismos catalán, vasco y gallego fueron el resultado de largos procesos históricos, de consolidación de la identidad. En ningún caso sería el resultado de una respuesta al nacionalismo español. La influencia del concepto de nación atribuido por el Romanticismo cristalizaría en diferentes regiones de España. El movimiento de recuperación de la lengua, la historia, la cultura… influiría en el nacionalismo catalán y vasco, llevándoles a su plenitud a finales del siglo XIX.

En Cataluña ya existía un “catalanismo” social antes de unirse a la acción política. Esta región experimentó un desarrollo industrial importante en los inicios del siglo XX; especialmente en la industria textil. El éxito de la pintura, la arquitectura o la literatura en Cataluña indicaban que había aportado una generación de artistas que los nacionalistas identificarían como propia, llegando a diferenciarla de España. Este auge del movimiento cultural y los reconocidos artistas catalanes serían la razón por la cual los nacionalistas hablarían de una “cultura catalana”, propia e independiente de España.  Enric Prat de Riba (1870-1917) será el principal ideólogo del catalanismo conservador. Ya en en 1870 hablaba en términos de la “patria catalana”. En 1891 se creó la Unió Catalanista; en su primera asamblea aprobaron la Constitució Regional Catalana. La iniciativa de Prat de Riba terminaría por crear un partido político conocido como la Lliga Regionalista de Cataluña, que lograría cuatro diputados en las elecciones generales españolas. El nacionalismo catalán era liberal, basado en una sociedad modernizada. Barcelona y Girona fueron las ciudades donde se gestaron sus principios ideológicos. Este nacionalismo aspiraría a la autonomía política para Cataluña y configurarla como una nación.

En el caso del País Vasco, las tesis fueristas serían el germen sobre el que se fundamentaría el nacionalismo. La abolición de los Fueros en 1876 serviría como antecedente para unir políticamente a los vascos en defensa de sus intereses. Los inicios políticos del nacionalismo vasco se fechan en 1894, con la fundación del Partido Nacionalista Vasco. El fundador del movimiento sería Sabino Arana (1865-1903). Arana sería diputado de la Diputación de Vizcaya en 1898. En 1907 el PNV alcanzaría la alcaldía en Vizcaya. El nacionalismo vasco tenía un carácter fuertemente etnicista, que aludía a la raza vasca; Aludía a los verdaderos territorios Vascos y Navarra. A diferencia del nacionalismo catalán, el vasco se aleja de la idea modernizadora, de hecho, nació enfrentado a ella (el País Vasco padeció una fuerte industrialización desde 1880, convirtiéndolo en un centro económico atractivo para inmigrantes. El nacionalismo vasco era soberanista, de hecho Arana llamaba “Euzkadi” a la “patria” vasca, y reclamaba la reunificación de todos los “territorios vascos”. De hecho, hablaba de una confederación vasca.

Los cambios sociales acaecidos en España a lo largo del siglo XX terminarían por cohesionar el sentimiento nacionalista con la sociedad. La prensa de masas, la zarzuela, los toros, deportes, el aumento demográfico en las ciudades… serían factores que influirían en ello. Ahora España era vista como, en palabras de Fusi, “Una cultura común y varias culturas particulares”. La política española se vería afectada con la victoria electoral de Solidaridad Catalana (coalición liderada por la Lliga Catalana), conseguiría en 1907 cuarenta y uno de los cuarenta y cuatro escaños catalanes. Su influencia se vería en el debate generado a raíz de la reforma administrativa propuesta por Maura, que pretendía modificar el régimen de provincias en la unión de “mancomunidades” regionales. De hecho, Cataluña sería reconocida en 1914 como un régimen de Mancomunidad, creada por una junta de diputados de las cuatro provincias catalanas. Educación, cultura y competencias de interior serían transferidas por el gobierno central. Por otro lado, los organismos provinciales vascos, plantearon la reintegración foral para sus provincias. Esto tuvo lugar en 1917, pero no tuvo éxito. En 1918 se produciría la petición de autonomía para Cataluña, petición denegada. El ejército nacional veía en estos nacionalismos un peligro de desintegración, considerando estos nacionalismos independentistas como amenazas para la unidad, incompatible con la formación del estado español.

 

Bibliografía:

- Fusi. J.P. “España. La evolución de la identidad nacional”.

- Blas Guerrero; Fusi; Morales. “Historia de la nación y del nacionalismo español”.

- Fusi. J.P. “La patria lejana. El nacionalismo en el siglo XX”.

 

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