Los orígenes de Hungría

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Con el final de las hostilidades de la Primera Guerra Mundial, se firmó la paz con los derrotados individualmente. Las condiciones de la paz supusieron la creación de numerosas repúblicas, en detrimento de los ya derrocados Imperios. Estas nuevas repúblicas integraban en sus territorios diversidad etnias y minorías,  lo que generó gran cantidad de demandas nacionalistas. Además, la Revolución Rusa, los efectos de la guerra y las condiciones de paz, alentaron el surgimiento de fuertes movimientos obreros y revolucionarios, pero también reforzó y provocó  la  actuación represiva de la extrema derecha y de las élites contra dichos movimientos por el miedo a que el ejemplo de la Revolución Rusa se trasladase a Europa.

El Imperio Austro-Húngaro quedó dividido en nuevas entidades políticas, una de ellas fue Hungría,  la cual declaró su separación formal de Austria el 16 de Octubre de 1918 y el 13 de noviembre depuso a Carlos IV de Habsburgo y proclamó una República. Como Estado independiente,  selló por su cuenta la paz con los vencedores en el tratado de Trianon el 4 de junio de 1920. Este tratado fue un desastre para el país, Hungría perdía el 70% del territorio que poseía antes de la guerra y cerca del 60% de la población, pasando a manos de las nuevas Repúblicas (Yugoslavia, Rumanía y Checoslovaquia). Además se exigió el pago de las reparaciones de guerra y se restringió el número de efectivos militares. Es por esto por lo que la revisión de las duras condiciones de dicho tratado se convirtió en el asunto político más importante del periodo de entreguerras en Hungría.

Tras la marcha de los Habsburgo, Mihály Károlyi, un aristócrata de ideas progresistas, ocupaba el cargo de primer ministro, propició una política más tolerante hacia las minorías, fue contrario a la guerra y defendió la retirada de Hungria de la alianza con Alemania. De  hecho, pensaba que los Aliados dispondrían unas condiciones de paz clementes. El 24 de Octubre de 1918 se formó un Consejo Nacional; aunque no fue un órgano elegido por el pueblo, obtuvo gran apoyo ya que el derecho a voto para elegir los miembros del Parlamento estaba muy restringido y solo representaba los intereses de la aristocracia y de los más adinerados.

Károlyi repartió un terreno de su propiedad, unos 50.000 acres, entre los campesinos. Posteriormente planeó implantar una reforma agraria radical. Se amplió el derecho a voto entre la población y se pretendió calmar y cohesionar los diferentes movimientos nacionales que se estaban gestando en Hungría, donde los húngaros representaban menos del 50% de la población. Mientras, pese al hundimiento del Imperio de los Habsburgo, los Aliados presionaban para llegar a un acuerdo de paz, el cual era muy desfavorable y rechazado por el gobierno, por lo que continuaron efectuando un bloqueo que agravó la situación económica húngara. El retorno de prisioneros de guerra de Rusia alabando la Revolución junto con la difícil situación creada por los Aliados reforzó a los partidos de izquierda.

Károlyi se vio obligado a dimitir y entregó el poder al Consejo Revolucionario de Gobernación, una coalición de la socialdemocracia y los comunistas, convencido de que responderían a los deseos del pueblo. Los socialdemócratas no estaban muy satisfechos de compartir poder con los comunistas, pero la inexistente ayuda occidental no les dejó otra opción.

El 21 de marzo se proclamó la República Soviética Húngara, que duraría hasta el 4 de Agosto. Su principal líder fue Béla Kun, comunista y antiguo prisionero de guerra en Siberia. El gobierno nacionalizó las tierras en vez de redistribuirlas, lo que produjo el rechazo del campesinado. También se nacionalizaron aquella empresas con más de 25 trabajadores y se deportaron a los sacerdotes y miembros de órdenes religiosas a Austria, lo que enfureció a los fieles. La Rusia soviética había prometido ayuda, pero estaba inmersa en una complicada y decisiva guerra civil que impidió tal ayuda. Por otro lado, empezó a surgir un fuerte movimiento anticomunista apoyado por la policía y parte del ejército que hizo que Béla Kun perdiese más apoyos. Finalmente, un general monárquico efectuó un golpe de Estado que obligó a huir a Béla Kun y sus seguidores a Viena. Tras ello, los Aliados buscaron un gobierno anticomunista y que aceptase sus condiciones de paz, de este modo, la derecha y la aristocracia recuperó el poder.

Durante el siguiente cuarto de siglo, los socialistas y los comunistas quedaron excluidos de la vida política de Hungría. Las clases dominantes no sobrellevaron bien esta humillación y acusaron a los judíos de sacar beneficios de la guerra y de ser agentes de los bolcheviques, por lo que se ejercerá una cierta represión y marginación contra ellos.

Bibliografía:

- Kitchen. M. “El periodo de entreguerras en Europa”.

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