Los Orígenes de la Picaresca. Estudio del contexto sociocultural del siglo XVII

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RESUMEN:

Cuando hablamos de la picaresca nos referimos a un modo de vida nacido de un contexto sociocultural real, propio de la Europa del siglo XVII, en la que la polarización social y el éxodo rural fueron protagonistas. El tránsito de los valores estamentales tradicionales hacia una economía de mercado, donde el dinero pasó de ser un medio a la piedra angular del desarrollo, generó una serie de conductas en los ámbitos más paupérrimos que significaron la inspiración para un género literario que hoy en día conocemos como picaresca. En este trabajo analizaremos el contexto histórico real sobre el que se sustentó dicha figura literaria.

PALABRAS CLAVE: Picaresca, contexto sociocultural, siglo XVII.

ABSTRACT:
When we talk about The Picaresque we refer to a way of life that emerged in 17th Century Europe, where social polarization and rural exodus were the protagonists . The transition from traditional estamental values towards a market economy, where money stopped being a means to become the cornerstone of development, led to a series of behaviors amid the most miserable social contexts which inspired a new literary genre: The Picaresque. In this paper we analyze the  historical context on which this literary figure was based.

KEYWORDS: Picaresque, 18th Century, socio-cultural context.

1. Introducción

La picaresca se ha convertido en un genero literario muy extendido, no sólo por España, sino por toda Europa. Estas novelas nos retratan a un personaje complejo, tachado con muchos adjetivos, que hunde sus raíces en las sociedades de los siglos XVI y XVII europeas.

En este trabajo se pretende analizar el perfil del pícaro y relacionarlo con el contexto social español, concretamente del siglo XVII. El éxodo rural de estos siglos unido a un tránsito económico y social hacia una economía de mercado generó un contraste tremendamente marcado en el ámbito urbano, que dio como resultado una sociedad heterogénea de la que nacería la inspiración para relatar las obras picarescas.

¿Es la novela picaresca un género primitivo de España? Y de ser así ¿tienes sus raíces en la misma sociedad española de la edad moderna? El género de novela picaresca estuvo ausente en países como Francia, Italia o Alemania, por lo menos en el momento inicial de su nacimiento. No obstante, estos mismos países contaron con una serie de pinturas y representaciones propias de este género.

A la hora de abordar el tema de la exclusividad española de este género y su surgimiento se han realizado numerosas teorías. De este modo, escritores como F. W. Chandler opinan que la novela picaresca nació de la realidad sociocultural del momento, caracterizada, para un amplio sector de la población, por la pobreza y la indigencia, de tal modo que muchos se verían obligados a utilizar y aplicar su ingenio a todo tipo de situaciones para sobrevivir. Otros autores, como el caso de Miguel Herrero (1895-1961), ponen énfasis en el carácter ético y pedagógico de la novela picaresca, como método para solventar algunas de las actitudes más que cuestionables de la sociedad de la España del Siglo de Oro. Este estudio, por tanto, se centra en un carácter conocido como referencialista1 dentro del estudio de la novela picaresca, es decir, que nos centraremos en la relación del contexto histórico con sus orígenes.

España generó un tipo de novela, una serie de figuras literarias de forma propia, pero lejos de pretender “apartarla” del contexto europeo, los demás países contribuyeron a mantenerlo, pues contamos con diversas novelas picarescas alemanas y de otros países europeos.

Los bajos fondos urbanos ofrecen una realidad muy contrastada en la que observamos numerosas actividades. La pequeña delincuencia, la astucia, el engaño, el pillaje, la usurpación y otras miles de tretas formarán parte del modo de vida de unos personajes golpeados por la realidad paupérrima de las ciudades del siglo XVII.

Hablamos, pues, de la manifestación social de un proceso de cambio económico; de una mentalidad que se aleja de los viejos valores, como el honor o la nobleza, y se acerca, por lo menos en práctica, hacia las mentalidades individualistas de la economía de mercado. Cuando el dinero era visto entonces como un medio alejado de los valores tradicionales, el pícaro hará de él su primera ambición, como forma para mejorar su vida y su sustento. Por ello asistimos al nacimiento de un personaje que se niega a encasillarse en una sociedad estamental, donde uno nace en una posición y muere en la misma, por la ambición de mejorar su vida sin ningún respeto por las leyes y las tradiciones del momento.

2. Los orígenes del pícaro

Gran parte de las diferentes teorías sobre cómo surgió el pícaro remiten a su contexto sociocultural. Por norma general, se recalca el papel de la pobreza como elemento sustancial. La crisis económica de la segunda mitad de la década de 1540 agravó una polarización social donde aquellos que se encontraban sumidos en la pobreza se veían obligados a utilizar su ingenio para sobrevivir. Tenemos testimonios de esta crisis que nos relatan cómo afectaban las inclemencias del tiempo a la sociedad, hasta el punto de llegar a suponer su supervivencia2. Cierto es que hablamos de los “años dorados” de España como imperio por la conquista del Nuevo Mundo, pero la realidad social estaba muy polarizada. Debemos comprender que hablamos de un reino mayoritariamente rural, con unas cargas impositivas reales muy duras de satisfacer por unas regiones a menudo sumidas en la pobreza. Además, estas regiones dependían demasiado del clima para que las cosechas fueran más o menos abundantes, por lo que un mal año se traducía en unas economías más mermadas de lo que ya lo estaban. No es de extrañar que esta situación generara procesos de migración masiva hacia las ciudades.

Esta realidad no fue algo puramente español, sino que hablamos de un fenómeno europeo. No se trataba, pues, del reflejo en la sociedad de un país en decadencia, sino de una realidad social europea propia de los siglos XVI y XVII3.

Así pues, gran parte de los autores acepta la premisa de que el pícaro real, o la figura real en la que se basó la literaria, nace de un contexto de pobreza, donde se ve obligado a agudizar el ingenio para sobrevivir. No obstante, otros autores hablan de diferentes factores causales unidos a este último. La aceptación de dicha realidad tan polarizada, entre aquellos que tienen mucho y los que no tienen prácticamente nada, haría mella en las conciencias del momento hasta el punto de aceptarlo como realidad inmutable, es decir, que aquellos que pertenecieran a uno de los dos extremos aceptarían su realidad como algo propio de la vida4.

Otras tesis, matizando las anteriores, nos llevan a plantear, no la pobreza y la aceptación en sí, sino la creciente percepción social de dichas desigualdades como piedra angular del surgimiento de los pícaros. El aumento progresivo de las desigualdades entre ricos y pobres llevaría a dejar en evidencia una realidad injusta, que se traduciría en un planteamiento de vida distinto por aquellos que menos tienen. En este caso, el pícaro nacería de la percepción, cada vez mayor, de una realidad injusta y desequilibrada. Sus actos serían la forma de pretender acercarse a un mejor bienestar. Así pues, en contraposición a la tesis de Maravall, sería, no la asunción de una realidad inmutable, sino la percepción de una realidad injusta el motor que promovería al pícaro5.

Otro factor mencionado por otro autor6 nos remite a la influencia que tuvo en la conciencia de la “pureza de sangre” la expulsión de los judíos de 1492. Esta concepción dividió a la sociedad en aquellos cuya pureza de sangre se remontaba a la Reconquista y a los conversos. Esta dicotomía no tardó en asociarse al ámbito social, relacionando a los pobres con los conversos y a los “puros” con los nobles y burgueses. Esta situación llevó a que aquellos que descendían de un linaje cristiano debían seguir unos valores estereotipados, mientras que los converso estaba socialmente entendidos como algo muy alejado de los valores nobiliarios.

Finalmente, quizá una de las tesis más aceptadas sería la de Américo Castro (1885-1972), quien entendía el pícaro como una especie de “antihéroe” fruto de la indignación y el rencor social contra un sistema tremendamente desigual. Esta tesis está muy relacionada con la propuesta por Domínguez Ortiz. No obstante, hay quien entiende (A. A. Parker) que la expulsión de los judíos significó uno de los elementos principales del nacimiento del pícaro, pues sería la lucha de este colectivo contra la sociedad opresora y desigual la que daría luz al pícaro como figura literaria. Este último argumento probablemente estuviera ligado al aportado por Michel Cavillac, quien hablaba de la pureza de sangre como algo importante a la hora del nacimiento del pícaro; la diferencia la encontraríamos en denominar conversos o judíos a aquellos que se encuentran fuera del patrón de la “pureza de sangre”. Más correcto sería hablar de conversos, pues no necesariamente todos los pícaros en los que se inspirarían los autores de las obras primigenias de picaresca serían esencialmente judíos. No obstante, se debe mencionar una crítica a esta teoría realizada por Maravall, quien menciona que no se relata ningún elemento converso en la literatura picaresca, por lo que es muy aventurado decir que, junto a la pobreza, el ser converso fue uno de los ejes centrales de este género.

Nos encontramos también con una visión plenamente marxista del contexto histórico de los siglos XVI y XVII. De esta forma, el pícaro sería un actor importante de la lucha de clases, fruto de dicha polarización social. Esta teoría está muy ligada a las demás, sólo que matiza que el pícaro sería originario de una especie de proletariado primigenio. Esta tesis parte de la aceptación de dos realidades muy distintas, la de los ricos y la de los pobres, y el pícaro es un actor casi evidente de esta segunda. Así mismo, la teoría marxista estaría muy relacionada con la idea de “resentimiento social” de Domínguez Ortiz, de tal modo que su forma de actuar sería una manifestación de la lucha de clases. Como crítica a esta visión es digno de mencionar que en época premoderna no existía una sociedad de clases entendida en términos contemporáneos, pero sí es cierto que podíamos hablar de una sociedad estamental, que no deja de ser una manifestación maniquea entre los ricos y los pobres. Así mismo, la idea preconcebida de “solidaridad” dentro de los estamentos menos favorecidos queda anulada por la forma de actuar del pícaro, quien se basaría en una mentalidad mucho más egoísta e insolidaria, comparable con la mentalidad burguesa de la economía de mercado.

Basándonos en la teoría anterior, la mentalidad del pícaro estaría, bajo un punto de vista marxista, más asociada con la codicia, el egoísmo y los valores capitalistas, por lo que representaría los valores contrarios a los que pretende hacer mención la obra picaresca. Es posible que la concepción del pícaro como antihéroe fuera una forma de denunciar la mentalidad y la realidad de la época de una forma indirecta, casi “en negativo”, exaltando unos valores reprobables en un contexto de la misma índole. Así entraríamos en el carácter de denuncia de la obra picaresca, afirmando de forma inapelable que la pobreza y la desigualdad fueron las piedras angulares sobre las que se sustenta el nacimiento de la figura del pícaro. No obstante, otros autores hacen referencia a una visión “en positivo” de la dicotomía “honor” y “antihonor”, donde lo nobiliario seria honorable y lo bajo estamental sería deplorable7. Los valores del pícaro representarían, supuestamente, los valores contrarios a la “pureza de sangre”, de esta forma, se haría referencia a una sociedad cada vez más dividida por la riqueza.

Autores como Rodríguez Vila8 nos dividen, en el contexto real del siglo XVII, aquellos pobres entre los que aceptan su realidad, que define como “legítimos”, y los pícaros o “fingidos”. Esto es, la sociedad tan polarizada de la que hablamos generaba una gran cantidad de pobreza en la que se veían sumidos todos los bajos fondos, agravada por la “caridad obligatoria” que exigía la iglesia. En archivos del momento se habla de los “pobres legítimos”, contabilizándolos, dejando sobreentender que existían aquellos que no lo eran, y son estos, los “ilegítimos” o “fingidos” los que impulsarían, supuestamente, la figura literaria del pícaro.

Finalmente, como muchas conclusiones que tienen en cuenta las diferentes aportaciones a la explicación de determinadas causas, habría que tener en cuenta todas y cada una de las teorías como un cúmulo de circunstancias que derivó en una realidad concreta. Así pues, pese a lo atractivo que en muchos casos puede resultar, el intentar explicar una realidad tan compleja que se materializó en la creación de una figura literaria que ha dado tanto de sí de una forma monocausal puede llevar a debates absurdos entre hipótesis simplistas y probablemente incompletas que no solventen el verdadero problema. Por ello, para intentar acercarnos a la figura real que inspiró la literaria debemos acercarnos lo más posible a la realidad de los siglos XVI y XVII, y para esto, todas las aportaciones son necesarias.

3. Contexto

Como mencionamos anteriormente, el lugar de acción del pícaro era el ámbito urbano. Vamos a realizar una descripción de las ciudades de España del siglo XVII para entender cómo se desenvolvía este personaje en dicho ámbito.

La población urbana experimentó un crecimiento enorme gracias a las migraciones rurales. Este proceso de asimilación se tradujo en unas desigualdades sociales importantes, pues muchos de los que llegaban a la ciudad no tenían dónde dormir siquiera. Muchos de estos individuos no tardaron en aglutinarse en la periferia de las ciudades, lugares donde surgirían numerosos delincuentes y proscritos. Así pues, nos encontramos con una ciudad muy contrastada, donde sólo encontramos opulencia y riqueza o marginalidad y pobreza. Las grandes ciudades españolas del siglo XVII se caracterizaban por la heterogeneidad social que presentaban, desde nobles y ricos, a prostitutas, esclavos negros, comerciantes o vagabundos. La cárcel o las galeras eran algo común como forma de castigo para los delincuentes. Las galeras siempre eran más temidas por el trabajo que conllevaban, las cárceles en cambio eran algo más transitadas y extremadamente violentas. A su vez, la “justicia” aplicada por estos carceleros era desmesurada en muchos casos. Las celdas estaban sobreocupadas hasta extremos inimaginables, en muchos de los casos hasta tal punto que la enfermedad causaba estragos.

Otros relatos9 nos hablan de una justicia más ciega de lo normal, donde la corrupción reinaba entre los funcionarios, quienes se aliaban en muchos casos con algunos delincuentes para negocios de moral cuestionable. Con lo cual nos encontramos con un contexto idóneo para aquellos que supiesen moldearlo a sus necesidades. Los pequeños delincuentes llegaron a crear pequeños psudogremios que contaban con su jerarquía, sus mártires y normas propias.

Así pues, el exceso de población agravó una polarización social importante en un entorno muchas veces corrupto, que ofrecía a los pícaros el anonimato ideal para empezar sus andaduras de supervivencia. La pequeña delincuencia, los tramposos del juego, y miles de tretas fruto de agudizar el ingenio comenzaron a ser artimañas de lo más astutas para conseguir mejorar la situación personal en la cara oscura de la moneda de la ciudad.

La ley no era algo asumido por la población, ni siquiera, en muchos casos, por los propios funcionarios. Era vista más bien como un obstáculo dentro de tus objetivos. En ninguna de las ciudades de España era del todo respetada, ni siquiera en Madrid, la capital de reino. Los juegos de azar, como los naipes, donde encontramos dinero de por medio fueron lugar muy frecuentado por nuestros protagonistas, donde aplicaban su astucia y sus trampas. La falsificación y la mentira, las usurpaciones son actividades muy frecuentes. Muchos testimonios nos hablan de que ciudades como Sevilla, Valladolid o Valencia no eran, ni mucho menos, ciudades seguras; portar un arma, de hecho, era algo habitual entre los habitantes de las mismas.

Otra práctica habitual era fingir ser otra persona para conseguir dinero, de este modo, tenemos ejemplos como el que nos relata el cronista Barrionuevo10, donde un ladrón ganó mucho dinero haciéndose pasar por el sobrino de Josef González llevando una carta suya.

El dinero era entendido como algo perturbador, no olvidemos que pertenecer a los estamentos privilegiados no dependía del mismo, por lo que se empleaba como un medio. Sin embargo, para los pícaros este era el eje central de su actuación. El desprecio al honor, a las convenciones sociales, y a todo lo que tuviera que ver con los altos estamentos formaba parte de su entendimiento. Para él, el dinero era el medio que facilitaba su libertad y su forma de destacar frente a los demás, y no quería trabajar para conseguirlo, razón por la que empleaba dichas artimañas. Hablamos de un delincuente menor inmerso en las técnicas bancarias e inversiones productivas, es decir, que se trata de un personaje en cierto modo más adaptado al mundo del libre mercado que a otra cosa. Se trataría, en parte, de una manifestación del cambio económico y social que se esta dando en la Europa del XVII hacia una economía de mercado. Este no es un cambio baladí, en muchas otras novelas, como la afamada Don Quijote de la Mancha observamos este mismo tránsito entre dos realidades económicas y sociales.

4. El pícaro

Hablamos del contexto que originó el nacimiento de la figura real en la que se basó la literaria del pícaro, pero ¿quién era el pícaro? En este punto encontramos autores como Parker que opinan que se trata de un término muy ambiguo, que aglutina demasiadas connotaciones y pautas de comportamiento distintas como para establecer un estereotipo. No obstante, este personaje ha dado lugar a un género literario, y como tal, encontraremos una serie de similitudes nacidas del contexto anteriormente citado. El pícaro es el resultado de un contexto social paupérrimo y desigual, y la forma de vida delictiva del mismo no es más que una manifestación o crítica hacia dicha situación. Este término se aplicaría en la obra conocida como el Guzmán de Alfarache, por lo que se trata de un concepto acuñado a un personaje de una novela cuyo comportamiento se ha asemejado con el de otros personajes distintos, estableciendo un género concreto, la picaresca. Durante la segunda mitad del siglo XVI este término se había asociado a “mala vida” y si miramos el primer diccionario de la RAE lo definía como “bajo, ruin, doloso, falto de honra y vergüenza”. Es evidente que los orígenes son los bajos fondos sociales; no obstante, a raíz del nacimiento de dicha figura literaria veremos que esta pauta de comportamiento se extenderá a algunos de los estamentos privilegiados11.

La diversidad social existente en los bajos fondos que originaron la figura real del pícaro dificulta considerablemente la identificación de un colectivo concreto como tal, de hecho muchos autores consideran muy difícil dicha tarea. Sin embargo, sí que podemos centrarnos en unas pautas de comportamiento y características contextuales genéricas que nos ayudarán a enmarcarlo un poco mejor.

Como decíamos anteriormente, el pícaro procede de un contexto de pobreza y necesidad. Casi siempre suele ser un vagabundo, con mucha movilidad y necesidad de la misma. Generalmente falto de cultura académica, analfabeto. La juventud del personaje suele ser también una constante, quizás asociada a la movilidad del personaje, muchas veces proveniente de una familia rota o desestructurada.

El ámbito urbano es importante, no debemos olvidar que las migraciones hacia las ciudades comenzaron a cobrar protagonismo en la edad moderna, por lo que, ya fuera procedente del contexto rural o urbano, el campo de acción se centraba en la ciudad. El juego de la picaresca, del engaño y del aprovechamiento fluía con mayor gracia en las ciudades, que le otorgaba todo tipo de posibilidades y recursos para ello. La ciudad en los siglos XVI y XVII experimentó un aumento demográfico importante, dando lugar a una serie de realidades que, en una sociedad tan polarizada en torno a la riqueza como esta, ofrecían el campo de acción idóneo para el pícaro. En una ciudad, el individuo entraba en el anonimato, lugar donde uno recién llegado podía ser lo que quisiera y actuar lejos de cualquier identidad.

Cuando hablamos de analfabetismo no nos referimos, ni mucho menos, a la falta de inteligencia. El hecho de que no haya podido acceder a estudios no significa que careciera de una amplia capacidad. La astucia y la capacidad para el engaño sería una forma brillante y maligna de aplicar una destacada inteligencia que lograrán hacer destacar a estos personajes dentro de un contexto paupérrimo. Será, de hecho, esa misma astucia la que llevara a muchos de ellos a mezclarse con gente perteneciente a los estamentos privilegiados.

El trabajo manual será constantemente despreciados por estos personajes. Las veces que se ven obligados a realizarlo lo hacen mal y a desgana. Su motivación es esquivarlo, por lo que hasta cierto punto, pretende asemejarse con los estamentos privilegiados, donde el trabajo manual estaba visto como algo propio de la plebe. No obstante, el pícaro aplasta constantemente el concepto del honor. Su egoísmo y supuesta holgazanería lo lleva a despreciar el trabajo como algo cansado e incómodo y, a su vez, se ríe, o existe cierta crítica, hacia la concepción del honor de los estamentos privilegiados del momento.

Entonces hablamos de un personaje cuya pseudosociopatía nacida del vivir en un contexto tremendamente desigual le lleva a comportarse de cualquier manera, independientemente de la “honorabilidad” de dicho comportamiento, para conseguir facilidades en su sustento. No vemos con tanta claridad en muchos casos que tenga un objetivo concreto mejorar su propia existencia.

Autores como Parker consideran que es la palabra “delincuente” la que mejor se adapta al perfil del pícaro, pero una delincuencia de corte menor, lejos de los delitos de sangre. El pícaro no tenía ningún reparo en transgredir algunas normas como el robar, sin embargo nunca se planteaba la idea de protagonizar delitos mayores como el homicidio.

Si hablamos de que el pícaro era un marginado, estamos afirmando que se apartaba voluntariamente de la sociedad o que no quería formar parte de ella. Esto no sería del todo correcto, puesto que el pícaro pretende aprovechar todos los recursos y oportunidades que le ofrece la ciudad en su propio beneficio, por lo que decir que se “aparta voluntariamente” de la vida urbana no es cierto, simplemente no tiene ningún tipo de “superego” que le dicte qué está bien y qué está mal, puesto que lo único bueno para él es su beneficio.

Maravall nos dice que el pícaro pertenece al grupo que entiende como “discrepantes activos” (dentro de una división tripartita en la que divide a la sociedad: integrados, reformadores y discrepantes activos), es decir, aquellos en los que se englobarían tanto a los revolucionarios como a los marginales propiamente dichos. El cinismo del pícaro me lleva a plantearme hasta qué punto lo podemos englobar en una de estas categorías sociales puesto que es más simple que todo esto. Un pícaro no tiene mayores ambiciones que la de su bienestar, esto es, considerarlo “dentro” o “fuera” de la sociedad no es un debate en el que debamos centrarnos. A mi juicio, el término que más se asemejaría sería el de “superviviente urbano” al margen de toda preocupación que trascienda mas allá de lo individual y mundano. Aquellos que se preocupan por criticar la sociedad lo hacen con el objetivo de mejorarla o de transformarla, un pícaro anda lejos de esta ambición. Otro tema es si nos referimos a la intención o pretensión de la novela picaresca como tal, es decir, una novela que retrate a un superviviente urbano de estas características puede tener ambiciones más trascendentes que el personaje en sí, y si nos referimos a la figura real sobre la que se sustentó la literaria, probablemente fuera una figura con poca ambición, nacida de la necesidad y la pobreza y movida por la satisfacciones personales de las mismas.

Cuando anteriormente hablaba de psudosociopatía me refería a una realidad muy concreta. El pícaro no desafiaba las normas como modo de vida, sino para “atajar” métodos para conseguir mejoras en su bienestar, no obstante, él es perfectamente consciente de las normas y de cuáles puede y cuáles no puede incumplir, es decir, que cuando decimos que no cometía delitos de sangre lo hacía porque esto podría significar su propia destrucción, por lo que su más mundano y primitivo objetivo se vería dañado por un acto indebido. No incumplía las normas como trastorno psicológico, sino que lo hacía pensando en un objetivo. En este punto debemos volver a su desprecio por el honor, pues al no creer en él, por lo menos en los términos de su contexto, no creía que incumplir las normas tuviera consecuencias negativas para su conciencia.

La picaresca es la elección de un modo de vida cínico y aventurero, muy alejado de los convencionalismos sociales del momento. Para llevar este modo de vida se requiere de una astucia que podría compararse casi como una “habilidad artística”, no todos son capaces de aplicar su inteligencia de esta manera. Sea maña, habilidad o arte, es una cualidad propia que lo caracteriza, que lo diferencia y que, unido a su cinismo y su condición “anónima” en el ámbito urbano, generan una mezcla óptima y única para la supervivencia.

Conseguir dinero era una forma de traducirlo en su bienestar. Rara vez empleaba el dinero conseguido en actividades productivas con vistas a un futuro; generalmente lo dedicaba de pleno para actividades de ocio y disfrute. Así llegamos a una faceta que comparte con la nobleza, la ostentación. Mientras que la nobleza utilizaba lo que conocemos como “capital simbólico” para destacar y llamar la atención, la ociosidad era el capital simbólico del pícaro, es decir, que cuanto más demostrara su derroche y divertimento mayor capital simbólico mostraría en su contexto urbano. Siendo un sujeto de baja alcurnia pretende demostrar que vive como uno de alta cuna, esto es, desde su profunda indiferencia frente a los convencionalismos sociales el ostento forma la piedra angular de su motivación.

Durante los siglos XVI y XVII se sucedieron una etapa de expansión económica seguida por una crisis importante que dieron como resultado la apertura y cierre repentino de una serie de posibilidades de enriquecimiento que afectaron especialmente a las capas más bajas de la sociedad. Esta forma de “frustración”, sostiene Maravall, afecta aún más a los más desfavorecidos, pues el consiguiente cierre de las clases privilegiadas por temor a perder más de lo que tienen dificulta aún más cualquier tipo de posibilidad de mejorar su vida. De este modo, la actitud de desprecio del pícaro sería fruto, entre otras muchas cosas, de este factor. El pícaro sufre un proceso de individualización que hace del fraude su principal atributo, es decir, que su ruptura con la sociedad se manifiesta de esta forma, rompiendo los lazos de comunidad supuestamente preexistente. El pícaro se niega a encasillarse en una posición concreta y de por vida dentro del sistema estamental, esto hace que algunos autores lo vean como una fuerza desintegradora o rupturista con el propio sistema, pero muy alejado del patrón revolucionario, como dijimos anteriormente, puesto que no lo hace de forma consciente.

Finalmente, me gustaría volver a hacer mención a la frustración, siempre presente, del pícaro, como impulsora de una actitud contraria. Normalmente, el personaje de los bajos fondos quiere demostrar a sus semejantes que vive bien mediante un capital simbólico traducido en una ociosidad derrochadora poco productiva, como hemos afirmado anteriormente. Toda esta necesidad nace de un rechazo hacia una profunda frustración por la situación en la que se encuentra, donde, probablemente al final de su vida, se verá obligado a reconocer la inevitabilidad de su realidad. Pese a que el pícaro se muestre como alguien hecho a sí mismo, feliz y con mucho que ofrecer, en el fondo subyace un malestar, una frustración, que le llama a aceptar una dura realidad, donde no posee nada de lo que quisiera. Se trata, pues, de un sentimiento triunfalista nacido de una profunda frustración, contra la que luchará hasta el fin de sus días. Por ello, autores como Maravall consideran que la libertad, tan característica del pícaro y, quizás, el punto más envidiable de su forma, formaría el contrapeso o la compensación de su fracaso en la vida.

5. Bibliografía

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1Miguel Herrero, F. W. Chandler o Ludwig Pfandl son algunos de los principales autores referencialistas que abordaron la relación entre el contexto social y la picaresca.

2D. de COLMENARES: Historia de la insigne ciudad de Segovia y compendio de las Historia de Castilla, Segovia. Academia de Historia y Arte de de San Quirce, 1970.

3A. A. PARKER: Los pícaros en la literatura. La novela picaresca en España y Europa (1599-1753), Madrid. Editorial Gredos. 1971.

4J. A. MARAVALL: La literatura picaresca desde la historia social (Siglos XVI y XVII), Madrid. Taurus ediciones, 1986.

5A. DOMÍNGUEZ ORTIZ: Picaresca y Marginación social en la obra de Maravall, Salamanca. Cuadernos hispanoamericanos, 1990.

6Michel CAVILLAC: Pícaros y mercaderes en el Guzmán de Alfarache. Reformismo burgués y mentalidad aristocrática en la España del Siglo de Oro, Granada. Universidad de Granada, 1984.

7F. J. SÁNCHEZ y N. SPADACCINI: Maravall y el estudio de la Picaresca, Salamanca. Cuadernos Hispanoamericanos 1990.

8A. RODRÍGUEZ VILA: La corte y monarquía en España en 1636/37, en Curiosidades de la Historia de España, Luis NAVARRO (de), Tomo II, Madrid. 1986.

9Ruth PIKE: Aristócratas y comerciantes: La sociedad sevillana del siglo XVI, Barcelona. Editorial Ariel, 1978.

10Comunidad de Madrid (Consejería de Educación y Cultura), Secretaría general técnica. Avisos del Madrid de los Austrias y otras noticias. Madrid, 1996.

11Véase como ejemplo de picaresca en los estamentos privilegiados B. BENASSAR: Valladolid en el siglo de Oro. Una ciudad de Castilla y su entorno agrario en el siglo XVI, Valladolid. Fundación municipal de Cultura: Ayuntamiento de Valladolid, 1983.

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