Movimiento Democrático de Mujeres. Conferencia sobre la Tesis Doctoral de Francisco Arriero Ranz

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La tesis doctoral de Francisco Arriero Ranz sobre el Movimiento Democrático de Mujeres tiene un título bastante descriptivo. Movimiento democrático de mujeres, del antifranquismo a la movilización vecinal (es en un periodo en donde este movimiento feminista se mueve en un espacio alegal y algo peligroso durante el final de la dictadura franquista) y feminista. El comienzo de su estudio se debe a que as mujeres ocupan un “no lugar”, es decir, un espacio marginal en el Franquismo tardío y en la Transición. El movimiento de mujeres no tenía un estudio recogido en monografías, suficiente como para poder comprender cuál fue la participación de la mujer en los procesos de cambio social y en la esfera de la política. La investigación de Arriero parte de esta “no presencia” en los estudios de la época sobre el M.D.M. (Movimiento Democrático de Mujeres). El autor plantea que al iniciar su investigación se encontró con una documentación sobre el MDM, una organización que según la historiografía del momento no resultaba tal, sino que era un instrumento del Partido Comunista para abordar la cuestión de la mujer.

                Ante esta cuestión, Arriero defiende la idea en su tesis de que las mujeres tuvieron importancia como agentes de cambio social y político desde el Franquismo tardío d hasta la Transición. El M.D.M. nace a la sombra del Partido Comunista, es  creado por un grupo de mujeres comunistas, en un marco y entorno concreto. Este marco y entorno serían el Franquismo Tardío y las cárceles. La frase “Toda España era una cárcel” enmarca muy bien la realidad del momento, y es en este contexto donde se inserta la nueva categoría de “mujeres de preso“. Estas mujeres tuvieron que afrontar una realidad muy dura ellas solas. A parte de la estigmatización social de que sus maridos estuvieran encarcelados por el régimen, tenían que afrontar una realidad patriarcal dura, puesto que sus maridos o hermanos estaban encarcelados y las mujeres ocupaban un no lugar en la sociedad, y tenían que hacer frente además a la manutención de sus hijos, la búsqueda de un trabajo y debían ser el soporte material y emocional de sus maridos en las cárceles. Un apoyo material, porque debían llevarles alimentos y ropa a los presos y ayuda emocional o psicológica para mostrarles que “las cosas no le iban tan mal” y que sus maridos no se agobiaran en las cárceles. A estas mujeres se les podía sumar que el lugar donde sus maridos estaban presos, estuviera lejos de su lugar de residencia y tuvieran que desplazarse por unos días para visitar a sus maridos. Es en este viaje constante de mujeres (que deben buscar cómo conciliar el trabajo, los niños, la compra de alimentos y ropa para el marido más luego el viaje y el alojamiento) cuando Arriero destaca el surgimiento de la “solidaridad femenina”. El hecho de que muchas mujeres estén inmersas en este mismo problema promueve la solidaridad entre ellas (alquilando habitaciones para que pasasen unos días hasta volver al trabajo etc.) Y es en este contexto donde se fragua la necesidad de ayudar y organizar a estas mujeres. Permitir que estas mujeres se presten ayuda mutua y que las mujeres cuyos maridos salían de la cárcel no se desvincularan de este movimiento.

                En los sesenta surge una nueva categoría, una nueva mujer de preso que sufre otro tipo de represión (los presos disidentes). Es en estos años cuando el Partido Comunista aumenta su oposición al franquismo y se encarcela a muchos disidentes. Las mujeres de estos presos tendrán el apoyo de otras mujeres que ya han pasado por esa situación y también reciben asesoramiento desde el partido. Destaca en este sentido varias mujeres de preso: Carmen Rodríguez, esposa de Simón Sánchez Montero, Josefina Samper esposa del militante Camacho y Dulcinea Bellido esposa de Luis Lucio Lobato. En el exilio del PC existe la Unión de Mujeres Marxistas Comunistas, pero es el propio partido el que quiere abrir otro frente dentro del franquismo, un frente basado en la movilización vecinal y otro con la movilización de mujeres a las cuales les dan bastante importancia en los movimientos proamnistía. El Partido Comunista  quiere que las mujeres encabecen la protesta en favor de la excarcelación de disidentes que las mujeres utilicen sus instrumentos de género para reducir la posible represión hacia ellas. Estas mujeres van a utilizar su posición tradicional en la sociedad como arma medio para sus reivindicaciones, es decir, en su papel dentro de la familia piden el bienestar de la familia y para llegar a ese bienestar se debe excarcelar a los presos. Francisco Arriero destaca en especial la manifestación en 1962-63 de mujeres ante la puerta del penal de Burgos. Es una manifestación en la cual las mujeres usan su rol de género dentro de la familia para pedir el bienestar de la familia y la excarcelación de los presos. Esto para Arriero supondrá el germen del Movimiento Democrático de Mujeres, un movimiento con vocación antifranquista y que poco a poco irá planteando temas relacionados con los intereses de la mujer.

                En este incipiente comienzo destaca la inquietud de estas mujeres para cambiar las cosas en el partido al que pertenecen ya que quieren abrir el abanico más allá del PC y deciden crear una organización femenina de masas. Las primeras mujeres con las que entren en contacto serán las de los círculos sociales del catolicismo. Mujeres que se incorporarán a esta causa humanitaria en favor de la amnistía. Todos estos procesos conllevan a una cierta importancia y presencia del MDM, aunque siempre actuarán desde una posición de alegalidad, no como comunistas, sino como mujeres de preso. Seguirán varias estrategias para erosionar la visión del franquismo:, como por ejemplo las visitas continuadas a autoridades civiles, militares y religiosas, a las cuales recuerdan los principios cristianos de la compasión.

                La militancia de las mujeres en el M.D.M. fue un aprendizaje, tanto en la organización como en el movimiento vecinal. El paso por el M.D.M. tuvo un fuerte impacto en la modificación de la cultura del PC y modifica la identidad de género en un proceso de socialización propio. En la cultura política donde está más enraizada una tradición moderada se va a empezar a  cuestionar aspectos de la política comunista. Ejemplo de ello es el recelo hacia la organización de mujeres puesto que se veía que podía llegar a ser un movimiento paralelo al partido. Pero las mujeres están decididas a participar de este movimiento de mujeres, con una organización propia y desde la cual puedan defender sus intereses de género. En esta organización las mujeres defenderán los intereses prácticos de género (aquellos intereses que no son problemas directos de género como por ejemplo la petición de ambulatorios o escuelas en los barrios, no son problemas directos de las mujeres pero si en su rol de género dentro de la familia) y por otra parte  están los intereses directos como por ejemplo la lucha contra la jerarquización social y de género en el trabajo etc.

                Pero el M.D.M. no era solamente un movimiento antifranquista, aparte de su vocación anterior, tiene u fuerte protagonismo  en la movilización vecinal en muchas ciudades. Las militantes actuaron antes en los barrios que en las asociaciones de vecinos. En otro nivel se sitúan las “Asociaciones de Amas de Casa”; puesto que el M.D.M. era una asociación clandestina, la estrategia a seguir pasaba por infiltrarse en las asociaciones de amas de casa para hacer crecer al M.D.M. Penetrar en estas organizaciones y desarrollar estrategias parecidas a las desarrolladas por el Partido Comunista en el sindicato vertical. Esta tarea resultará bastante difícil, puesto que en la mayoría de ellas serán expulsadas. Pero a finales de los 60 se abre una puerta gracias a los huecos de la ley de asociaciones permitidas. Es gracias a esto cuando las militantes del M.D.M. crearán asociaciones de amas de casa legales en ciudades como Madrid. Irán creando una red de asociaciones de amas de casa legales, que desde esa legalidad practican el antifranquismo. En su rol de género y dentro de estas asociaciones de amas de casa comienzan a cuestionar ciertos aspectos del franquismo, pero también realizan protestas y peticiones (reclaman semáforos, asfaltado, centros educativos, denuncian la ineptitud del gobierno, pero siempre siguiendo una línea muy crítica para no ser represaliadas. En paralelo a estas estrategias, se siguen otras como el boicot de compras. Una estrategia a la que Arriero concede una gran proyección. Este tipo de acción invitaba a las mujeres a protestar contra la carestía no comprando nada ese día. El acto más famoso del boicot de compras será el 20 de febrero de 1975, cuando será la primera vez que asociaciones legalmente formadas firmen este manifiesto de protesta, ante esto el régimen suspenderá a dichas organizaciones durante tres meses.

                Finalmente, del M.D.M. como asociación feminista, Arriero saca varias conclusiones. Es un movimiento que las radicales femeninas lo verán como antifeminista o al menos como una organización no feminista ya que se la liga a los intereses del partido y para estas radicales es imposible conciliar ambas realidades. Además colocan al movimiento en la “protohistoria” del movimiento feminista que se da durante el franquismo y será después cuando explote el movimiento feminista. Y a partir de 1975 recalcan la desaparición del movimiento y el abandono por parte de las mujeres. Francisco arriero en contra de estas críticas señala varias cuestiones. En primer lugar destaca que el M.D.M. fue la principal asociación/organización de mujeres antifranquista, tenía una vertebración a  nivel urbano estatalmente en ciudades como: Madrid, Asturias, Valencia, Alicante, Vigo, Ferrol, Sevilla etc. No hubo ninguna organización de mujeres como esta y con tanta capacidad de influencia. En segundo lugar Francisco Arriero destaca que el M.D.M. en el 75 no desaparece sino que se mantiene activo por lo menos desde el 75 al 79 y que ocupa un lugar central en el movimiento feminista. Practicarán un feminismo social y moderado, y que en muchas ocasiones debe enfrentarse a la cultura política comunista. Tampoco pierden libertad y por ejemplo las jornadas del 75 por la liberación de la mujer no pueden entenderse sin el M.D.M. que es quien pone la experiencia organizativa. Entre el 76 y el 79 se dedican a organizar el movimiento feminista y las campañas aún  a pesar de ciertas contradicciones internas; ejemplo de ello sería la lucha por la abolición de la ley del adulterio, la campaña en favor del divorcio, los anticonceptivos en definitiva reivindicaciones de las mujeres  que entraban en la transición con muchas esperanzas de cambio. Además de lo anterior debe afrontar otros retos durante la transición como la reforma interna, la posición ante las elecciones del 77, decidir sobre si se participa en las candidaturas del PC.

                El balance final del movimiento para Francisco Arriero sería el siguiente: El M.D.M. no logra sus objetivos, moviliza a miles de mujeres pero no logra su objetivo de organización de masas. Hubo aprendizaje feminista, pero fue lento y difícil y cuando se asume el liderazgo se ve como el proceso de ascenso del movimiento se hacía paralelamente a la desintegración del mismo. Además en la transición debe enfrentarse a la competencia de nuevos movimientos feministas más frescos y rupturistas, el cansancio de años de lucha hace mella en muchas militantes y el trasvase de cuadros del movimiento a las listas del Partido Comunista, terminan por rematar el proceso. A todo esto habría que sumar la decepción de algunas mujeres militantes hacia el partido y el sindicato. Todas estas cuestiones conllevan a que el M.D.M. no logre sus objetivos planteados pero el movimiento en si supuso recuperar la voz y la experiencia de las mujeres, es por esta razón que es recomendable aumentar el número de monografías en la historia del antifranquismo.

                 En mi opinión personal, este tipo de estudios son muy importantes para resaltar el papel de la mujer y hacer ver a los que dicen lo contrario, que las mujeres no han sido educadas para estar en el espacio privado y no en el público. Ya existía una fuerte movilización feminista y las mujeres no es que no hayan tenido vocación política o falta de experiencia política de las mujeres en la historia reciente. Este es el argumento de algunos para justificar que haya más hombres que mujeres en las listas electorales, como es el caso de PODEMOS,  y es también el pretexto de otros para justificar que la transición fue solo un acontecimiento de unos  cuantos que lo manejaron y que sin embargo estos estudios niegan demostrando la enorme movilización social tanto de hombres como de mujeres que luchaban por dejar de ocupar un “no lugar” en la sociedad.

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