Pueblos iberos. Los edetanos

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La Ciudad de Edeta y los edetanos ( Sant Miquel de Llíria, Valencia)

The city of Edeta and the edetani ( Sant Miquel de Llíria, Valencia)

Sergio Caballero Gallego

Resumen

Los edetanos fue uno de los pueblos íberos que habitaban la Península Ibérica durante la Edad del Hierro. Su centro de poder estaba encabezado por una dinastía real y una aristocracia que habitaba en la ciudad de Edeta, la cual controlaba un territorio que incluía diversos asentamientos. Los edetanos forjaron una identidad e ideología propia gracias a su cerámica pintada, a su escritura y a su mundo sagrado.

Palabra clave: Edetanos. Pueblos iberos. Península Ibérica. Edad del Hierro. Edeta. Cerámica pintada. Escritura. Mundo sagrado.

Abstract

The edetani was one of the Iberian peoples who lived in the Iberian Peninsula during the Iron Age. His power center was headed by a royal dynasty and aristocracy who lived in the city of Edeta, which controlled a territory that included several settlements. The edetani forged an identity and ideology itself thanks to its particular painted pottery, his writing and his sacred world.

Key Words: Edetani. Iberian people. Iberian Peninsula. Iron Age. Edeta. Painted pottery. Writing. Sacred world.

Introducción

Los edetanos son un pueblo de la Edad de Hierro, que se configura durante el Ibérico Antiguo, llegando a tener su máximo esplendor durante el Ibérico Pleno. Las referencias en las fuentes antiguas sobre el rey Edecón, hicieron pensar a los historiadores en la posible gran extensión del territorio edetano, sin embargo los estudios evidenciaron la existencia de multitud de ciudades independientes que controlaban un territorio y pequeños poblados y fortines con una economía agro-ganadera. En el caso de los edetanos, este centro era la ciudad de Edeta (Sant Miquel de Lliria), en torno a ella se creó una cultura ideológica propia que se evidencia en sobre todo en la iconografía de las cerámicas pintadas halladas que se asocian a una aristocracia, muy diferenciada y que concentra los elementos de prestigio, y en los fragmentos de plomo sobre los que encontramos su escritura. Por otro lado observamos más particularidades en su mundo sagrado, donde aparecen numerosos santuarios asociados a ámbitos domésticos, aunque también se consiguió descubrir en Edeta la existencia de un Templo de carácter público. El aspecto más desconocido ante la escasez de evidencias materiales, es el mundo funerario, solo se han encontrado algunos enterramientos aislados, choca que en ciudades con alta densidad de población como Edeta no se hayan encontrado necrópolis significativas, por lo que sin duda gozarían de un mundo funerario único y extraño en relación con el panorama general del resto de pueblos ibéricos sobre los que si se han encontrado numerosas necrópolis

1. Fuentes, territorio y orígenes.

Disponemos de cierta información sobre los edetanos en las fuentes romanas, algunas de estas fuentes señalaban que el territorio edetano pudo alcanzar el valle del rio Júcar, tras el cual, según Plinio, comenzaba la Edetania aunque Ptolomeo los localizaba más al norte del Júcar. Para Estrabón la Costetania, que abarcaba Alicante y Murcia, pertenecería a la Edetania llegando desde la desembocadura del Ebro y hasta el cabo de Palos. No es descartable que estos territorios estuvieran dominados políticamente por Edeta dominando a Ilercavones y Costetanos. En las fuentes romanas aparece Edecón, rey de Edeta, ante el general romano Escipión para que le devolviera sus familiares secuestrados por los cartagineses, al parecer Edecón sería un rey de gran influencia, reconocido por muchos príncipes como la cabeza de un gran linaje, por lo que se interpretó que o bien dominó un gran territorio, o más bien, que ante periodo de conflicto los pueblos iberos se unieran bajo su dirección. Ptolomeo defendió que la Edetania llegó a extenderse hasta la actual Zaragoza, pero Fatás difiere de esto, ya que piensa que esa zona la ocupan los sedetanos. Muchos autores de fuentes antiguas como Livio, Plinio y Estrabón identifican a estos dos pueblos como el mismo. También sitúan al norte de Sagunto en la cuenca del rio mijares aparecen los ilercavones quienes tendrán su centro en la desembocadura del Ebro (Ruiz 2008, 738).

Pese a lo señalado en estos textos, se han realizado estudios que ponen en duda que el territorio edetano fuera tan extenso. Consuelo Mata ha señalado que el ordenamiento político no se realiza a partir de amplias regiones sino a partir de la ciudad y el territorio que este articula. En el área edetana se reconocerían tres unidades geopolíticas correspondientes a las ciudades de Kelin- Los Villares de Caudete de las Fuentes, Arse-Sagunto y Edeta-Llíria, dichas ciudades tendrán pequeños asentamientos agrícolas subordinados. La recepción de materiales de importación y la centralización de las actividades de intercambio reforzarían su papel como lugares centrales del territorio (Mata 2001: 164). Sin embargo, como veremos hay cierta controversia acerca de si Arse y Kelin fueron dependientes o independientes de Edeta.

Para dibujar este territorio (fig.1.), debemos analizar el registro arqueológico y los confusos textos antiguos. Según este registro, entre finales del siglo V y el primer cuarto del siglo II a.C., Kelin y Arse aparecerían como ciudades independientes de la Edetania, siendo capitales de un territorio, en el que dominarían un conjunto de poblados, caseríos, fortines y atalayas que mantendrían relaciones económicas entre ellos y con otras ciudades ibéricas; con una identidad propia visible en la iconografía, los estilos cerámicos y en la red fronteriza propia visible. A partir del primer cuarto del siglo II a.C. es muy posible que la Edetania dominara un territorio mayor que incluiría a las ciudades anteriormente denominadas, con la paradoja de que Arse sería la ciudad que acuñará moneda y no Edeta. (Mata 2001: 265).

El modelo de organización mencionado en el párrafo anterior por Mata se gestaría en la época plena con la reorganización del paisaje para formar territorios defendidos y explotados por asentamientos satélites de las ciudades principales que constituyen unidades geopolíticas de carácter estatal. Este modelo es denominado como mononuclerar por Ruiz y Molinos. Por otra parte, Burillo plantea una evolución desde unidades tribales a estados en las que la ciudad se convertiría en la poseedora del ordenamiento político, incidiendo notablemente en la estructura sociopolítica que subyace a las unidades étnicas (Burillo 1998: 144-146).

Ante el surgimiento de estos poderes centrales, se cree que la creación de una identidad tuvo gran importancia como elemento de cohesión social e incremento de poder jerárquico en las relaciones entre individuos y grupos dentro de la sociedad. Esta identidad como pueblo estaría representada a través de elementos como el mundo religioso, la epigrafía y la cerámica figurada de prestigio. La Edetania como pueblo con identidad propia y de carácter estatal se fue diferenciando progresivamente de sus vecinos a través de unos límites y unas fronteras bien diferenciadas, así como por una cultura material distintiva que engloba los textos de tipo levantino en letreros pintados sobre cerámicas ibéricas, las cerámicas figuradas y la práctica religiosa manifestada en templos urbanos, capillas domésticas, cuevas-santuario y en el ritual funerario. En cuanto a las cerámicas figuradas de prestigio, se creía que cada pueblo tenía su tradición cerámica propia, se aseguró que la Edetania gozaba de un estilo cerámico propio denominado como Oliva- Llíria. Sin embargo, como veremos más adelante este estilo ha adquirido otras interpretacion y denominación. Hoy en día se conocen multitud de talleres artísticos que muestran mayor complejidad que la de esta tradición, siendo estas usadas exclusivamente por las élites de la unidad geopolítica y que rara vez son objeto de comercio entre distintas etnias (Grau 2005: 116-118).

Las transformaciones producidas en el medio indígena del País Valenciano entre los siglos VIII y V a.C. han traído consigo un gran debate ante la falta de vínculos entre el Bronce Valenciano y aspectos de la Cultura Ibérica (Aranegui 1985: 5). Los cambios durante las fases del Bronce Tardío (1200-1000 a.C.) y Final (1000-650/600 a.C.) no son generales ni homogéneos por el territorio, la cultura del Bronce Pleno no desapareció sino que se mantuvo en algunos yacimientos hasta enlazar con la cultura ibérica, es por tanto que los edetanos mantendrán ciertas características de estos periodos. Paralelamente a estos sustratos se producirá la difusión de la cultura ibera y el proceso de aculturación colonial griega. (Almagro 2001: 350).

Durante el Bronce Tardío, en torno al 1200 a.C. los pobladores de la cultura del Bronce Pleno comenzaron a recibir elementos foráneos que evidencian ciertos contactos con otras culturas ajenas a la región. Las cerámicas halladas demostraron ser de influencia meseteña y del sureste, por lo que es lógico pensar que tuvieran contactos con estas poblaciones. Aun así, los hallazgos son escasos y poco influyentes, por lo que los contactos parecieron ser ocasionales o esporádicos entre las distintas poblaciones.

Sin embargo en el Bronce Final si se reflejan nuevas concepciones socio-culturales. Durante el Bronce Final I se aprecian poblados con fuertes raíces en el Bronce Valenciano y que reciben influencias de la cultura de los Campos de Urnas  de las zonas catalana y del valle del Ebro que se evidencian en la aparición a partir del año 1000 de elementos cerámicos de los Campos de Urna, que podemos encontrar en uno de los enterramientos de Sant Miquel de Llíria, estos contactos fueron estables durante bastante tiempo en algunas zonas mientras que en otros yacimientos parecen ser más puntuales. En este momento, los asentamientos se sitúan en lugares elevados y se rodean de murallas, las viviendas se hacen de planta rectangular y con zócalos de  piedra, sus materiales responden a modelos del Bronce Pleno. La presencia esporádica de los elementos de Campos de Urnas se piensa que puede estar relacionada con la llegada de pequeños grupos humanos o bien, a simples contactos comerciales muy esporádicos. Pese a todo, los elementos de Campos de Urnas tendrán poco peso en el contexto cultural del Bronce Valenciano.

En el Bronce Final II, surgen a partir del siglo VIII a.C. nuevos asentamientos que producirán la verdadera transformación cultural que produce la total ruptura con la tradición del Bronce Pleno. Se introducirá de forma importante elementos culturales de los Campos de Urnas del Hierro I y de los colonizadores púnicos hasta culminar en la Cultura Ibérica. Estos nuevos poblados se asientan en ocasiones en lugares llanos y sin fortificar, las viviendas se hacen con materiales perecederos. Por los materiales, los yacimientos del sur aparecen muy vinculados al Bronce Pleno andaluz, mientras que al norte del País Valenciano estas relaciones son más débiles. A partir del siglo VII se produce un cambio en el poblamiento, el cual se hace más generalizado, surgiendo numerosos poblados que vuelven a ubicarse en lugares elevados y de fácil defensa.

El periodo inicial del periodo Ibérico Pleno supondrá el verdadero desarrollo del pueblo edetano, como etapa queda marcada por las primeras difusiones a gran escala de las cerámicas áticas, bien de barniz negro o bien de figura roja. También por cambios reflejados en torno a Llíria por el abandono de asentamientos del Ibérico Antiguo y la ocupación de numerosos poblados sobre todo en cerros. El periodo final se enmarca en tres oleadas de destrucción de poblados: El primer momento se fecha en torno al 220 a.C. en el que desaparecen poblados como Los Villares. La segunda oleada acaba con el Castellet de Bernabé. La tercera oleada se data entre el 200-180 a.C., acabando con San Miguel de Liria. (Guérin, 2003).

2. Los asentamientos edetanos.

Por lo general, los asentamientos son de apariencia modesta, desde finales del siglo VI a.C. se aplican criterios de organización regular con calles rectas y bien trazadas, y una arquitectura muy elemental y poco tipificada. Solo los elementos encontrados permiten diferenciar su significación.

Un conocido asentamiento edetano es el de Castellet de Bernabé (fig.2.), siguiendo el patrón de asentamiento del período ibérico pleno (450/400- primer cuarto del siglo II a.C.) se sitúa en un cerro fácilmente defendible, es un pequeño asentamiento que no supera las dos hectáreas y que sigue el esquema de poblado cerrado con una calle axial. Este asentamiento estuvo ligado a los asentamientos vecinos de Camp de Túria, subordinados todos ellos a la ciudad de Edeta (San Miguel de Liria). Su construcción y ocupación se efectúa entorno a mitad del siglo V a.C. hasta su abandono y destrucción a principios del siglo II a.C., coincidiendo con la ocupación romana. Se aprecian hasta dos significativos incendios en esta época final del asentamiento, que coincide con la destrucción también de varios asentamientos de alrededor. Tras el último incendio se abandona, al igual que muchos otros asentamientos y a partir de aquí, los asentamientos  estarán sin amurallar y se situarán en zonas llanas, aumentando su tamaño y número. Este fenómeno se lo podemos atribuir a la conquista romana que se refleja en la epopeya Bárcida (Guérin 2003: 169 y 173).

En cuanto al registro material, en este asentamiento son muy comunes las cerámicas ibéricas pintadas, lisas o de cocina, también las importaciones de cerámica ática, púnica, las ibero-turdetanas o las bruñidas lisas e impresas.

Sin embargó llamo la atención la escasez de elementos típicos de asentamientos edetanos como son las cerámicas de estilo Llíria, pero como apuntó Carmen Aranegui, estas cerámicas solo aparecen asociadas a grandes asentamientos y al servicio de la aristocracia, representada en escenas de caza, juegos, combates y procesiones. La enorme presencia de estas cerámicas en San Miguel de Liria pone de manifiesto el carácter urbano y lugar de residencia de la aristocracia de primer orden, es el productor local de bienes de prestigio a la cual otros asentamientos de la zona no tienen tanta facilidad de conseguir. También la cerámica arroja ciertas diferencias que evidencian el papel cosmopolita y de centro de intercambios de San Miguel de Liria que posee un mayor registro y más variado que el de Castellet de Bernabé. Sin embargo hay gran homogeneidad tipológica  y estilística en las cerámicas que evidencian una estandarización de los alfares en Liria que abastecen al Castellet. Característicos  de la cultura cerámica edetana son el lebes de peana, el kalathos de borde moldurado, las tinajas de hombro, los oenochoes de cuerpo globular o los platos.

Las viviendas del Castellet son las típicas viviendas iberas hechas de piedra en su zócalo y completada con adobe y cubiertas vegetales para el techo, no están divididas en habitaciones, son adosadas y muy pequeñas, algunas tienen más de una planta a la que se podía acceder a través de una escalera externa o interna (fig.2). Las viviendas se disponen entorno a una calle axial central, haciendo de muralla las partes traseras de las viviendas.

Las excavaciones en los 32 departamentos hallados evidencian la realización de la actividad económica muy mezclada con la vida domestica. Aparecen gran cantidad de pesas y fusayolas que muestran la existencia de unos 10 telares repartidos entre diez departamentos, junto a estos telares también aparecen molinos por regla general y despensas que refleja que se tratan también de hogares culinarios. En el departamento 12 y 13 aparecen hornos y gran cantidad de objetos metálicos que nos indican que se trataban de talleres metalúrgicos. Junto a estos también aparecen departamentos dedicados exclusivos al almacenamiento de aperos o del cultivo. El departamento 38 evidenció ser un establo o cuadra. La aparición de una acumulación de más de 500 pepitas de uva en el departamento 21 hizo pensar que pudiera tratarse de una bodega. También apareció una cisterna en  medio de la calle. (Guérin 2003).

La llamada vivienda E, es una vivienda que engloba los departamentos 1, 2, 5, 9 y 22. (fig.2.) El tamaño de esta vivienda junto con el registro material hallado, evidencia que se trataría de la vivienda de una familia perteneciente a la aristocracia rural. El departamento 2 parece ser un lugar reservado al culto tras aparecer importaciones ibero-turdetanas, importaciones de barniz negro, cerámicas de decoración floral y micro-vasos (muy asociados a cuevas santuario). Estas cerámicas están consideradas también como elementos de prestigio. Por otra parte, el estudio de los kalathos importados desde Ática, parecen evidenciar ser usados como recipientes de miel o bien como colmenas.

El estudio de los restos encontrados nos muestra unas actividades productivas notablemente diversificadas, definiéndose un sistema agropecuario de policultivo basado en el desarrollo de los cultivos de cereales, leguminosos y frutales así como un gran desarrollo de la producción del vino, del aceite y de la miel. Es llamativo el hallazgo de más de 9.000 semillas de higos en el yacimiento. En cuanto a la ganadería y la caza hay un predominio de restos de especies domesticas frente a las silvestres con especial importancia de los ovicaprinos, bovinos y cerdos, en cuanto a la caza hay predilección por los ciervos. Pero este desarrollo de los cultivos no habría sido posible sin el empleo del hierro en la agricultura tras generalizarse su uso y aumentar su contenido en carbono para endurecerlo.

En cuanto a las relaciones socio-económicas en la zona de el Camp de Túria, los estudios de los distintos asentamientos, han permitido ver una escala jerárquica entre ellos y una organización de tipo estatal de tipo piramidal, donde la sede del poder edetano se hallaría en Edeta en base a las fuentes literarias, el uso de cerámicas edetanas de decoración figurada y la epigrafía sobre plomo. El análisis iconográfico de las cerámicas de decoración animal o humana reveló un repertorio restringido de temas asociados a la elite como son las actividades militares, cinegéticas o religiosas y una falta de interés por temas domésticos o rurales. Todo hace indicar el uso de estas cerámicas como objetos de prestigio por la elite edetana. La ausencia de este tipo de cerámicas en otros asentamientos, indica que es exclusivo de la aristocracia urbana de San Miguel de Liria, encabezada por una dinastía real.  La escasez de estos elementos en yacimientos como el Castellet, indica que esta aristocracia rural sería de segundo orden. (Bonet, 1993 224-236).

La ciudad aparece como el único ámbito de intercambio, donde las elites urbanas controlan el poder económico, es por tanto que estos centros urbanos mantendrán un papel centralizador y tendrán un modelo de tipo redistributivo. La superficie de Edeta, muy superior en comparación a otros asentamientos del Camp de Túria, nos evidencia la supremacía de la ciudad, estando los otros asentamientos dedicados a velar por la prosperidad a modo de servidumbre territorial. Otra señal de esta gestión de tipo estatal será la presencia de atalayas a lo largo del rio Túria, una extensa red que permitirá la comunicación a través de señales empleadas por estas torres (Aranegui; 2012 ; 85).

También aparecerán fortines como el de Puntal dels Llops, el mejor excavado hasta la fecha que data del siglo V a.C. Esta construido sobre un cerro y tiene una capacidad para una treintena de habitantes, se articula alrededor de una única calle central con habitáculos compactos rectangulares, de tamaño similar, sin tabiques en el interior y adosados al muro perimetral del cual sobresale una torre cuadrada. Los estudios revelaron que el asentamiento estaba dedicado a una producción metalúrgica de pequeña escala, que se complementa con una actividad textil y de subsistencia. Los hallazgos de molinos, armas, herramientas, terracotas, enterramientos infantiles y cerámicas ibéricas importadas del contexto urbano de Liria evidencian su vinculación con dicha ciudad y nos muestra una cierta similitud con el registro material del Castellet de Bernabé.  Las principales diferencias entre estos dos pequeños asentamientos aparte de la torre, es la anchura de la calle central, el ancho de la calle en el Castellet permite la entrada de carros. También la diferenciación de las casas, en Castellet se diferencian bastante bien las casas simples de los talleres, mientras que en Puntal dels Llops, todo el conjunto parece una casa multifamiliar en la que cada departamento está dedicado a una actividad, pudiendo las distintas familias utilizar dichos espacios( Ruiz, 760 y 761).

Por su parte, Edeta (fig.3.) sería la capital y centro de poder de la Edetania, con una extensión de unas 15 hectáreas, es un Oppida en gradería, por lo que se disponen núcleos en una ladera de una colina y donde las propias terrazas donde se ubican las casas constituyen en frentes de defensa escalonados por su posición dominante sobre la tierra inferior. Sabemos que estaba ya ocupado a finales del siglo VI, alcanzando su máximo desarrollo a partir del siglo IV a.C. Por lo que sabemos, aquí residiría la élite aristocrática y la familia real. En Edeta tres viviendas destacan por tamaño de hasta 120 metros cuadrados y por los materiales hallados en él, están provistas de útiles para procesar productos agrícolas para obtener harina pan y aceite. El prestigio estaría asociado al santuario que aparece intramuros. Aparece un betilo, signo anicónico púnico que sustituye a la divinidad, pero no aparecen representaciones de divinidades edetanas como tal. Se identificó también un edificio de 70 m2 dedicado exclusivamente al culto con una planta alargada. En este santuario aparecen claras influencias púnicas evidenciadas por la disposición general del edificio, los pozos votivos rasgos de la ritualidad, resabios egipyizantes, forma aproximada de obelisco (Manuel Bendala, 2000), a continuación hablaremos sobre él.

3. El mundo sagrado edetano.

En el mundo ibero los lugares sagrados englobaban necrópolis, santuarios y cuevas. Hubo durante años un cierto debate sobre la existencia de lugares sagrados ajenos a ambientes domésticos y familiares, ya que lo mayormente encontrado hasta entonces eran pequeñas capillas y altares domésticos. La carencia de edificios monumentales y de gran riqueza, para muchos supuso la inexistencia de estos, sin embargo, se consiguieron documentar santuarios de carácter comunitario. Durante el siglo VI y la primera mitad del siglo V a.C. las necrópolis, muchas de ellas monumentales, son los únicos lugares religiosos que se conocen. Estas necrópolis solo enterraban a los personajes más importantes, practicándose un culto que probablemente sirviera de aglutinante social. A partir de la segunda mitad del siglo V a.C., coincidiendo con el cambio de patrón de asentamiento y la llegada de cerámicas áticas, las necrópolis disminuyen su número, pero el enterramiento se mantiene como elemento diferenciador de la sociedad. Desde este momento las necrópolis dejan de ser el único lugar donde se refleje el poder político social, pues aparecen los templos, santuarios domésticos y las cuevas-santuario. En el mundo ibérico, ante la escasa monumentalidad que presentaban los edificios, fue clave la identificación funcional de los espacios para averiguar de qué tipo de edificios se trataban o que actividades realizaban (Mata y Bonet, 1997: 116-117).

En Edeta se ha identificado un santuario urbano activo desde el siglo IV hasta el II a.C. y separado de viviendas particulares, mostrando una diferenciación entre espacios domésticos y espacios sacros en la capital edetana, que no se muestra en otros asentamientos como el Castellet de Bernabé, donde encontramos un departamento usado como santuario y asociado al ámbito doméstico de la élite. El edificio contaba con una antesala provista de una favissa o pozo ritual de forma rectangular, en el que se dejaban los donativos o exvotos sobrantes (Aranegui 1997: 103-104) que da paso a una sala cubierta pavimentada en el sector central con adobes en la que un pequeño pozo contenía instrumentos de hierro, platos decorados con peces, elementos usados para tejer y terracotas quemadas en forma de cabezas masculina y femeninas, destacan la concentración de vasos que representan escenas de diversa temática y relacionados con rituales votivos. (Aranegui 2012. 164). La quema de las terracotas parece haber sido de forma intencionada, algo que no encuentra paralelos en otros yacimientos ibéricos. La iconografía de las cerámicas muestra que las clases poderosas son las que celebraban colectivamente ritos, sacrificios y desfiles para mostrar su maestría con las armas y la monta a caballo, estando eximidos con seguridad de la producción. Los vasos encontrados servirían para ofrecer libaciones a los muertos. También apareció un betilo, representación anicónica de la divinidad habitual en el mundo púnico. La funcionalidad y titularidad del edificio es difícil de interpretar pero tiene un carácter público que simbolizaría el poder debido a que encontramos gran cantidad de elementos culturales. El carácter femenino de los objetos encontrados sugiere que este templo estaría dedicado a la devoción de una divinidad femenina de carácter agrícola. ( Bonet y Mata 1997:130-131).

Enmarcado en este ámbito sagrado y funerario, retornamos a Castellet  donde uno de los hallazgos más impactantes fue el hallazgo de un importante número de tumbas infantiles (fig.4.), que junto con las tumbas halladas en  Sant Miquel de Llíria, Los Villares, La Seña y Puntal del Llops, nos proporcionaron los primeros elementos claros de una arqueología de la muerte en torno a Liria. En Castellet se encontraron unas 20 tumbas infantiles que dieron como resultado diversas teorías acerca de si se trataba de sacrificios o testimonios de una elevada mortandad infantil. El caso es que estas inhumaciones no compartían la tradición funeraria propia de las necrópolis ibéricas, por lo que podemos observar una diferenciación de categorías en la sociedad según la edad. Estas inhumaciones enterradas en el suelo bajo lugares de vivienda, evidencian como si no se les otorgase el estatuto de humanos ya que no hay gran diferencia entre estas tumbas y el de los enterramientos de animales. Sin embargo, dos tumbas infantiles de cuerpos entorno a los 6 meses de edad, encontradas en el departamento 1 y 3, son excepcionales, ya que presentan un ajuar y un cambio de actitud hacia el difunto. La ausencia de esqueletos de más de seis meses indican que pasada esta edad, los difuntos abandonan el ámbito funerario domestico y acceden al de los adultos. Otro curioso hallazgo en este asentamiento fue el de  La Madre Entronada, una figura de piedra caliza de unos 10 cm que representa a una figura femenina, de la que no se conserva la cabeza, sentada en un trono y sujetando a un bebé. Se ha interpretado como una figura de carácter divino o real, que pretende sacralizar la fecundidad y la feminidad. (Guerin 2003).

En general los hallazgos funerarios edetanos son muy escasos, para el siglo VI a.C. solo se conocía la necrópolis de la Mina (Gátova, Valencia) y los enterramientos de Edeta en la que aparecieron tres zonas donde se encontraron enterramientos que se fechan en un etapa de transición entre el Bronce y el Hierro. Los hallazgos vendrían a demostrar que los alrededores de Edeta ya estarían habitados desde el siglo VII a.C. Las necrópolis en cuestión son las de El Puntalet, la Cova del Caval y el collado del Cavall. (Bonet y Mata 1997: 131-132).

En Cova Cavall se encuentran 197 fragmentos de cerámica, hecha a mano en su mayoría y de pasta negra y algunos fragmentos de hueso y una lasca de sílex sin retoque. Lo llamativo de este yacimiento, es que aparece cerámica con decoración incisa por el exterior e interior, algo poco común y que se da con frecuencia en los Campos de Urnas de la zona catalana, por lo que se presume que estas cerámicas vengan de allí. Además aparecen fragmentos de cuencos y vasos carenados, muy típicos de la Cultura del Argar. La ausencia de cerámicas a torno típicas del País Valenciano hacia mitad del siglo VI a.C, junto con la datación de las cerámicas decoradas, no fecharía la cueva entre los siglos VII y VI a.C. situando la cueva dentro de un Bronce algo evolucionado, llegando a un Bronce Final o Hierro I.

En cuanto a la necrópolis de El Puntalet, solo se encontraron tres enterramientos en los que se hallan urnas funerarias (dos estaban hechas a torno y una a mano), una concha, una pequeña piedra con dos perforaciones y un par de aretes de cobre o bronce. En un enterramiento se observa como el plato es utilizado como urna. En estos enterramientos encontramos dos tipos de influencias, por una parte la orientalizante que refleja el primer enterramiento y por otra, una posible evolución propia del Bronce o un reflejo de la Primera Edad del Hierro del Bajo Aragón. Estar urnas se fechan entre los siglos VI y V a.C.

Por último, en la necrópolis del collado de Cova del Cavall, solo se encuentran dos enterramientos de urna. El primer enterramiento alberga una urna sin decorar y un una sortija de bronce en forma de torque, que se relaciona con las pulseras de tipo céltico; mientras que el segundo enterramiento alberga una urna de cuerpo globular alargado, con restos de una posible fíbula. (Mata, 1978).

Ante la escasez de tumbas ibéricas en asentamientos como Kelin o Edeta, da la impresión que existieron otros rituales funerarios que no dejaron huella, ya que en otras zonas como la del Ebro, las necrópolis son abundantes (Aranegui 2012: 110). Según lo visto hasta ahora, la práctica habitual era la cremación fuera de sus poblados junto a vías de comunicación o corrientes de agua donde se configuran sus cementerios y donde las tumbas suelen ser individuales.

Sin embargo, la localización de estos escasos enterramientos aislados no explica las prácticas funerarias en un área que estaba densamente poblado y con una sociedad fuertemente jerarquizada. La ausencia de necrópolis no es por ausencia de las prospecciones o por cuestiones de conservación sino porque es muy posible que se realizaran practicas rituales que no dejaran huella. De este mismo modo, hay pocas evidencias de la existencia de santuarios comarcales externos al asentamiento, las condiciones y evidencias recogidas solo muestran dos parajes en los que pudo existir tales templos, ambos muy cerca de Edeta. En cuanto a las cuevas-santuario, se han encontrado varias en la sierra Calderona, pero solo una tiene restos de época ibérica. Se trata de la Cueva Merinel (Bugarra, Valencia), en ella aparecen restos de fauna junto a un gran número de vasos califormes que servirían como ofrendas y harían la función de lámparas. Por otro lado, son múltiples los abrigos con inscripciones ibéricas que muestran la variedad de lugares sagrados al aire libre, en ellos se aprecian grabados geométricos, inscripciones y dibujos de zoomorfos, pero no parece que se depositaran exvotos u ofrendas. (Bonet y Mata 1997: 132-134).

4. Las cerámicas edetanas.

Helena Bonet y Consuelo Mata realizaron una recopilación de todos los hallazgos cerámicos en el área edetana para mostrarnos una visión general de la cerámica edetana del siglo V. En su trabajo señalaron una cierta diferenciación regional y de tipologías cerámicas a partir de la segunda mitad del siglo V a.C., que permite diferenciar varias facies cerámicas, centrándose en los hallazgos cerámicos de La Seña I, de finales del siglo VI y la primera mitad del V a.C., y de Lloma del Manoll, que data de la segunda mitad del siglo V y principios del IV a.C. La caracterización de estas facies se obtiene de la combinación de calidad, forma y decoración. A partir de este momento, la cerámica adquiere unas características que no perderá durante el resto de la época ibérica. A nivel técnico el torno pasa a un primer plano junto con los hornos de cocción de doble cámara (Bonet y Mata 1997: 46-47). En Llíria llego a definirse una microfacie, ya que en sus talleres alfareros llegaron a producir unas cerámicas con una técnica, tipología y estilo decorativo muy particular que se exportaba a otros asentamientos edetanos.

A este estilo decorativo cerámico con temas figurados se le denominó en los años 30 del siglo XX como estilo Oliva-Llíria, desarrollado durante el Ibérico Pleno y Tardío. El estudio de un conjunto de más de 225 vasos con decoración figurada encontrados en El Tossal de Sant Miquel de Llíria, fechados entre los siglos III a.C. y principios del II a.C., permitió definir e identificar este tipo cerámico como un estilo narrativo que basado en la realidad y la vida cotidiana (Santos 2010: 146), mostraban una iconografía rica en elementos armamentísticos que permitieron determinar la panoplia edetana, apoyándose también en algunas estelas encontradas en la zona. Estas mostraban a jinetes y infantes en escenas de caza, danza, lucha, doma o desfiles, con una variada panoplia como falcatas, jabalinas, lanzas, puñales, caetras, cascos o corazas (fig.5.)(Pérez Ferrandis, 2013). Sin embargo, los estudios encabezados a partir de los años 90 por Aranegui, Mata o Bonet entre otros, vinieron a señalar las escenas de Llíria han dejado de ser escenas de los cotidiano, interpretaron un sentido más sacro y una manifestación de la posición social por parte de la aristocracia edetana en la iconografía. Edeta pasó a definirse como un centro que elaboró un sistema de representación propio que creaba una imagen de valores sobre la aristocracia local para proyectarlos hacia el conjunto de su territorio. Es por esto que desaparece el término estilo Oliva-Llíria y ahora se denomina simplemente como estilo Llíria o edetano.

Conclusión.

Los edetanos como he tratado de mostrar en este trabajo, es un pueblo ibérico con significativas particularidades tanto en el mundo ideológico y social como en el espiritual. Falta aún mucho por averiguar y sobre todo excavar, es frustrante saber tampoco acerca del mundo funerario salvo los escaso enterramientos infantiles domésticos, los cuales no son hechos únicos ya que sabemos que se realizaron en culturas de la península como por ejemplo en la cultura de Argar. En Edeta solo se hallaron unos escasos enterramientos con urna de época un tanto antiguas (siglo VII y VI a.C.), por lo que interpreto que estos enterramiento con incineración pudieran haber evolucionado para crear una cultura e ideología del poder propia en modelos de enterramiento que no dejasen huella o que aún no hemos conseguido hallar. Creo que los estudios del futuro deberían orientarse a encontrar evidencias y saber más sobre el mundo espiritual edetano, ya que se sabe muy poco acerca de los dioses y creencias que pudieran deslumbrarnos acerca de los rituales funerarios. Por otro lado creo muy interesante el desarrollo de líneas de investigación que consigan esclarecer el poder que pudo ejercer Edeta sobre el territorio colindante y la relación con las demás ciudades, sobre todo con Kellin y Sagunto. Por último, conocer más sobre el rol que juega la aristocracia rural respecto a la urbana que concentra bastantes privilegios como la iconografía pintada en la cerámica o los santuarios domésticos.

Bibliografía.

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Santos Velasco, J.A. (2010), Naturaleza y abstracción en la cerámica ibérica con decoración pintada figurada, Complutum,  vol.21 (1): pp. 145-168

Documentación Gráfica.

 

 

-         10374419_525022977607252_456495108_n

Figura 1. Territorio de Edeta, Valencia (según Cebrian Fernandez, 1999)

 

 

-        10346680_525022980940585_526900975_n

Figura 2. Planta de El Castellet de Bernabé, Llíria. (según Guérin, 2003)

 

 

-         10360457_525022990940584_2136356863_o Figura 3. Reconstrucción del sector excavado del Tossal de Sant Miquel/ Edeta, Llíria. Dibujo de Francisco Chiner.

 

 

-         10374411_525022984273918_802457442_n

Figura 4. Enterramiento infantil del Castellet de Bernabe, Llíria (según Guérin, 2003)

 

 

-         10342704_525022987607251_2040508518_n Figura 5. Escena de combate de un vaso de Llíria (según Bonet, 1995)

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