Queimada, de Gillo Pontecorvo

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El film de Queimada (1969) representa la  realpolitik de muchos procesos descolonizadores latinoamericanos que han ido acompañados de demandas sociales enfrentadas a los intereses de la burguesía nativa que abanderaba la independencia, propietaria de los grandes medios de producción, que en el caso de la isla ficticia es el negocio azucarero. La extraordinaria realización argumental, así como diálogos esclarecedores hacen amena la obra que es acompañada de una banda sonora que deja mucho que desear (comparado con otras legendarias piezas musicales de Ennio Morricone) y un trabajado vestuario que diferencia claramente a los desigualesmiembros de la sociedad de manera casi pedagógica para el espectador.

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La película del director italiano Gillo Pontecorvo tiene un claro enfoque marxista que resalta la lucha de clases entre los trabajadores y esclavos (negros en su totalidad importados de África y mulatos) y la burguesía (blancos que se dedicaban al comercio o a otros negocios que les permitían tener un nivel de vida muy superior al de la inmensa mayoría de la isla) donde además se le suman elementos imperialistas como es el agente inglés que interviene en el proceso revolucionario para pasar de una revolución social a una revolución meramente independentista, es decir abrir un proceso “liberador” de la colonia ficticia portuguesa para que los grandes negocios pasen de manos peninsulares a las inglesas, manteniendo a raya a los revolucionarios como José Dolores, que en el largometraje representa una facción que no entiende la libertad sin cambios sociales, algo que es peligroso, como reconoce el agente William Walker, que vela por los intereses de Inglaterra, ya que en cierto modo el levantamiento que institucionaliza el inglés pretende aparentar un liberación cuando en realidad se quiere sustituir la metrópoli de Lisboa por la de Londres.

El miedo que suponen las facciones armadas “descontroladas” para los blancos hace que se recuerde a Haití, donde a finales del siglo XVIII los esclavos se rebelan y asesinan a sus dueños que tanto les habían explotado. El ambiente de la película, que oscila en el siglo XIX, recuerda profundamente al colonialismo latinoamericano de España y los procesos de independencia donde juegan varios actores como los aspectos raciales (cuanto más blanco mejor posicionado en la sociedad), la economía periférica, los intereses de la clase trabajadora y esclava, los de la clase burguesa y las potencias internacionales que esperan pacientes a sacar provecho de estas situaciones. Tanto recuerda al colonialismo español y a Cuba en concreto, que el título original del film era Quemada, nombre de una supuesta colonia que pertenecía al reino de España y no a Portugal, de modo que el Ministerio de Información y Turismo franquista amenazó a la productora de la película con represalias si no cambiaba el nombre, es por ello que aparecen muchas expresiones y nombres de personas en castellano y no en portugués, ya que hay un doble juego de representar a Portugal aunque la idea original era hablar de España.

La emulación cinematográfica de la historia en Queimada se respira en cada escena, acompañada de una tensión racial a causa de los años de esclavitud que sufrió la población negra, que busca la emancipación y la encuentra en ese camino en la independencia; los enfrentamientos resurgen cuando, como en otros países latinoamericanos, los criollos o la oligarquía nativa apoyan la independencia por el libre comercio pero quieren adueñarse de la situación política, haciendo caso omiso a las demandas sociales. Es por ello que el pequeño estado, ante el desorden, se controla mediante el ejército tanto por el lado blanco inglés como con el caudillismo del lado rebelde.

La explicación de las tensiones, aun con victoria de la independencia, pueden explicarse porque a pesar de abolir la esclavitud sigue habiendo nuevos esclavos forzados a trabajar los campos de caña de azúcar como en la antigua colonia, en una clara dicotomía entre la rica burguesía blanca y nativa que sabe vender la caña y las masas multicolores desposeídas que seguían cortando esa caña. Con beneficios desiguales. Además la apropiación de los negocios de la isla por parte de los blancos viene respaldada por un discurso de superioridad que consiste en creer que ellos son la civilización y que tienen derecho a llevarla (aunque sea a sangre y fuego) a los confines del mundo. Una ideología aceptada en el siglo XIX y relacionada con una creencia de eurocentrismo. Es un elemento importante de la obra ya que se habla de civilización, que pertenece al hombre blanco según el agente inglés “pero ¿Qué civilización? ¿Y hasta cuándo?” sentencia el rebelde José Dolores antes de ser ahorcado por los ingleses.

Todas estas cuestiones se reflejan maravillosamente en el film de Pontecorvo de forma natural, casi didáctica; las relaciones de dominación y sumisión conllevan un gran trasfondo de meditación para el espectador que contempla la desigualdad en el feroz escenario donde se hace evidente: la guerra, que se desata en la ficticia isla de las Antillas Menores.

La película pone críticamente sobre la mesa la responsabilidad de occidente en el infame asunto esclavista, racial y el tránsito del control colonial al neocolonialismo económico, vitales para  reflexionar y comprender nuestra historia y la del siglo XIX.

 

@hectorbraojos

 


 

Bibliografía

Queimada [Video]. Dirigida por Gillo Pontecorvo. Italia: Produzioni Europee Associates / Les Productions Artistes Associes, 1969. 1:51:55

Elena Sánchez de Madariaga. Conceptos fundamentales de Historia. Ed. Alianza. Madrid 1998. Págs 18, 24 y 98

Javier Paredes (Coord.) Historia Universal Contemporánea I. De las revoluciones liberales a la Primera Guerra Mundial. Ed. Ariel. Barcelona 1999. Págs. 326 – 341

Andrés Gutiérrez Usillos, Beatriz Robledo Sanz, Patricia Alonso Pajuelo, María Azcona Antón y Francisco de Santos Moro (Coords.) Laberintos de libertad. Entre la esclavitud del pasado y las nuevas formas de esclavitud del presente. Ed. Secretaría General Técnica. Subdirección General de Documentación y Publicaciones (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes). Catálogo de publicaciones del Ministerio: www.mecd.gob.es/portada-mecd/. Págs 34 – 37.

Juan Carlos Pereira (Coord.) Historia de las relaciones internacionales contemporáneas. Ed. Ariel. Fuenlabrada (Madrid) 2001. Págs. 165 – 186.

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