Sobre el concepto de nacionalismo

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¿Qué entendemos por nacionalismos?  El concepto de nación no es atemporal. Su nacimiento cuenta con unas determinadas circunstancias y un contexto. No obstante, para hablar propiamente de nacionalismos en su sentido más teórico deberíamos diferenciar entre 2 conceptos. Por un lado, el nacionalismo racional, nacido a raíz de las revoluciones liberales de finales del siglo XVIII y principios del XIX; por otro lado el nacionalismo orgánico alemán, el cual pone el énfasis en la diferenciación, es decir, una lengua común, la religión, la raza, criterios etnicistas, historia diferenciada… La proyección histórica de ambos conceptos es innegable.

El concepto racionalista nacerá en contraposición al sistema que conocemos como Antiguo Régimen, que consiste, en resumen, en una sociedad estamental. Los “posos” creados por la herencia filosófica de los doctrinas de Locke, Montesquieu y Rousseau, entre otros, en la generación que protagonizará la Revolución Francesa terminarán por crear el concepto de nación racionalista. Tomará forma en la figura de Emmanuel-Joseph Sieyés (Político francés teórico de la Constitución francesa creada tras la Revolución).

El concepto de nación era inexistente en la Edad Media. En rasgos generales, podríamos considerar una unidad moral en Europa en la que se superponían la idea de imperio y cristiandad. Una estructura jerárquica en la que jugaba un papel preeminente la pugna entre el titular del Sacro Imperio Romano-Germánico y el pontífice de Roma. Este sistema terminará por romperse con la aparición de las “monarquías nacionales” durante el Renacimiento (Edad Moderna). La Francia de los Valois o la Inglaterra de los Tudor simbolizarán un cambio en el particularismo feudal hacia una centralización administrativa. Se opondrán tanto al pontífice de Roma como a las tendencias de la “monarquía universal” de los Habsburgo. En estas monarquías, de hablar en términos de nación, deberíamos entender un concepto organicista de la misma, es decir, a semejanza del organismo humano, cada estamento tendría una función concreta, al igual que cada órgano en el cuerpo humano cuenta con una función. Dos de los estamentos cumplirían funciones excelentes”, la nobleza, por un lado, protegería a los súbditos, y el clero, por otra parte, actuaría como intermediario entre Dios y los hombres, es por ello por lo que no pueden atender a las necesidades de producción, y sus privilegios, por lo tanto, están justificados. El rey sería la cabeza de este sistema organicista en el cuál no hay un interés común. Cada colectivo, cada estamento, defiende sus propios intereses.

Los posos del liberalismo calarán en la generación revolucionaria francesa. Unas ideas concretas que conformarán la idea de nacionalismo racionalista o nacionalismo cívico-político (Como lo denomina el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Ignacio Marcuello). Será tras la Revolución Francesa cuando Sieyés de forma al concepto. La novedad de su definición se encuentra en la identificación directa de la nación con el tercer estado, es decir, que el concepto de nación pasa a relacionarse con la exclusión; Una exclusión de los estamentos privilegiados. Por lo tanto, la nación se define por la exclusión de los privilegiados. El razonamiento es sencillo, el tercer estado aporta todo lo que necesita una nación, mientras que los estamentos privilegiados son rentistas, es decir, que consumen renta sin participar en la generación de la misma. Hablamos pues de la inmovilidad enfrentada con la laboriosidad. Según Sieyes, la nación es un cuerpo de asociados que vive bajo una ley común y están representados por una misma legislatura”. Esto pasa por considerar la nación formada por individuos, personas que cuentan con unos derechos naturales (Locke, 1690), además de una igualdad jurídica de los mismos. Esto nos lleva, lógicamente, a la aplicación de un sistema parlamentario unicameral. Si la nación es una, y está conformada por ciudadanos jurídicamente iguales, el parlamento debe ser unicameral y directamente representativo de los ciudadanos. Este modelo de nación será el germen de la sociedad liberal clasista. Marx criticará este modelo de supuesta “igualdad”, pues esta igualdad judicial enmascara una efectiva estratificación social en función de la renta y la propiedad, es decir, que el distinto grado de renta y propiedad generarán una desigualdad real.

Así pues, el nacionalismo comprende su significación en base a la exclusión. A su vez, el nacionalismo orgánico basa su esencia en la distinción. La lengua, la raza, la religión… conforma un carácter común, una identidad diferenciadora con respecto al resto de colectivos. Las proyecciones de esta idea de nacionalismo serán considerables, a pesar de su falta de connotación política inicial. En cualquier caso, ambos fundamentan su significación en la exclusión.

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