Sobre el liberalismo político

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Para entender la base teórica del liberalismo político debemos conocer la doctrina de John Locke (1632-1704). Su obra fundamental será el “2 ensayo sobre el gobierno civil” (1690). En este ensayo se vino a justificar la revolución inglesa de 1688 (“La Gloriosa”), en el que se enmarca el fin del absolutismo y el establecimiento de la dinastía Orange, caracterizada por un gobierno mixto entre el rey y el parlamento. Pero la proyección más notable de esta teoría la encontraremos en su influencia sobre la Revolución Francesa de 1789. La generación revolucionaria fue influenciada por la concepción de Locke de que las personas poseen unos derechos. Estos derechos son innatos y consustanciales: La vida, la libertad y la propiedad. Todo individuo posee estos derechos por el mero hecho de ser personas. Cuando estas personas deciden asociarse entre sí para conformar una realidad política superior realizan un contrato, creado así un Estado social. Este Estado se crea con un propósito, la obtención de seguridad del individuo. El objetivo del Estado es la mejora del disfrute de esos derechos naturales. Locke considera que el hombre es amenazado por terceras personas, y debe haber alguna instancia que asegure el uso y disfrute de los derechos para poner el orden en el caos de los intereses contrapuestos en la sociedad. Hay que apuntar que a diferencia de Locke, Hobbes (1588-1679), en su obra Leviatán (1651) opina que la conformación del Estado social implica que los hombres entreguen sus derechos naturales a cambio de la seguridad.

Así pues, el Estado sería una institución creada para arbitrar los conflictos particulares y facilitar, así, el uso y disfrute de los derechos naturales del individuo. Necesita así, un poder que lo capacite para sancionar aquellas conductas individuales que vayan en contra de la ley, y generen choques entre intereses personales. Por lo tanto, el Estado cuenta con el monopolio legítimo de la violencia. Se trata, sin lugar a dudas, de una visión utilitarista del Estado; Es una herramienta que garantiza el disfrute de unos derechos anteriores a cualquier institución. Su objetivo es el perfeccionamiento de los mismos.

No debemos olvidar que cuando Locke nos habla de libertad la entiende como propiedad. Pero ¿En qué se legitima la propiedad? La propiedad se legitima en base a la incorporación del trabajo personal al dominio de la naturaleza.

La entrada del hombre en el Estado. La decisión de asociarse para crear una realidad política superior, no es más que un calculado interés fuertemente materialista del individuo, completamente opuesto al totalitarismo.

Para Locke el Estado es inmutable (legislar, juzgar y sancionar), lo que cambia son las formas de gobierno. El poder es un “depósito de confianza” que hacen los individuos en ciertas autoridades. La base del poder, por tanto, es contractualista, el poder se basa en el consentimiento de los individuos. Esto lleva consigo la legitimidad de dichos individuos en cambiar la forma de gobierno si esta no cumplía las funciones pertinentes, que es la de proteger los derechos naturales del individuo.

Bibliografía:

- Locke. J. “Tratados sobre el gobierno civil“.

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