Sobre el nacionalismo catalán

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Hoy en día tenemos más que normalizado el concepto “nacionalismo”. Todos los días, en las noticias, escuchamos constantemente alusiones al nacionalismo vasco o catalán. El problema reside en que de tanto escucharlo no nos llegamos a plantear las connotaciones teóricas de este concepto; Es decir, ¿qué entendemos por nacionalismo catalán? ¿cuál son sus fundamentos, su base teórica? En este artículo pretendo poner en cuestión dichos fundamentos.

Hablamos de un nacionalismo, es decir, de la exaltación de una nación concreta. Todos estaremos de acuerdo con que todo nacionalismo se vertebra en base a la exclusión, es decir, que el grupo de individuos que forma la nación tiene unas peculiaridades concretas que los diferencian de los demás. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia de Cataluña con respecto a España? Obviamente es innegable que todas las regiones tienen características culturales concretas, desde el español en sí hasta aquel que pertenece a un pueblo concreto. Podríamos establecer un esquema que se subdivide constantemente de peculiaridades y cuestiones culturales comunes de muchos grupos sociales.

Si nos remontamos a la Historia, podemos definir claramente dos conceptos de nación muy concretos:
- Uno acuñado por la Revolución Francesa, un concepto racionalista imbuido por filósofos como Locke, Montesquieu o Rousseau, que nos hablaba de que una nación era una “asociación de individuos libres”, es decir, que una serie de individuos, iguales y con los mismos derechos, deciden formar un Estado para conseguir mejorar esos “derechos naturales” definidos por Locke. En cualquier caso, el Estado no es más que un instrumento de los individuos que garantiza el libre disfrute de los derechos. Este concepto es la base del Estado constitucional y se aleja de todo “sentimiento patriótico”. Por otro lado, el concepto racionalista establece bases como la procedencia de la legitimidad. Aquel que gobierne deberá hacerlo con una legitimidad. Durante el Antiguo Régimen el rey era rey porque Dios lo quiso así; Con la Revolución Francesa, el poder ejecutivo puede ejercerlo gracias al pueblo, es decir, la legitimidad procede del pueblo. Así pues, observamos como este concepto no tiene mucho que ver con este sentimiento nacionalista que impulsa a muchos a exaltar su independencia y su patria. Quizá podríamos aplicarlo con lo que ellos consideran como “derecho a decidir”, algo perfectamente legítimo y coherente.

- El segundo concepto es el que nos dará las bases de este “sentimiento patriótico”. Durante el siglo XVIII, un filósofo y teólogo alemán llamado Herder crearía una nueva teoría como respuesta a lo acontecido en Francia. En esta nueva teoría se nos hablaba de la nación como un organismo vivo, la comunidad tiene una identidad propia; Esa identidad procede de su Historia. Todos los acontecimientos vividos por la comunidad conforman una personalidad concreta, unas características culturales que no son transmisibles. Las instituciones de cada Estado son fruto de las necesidades históricas de esa comunidad, por lo tanto, queda demostrada su validez (obviamente se trata de una defensa de la monarquía como institución, apelando a su validez histórica). Pero ¿Qué es lo que une a la comunidad, en base a qué establecemos las fronteras de esa comunidad? Muy sencillo, la lengua, el idioma. Una comunidad es aquella que hable el mismo idioma y que tenga una historia conjunta.

 

Sería otro pensador, Fichte, quien cogiera este concepto y le aplicara connotaciones políticas. Así pues, según él, las fronteras de un país deben coincidir con la lengua de la comunidad (esto podría llevar a países inviables económicamente). Por otro lado, concebía que el individuo no tenía ningún sentido fuera de la comunidad (como una célula fuera del cuerpo humano).
Teniendo en cuenta estas bases teóricas ¿a qué nos referimos con nacionalismo catalán? Cuando hablamos de un sentimiento de pertenencia a una comunidad estamos diferenciando unos rasgos concretos del resto de individuos, es decir, uno es catalán, vasco o español por determinadas características propias del individuo heredadas de la comunidad por el mero hecho de pertenecer a ella.

La pregunta sería cuáles son esos rasgos concretos del catalanismo. Podríamos apelar a la lengua y a otra serie de rasgos concretos que nos llevarían a formular estereotipos muy poco fiables y difíciles de contrastar. Es cierto que en todas las comunidades existe una personalidad concreta muy fuerte, pero la cuestión es otra. Independientemente de esas características comunes, propias de la nación, la independencia de un país tiene motivaciones exclusivamente económicas. El problema viene cuando tenemos que justificar esas motivaciones por algo más ético, más idealista. Todo nacionalismo necesita de un “monstruo”. Nunca encontraremos un Estado de este corte político que no haya utilizado un colectivo concreto para amedrentar a la población y unirla contra él.

Tenemos varios ejemplos históricos y actuales; en Francia, por ejemplo, el partido de Jean-Marie Le Pen demoniza a los inmigrantes para aunar a la sociedad contra ellos; muchos partidos políticos antisemitas demonizaban al judío como la causa de todos sus males; en el caso de los nacionalismos catalán, vasco y gallego se demonizan los abusos del Estado español. Obviamente ninguno de ellos es comparable, sobretodo en cuanto a sus consecuencias, pero lo que sí es común es la demonización de un colectivo en base a la exclusión tan propia de todos los nacionalismos.

Así pues, teniendo en cuenta que la razón práctica de la independencia es la mejora económica de los integrantes de esa nación, no es descabellado interpretar que todas las razones teórico-ideológicas de la “Nación Catalana” son fruto de la búsqueda de una legitimidad concreta para un objetivo.

Muchas veces se escuchan referencias a la Historia de Cataluña y su fuerte carácter nacional. Lo cierto es que la Historia no termina en un punto concreto, donde más le convenga a cada uno. La Historia es constante, y si nos remontamos al pasado podemos llevarnos más de una sorpresa sobre la absurdez de todo nacionalismo. No rechazo la identidad cultural de Cataluña como tal, lo que veo más cuestionable es la búsqueda de la legitimidad de la independencia en razones históricas.
La legitimidad no es más que la búsqueda de la justificación de una causa; pero generalmente existen razones algo menos éticas que impulsan determinadas iniciativas. Lo cierto es que Cataluña es una zona geográfica que cuenta con una potente infraestructura industrial, además de numerosos ingresos por turismo. La identidad catalana está lógicamente reconocida en todo el mundo. Pero este artículo se centra en las razones ideológicas del nacionalismo catalán. Así pues, nos encontramos con un orgullo nacional concreto, fruto de una serie de sentimientos de difícil determinación. El historicismo, la idea orgánica de comunidad y su estructuración en torno a la lengua establecen las bases de una “realidad” o “identidad nacional” que impulsa a un pueblo a la búsqueda de la autodeterminación. Pero ¿cuáles son las razones reales? En ningún caso negaré que haya una gran cantidad de gente que sienta una pertenencia a una comunidad, diferenciada de un “otro”, pero ahí reside el problema, esa identidad está formada en torno a un “otro”, y sin él la esencia del catalanismo se pierde. Hoy en día el independentismo y el nacionalismo se ha agudizado por los tiempos de crisis, pero se ha estructurado alrededor de una figura demonizada. En nuestro caso, hoy contamos con otro gobierno nacionalista que no facilita una solución para este problema. Así pues, nos encontramos con dos grandes bloques enfrentados, ambos apelando a su identidad nacional e intentando legitimarla con vagos conceptos teóricos cuando la cruda realidad es que es la economía la protagonista de este conflicto. No es de extrañar que el potencial económico de la región catalana terminara por reflejar un deseo por la autodeterminación, la autogestión. Cuando, parafraseando a Pablo Iglesias, la “casta” catalana observa que producen más beneficios que otras regiones y reciben menos por la simple razón de que la gestión centralizada de este país obliga a ello, se suben al carro del independentismo, utilizando todos estos sentimientos nacionales, y recrudeciéndolos gracias a la acción de la crisis económica y un gobierno centralista. El interés de la autogestión es exactamente el mismo que el de la centralización, es decir, que objetivamente es el mismo interés el que tienen los independentistas de las altas esferas catalanas que los integrantes del gobierno central, la administración y gestión.

Este artículo no es sólo una crítica contra el nacionalismo catalán, es una crítica contra todo nacionalismo por una sencilla razón: Las verdaderas motivaciones de los nacionalismos del siglo XXI son puramente económicas, por lo menos las de los nacionalismos de la “casta”. Sea la lucha contra el “imperialismo español” o la lucha contra el “independentismo catalán”, ambas partes tratan de demonizar la figura del contrario para legitimar la gestión económica de la región, sea nacional o regional. Simplificando, el nacionalismo, la exaltación de un sentimiento nacional, es una herramienta, un instrumento utilizado para legitimar la gestión y la administración de una región.

El sentimiento nacional en sí, el puramente teórico, es respetable. Pero si uno estudia el concepto romántico alemán de nación, el que influye en los nacionalismos actuales, verá que poco tiene que ver con el nacionalismo vasco, catalán o español. Dudo mucho que todas esas personas que se manifiestan exaltando su orgullo nacional tengan una ideología compatible con todos estos conceptos, principalmente porque ni siquiera se los habrán planteado. Los primeros movimientos nacionales surgieron en el siglo XIX por lo que a pesar de lo evidente, no es algo inherente al ser humano.

Como decíamos anteriormente, el nacionalismo se basa en la exclusión de un colectivo concreto. Cuando ese colectivo es demonizado, se recrudecen los sentimientos nacionales; Por ello, creo que todos los catalanistas o españolistas deberían replantearse su ideología. Si uno opina que bajo un Estado Federal o con la autodeterminación mejorará su sistema de vida y el de su familia, y puede argumentarlo adecuadamente, es completamente respetable; Pero cuando un colectivo genera unos sentimientos adheridos a una ideología bastante cuestionable y demoniza a un colectivo para reafirmar su “nacionalidad” debería replantearse a quién beneficia su comportamiento.

3 Comments

  1. por favor me puedes resumir el texto?

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  2. hola esto no me gusta es muy extenso. resumelo plis

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  3. ¡Pero sí el texto está perfecto! Es el desarrollo de varias ideas que se van sucediendo. Pero que sí llegáis a leerlo hasta el final os aseguro que os queda muy claro. Eso sí. Tiene “asunto” este texto. Buena crítica y valoración del nacionalismo catalán.

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