Un arte para gobernarlos a todos

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Si bien el deseo de los gobernantes ha sido y será el práctico dominio de la opinión pública a la que supedita, este artículo no tiene nada que ver con Sauron o el universo de la Tierra Media, sino con el programa de propaganda real llevado a cabo por los Reyes Católicos durante sus años de gobierno.

La intensa labor de centralización de poder real en las respectivas Coronas de Isabel y Fernando llevaron a una serie de políticas destinadas a la captación de mayores parcelas de poder que sus predecesores, con la intención de crear un Estado centralizado y con fuerza en varios aspectos. Así, acabaron con los rebeldes y levantiscos nobles que pretendían ostentar un poder fáctico en el terreno militar y político (los Pacheco, Medina-Sidonia, etc.), unificaron legislativa y administrativamente las Coronas de Castilla y Aragón, reorganizaron la administración territorial, unificaron bajo un mismo credo todos sus territorios, mantuvieron una política exterior conjunta y firme, etc. Y a todo esto se tenía que sumar, lógicamente, una propaganda de estos hechos que sirvieran a todos los peldaños de la sociedad para mostrar una imagen unitaria y centralizada, para lo cual crearon un extenso y nutrido programa propagandístico e iconográfico que mostrara la unidad y poder del matrimonio.

Comenzado por los emblemas personales, todos tenemos en la cabeza la imagen del yugo y las flechas; y dejando atrás los apelativos falangistas y franquistas de esta simbología, su nacimiento se sitúa en época de Isabel y Fernando. El yugo era el símbolo fernandino e iba unido al lema “Tanto Monta”, que hacía referencia al episodio del nudo gordiano de Alejandro Magno: “tanto monta desatar como cortar”. Además, este símbolo tenía un marcado mensaje hacia la nobleza, ya que en algunas de las representaciones del mismo el yugo aparecía con tres gamellas —espacio para la cerviz del animal—, que en aquella época se usaba para domar ganado rebelde. Por tanto, era un mensaje dirigido directamente a cualquier insurrecto. Por otro lado estaba el emblema de Isabel, las flechas, cuyo significado concreto es más desconocido. Pero la unión de ambos anagramas dejaba un mensaje bastante claro: o el sometimiento a la voluntad real, o el ataque; es decir, o aliados o enemigos.

Si bien este mensaje era la conjunción de ambos personajes, se buscó también la creación de una simbología unitaria y única para todos los reinos hispánicos bajo su cetro —exceptuando navarra que se anexionará después—. De esta forma se crea un escudo único, donde los pabellones de los distintos reinos (Castilla, León, Aragón, Sicilia y Granada) se situaban bajo el amparo del Águila de San Juan y el lema “Sub Umbra Alarum Tuarum Protege Nos” (Bajo la sombra de tus alas, ampáranos). Pero esta imagen unitaria, junto con el nuevo escudo creado, tendrá en la moneda el principal vehículo de transmisión, ya que la reforma monetaria llevada a cabo por la pareja real hará de esta nueva moneda una divisa fuerte.

Escudo de los Reyes Católicos con los pabellones de sus principales reino y el Águila de San Juan

Escudo de los Reyes Católicos con los pabellones de sus principales reino y el Águila de San Juan

El principal elemento monetario de propaganda fue la moneda de oro, que a la postre tenía mayor peso mercantil y se exportaba en mayor cantidad, por lo que era una imagen buscada para el exterior. De estas monedas destacan el doble ducado, en el cual aparecen los bustos de ambos reyes frente a frente en el anverso y el nuevo escudo en el reverso. En la moneda de plata también se observa esta característica, destacándose aquí el yugo y las flechas en vez de los bustos reales.

Pero la propaganda artística e iconográfica no acabó aquí, ya que la propia arquitectura y escultura fueron testigos de la impronta dejada por estos reyes. Así, a las últimas formas del gótico que aun campaban por el territorio peninsular —y que se conoce como gótico flamígero— se les denominarán Gótico Isabelino o Gótico Reyes Católicos, que se caracterizan por mostrar edificios de planta única y cuyas paredes disfrutaban de una profusa decoración. El ejemplo paradigmático de este estilo es el de San Juan de los Reyes en Toledo.

Escudos de los Reyes Católicos en la decoración parietal de San Juan de los Reyes (Toledo)

Escudos de los Reyes Católicos en la decoración parietal de San Juan de los Reyes (Toledo)

En definitiva, los Reyes Católicos crearon una imagen propia que ha llegado incluso hasta nuestros días, y que no es más que el reflejo de programa real creado exprofeso para dicho fin. Un arte para gobernarlos a todos: a los castellanos, a los aragoneses, a los sicilianos, a los nobles, a los comerciantes, a los extranjeros, etc. En definitiva, una sociedad bajo la sombra de un mismo arte.

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