Viruela, la enfermedad más devastadora de la Historia

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El virus Variola virus, que provoca la grave enfermedad de la viruela, apareció entre las poblaciones humanas hace miles de años. Su asaltante contagio provocó que desde el primer momento surgieran imparables azotes infecciosos, convirtiéndose la viruela en la protagonista de las epidemias más antiguas de la Historia. Actualmente, según la Organización Mundial de la Salud, la viruela, junto con la peste bovina, son las dos únicas enfermedades que se consideran totalmente erradicadas de la naturaleza por la acción del ser humano. Sin embargo, hasta su final en la década de los ochenta, y según algunos especialistas, se estima que a lo largo de la Historia la viruela mató a más personas que todas las demás enfermedades infecciosas juntas.

Existen registros que hablan de los síntomas de la viruela en el Egipto de hace tres mil años. Por medio de las rutas comerciales la enfermedad llegó a lugares como India o China, donde ya se documentaron casos totalmente vinculados a este virus, que datan de entre 1500 y 1100 antes de Cristo. Posteriormente, igualmente a través de vías de comercio, se expandió por el resto de Asia y por Europa. Sin embargo, se cree que la viruela podría haber acompañado al ser humano desde hace más de diez mil años.

Del término en latín que significa “moteado” o “jaspeado”, proviene el nombre de esta afección. Los enfermos de viruela comenzaban por sufrir un profundo malestar acompañado de alta fiebre. A los pocos días surgían las verdaderas evidencias del mal de la viruela, sus característicos bultos que, empezando por el rostro y el cuello, se expandían en cuestión de veinticuatro horas por todo el resto del cuerpo. La fiebre aumentaba a la vez que las pústulas se cubrían de pequeñas costras. En altos porcentajes de afectados, finalmente provocaba la muerte.

Oídme mis dioses, mis señores: ¡Arrojad la plaga fuera del país de Hatti! La razón por la que el pueblo está muriendo en el país de Hatti… o bien determinadla mediante un agüero, o bien haced que yo la vea en un sueño, o bien que la declare un profeta”.

Este ruego forma parte de la plegaria del rey hitita Mursil II. El máximo esplendor de su pueblo murió cuando lo hizo su padre, el gran Subiluliuma I, quien reinó entre los años 1380 y 1336 antes de Cristo. Durante su épica expansión, Subiluliuma llegó a los territorios de Egipto en lo que se conoce como la Tercera Guerra Siria. Los imparables éxitos que le habían llevado a ser el rey más solemne de la Historia del Imperio Hitita se vieron frenados por un enemigo más peligroso que el mejor de los ejércitos. Una aniquiladora peste de viruela asoló a sus tropas con tal virulencia que no pudieron sino implorar a los dioses.

Esta enfermedad, poderosamente infecciosa, se colaba tanto en las humildes casas de los pobres como en los monumentales palacios de los ricos, hasta el punto de que el propio Ramsés V falleció demacrado por las pústulas de la viruela en el año 1141 antes de Jesucristo. El estudio de la momia del cuarto faraón de la XX Dinastía, hallada en el Valle de los Reyes, demostró que las postillas detectadas en su piel eran una clara evidencia de que su muerte fue causada por la viruela a la edad aproximada de treinta y cinco años. Pero no es la suya la momia más antigua en la que se hayan observado los estigmas de estas pústulas, sino que se conservan cuerpos momificados pertenecientes a la XVIII Dinastía que ya están marcados por los bultos de la aniquiladora enfermedad.

Los números referidos a las víctimas son escalofriantes. Se estima que aproximadamente el noventa por ciento de los indígenas muertos durante la conquista de América perecieron debido a las enfermedades que viajaron en los barcos europeos, y no debido a la guerra. La viruela, sólo en México, acabó con la vida de tres millones de aztecas, contribuyendo notablemente a la victoria de los españoles, su propio fin. Las epidemias se extendieron por esas poblaciones de personas que, totalmente vulnerables a estas infecciones, morían rápidamente. Pero a pesar de todo, en los territorios europeos este mal endémico sembró calamidades espantosas. Sólo en el siglo XVIII, se calcula que sesenta millones de personas murieron por la viruela. En todo el mundo, durante el siglo XX, el número asciende a trescientos millones.

El nombre clave para hablar de la vacuna que supuso el fin de la viruela es el de su polifacético descubridor, Edward Jenner, quien a parte de médico fue un distinguido poeta. Fue en 1796 cuando el investigador inglés demostró que una variedad similar del virus, presente en las vacas, podría ser inoculada en el organismo del ser humano, protegiéndolo de la destructora enfermedad. Fue el inicio de lo que se convertiría en la vacuna que pondría fin a la enfermedad más devastadora de la Historia.

Author: Eduardo Cabrero

Programador informático. Estudiante de Geografía e Historia en la UNED. Autor del blog Corresponsal en la Historia.

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